En la Federal, Balbo reconoció la mesa donde fue torturado

“Esa era la mesa, tenía solamente la tabla de arriba porque le cambiaron las patas”, dijo “Orlando” Nano Balbo al finalizar la inspección ocular en la delegación neuquina de la policía federal; el lugar donde Raúl Guglielminetti le reventó los tímpanos en la tortura de marzo de 1976.

Matías Subat

La inspección fue por la tarde en el lugar que fue considerado como centro clandestino de detención y tortura durante la última dictadura cívico-militar.

Balbo reconoció el interior del edificio, el sótano y la mesa donde lo interrogaron y atormentaron durante su cautiverio. En rueda de prensa  confirmó que “ahora la mesa está en una construcción nueva, que está al fondo”.

“Les dije `esta es la mesa`, entonces ahí se empezaron a buscar los números de la mesa; aunque la pata es otra, está apoyada”.

Matías Subat

Son los últimos tramos del tercer juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

El recorrido fue encabezado por los integrantes del Tribunal Oral Federal, que fueron acompañados por los abogados de la Fiscalía, la querella, la defensa.  “Nano” Balbo,  fue junto con su hija para que le ayudara en la comunicación con los jueces.

Matías Subat

Nano quedó sordo luego del paso por la Federal en marzo de 1976.

El explicó que “ésta no es una visita que yo haya elegido, pero el tribunal me hizo sentir bien y empezó a tener sentido lo que estaba haciendo” y agregó que “esta vez me dije, esta vez de acá salgo por mis propios medios; la otra vez no sabía, entonces fue para darle sentido y cerrar una etapa”.

Indicó que “a título personal para mí es bueno; si eso contribuye a la causa, si esto contribuye a lo que espero del juicio, eso escapa de mi”.

Sobre la inspección señaló que “me pidieron que haga un croquis de la mesa, hago un formato sin darme cuenta, era la mesa; lo que se conserva es la tabla, le han cambiado las patas, es una mesa de 3,75 porque la midieron, la van a buscar en el inventario”.

Tribunal en inspeccion ocular en La Federal

Balbo recordó que “Guglielminetti se sentaba en la punta de la mesa, siempre al alcance de su mano, iba a mi cara a cada rato”. “El sótano no aparece, está sellado; ahora sí, desde afuera estoy convencido, está ahí o lo rellenaron; porque era de las dimensiones de esa oficina”, sostuvo señalando la ubicación actual.

Explicó que “arriba había una oficina y abajo el sótano, tenía la altura de una habitación normal, a punto tal que la napa freática la había llenado de agua; el sótano estaba en desuso porque tenía una buena cantidad de agua y a nosotros nos dejaban en la escalera porque no había lugar donde ponernos”.

Matías Subat

También mencionó que “el pasillo que yo transité no está más; la puerta del sótano no está más y el sótano no está más; pero estoy seguro que está ahí, porque estoy seguro que es la última parte de la construcción”.

Balbo aseguró que “había algún tipo de luz, porque cuando se acostumbró mi vista, pude ver detalles; vi una puerta vieja reciclada, que es la del sótano, idéntica, solo que aquella era ciega y esta no es ciega; es una construcción de puerta de hace cincuenta años con un pedazo fileteado, labrado”. Además indicó que “el sótano no aparece, no hay planos originales, aparentemente hay planos de la reforma”.

Al recordar su ingreso como detenido al edificio, Balbo señaló que “Guglielminetti me tapaba y básicamente era para no ver a los detenidos” y se preguntó “cómo puede ser que los gritos de los torturados pueden estar apagados con la cantidad de paredes que se han levantado; si alguien se pone a gritar, fíjense el ancho que tiene la casa hacia atrás, tenía cuatro metros de dormitorios, dos metros de pasillo, cuatro metros más, en total diez metros y se acababa la construcción; un grito ahí tiene que escucharlo todo el vecindario”.

Orlando Balbo y Labrune Inspeccion en la Federal

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

fotos: Matías Subat

“Los que estaban en el Batallón sabían lo que pasaba acá”

La inspección ocular en el predio donde funcionó La Escuelita permitió determinar la cercanía entre el centro clandestino de detención y parte de las instalaciones del Batallón de Ingenieros 161 (ex 181). Víctimas que estuvieron en el lugar ubicaron la disposición de la construcción, paredes que ahora son escombros y un álamo donde eran golpeados.

Oscar Livera

Ingreso al lugar desde la ruta 22 por la continuidad de la calle Chaco, en terrenos del Batallón.

El miércoles a la mañana se realizó la primera inspección ocular oficial en La Escuelita encabezada por los jueces Leónidas Moldes, Diego Barroetaveña y Richard Gallegos, quienes integran el Tribunal Oral Federal (TOF) que está llevando adelante la tercera etapa de los juicios por crímenes de lesa humanidad en la región.

Oscar Livera

Los jueces en el terreno donde estaba el edificio de “La Escuelita”

Participaron también los fiscales Adrián García Lois y Marcelo Grosso, los abogados defensores y los querellantes. Se había autorizado la asistencia de los imputados, pero ninguno asistió.

 

Matías Subat

Oscar Paillalef y Pedro Maidana – inspección ocular en “La Escuelita”

Los testigos y víctimas que recorrieron la zona fueron Rubén Ríos, Luis Genga, David Lugones, Dora Seguel, Isidro López, Oscar Paillalef, Benedicto Bravo y Pedro Maidana. También lo hicieron las Madres de Plaza de Mayo del Alto Valle Inés Ragni y Lolín Rigoni, Oscar Ragni, Nora Cortiñas (Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora), Enrique Fukman (sobreviviente de la ESMA), familiares, organizaciones sociales, de derechos humanos y medios de prensa.

Matías Subat

La Madre Nora Cortiñas (línea fundadoras), el sobreviviente de la Esma Mario Fukman y la Madre Lolín Rigoni, madres Alto Valle.

“Me comentaban algunos de los jueces que estaban sorprendidos de la corta distancia que había con el Batallón, ellos pensaban que era más. Los que estaban en el Batallón sabían lo que pasaba acá”, comentó Lugones, quien estuvo detenido y fue torturado en La Escuelita, y además participó del primer recorrido que realizaron (sin autorización) en abril de 1984.

Oscar Livera 19 febrero 2014

El sitio donde funcionó el centro clandestino. Las edificaciones de atrás son del cuartel del Ejército, Batallón 161 (ex Batallón 181 en 1976)

Relató que cuando los sacaban de la construcción principal para llevarlos a un galpón (que había estado ubicado hacia el fondo y más cerca del río Limay), los hacían agachar mucho. “Había soldados haciendo guardia (en el Batallón), entonces no querían que nos vean cuando nos llevaban al lugar de tortura”, agregó. Según se pudo calcular, entre el alambrado perimetral del Batallón y lo que fue La Escuelita hay entre 50 y 100 metros.

 

Matías Subat

Inspección ocular en “La Escuelita” de Neuquén

Lugones también identificó un álamo contra el que eran golpeados cuando los sacaban para torturarlos. “Cuando hicimos el reconocimiento de 1984 alguien comentó que le chocaban la cabeza contra un árbol cada vez que lo sacaban para torturarlo, esposado y vendado, y le hacían agachar mucho la cabeza. Y cuando dijo eso del álamo, recordamos que a todos nos hacían eso. En el 84 vimos al costado este álamo, este viejo álamo que ya esta caído era el álamo donde nos golpeaban la cabeza. Estaba justo en el trayecto al lugar de tortura, quizás sería una diversión para ellos”, relató Lugones mientras señalaba el árbol seco en la parte derecha del lugar donde estaba La Escuelita. Los restos del centro clandestino están a unos 300 metros de la calle Luis Beltrán, por calle Chaco, y yendo hacia el río a mano derecha.

Matías Subat

Genga fue otra de las víctimas que reconoció espacios y ruidos. A él lo sacaron en un momento afuera y sintió el sonido del agua. Cuando realizaron la inspección pudo ver que a unos metros hay una laguna y un curso de agua que aumenta cuando crece el Limay. “No estaba a más de siete metros, ahora lo vemos a unos 15 metros, pero creo que antes el curso estaría más acá”, describió Genga. “La búsqueda de justicia hay que hacerla a fondo y esto sirve para que los jueces tomen verdadera conciencia de lo que están juzgando. Que puedan identificar el lugar y crean en nuestro testimonio”, remarcó sobre la importancia de la inspección ocular.

