Penas bajas para los ocho ex militares juzgados

Audiencia de lectura del Veredicto

Con gran celeridad, sin preámbulos y de forma casi automática, el juez Alejandro Cabral leyó el fallo que especificaba la condena para cada uno de los ocho represores acusados en este proceso.

Oscar Reinhold, recibió 11 años de prisión efectiva; Juan José Castelli, 11 años de prisión; Sergio San Martín, 7 años; Jorge Molina Ezcurra , 6 años; Marcelo Fernando Zárraga, 5 años; Emilio Sacchitella, 4 años; y Carlos Benavídez, 3 años de ejecución condicional.

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Fueron juzgados por delitos de lesa humanidad contra diez víctimas cometidos en Neuquén capital, Junín de los Andes, San Martín de los Andes y Bariloche. Estos hechos ocurrieron entre 1976 y 1980, durante la última dictadura cívico-militar.

Las defensas de los ocho ex jefes militares y de inteligencia habían pedido la absolución de los acusados. Por otra parte, cuatro de ellos reivindicaron la “legalidad” de los procesos que desarrollaron durante la dictadura en las audiencias de las últimas palabras.

 

Jovenes por la Memoria 22 de julio

Ni los acusados, ni los defensores asistieron a la lectura del veredicto

 

Las personas que sufrieron tormentos, torturas y persecución son: María Teresa Oliva, quien trabajaba en la Legislatura provincial; María Parente, trabajadora del área prensa de la Universidad Nacional del Comahue; Juan Marcos Herman, estudiante que continúa desaparecido; Oscar Olivera, ex concejal de la ciudad de Fisque Menuco (General Roca); María del Luján Gómez; Fernando Ubaldini; Ernesto Sifredi; y Oscar Escobar.

 

En menos de treinta minutos, Cabral había terminado su trámite al igual que Orlando Coscia y Alejandro Silva, los otros dos jueces que integran el Tribunal Federal Oral 1 de Neuquén. Con la misma prisa con que se leyó el fallo, los magistrados se encaminaban hacia la salida cuando que Inés Ragni, Madre de Plaza de Mayo Filial Alto Valle, también hizo gala de su velocidad de movimientos para erguirse de su asiento en la primera fila del público.

Inés Ragni con un claro reclamo de Justicia, al término de la lectura del veredicto

Inés Ragni con un claro reclamo de Justicia, al término de la lectura del veredicto

 

Impulsada por su incansable espíritu de lucha, esa señora nonagenaria increpó a viva voz a dos de los tres jueces, que escucharon sus palabras. “Quiero decirles que a este tribunal le ha tocado defender los Derechos Humanos en la provincia de los Derechos Humanos, quiero decirles que nuestro director de Derechos Humanos Jaime de Nevares dijo: ‘si querés la paz para tu patria tenés que pedir verdad memoria y justicia?, y todavía, señores jueces, las madres de Neuquén y Alto Valle no sabemos qué es lo que ha pasado con nuestros hijos”, dijo y recordó a las madres que ya no están y que se fueron sin saber qué ocurrió con sus hijos.

Por su parte, Lolín Rigoni expresó el deseo de “creer en el Poder Judicial cuando sea independiente, ágil y humano”.

Caras adustas durante la lectura el 11 de septiembre de 2019

Caras adustas durante la lectura el 11 de septiembre de 2019

Hubo un descontento generalizado por parte de las familias de las víctimas y también entre las organizaciones de derechos humanos, ya que el fallo, que no fue unánime, estuvo lejos del pedido de la querella y de la fiscalía.

Este fue el primer fallo de que no tiene sentencia unánime de los seis procesos judiciales desarrollados en la región por delitos de lesa humanidad.

Culminada la lectura del fallo, las querellas y los fiscales expresaron a la prensa su disconformidad en relación a las penas, ya que no se ajustaron a lo solicitado. De esta forma, esperan que se publiquen los fundamentos para realizar un análisis más exhaustivo y hacer las presentaciones de recursos que crean correspondientes.

 

Esteban Idiarte. Jóvenes por la Memoria  #Cobertura Colaborativa SPN

PH Oscar Livera /Jovenes por la Memoria

 

Bronca en el final del Segundo Juicio

No hubo consuelo ni palabras para explicar el espíritu devastado del público al término de la lectura del veredicto en Amuc. Hubo condena para los jefes militares, pero aquellos a los que se consideró partícipes necesarios de plan criminal cuya metodología fue la desaparición y la tortura, merecieron entre ocho y doce años de cárcel; casi un tercio del tiempo de impunidad ante los crímenes cometidos durante la dictadura.

Matias Subat

Hubo testigos víctimas que aseguraron que recibieron golpes, que perdieron parte de sus dentaduras en las golpizas, que llevaban consigo problemas de salud graves producto de la tortura en sus diferentes formas, y no se les creyó. La absolución de la mayoría de los policías rionegrinos por los que se hizo este juicio se debió a que «no se consideró probado» los relatos de los sobrevivientes.