Matías Subat

Por su parte, Noemí Labrune, de la APDH, aseguró que el recorrido tiene importancia “para que la sociedad se apropie de este tema, para evitar su repetición”. Ella y el obispo Jaime de Nevares organizaron el primer reconocimiento en abril de 1984. Recordó que con la vuelta de la democracia se autorizaron recorridas por centros clandestinos, pero al hacerse oficial, los mismos eran tapados, escondidos o demolidos. “A nosotros no nos iban a pillar con esto, en vez de pedir autorización nos pusimos a investigar cómo podíamos entrar”, indicó. En ese momento participaron siete sobrevivientes, además de las comisiones de Derechos Humanos de Neuquén y Río Negro, la APDH, la Conadep, Canal 7 y el diario Río Negro. “Esas siete personas seguro que tenían miedo, pero hicieron un acto de valentía cívica. Y esto es la continuación”, sostuvo Labrune.

 

Matías Subat

 

 

 

Fotos: Oscar Livera – Matías Subat

“Eran tan terrible los golpes, que deseaba llegar a la sala de torturas”

Benedicto del Rosario Bravo militaba en el peronismo en 1976 y había adherido al Partido Auténtico, y “en la creencia de que no iba a ser tan horroroso como ocurrió”, sacó un comunicado político repudiando el golpe cívico-militar de ese año.

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“En septiembre de 1976 comenzó el hostigamiento, habían secuestrado a Patricio Dillón del Quintu Panal y firmé un comunicado en contra del golpe. Me llegó una citación la policía de la comisaría tercera de Roca, que me decía -escrita a mano- que me tenía que presentar en el Comando” de Neuquén.

 

Cuando se presentó en el lugar “el de la mesa de entradas sacó a los soldados -conscriptos en servicio obligatorio- y entraron tres oficiales; dos me agarraron por las manos y el tercero me dio un golpe que me aturde y cuando me estoy despertando estaba vendado, en el piso de un auto y con un borseguí en la cabeza”, le dijo al tribunal.

 

Benedicto Bravo dijo que como electricista, sabía que estaba a bordo de una Ika Gladiator doble cabina. Así lo llevaron a “La Escuelita”, donde fue esposado a un camastro y reconoció las voces de Oscar Paillalef y de Enrique Teixido. Mientras permaneció desaparecido, todos los días fue llevado al galpón de chapa. Los guardias le pedían que se agachara y le pegaban cuando lo hacía; que corriera, y cuando lo hacía pisaban las cadenas que ataban sus pies y se caía; y cuando se agachaba porque así lo exigían, le pateaban fuertemente en “el culo” como para que quedara a un par de metros de bruces, al estar con las manos encadenadas y los ojos vendados. “Cada vez que me llevaban, era terrible, lo único que quería es llegar a la sala de torturas porque no daba más, era un descanso llegar a la sala de torturas para que no me pegaran más”, dijo Bendicto.

 

En el galpón de chapa nunca hubo preguntas, “sólo se reían de mi vida personal, conocían detalles de mis cosas, de mi vida, me ponían un cinturón con electrodos mojados en la cabeza y decían: ‘dale manija’. Escuchaban radio de Cipolletti y tomaban mate en otro lado”, describió.

 

En la tortura donde no había preguntas sino “manija”, Benedicto “no podía ni gritar, porque la picana me achicaba la lengua y se ponía gruesa. Cuando salí, no le dije nada a nadie, ni siquiera a mis hijos, no porque me hiciera mal, sino por no infundir temor o miedos en ellos”. Opinó que “el miedo es parte del ser humano, lo único que intenté siempre es que no se transformara en cobardía”, y por eso dialogó con uno de los represores que había en “La Escuelita” el día que lo retiraron del centro clandestino. Lo llevaron junto con Paillalef al Comando y de allí lo liberaron. “Me dijo ‘acá tenés tu DNI y plata para que te vayas en colectivo (a Roca), estuve hablando y no tenemos nada’. ¿Y usted quién es?, le pregunté, entonces respondió: ‘yo soy el mayor Farías Barrera’”.

 

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Pido Justicia

 

“Así fue lo que viví, pero luego no podía ni trabajar en el taller de electricidad, porque cada uno que entraba yo me iba a esconder, porque pensaba que me iban a llevar. Así fue que con mi patrón quedamos en que me iba por un tiempo, y durante un año me fui a trabajar a Chile. Si me hubiera quedado en Roca, no sé si me hubieran ido a buscar otra vez; en Chile me sentí acompañado por el pueblo chileno en plena dictadura de Pinochet; también me sentí acompañado por la Iglesia: sé que hubo dos Iglesias, a mí me tocó una, la de Hesayne (Miguel Esteban, obispo de Viedma) que siempre fue cercana a mis principios cristianos y peronistas. No estoy acá por ego de decir que éramos mejores, ni para dar lástima; sólo vengo por el compromiso de que los juzguen, porque así nos vamos a convertir en un país con dignidad. “No vengo por odio ni venganza, sólo por Justicia. No podemos olvidar un genocidio porque sino veremos el odio, la venganza y la tortura como algo natural”, insistió Benedicto Bravo ante los jueces.

 

 

 

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

 

“El cielo más azul de mi vida”

Oscar Paillalef tiene 63 años y esta fue la segunda declaración que hizo en los juicios que se llevan a cabo por los delitos de lesa humanidad en Neuquén y Río Negro.

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Fue detenido a los 26 años por una patota que lo secuestró y lo vendó cuando se presentó (por una citación in voce que le hizo la policía de Río Negro en su casa en Roca) en el despacho de Oscar Lorenzo Reinhold, el 19 de septiembre de 1976 por la mañana. Fue vendado y llevado directamente a la tortura en “La Escuelita”, donde permaneció desaparecido más de 10 días. Luego quedó detenido en la U9 y terminó su periplo de humillaciones en Rawson, el penal que los sobrevivientes describen como el de los golpes y la tortura psicológica permanentes.

 

“A media cuadra me esperaba mi familia. Ese día he visto uno de los cielos más azules que he visto en mi vida”, recordó.

 

Con la venda puesta, desde el Comando lo llevaron al entonces Batallón 181 en septiembre de 1976. “Reinhold me dijo que necesitaba hacerme un interrogatorio; tenía una vida pública en Roca y no nos ocultábamos, éramos de la Juventud Peronista”, dijo ante los jueces.

 

Describió que ni bien se fue su padre del lugar “una patota que estaba contigua a su despacho me ata con cadenas, me vendan, eran tres o cuatro; dieron muchas vueltas como para perderme pero igual me di cuenta que estábamos camino al Batallón; allá pidieron permiso para entrar, me bajaron a los golpes y me ataron a una cama de pies, manos y también por el cuello con una cadena”, describió.

 

Los guardias de la “Escuelita” lo golpearon continuamente y también “nos amartillaban un arma en la cabeza”, mientras estaban en los camastros. A los golpes también lo llevaron a una dependencia afuera, hecha de chapa, “siempre a los golpes, donde había una cama en la que se hacía el interrogatorio”.

 

El torturador que se identificaba como “Pedro” y un ayudante le preguntaban qué hacía y a qué personas conocía. “Me ponían cables en las muñecas y en las sienes y con una maquinita le daban corriente: el cuerpo se contorsiona, se levanta, a uno se le traba la lengua y se siente que le estalla la cabeza, es una sensación muy desagradable”, describió Oscar.

 

Los días transcurrieron de la misma manera. En la radio, a todo volumen, se anunciaban las actividades por el día del estudiante. El testigo recordó que durante la permanencia en “La Escuelita” había “un gordo que aparte de pegar mucho, nos amartillaba en la cabeza, cada vez que nos llevaba al baño nos daba muy duro en la cara y el cuerpo, y se agitaba. Día de por medio, aparecía Pedro” y volvía la sesión de picana en la casilla de chapa.

 

El último día

 

“El último día que estuve allí me llevaron a la sala de chapa, pero me hicieron dar vuelta y ver unas fotografías donde estaba mi hermano, era la foto del documento. Me sacaron una foto y me decían que era candidato a que me tiraran al lago Pellegrini; apareció alguien al que le decían jefe, que hizo preguntas médicas y que dijo que como estábamos, parecíamos todos muertos. Me pusieron una manta, me sacaron las esposas que ya me habían cortado la piel y me subieron a una camioneta vendado junto con Benedicto Bravo, a quien conocía de Roca. Bajamos en el Comando y Benedicto hablaba algo con el gordo que pegaba muchísimo y se agitaba; y luego me llevaron a una sala donde había uniformados de azul (penitenciarios) y me llevaron a la U9, donde permanecí hasta febrero de 1977, cuando me llevaron a Rawson”.

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Cárcel y malas noticias

 

Paillalef describió que mientras permaneció en la U9 como preso político, supo que en noviembre llegaron de Rawson Teixido, Ledesma, López y Cáceres, y que fueron de allí llevados a “La Escuelita” para volver dos o tres días después. “López tenía la espalda destruida, era un tajo al lado del otro”, describió.

 

Dijo que para cuando se lo llevaron a Rawson, en febrero, ya sabía que allá habían desaparecido Orlando Cancio y Javier Seminario Ramos. “Supimos de su desaparición, fue anterior a nuestra llegada a Rawson”, aseguró.

 

En la cárcel sureña “todo era golpes y humillación permanente; todo un sistema preparado para destruirnos; desde que llegamos nos recibió la patota de la requisa que nos bajó a palos del camión. La humillación no sólo era para nosotros, sino también para nuestros familiares que iban cada 45 días a visitarnos y sufrían requisas espantosas y humillantes para luego hablar con nosotros a través de un tubito que pasaba por un vidrio” describió.

 

Paillalef analizó que con la detención y tortura “querían destruir todos los valores de nuestro país, a todo el que tenía alguna actividad. Nosotros hacíamos trabajo en los barrios, tareas como conseguir el gas para los vecinos, mejorar la salita, era un orgullo pertenecer a la Juventud Peronista y se intentó destruir todo eso”.

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

Genga: “Los interrogatorios eran brutales”

Luis Alfredo Genga era el director de la escuela 50 de Cipolletti,  que en la zona era conocida como “la de Confluencia”, cerca del puente carretero. El 25 de marzo de 1976, al día siguiente del golpe cívico-militar que encabezó Jorge Videla, lo fueron a buscar a la casa que ocupaba dentro del establecimiento educativo.

Matías Subat

El no estaba pero le revolvieron todas sus pertenencias y le llevaron objetos personales: libros, cartas, fotos. Los uniformados habían actuado con suma violencia, atemorizando a las maestras y los alumnos.

Entre las cosas que le llevaron había documentación del gremio de los docentes, Unter, de la que había sido uno de los fundadores y era secretario general en aquel entonces. También era dirigente de la Ctera, la organización de los maestros a nivel nacional.

“Que se presente en la comisaría”, fue la orden que le dejaron a la maestras para Genga. Pero conocedoras de que se producían secuestros, le juntaron su ropa, le dieron “dos sueldos” y le sugirieron que se fuera del país.

“No me quería ir, así que me presenté en la comisaría. Me esperaban Camarelli (Antonio, comisario) y otro de apellido Vitón (Gustavo, militar asignado tras el golpe para comandar la zona). No me torturaron, pero fui sometido a un insidioso interrogatorio difícil de soportar”, relató ante los jueces.

Las preguntas giraban en torno a su condición de gremialista y le pedían datos de otros dirigentes, de Alfredo Bravo que dirigía la Ctera, y de las autoridades del sindicato docente de Neuquén.

Lo liberaron, pero en septiembre de ese año, cuando estaba en la casa de Cristina Botinelli junto con Silvia, hermana de Cristina y desde entonces su pareja, y un amigo de apellido Villafañe, fueron secuestrados por dos personas -entiende que habría más afuera de la casa-, quienes actuaron con suma violencia, particularmente contra él, a quien golpearon con un arma y los desmayaron.

Previo paso por lo que cree era la comisaría de Cipolletti, los llevaron a La Escuelita que funcionaba en los fondos del Batallón en Neuquén.

Reconoció el lugar porque había ido previamente a buscar materiales de construcción que el Ejército aportaba para la escuela. Puntualmente ubicó lo que fue el centro clandestino de detención y tortura porque, en esas ocasiones en que fue a buscar cemento, hierros y otros elementos, lo identificó como la caballeriza. “Era un lugar donde había habido algo relacionado con animales”, relató.

Contó que ahí, junto con las hermanas Botinelli y Villafañe, los tuvieron dos semanas y fueron sometidos a “interrogatorios brutales”, en los cuales, en su caso, lo castigaban con tormentos hasta hacerle perder el conocimiento.

“Cuando me desperté, uno me pegaba en la planta de los pies. Primero pensé que era una reacción de mi cuerpo ante el castigo recibido, pero me di cuenta que era torturado”, dijo.

Matías Subat

Comentó que pensó que pudo haber un médico presenciando las sesiones de tortura, pero que obviamente en ese momento no lo supo. “Después sí supe que había habido un médico”, señaló.

El médico que actuaba en el Batallón era Hilarión de la Pas Sosa, uno de los imputados en el juicio.

Dijo que entre los 18 ó 20 detenidos que había en La Escuelita, reconoció a Marta Decea, de Cinco Saltos, y al doctor Enrique Teixido, de General Roca. A éste, señaló, en una ocasión le pidieron que revisara a Decea, que padecía dolores y sugirió una medicación.

“Cuando estaba en el límite de la resistencia durante las torturas, venía luego el interrogatorio. Cuando había pasado la parte más cruenta del interrogatorio aparecía una persona que se identificaba como Pedro. Pedro aparecía como el más manso y empezaba a hablar calmo”, dijo.

Añadió que (Pedro) “conocía todo de mi familia, porque me decía por qué había dejado a Elena Meraviglia, que había sido mi esposa y que fue abandonado, presuntamente cerca de Barda del Medio, deteriorado física y mentalmente al extremo.

Hizo un dramático relato de su estado corporal y de su reencuentro con las Botinelli. Si bien intentó seguir en el país, finalmente en 1977 optó por irse a España, donde con Silvia Botinelli –su mujer actual- tuvieron tres hijas.

 

Matías Subat

 

“Me fui del país porque llegué a sentirme un leproso, que comprometía a la gente con la me contactaba”. Volvió a Argentina en 1992 y actualmente es secretario de Derechos Humanos de la Ctera.

 

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“El exilio te deja dividido para siempre”

“El exilio tiene muchos costos, y nunca se termina de pagar. Uno queda dividido para siempre”, dijo Marta De Cea al final de su testimonio durante la audiencia que se llevó a cabo por la tarde de hoy.

 

Marta De Cea
En una síntesis precisa de su secuestro, detención y tortura, desde México Marta contó cómo fue arrancada de su casa por una patrulla que se identificó ante la policía local como “federales”. Continue reading

“Farías Barrera fue mi dueño político”

Juan Isidro López tiene 82 años, estuvo detenido entre 1974 y 1976 en la cárcel federal de Neuquén, en “La Escuelita” y en el penal de Rawson. Aseguró que el mayor Luis Farías Barrera fue quien realizó sus traslados y quien lo liberó, mientras que “el dueño de la tortura fue Guglielmineti”.

 

 

Cecilia Maletti

Con un relato un poco confuso en relación a fechas y momentos, López fue el segundo testigo de la jornada de la mañana de hoy, 19 de diciembre, en el tercer juicio contra represores en la región.

Después de López, Pedro Trezza, otro de los sobrevivientes de “La Escuelita”, se quejó por tener que ir nuevamente a dar su testimonio al tribunal. Los jueces le concedieron que no lo hiciera. “Me pone mal volver a declarar lo que ya dije antes”, sostuvo Trezza en relación con su escueta declaración en el juicio de 2008.

Por el criterio del tribunal de Casación que habla de la “no revictimización” de los testigos – víctimas, los jueces accedieron a que se retirara de la sala sin prácticamente dar detalles de su secuestro y detención en “la Escuelita”, donde estuvo debido a que en 1976 mantenía una relación sentimental con una de las tres docentes entrerrianas que vivían en Cipolletti y fueron salvajemente torturadas, porque las acusaban de un atentado en Paraná. Las maestras tampoco declararon en este juicio.

A Isidro López los años y el sufrimiento de ese tiempo le jugaron una mala pasada. Sin embargo, el entonces jefe del personal del Comando de la Sexta Brigada de Infantería de Montaña, Luis Alberto Farías Barrera, estuvo presente en casi todo su testimonio.

Remarcó que no le guarda rencor, que el militar se portó “bastante bien” con él, y que de hecho hace unos años fue a verlo (Farías Barrera a López) para recordarle lo bien que lo había tratado. La “visita” de Farías Barrera, coincidió con la apertura de los juicios.