Al término del veredicto hubo muchos insultos y gritos por parte de unos pocos, pero mayor fue el silencio y el estupor de la mayoría. Como atados al piso, sin poder explicar ni explicarse, con la sensación de que no estaba bien, de que no hubo justicia pese a la condena.

Matias Subat

Las madres neuquinas dieron rienda suelta a la denuncia a viva voz de impunidad y de injusticia dentro de la sala. E insistieron con el ejemplo que las hizo madres de Plaza de Mayo: instaron a continuar exigiendo Justicia a pesar de los escollos sin dejar que un mal fallo impida el reclamo. «La marcha no tiene fin, esta no es la Justicia que queríamos, habrá que perfeccionarla y esa es la tarea de todos nosotros, adelante», sostuvo Lolín Rigoni cuando agradecía a muchos de los que se agolparon afuera, la asistencia y acompañamiento durante los largos meses de testimonios y de juicio.

Emiliano Ortiz

El viernes 02 de noviembre, el Tribunal convocó a las partes para dar lectura al veredicto de la sentencia a represores del Alto Valle para el martes 06 a las 7:30 de la mañana. Organizaciones sociales, representantes de partidos políticos, familiares y víctimas de la represión se presentaron para escuchar la voz de la justicia que había tardado 36 años en llegar.

A sala llena, el Salón Verde de AMUC estaba expectante, por las palabras del Presidente del Tribunal Oral Federal, Orlando Coscia, quien daría tranquilidad y pondría fin a tan larga espera. No estuvieron presentes los imputados. Tampoco la mayoría de los defensores. El equipo de la Defensa Oficial faltó en su totalidad.

 

Matias Subat

Con cánticos que decían “cárcel común, perpetua y efectiva, ni un solo genocida por las calles argentinas” aquellos que fueron víctimas recibieron a los magistrados que comenzaron con la lectura del veredicto. Afuera del salón, un grupo de manifestantes esperaba también con la esperanza de que al terminar la audiencia se hiciera presente la justicia.

Sin embargo, a medida que se leían los puntos del fallo, aquel aire de fiesta que había inundado la sala antes de comenzar, se empezó a esfumar dejando a su paso el desdén, la bronca y la tristeza. Mientras que algunos familiares, como Oscar Ragni, tomaban nota con atención de cada una de las condenas y absoluciones, otros festejaban penas como la impuesta a Enrique Braulio Olea, de 22 años de prisión, por considerarlo partícipe necesario penalmente responsable de los delitos de privación ilegal de la libertad, agravada por el empleo de violencia, amenazas, y por la aplicación de tormentos físicos y psíquicos, que en uno de los casos (José Luís Albanesi) resultó en la muerte del “perseguido político”, lamentaban desconcertados condenas como las de Antonio Alberto Camarelli, de 10 años o la del personal de inteligencia, Raul Antonio Guglielminetti, de 12 años, murmurando “vergüenza!” y sintiéndose apabullados, por absoluciones como la de Emilio Jorge Sacchitella, quien había sido imputado por el caso de Ernesto Joubert, secuestrado en Junín de los Andes y reconoció a Sacchitella como quien le propició golpes y fue uno de sus interrogadores y quien según el testigo, le había dicho que tenía el poder de decidir “quien vive y quien muere”.

Matías Subat

Con un total de 8 absoluciones y penas máximas de 23 años, y el pedido de investigación de víctimas de la tortura en Cipolletti, de quienes ya la periodistas del diario Río Negro, Alicia Miller,  había en el 2010 puesto en duda su credibilidad, el tribunal puso fin a la lectura del veredicto, dando lugar a una serie de repudios, llanto y exabruptos, que sacaron a la luz, claramente, la decepción de los que esperaron tantos años por una justicia, que sintieron no llegó.

Sergio Méndez Saavedra, víctima de la dictadura, gritaba al tribunal, consternado, por considerarlos responsables de “dejar asesinos sueltos”, Ernesto Joubert, quien antes de la audiencia se mostraba feliz, se lamentaba por haber viajado más de 500 kilómetros, para escuchar la absolución de uno de los responsables de su secuestro y tortura, las representantes de la Ceprodh se pusieron al frente de la manifestación que se llevaba a cabo fuera del salón, para repudiar el veredicto por considerar que la justicia había demostrado ser “una justicia de clase”.

Matias Subat

Mientras tanto, Noemí Labrune, de la APDH, se decía impotente por creer que las condenas habían sido incongruentes y demasiado bajas para los delitos aberrantes de los que se trataba, yendo en contra de la jurisprudencia en este tipo de juicios que siempre había buscado las penas más altas por ser delitos que expresan el atentado contra la humanidad toda;  y representantes de la APDH y la Secretaría de Derechos Humanos, como así también el fiscal Marcelo Grosso adelantaban que apelarían el fallo.

Matías Subat

 

Por su parte, para cerrar la jornada, los únicos representantes de los imputados que se encontraron ausentes, Rodolfo Ponce De León y Paola Rubianes, se mostraron satisfechos por el veredicto y consideraron que las penas se habían ajustado al derecho.

 

matías subat

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