Mientras estuvo preso “no me dejó nunca”, indicó el testigo.Según el testimonio de López, el día del golpe cívico militar –24 de marzo de 1976- él ya estaba detenido en la U9. Allí reconoció a un policía federal de apellido Fonseca, de quien recibió malos tratos. López trabajó en la empresa Agua y Energía y estuvo en la construcción de la represa El Chocón. Aseveró haber sido dirigente “pero de los trabajadores, no de los gremios”.

Luego lo trasladaron a Rawson y después de algunos meses fue llevado junto con Pedro Justo Rodríguez y otros detenidos al centro clandestino “La Escuelita” de Neuquén. “Es el horror, escuchábamos hombres grandes llorando por lo que les hacían, también escuché a mujeres que creo eran de Entre Ríos. Yo trataba de no hacer mucho ruido para que no me vean”, recordó. “El torturador de todas las noches era Guglielmineti”, agregó. Varios días después fue sacado envuelto en una manta y trasladado a la U9, según declaró.

“Farías Barrera era mi dueño político. Pero el dueño de la tortura era Guglielmineti, no me voy a poder cobrar nunca lo que me hizo. Es un cobarde”, manifestó López. Al ser consultado por Farías Barrera, explicó que el militar fue quien estuvo en las detenciones y quien le prometió que iba a salir. “Él me decía ‘yo voy a cumplir una orden’”, remarcó.

De hecho, aunque su testimonio fue confuso sobre el tiempo y el lugar en que ocurrieron sus detenciones en Rawson, en la policía Federal de Neuquén, el traslado a “La Escuelita” y la tortura también en Rawson en una sede Federal, López describió que fue Farías Barrera quien lo retira de Rawson. “Me retira Farías junto con Cáceres y Ledesma”, indicó el testigo. Esto ocurrió en noviembre de 1976, y en diciembre del mismo año quedó en libertad después de dos años de cárcel y tortura.

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19 y 20 de diciembre

Las dos últimas audiencias de este juicio 2.013 tendrán como protagonistas (según el último cronograma informado) el 19 de diciembre  a Pedro Justo Rodríguez , que declarará desde el exilio en Londres por video conferencia.

Se escuchará el testimonio en la sala del sobreviviente Juan Isidro López y el de  Pedro Alfredo Trezza, también secuestrado en La Escuelita.  Por la tarde, desde Méjico y por sistema de conferencia, el testimonio de Marta De Cea programado a las 14, sobreviviente del centro clandestino de Neuquén, ex dueña de Libracos y docente universitaria hasta la gestión Remus Tetu.

 

Matías Subat

audiencia octubre 2013

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Mi hermano, desaparecido.

“A sus 91 años mi madre lo sigue esperando para la Navidad”

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Teresa Nivea Aigo, hermana de Celestino Aigo.

Escuchar audioTeresa Nivea Aigo

 

teresaaigo

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

Víctimas piden no declarar ¿Por qué?

En la apertura de la audiencia de hoy, el tribunal informó que Dionisia Manquín, esposa del testigo-víctima Almarza Arancibia, había solicitado que su esposo fuera exceptuado de declarar ya que por diversos problemas físicos –columna cervical, hernia de disco-, no podía concurrir. Se ofrecía ella para declarar.

Con el consentimiento de las partes se resolvió dejar sin efecto la concurrencia de Almarza Arancibia y que se incorporara por lectura su testimonio ofrecido en la etapa de instrucción.

También informaron que las testigos-víctimas Graciela Inés López y María Cristina Lucca, con residencia en Entre Ríos, también habían pedido que se las exceptuara de declarar.

Argumentaron que no estaban en condiciones de hacerlo; que no tenían más cosas que aportar que lo declarado en el juicio La Escuelita I, en 2008; que de esa manera evitaban tener que enfrentar situaciones victimizantes; y también razones de edad. Las partes aprobaron desestimar sus testimonios en el juicio oral.

 

Matías Subat 22 mayo

Almarza Arancibia con un pormenorizado testimonio en 2.012  (Matías Subat)

Si bien el caso de Almarza Arancibia es admisible en tanto se sabe que su salud está quebrantada, surgen interrogantes sobre si otros testigos son renuentes a declarar por la actitud que ha tenido el tribunal, particularmente el presidente Leónidas Moldes, de no permitirle a algunos testigos que se explayen en sus declaraciones, con el también atendible argumento de que debe evitarse cualquier situación que pueda resultar revictimizante para el testigo.

Esta actitud del tribunal ya venía siendo cuestionada por referentes de los organismos de derechos humanos y dio lugar luego, cuando a renglón seguido declaró Rubén Ríos y fue prácticamente instado a que cerrara su testimonio cuando se quebró por la emoción en un pasaje de su desgarrador relato sobre la inhumana tortura a la que fue sometido, el querellante de la APDH planteara formalmente el reclamo al respecto.

Aún cuando el juez Moldes defendió a rajatabla sus decisiones, cabe señalar que Barroetaveña intervino para poner una cuota de admisión al planteo de Goñi y, sin contradecir a Moldes, destacar que su requerimiento sería tenido en cuenta en el futuro.

Hay una solapada intención del tribunal de recortar los testimonios”

El abogado querellante por la APDH, Juan Cruz Goñi, en rueda de prensa, explicó el contrapunto que se produjo con el presidente del tribunal, Leónidas Moldes, por el reiterado accionar de cortar el testimonio de los sobrevivientes durante las audiencias.

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Hay una solapada intención del tribunal de recortar los testimonios”, dijo Goñi y explicó que antes de que se iniciara el juicio “se decidió que los sobrevivientes tengan voz en las audiencias y no fuera (este tercer juicio, que abarca los mismos hechos que los dos primeros, pero con diferentes acusados) un juicio virtual, entonces no puede ser una manera solapada de ir en contra de esta decisión y de lo que consideraron los organismos de derechos humanos”.

Explicó que “bajo la práctica solapada de decir que se está protegiendo a los testigos para no revictimizarlos, en realidad se está subestimando la voz de las víctimas, de los sobrevivientes y de los familiares, que son los que están estructurando el relato colectivo y exigiendo justicia”.

Indicó que como querellante por la APDH “es fundamental que la palabra de las víctimas tenga un valor importante en este juicio” y que ante la introducción de un elemento nuevo en el relato, por ejemplo de Rubén Ríos, “cuando la víctima se quiebra emocionalmente, se le dice que ya conocían lo que iba a contar. Consideramos preocupante restringir la amplitud de la declaración, llegó al punto de decirle que el tribunal conocía todo lo que iba a decir, como un pronóstico de saber”.

Recalcó que hasta ahora se observaba este recorte de la palabra de los sobrevivientes “desvalorizando la palabra de la víctima cuando se le dice una, dos y hasta tres o cuatro veces que ya se conoce lo que va a decir, que no es necesario que lo diga, que su declaración está incorporada; entonces el testigo legítimamente se pregunta qué hago yo acá. Hay una subvaloración de la víctima como una persona sufriente, cuando en realidad es un sobreviviente parado frente al tribunal en una actitud en la que exige justicia”, dijo con firmeza el abogado.

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

“Le apunté a Reinhold”

Rubén Ríos contó esta mañana que en 1976, después de haber sido detenido, torturado y liberado, fue a buscar al Jefe de Inteligencia del Comando de la VI Brigada del Ejército, Oscar Lorenzo Reinhold, y lo apuntó con un arma para exigirle que le devuelvan su trabajo.

Matías Subat 8 de junio

Sostuvo además que en la Escuelita podría haber cuerpos. Ríos, de 71 años, dejó la sala visiblemente conmovido cuando recordó el momento en que fueron amenazadas sus hijas e intentó suicidarse.

 

Al principio, relató que en la década de 1970 “militaba en la Juventud Peronista y era delegado del sindicato de Luz y Fuerza de Río Negro” y en el momento de la detención “trabajaba en una fábrica de mosaicos y hacía mantenimiento para una panadería”. Dijo recordar muy bien el día de su detención, “porque era el cumpleaños de mi hija mayor y siempre estábamos pendientes para que saliera el pan”. Señaló que “estaba en calzoncillos y camiseta, y cuando llamaron creí que era una mujer, por eso me oculté detrás de la puerta y la abrí. Me dijeron que me necesitaban en la comisaría donde yo tenía gente conocida. Un hombre con gorrito y pasamontaña abrió su gabán imprevistamente, me puso la pistola en la boca y me rompieron dos dientes; después, en el forcejeo, se le escapó un tiro”.

 

Ríos aseguró que “el que me apuntaba me dijo `lo cagaste a Pedro´, cuando escuché que se escaparon otros tiros. Aflojé la tensión, vi un Ford Falcon blanco, me rodearon y me dijeron: `no tenés escapatoria´. Yo pensé en los que habían desaparecido, entonces grité mi nombre para que me escuchara algún vecino, después escuché una ráfaga de metralleta, golpearon mi cabeza y me metieron adentro de un baúl”.

 

Durante su traslado Ríos, reconoció el trayecto al indicar que “pude abrir el baúl y me di cuenta que íbamos hacía Cipolletti porque reconocí a Cascada SA; cuando escuché un fleje suelto en la caminera me tiré y caí a los pies de un policía, quien pensó que era una despedida de soltero. El policía me abrigó y me dio algo para tomar, pero al rato vino gente del Ejército y me dijeron: `¿creíste que habías escapado?´. Me llevaron al hospital porque tenía mucha sangre, me envolvieron hasta la cabeza y me llevaron hasta la Policía Federal, donde me dejaron en la cocina. A la noche, por la escalera, veo a un policía de Centenario que estaba cocinando en un tambor de doscientos litros”.

 

Me llevaron en un auto negro –dijo Ríos sobre su traslado a la Escuelita-, me colocaron en una cucheta que estaba bien alta, había perdido mucha sangre y me desmayé, cuando quise bajar me caí porque ignoraba a la altura que estaba. Después me preguntaron por la guerrilla, me dieron nombres y me dijeron que si no hablaba la iba a pasar muy mal; me ataron de las manos, de los pies, me pusieron algo en las rodillas y una picana eléctrica en los testículos, cada tanto me desmayaba y sentía que el médico me sostenía la mano para tomarme el pulso y él decía cuál era mi estado de salud, si podían continuar”.

 

Estuve 22 días privado de la libertad, con los ojos vendados, me desmayaba porque se me bajaba la presión, me mantenían medicado, pero no me dieron de comer, me mojaban los labios con un algodón y la sed era insoportable”, relató y contó cuando un guardia le dio un chocolate, “que me comí con desesperación porque tenía mucha hambre, entonces vino uno y me dijo `así que te gusta el chocolate’, entonces me empezó a golpear”.

 

Ríos dijo que en la Escuelita “jamás vi a nadie”, y agregó que escuchaba una topadora, sentía tiros y gritos. “Creo que a alguno enterraron allí; en el juicio anterior recorrimos la Escuelita y la Gendarmería señaló dos lugares donde podrían haber cuerpos, pero hasta el día de hoy no han investigado nada”, afirmó.

 

Cuando lo liberaron a las tres de la mañana, “un tal Pedro me dijo `no te muevas de acá´, me desaté y me quedé tirado allí porque no tenía fuerzas. Al día siguiente me encontró un penitenciario amigo, un perrito me había mordido los pies y no quería que me vieran así porque tenía olor a podrido, un olor espantoso que ni yo lo podía soportar; comí mucho y cuando me recuperé me fui a tratar de recuperar el trabajo”.

 

Ríos le dijo al tribunal que “con intenciones de recuperar el trabajo me puse una pistola calibre 22 en la bota y me fui a ver a Reinhold; me palparon de armas al llegar pero fue por arriba, me hicieron pasar a su oficina y quedé solo un momento. Fue cuando saqué el arma, lo apunté y le dije `usted me conoce, me secuestraron, me torturaron y me dejaron sin trabajo`, entonces le entregué el arma y le dije: si no me da trabajo máteme. Entonces hizo traer café y medialunas, hablamos como tres horas y le dije: `ustedes han hecho muy mal las cosas; después me dejó libre.

 

Reinhold fue condenado en el primer juicio 2008

Reinhold fue condenado en el primer juicio 2008. También en 2.012. Cumple prisión domiciliaria en Buenos Aires. 

Indicó que a las dos semanas lo llamaron de la empresa Agua y Energía y le dijeron: `Ríos tenemos órdenes de darte trabajo’”. Sin embargo, le advirtieron que no le iban a pagar por el tiempo que estuvo ausente del trabajo porque no podían justificar su detención. Al poco tiempo volvió a trabajar en la empresa.

 

Por último, Ríos se refirió a una situación cuando lo convocaron para que concurra al distrito militar. Allí lo hicieron pasar a una oficina, donde atendió un llamado telefónico. Del otro lado de la línea, una voz lo conminó: `de parte de Pedro (el nombre de su secuestrador) tenés 24 horas para suicidarte o te secuestramos a tus hijas´”. En ese momento el testigo rompió en llanto y el tribunal debió darle unos minutos para que se reponga.

 

En aquel entonces, ante la amenaza de sus captores Ríos se separó temporalmente de su familia, se pegó un tiro en la sien y perdió un ojo, pero no la vida.

Al finalizar su testimonio, dijo que “si los acusados tienen hijos y nietos les pido que reflexionen, que rompan el pacto de silencio y digan dónde están los desaparecidos. Están condenando a familias enteras, nos siguen torturando infinitamente”. Se retiró de la sala aplaudido.

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

foto: Matías Subat

“Fueron responsables”

Edgardo Kristensen declaró por su detención y describió el paso de su hermano Carlos Kristensen por la tortura y la cárcel antes de lograr el exilio en Dinamarca, desde la cárcel de Rawson.

Edgardo Kristensen

“No sé si se puede hablar de justicia porque son cosas imposibles de reparar. La gente que fue carne de cañón de esa época era el fermento de un país distinto; puede ser que les llegue el castigo, no hay justicia para las cosas que se han hecho”. “Ellos fueron responsables, merecen castigo”.

 

escuchar audioEdgardo Kristensen

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén  2.013

Blanco en la Escuelita

“Lo que me hicieron fue muy humillante”, remarcó en su declaración este viernes por la mañana. Cuestionó duramente el accionar del Partido Comunista durante la dictadura, aseguró que nunca simpatizó con la lucha armada y consideró que la sociedad civil que impulsó el golpe del 76 sigue teniendo el “poder real”.

Norberto Blanco tiene 67 años, vive en Cipolletti, y su delicado estado de salud lo obliga a caminar con bastón. Por segunda vez asistió a los juicios contra represores en la región. El año pasado declaró en el Segundo Juicio, y relató cómo se concretó su primera detención después del golpe de Estado.

Cecilia Maletti

Norberto Blanco en su declaración 2.012

En esta oportunidad, fue citado para declarar por su segundo secuestro, en el juicio que tiene como imputados a Jorge Di Pascuale, Jorge Alberto Soza, Hilarión de la Paz Sosa, Mario Alberto Gómez Arena y Luis Alberto Farías Barrera.

No lo merecía”

Al momento del golpe cívico militar de 1976, Blanco trabajaba en la municipalidad de Cipolletti. El mismo 24 de marzo un grupo del Ejército asaltó su casa y detuvo a su hermano. Él se escapó y se mantuvo escondido por unos dos o tres días, hasta que se entregó en la comisaría de Cipolletti, porque los militares se habían instalado en su vivienda con su esposa y sus hijos hasta dar con él. En la unidad policial estuvo entre dos y tres días y fue liberado. Al poco tiempo fue dejado como cesante del municipio y a los meses consiguió un trabajo en una empresa que extraía ripio del río en Neuquén.

La segunda detención ocurrió el 11 de agosto de 1976, a cargo de comisión policial de Cipolletti a cargo del oficial Miguel Ángel Quiñones.

Después del juicio, Quiñones fue liberado por haber cumplido con dos partes de la condena en apelación, sin embargo, la fiscalía logró meses después que el ex policía de inteligencia rionegrina fuera nuevamente encarcelado debido a que aún debe rendir cuentas en el próximo tramo.

Blanco indicó que lo llevaron hasta la comisaría de Cipolletti donde estuvo entre dos y tres días, y que luego fue trasladado por Quiñones hasta el Batallón. De ahí es llevado por otro oficial hasta las oficinas de Inteligencia del Comando de la Sexta Brigada. En ese lugar relató que Raúl Guglielminetti (a quien reconoció por una foto que vio luego como custodio del entonces presidente Raúl Alfonsín) lo llevó en un Falcon gris, hasta lo que hoy se conoce como el centro clandestino de detención “La Escuelita”. Todo este recorrido lo realizó con los ojos vendados, y al llegar lo esposaron a una cucheta.

El 17 de agosto -describió Blanco- lo llevaron a otra habitación donde lo ataron a una especie de cama inclinada. “Me interrogaban y acusaban al Partido Comunista, al que yo pertenecía, de estar en connivencia con Montoneros”, expresó el testigo, quien era una figura pública de la juventud comunista. “Para obligarme a que diera datos de la organización del partido me pasaron corriente eléctrica entre la venda y la sien, de los dos lados. Esto duró como una hora y media, o dos”, relató. Tres días después sufrió una segunda sesión de tortura. “Había dos personas, una borracha. Aparte de la corriente, me golpearon”, agregó. El 21 o 22 de agosto fue liberado.

Luego de su segunda declaración en 2.013

Luego de su segunda declaración en 2.013

No creo haber sido una persona dañina para la sociedad. Que me hicieran esto fue muy humillante, no lo merecía, estaba indefenso”, apuntó.

El PC, la lucha armada y el poder real

Blanco explicó que luego de quedar libre relató lo que le había sucedido con compañeros del Partido Comunista, quienes le recomendaron hacer la denuncia con el entonces primer comandante del Ejército, Jorge Arguindegui. “Les dije que él era el jefe político de la represión. Después me dijeron: ‘Cacho te tenes que ir porque acá corrés peligro’. Ahí me di cuenta que el partido se volvió cómplice del gobierno militar”, denunció.

También remarcó que nunca simpatizó con la lucha armada. “Fue el justificativo que permitió a las fuerzas civiles que impulsaron el golpe para eliminar toda posibilidad de cambio. La guerrilla fue la excusa para eliminar toda organización popular”, sostuvo. En un análisis de la actualidad remarcó que los mismos que impulsaron el golpe de estado de 1976 siguen teniendo el poder real. “Sólo les falta el poder militar”, advirtió.

Sindicato de Prensa de Neuquén

Norberto Blanco

“Tuve mis dudas de presentarme a declarar”, dijo Blanco quien se mostró excéptico de obtener justicia. “Hay jueces que son probos y jueces que no lo son, incluso en estos juicios”, dijo. “Esto podria volver a repetirse, subsisten las condiciones de poder y económicas que generaron la matanza de los años de la dictadura. El poder económico pervive y aún más fuerte que en 1976, si el poder real deja seguir gobernando es porque no cuenta con el apoyo de los militares. El poder represivo en nuestro país está intacto, y el de los grupos que actuaron en 1976 están intactos, si no que me digan dónde está Jorge Julio López”, dijo.

 

Preis, Labrune y Blanco

 

escuchar audio

Norberto Blanco 29nov2013

 

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

 

El testimonio de un exiliado

Francisco Tomasevich.

Desde Suecia, llegó para testimoniar en el tercer juicio.

Desde Suecia, llegó para testimoniar en el tercer juicio.

Sobreviviente del “operativo Cutral Co” vino desde Suecia para dar su testimonio en el tercer juicio. Se exilió en 1.979 cuando optó “por la libertad” y salir de la cárcel de Rawson. “He dicho la verdad, los jueces tendrán” que hacer justicia, dijo.

Francisco Tomasevich 28nov2013. Escuchar audio

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

 

 

“Siempre quise tener presente lo que sucedió”

Con la declaración de Francisco Tomasevich, se reanudaron esta mañana las audiencias por el tercer juicio a los represores de la región durante la última dictadura cívico militar, en la sede Amuc de Neuquén capital.

Tomasevich llegó desde Suecia para declarar en el juicio

Tomasevich llegó desde Suecia para declarar en el juicio

Estaba previsto que también declarase Almarza pero presentó un certificado médico; en su reemplazo continuó Sergio Méndez Saavedra.

Tomasevich, albañil jubilado de sesenta y seis años, viajó desde Estocolmo (Suecia) -lugar donde reside- para declarar por el operativo Cutral Có. Estuvo exiliado y figura en el listado de víctimas del Tribunal Oral Federal de Neuquén. Continue reading

cronograma

Los testimonios para el 28 de noviembre incluyeron las voces de los testigos – víctima Francisco Tomasevich y Sergio Méndez Saavedra por la mañana; mientras que  Juana Aranda de Pincheira se escuchó durante la jornada de la tarde.

 

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Pedro Maidana

Cómo fueron los ultimos minutos de Cancio Seminario, Pincheira y Mendez cuando los retiraron de Rawson para desaparecerlos. “Los torturadores no pueden tolerar que hoy seamos personas normales con poder de decisión, eramos lo peor y nos condenaron”. “Seguimos buscando datos, todavía no está esclarecido qué pasó con Carlos Chávez, que fue visto en centro clandestino”.

Pedro Maidana

Escuchar el audio Pedro Maidana

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

 

 

Los hermanos

Juan Carlos Maidana -hermano de Pedro Maidana- y Octavio Méndez -hermano del desaparecido José Mendez- tenían 16 y 15 años cuando los secuestraron durante el operativo Cutral Co y los sometieron a torturas en la comisaría.

“Uno recuerda las cosas como si fuera ayer”, coincidieron. Identificaron a Héctor Mendoza, el comisario de Cutral Co, como uno de los torturadores durante las sesiones de golpes y picana, sin embargo, Mendoza quedó fuera del juicio por graves problemas de salud.

cartel

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Bronca en el final del Segundo Juicio

No hubo consuelo ni palabras para explicar el espíritu devastado del público al término de la lectura del veredicto en Amuc. Hubo condena para los jefes militares, pero aquellos a los que se consideró partícipes necesarios de plan criminal cuya metodología fue la desaparición y la tortura, merecieron entre ocho y doce años de cárcel; casi un tercio del tiempo de impunidad ante los crímenes cometidos durante la dictadura.

Matias Subat

Hubo testigos víctimas que aseguraron que recibieron golpes, que perdieron parte de sus dentaduras en las golpizas, que llevaban consigo problemas de salud graves producto de la tortura en sus diferentes formas, y no se les creyó. La absolución de la mayoría de los policías rionegrinos por los que se hizo este juicio se debió a que “no se consideró probado” los relatos de los sobrevivientes.

Al término del veredicto hubo muchos insultos y gritos por parte de unos pocos, pero mayor fue el silencio y el estupor de la mayoría. Como atados al piso, sin poder explicar ni explicarse, con la sensación de que no estaba bien, de que no hubo justicia pese a la condena.

Matias Subat

Las madres neuquinas dieron rienda suelta a la denuncia a viva voz de impunidad y de injusticia dentro de la sala. E insistieron con el ejemplo que las hizo madres de Plaza de Mayo: instaron a continuar exigiendo Justicia a pesar de los escollos sin dejar que un mal fallo impida el reclamo. “La marcha no tiene fin, esta no es la Justicia que queríamos, habrá que perfeccionarla y esa es la tarea de todos nosotros, adelante”, sostuvo Lolín Rigoni cuando agradecía a muchos de los que se agolparon afuera, la asistencia y acompañamiento durante los largos meses de testimonios y de juicio.

Emiliano Ortiz

El viernes 02 de noviembre, el Tribunal convocó a las partes para dar lectura al veredicto de la sentencia a represores del Alto Valle para el martes 06 a las 7:30 de la mañana. Organizaciones sociales, representantes de partidos políticos, familiares y víctimas de la represión se presentaron para escuchar la voz de la justicia que había tardado 36 años en llegar.

A sala llena, el Salón Verde de AMUC estaba expectante, por las palabras del Presidente del Tribunal Oral Federal, Orlando Coscia, quien daría tranquilidad y pondría fin a tan larga espera. No estuvieron presentes los imputados. Tampoco la mayoría de los defensores. El equipo de la Defensa Oficial faltó en su totalidad.

 

Matias Subat

Con cánticos que decían “cárcel común, perpetua y efectiva, ni un solo genocida por las calles argentinas” aquellos que fueron víctimas recibieron a los magistrados que comenzaron con la lectura del veredicto. Afuera del salón, un grupo de manifestantes esperaba también con la esperanza de que al terminar la audiencia se hiciera presente la justicia.

Sin embargo, a medida que se leían los puntos del fallo, aquel aire de fiesta que había inundado la sala antes de comenzar, se empezó a esfumar dejando a su paso el desdén, la bronca y la tristeza. Mientras que algunos familiares, como Oscar Ragni, tomaban nota con atención de cada una de las condenas y absoluciones, otros festejaban penas como la impuesta a Enrique Braulio Olea, de 22 años de prisión, por considerarlo partícipe necesario penalmente responsable de los delitos de privación ilegal de la libertad, agravada por el empleo de violencia, amenazas, y por la aplicación de tormentos físicos y psíquicos, que en uno de los casos (José Luís Albanesi) resultó en la muerte del “perseguido político”, lamentaban desconcertados condenas como las de Antonio Alberto Camarelli, de 10 años o la del personal de inteligencia, Raul Antonio Guglielminetti, de 12 años, murmurando “vergüenza!” y sintiéndose apabullados, por absoluciones como la de Emilio Jorge Sacchitella, quien había sido imputado por el caso de Ernesto Joubert, secuestrado en Junín de los Andes y reconoció a Sacchitella como quien le propició golpes y fue uno de sus interrogadores y quien según el testigo, le había dicho que tenía el poder de decidir “quien vive y quien muere”.

Matías Subat

Con un total de 8 absoluciones y penas máximas de 23 años, y el pedido de investigación de víctimas de la tortura en Cipolletti, de quienes ya la periodistas del diario Río Negro, Alicia Miller,  había en el 2010 puesto en duda su credibilidad, el tribunal puso fin a la lectura del veredicto, dando lugar a una serie de repudios, llanto y exabruptos, que sacaron a la luz, claramente, la decepción de los que esperaron tantos años por una justicia, que sintieron no llegó.

Sergio Méndez Saavedra, víctima de la dictadura, gritaba al tribunal, consternado, por considerarlos responsables de “dejar asesinos sueltos”, Ernesto Joubert, quien antes de la audiencia se mostraba feliz, se lamentaba por haber viajado más de 500 kilómetros, para escuchar la absolución de uno de los responsables de su secuestro y tortura, las representantes de la Ceprodh se pusieron al frente de la manifestación que se llevaba a cabo fuera del salón, para repudiar el veredicto por considerar que la justicia había demostrado ser “una justicia de clase”.

Matias Subat

Mientras tanto, Noemí Labrune, de la APDH, se decía impotente por creer que las condenas habían sido incongruentes y demasiado bajas para los delitos aberrantes de los que se trataba, yendo en contra de la jurisprudencia en este tipo de juicios que siempre había buscado las penas más altas por ser delitos que expresan el atentado contra la humanidad toda;  y representantes de la APDH y la Secretaría de Derechos Humanos, como así también el fiscal Marcelo Grosso adelantaban que apelarían el fallo.

Matías Subat

 

Por su parte, para cerrar la jornada, los únicos representantes de los imputados que se encontraron ausentes, Rodolfo Ponce De León y Paola Rubianes, se mostraron satisfechos por el veredicto y consideraron que las penas se habían ajustado al derecho.

 

matías subat

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6 de noviembre, el veredicto

A las 7,30 de la madrugada convocó el Tribunal Oral Federal para escuchar el veredicto de lo que será la sentencia del juicio.

Se leerán penas o absoluciones (parte resolutiva) en la sala de Amuc donde se desarrollaron las audiencias desde abril.

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

 

Palabras

Cuatro militares hablaron en los últimos momentos del juicio oral por delitos de lesa humanidad.

El jefe de Inteligencia del Comando de la Sexta Brigada, Oscar Lorenzo Reinhold y el jefe del Batallón 181 de Neuquén, Enrique Braulio Olea lo hicieron por primera vez, aunque este es su segundo juicio por los delitos ocurridos durante la dictadura en Neuquén.

Volvió a plantear su inocencia Gustavo Vitón, en su tercera intervención desde que se inició el juicio en marzo.

También lo hizo por primera vez quien está acusado por los secuestros y torturas cuando ejerció la comandancia, José Ricardo Luera, aunque negó que fuera el Comandante de la Sexta Brigada en aquella época. Reproducimos -en audio- el momento del cruce con Vitón.

Reproducimos en audios las partes principales de los dichos, y en el caso de Vitón, los aspectos no mencionados antes, como la acusación en contra del comisario Antonio Camarelli para defenderse.

Uno menos para la sentencia

El médico militar Hilarión de la Pas Sosa quedó fuera del juicio. Se informó de una desmejoría de salud en las últimas audiencias, y para los alegatos ya estaba internado. En la audiencia de hoy, el Tribunal Oral Federal dio a conocer que su caso será remitido a otro tramo de esta misma causa, ya elevada a juicio, que tiene como imputado principal a Héctor Mendoza, el jefe de la comisaría de Cutral Co durante el operativo Cutral Co, que se ventiló en este juicio.

Emiliano Ortiz

 

Audios y repercusiones

Además de los audios de los cuatro acusados que hablamos, invitamos a escuchar la entrevista posterior a las madres neuquinas en el juicio, Inés Ragni y Lolín Rigoni que se refirieron también al duro cruce con Olea durante las últimas palabras cuando dijo no saber nada de su hijo desaparecido.

Matías Subat 29 marzo 2012

Olea ultimas palabras (audio)

Reinhold (audio)

Emiliano Ortiz

Luera ultimas palabras

Matias Subat 29 octubre

viton ultimas palabras

“Son mentiras que no saben”, “si estuviera acá Beba Mujica”, “nos tendrán que ver las caras en todas partes” (escuchar audio) Ines Ragni y Lolin

Matias Subat

“Hubo testigos, pruebas, testimonios” ,”Uno siempre tiene la esperanza de que nos cuenten qué fue lo que hicieron” , “Evidentemente no están arrepentidos”, “Corigliano presentó documentos de la Side que el Ejecutivo esta negando que sean públicos” (escuchar audio) Orlando Nano Balbo

Oscar Livera

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Ultimas palabras

Hasta ahora nunca hablaron, y los que dejaron el silencio, sólo fue para decir que nada sabían de secuestros, torturas y del destino de quienes permanecen desaparecidos

Sera la oportunidad hoy de decir sus ultimas palabras antes de escuchar el veredicto.

 

Imputados del Ejército
 

Matías Subat

 

José Ricardo Luera. Militar retirado con el grado de coronel. Nació el 27 de octubre de 1927, con prisión domiciliaria en San Miguel. Era coronel y comandante de la VI Brigada en 1976. Retirado en 1978 en San Miguel, como Jefe del departamento de contrataciones del Estado Mayor.

 Osvaldo Antonio Laurella Crippa. Militar retirado con el grado de coronel. Nacido el 30 de octubre de 1931, con detención domiciliaria en su casa de Bahía Blanca. Era Teniente Coronel de la Sexta Brigada “en comisión” como Jefe de Policía de Neuquén entre el 25 de marzo de 1976 y el 12 de diciembre de 1977. Retirado en 1986 en Bahía Blanca, como coronel de Infantería en el Comando del 5to Cuerpo del Ejército.

OSCAR LORENZO REINHOLD. Militar retirado, condenado en 2008 por 17 hechos cuando era Jefe de Inteligencia del Comando (Sexta Brigada), con detención domiciliaria en buenos aires, nacido el 26 de enero de 1935.

 Oscar Lorenzo Reinhold. Retirado como coronel de la Brigada de Infantería de Mntaña de Mendoza en 1987. Nacido el 26 de enero de 1935. Condenado en 2008 por 17 hechos cuando era Jefe de Inteligencia del Comando (Sexta Brigada) de Neuquén, con el cargo de mayor en 1976. Con detención domiciliaria en Buenos Aires.

Oscar Livera

Enrique Braulio Olea. Retirado como General de Brigada. Nacido el 18 de julio de 1930. Jefe del Batallón de Ingenieros 181 de Neuquén en 1976, cuando era teniente coronel. Condenado en 2008 por 17 hechos, con detención domiciliaria.

 

Oscar Livera marzo de 2012

 Hilarión de la Pas Sosa. Retirado con el grado de coronel. Médico. Nacido el 21 de octubre de 1930. En 1976 Jefe de la sección Sanidad de la Brigada de Infantería de Montaña VI de Neuquén. Condenado en 2008 por 17 hechos. Con detención domiciliaria en Neuquén. Estuvo desde el 72 al 83 en Neuquén.-

 

Cecilia Maletti

 Gustavo Vitón. Dado de baja del Ejército en 1980 como Capitán, luego ascendido a mayor durante el gobierno de Alfonsin y a Teniente Coronel durante el gobierno de Kirchner por pertenecer a los “33 Orientales”. En 1976 era Teniente primero en el Batallón de Ingenieros de Montaña 181 de Neuquén, a cargo de la Compañía de Construcciones y el 24 de marzo de 1976 designado como interventor militar en la comisaría de Cipolletti. Sus ultimos años en actividad fueron en la política en La Plata y en la provincia e Buenos Aires durante el gobierno de Duhalde. Detenido en Marcos Paz

 

Emiliano Ortiz

 Jorge Osvaldo Gaetani. Retirado como coronel del Ejército. Nacido 13 abril de 1953. En 1976 era subteniente de la Compañía de de Combate “B” del Batallón de Ingenieros de Montaña 181 de Neuquén. Se encuentra excarcelado.

 

Cecilia Maletti 2 octubre

Enrique Charles Casagrande, suboficial de inteligencia del Ejército

Enrique Charles Casagrande. Retirado de Inteligencia del Ejército como suboficial principal. Nacido el 21 de noviembre de 1.938. En 1976 era suboficial del destacamento de Inteligencia 182 de Neuquén, subjefe.

 

Cecilia Maletti 

Jorge Eduardo Molina Ezcurra. Retirado como coronel de Inteligencia en 1.995, cuando era agregado militar en Lima, Perú  (1992-1993).  En  1976 integraba el destacamento de Inteligencia 182 de Neuquén con el grado de Capitán.

 

Matias Subat 30 octubre 

Sergio Adolfo San Martín.  Retirado de Inteligencia del Ejército con el grado de Teniente Coronel. Nacido el 25 de febrero de 1.941. Capitán en el Destacamento de Inteligencia 182 de Neuquén en 1976 y 1877. Detenido en Campo de Mayo. Condenado en 2.008 por 17 hechos.

 

Cecilia Maletti 

Maximo Ubaldo Maldonado. Retirado como suboficial mayor del ejército. Nacido el 16 de mayo de 1938. Era sargento primero del destacamento de inteligencia 182 de Neuquén. Con detención domiciliaria en Ituzaingó, provincia de Buenos Aires.

 

Emiliano Ortiz

Francisco Julio Oviedo. Retirado como suboficial mayor de Inteligencia del Ejército.  Nacido 12 septiembre de 1938. En 1976 era suboficial del destacamento de Inteligencia Militar 182 de Neuquén. Condenado en 2.008 por 1 hecho. Con detención domiciliaria en Cipolletti, Río Negro.

 

Cecilia Maletti

Raul Antonio Guglielminetti. Personal Civil de Inteligencia. Nacido el 2 de noviembre de 1941. En 1976 revistió en el destacamento de Inteligencia 182 de Neuquén. A disposición conjunta del Tribunal Oral Federal 5 (TOF 5) de Buenos Aires por otra causa (expediente 1627), de la ESMA. Detenido en el penal de Marcos Paz.

 

Cecilia Maletti

 Serapio del Carmen Barros. Personal Civil de Inteligencia. Nacido el 27 de enero de 1947. Revistió en el destacamento 182 de Neuquén en 1976. De ocupación mecánico. Excarcelado.

 

Gendarmería 

 Cecilia Maletti 23 octu

Emilio Jorge Sacchitella. Retirado de Gendarmería con el cargo de Comandante General en 2003, como director de Logística y Finanzas en Buenos Aires -sector transporte y logística de Gendarmería. Nacido el 28 de noviembre de 1946, excarcelado. En 1976 Segundo Comandante a cargo del regimiento de Gendarmería de Junín de los Andes.

 

Comisarios rionegrinos 

 

Emiliano Ortiz

 Desiderio Penchulef. Retirado en 1978 como comisario principal de la policìa de Rìo Negro. Nacido 22 de mayo de 1929.  Comisario de la Comisaría de Cinco Saltos, que en 1976 era la comisaría 25. Excarcelado.

 

 

Emiliano Ortiz

Antonio Alberto Camarelli. Retirado como Jefe de la policía de Río Negro, comisario general y licenciado en Criminalística. Nacido el 15 de noviembre de 1.942. En 1.976 jefe de la comisaría 24 de Cipolletti y jefe de Operaciones Especiales en la subzona 52.1.2. Detenido en la U5 de Roca, Río Negro.

 

Cecilia Maletti

Miguel Angel Quiñones. Retirado en 1.994 con el grado de Comisario de la policía de Río Negro. Nacido el 14 de mayo 1944.  En 1976 era oficial Sub-ayudante de Inteligencia de la policía rionegrina. Alojado en la U5.

 

Cecilia Maletti

 Gerónimo Enerio Huircaín. Retirado de la policía rionegrina en 1993 como comisario, con último destino en Bienestar Social de la Jefatura de policía de Viedma. Nacido el 20 de julio de 1.954. Apodado “Negro”, comerciante. En 1.976 era oficial ayudante de la Comisaría 24 y encargado del servicio de Informaciones judiciales.

 

Matías Subat 

Oscar Ignacio Del Magro.  Retirado como comisario de la policía de Río Negro. Nacido el 1 de julio de 1.954. Alias “Pelusa”. Policía de informaciones en la comisaría  24 de Cipolletti en 1976. Excarcelado.

 

Matías Subat  

Julio Héctor Villalbo. Retirado de la policia rionegrina en 1.996 como suboficial. Nacido el 20 de febrero de 1.950. Apodado “Viejo”. Ante la Justicia dijo ser director técnico. Excarcelado. Suboficial de la Comisaría 24 de Cipolletti en 1.976.

 

Emiliano Ortiz

Saturnino Martínez. Retirado en 1.992 como sargento ayudante de la comisaría cuarta de Cipolletti (ex comisaria 24). Nacido el 26 de julio de 1.947. Apodado “Sato”. Suboficial de la Comisaría 24 de Cipolletti en 1.976. Excarcelado

 

Fueron derivados al próximo juicio

 

 

 Mario Alberto Gómez Arena. Retirado como coronel. Nacido 9 de diciembre de 1930. Condenado en 2.008 por 17 hechos ocurridos cuando era jefe de inteligencia del destacamento 182 de inteligencia de Neuquén en 1976, con detención domiciliaria. Condenado en 2.010 por su actuación en el Batallón 601. Durante el juicio 2.012 se suspendió su juzgamiento a la espera de un dictamen de los peritos de la Corte Suprema ante un diagnóstico de Alzheimer.

Oscar Livera

 

 Luis Alberto Farias BarreraRetirado con el grado de mayor. Nacido el 1 de enero de 1930. Condenado en 2008 por 17 hechos cuando era Jefe de Personal del Comando (Sexta Brigada) de Neuquén, con el grado de mayor. Con detención domiciliaria en Alta Barda, Neuquén Capital. Apodado “Laucha”. Su juzgamiento en 2.012 se suspendió luego de un ataque cardíaco y se agregó su proceso a la causa “Castelli”, elevada a juicio.

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

fotos: Cecilia Maletti/Emiliano Ortiz/ Oscar Livera/ Matías Subat

Los defensores insistieron con las absoluciones

En la jornada de dúplicas, los equipos de defensas particulares (Gerardo Ibañez, Hernán Elizondo, Rodolfo Ponce de León y Herán Corigliano) junto con el equipo de defensores públicos (Eduardo Peralta, Gabriela Labat y Alejandra Vidales) insistieron en sus planteos de absolución bajo los conceptos de negar el tratamiento de delitos de lesa humanidad en el juicio y la falta de imputación y de pruebas en contra de los 22 acusados.

 

 

Matias Subat 30 octubre

El abogado del general de Brigada, Enrique Braulio Olea (jefe del Batallón 181 de Construcciones en 1976), Gerardo Ibañez, descalificó las réplicas de las acusaciones y dijo que pensó que “iban a ser más precisos, pero sólo hubo vaguedades”.

Se mostró molesto por los dichos de que “somos igual de delincuentes de lo que ellos creen que son nuestros clientes”, al tiempo que dijo sentirse orgulloso de responder por alguien como el general Olea.

“La categoría de lesa humanidad no existía, y no lo fue tampoco en la causa 13”, dijo en relación a la sentencia a las juntas de 1984 y rechazó los cuestionamientos de “la construcción de un relato falso”.

“No han rebatido ninguno de los elementos que planteamos”, siguió el defensor e insistió a los jueces en que no pueden encuadrar el juicio en el delito de genocidio porque no se cumplen los preceptos establecidos por la convención internacional. “Planteamos las nulidades porque existen, no las consentimos por haber participado del juicio”, le respondió al fiscal Marcelo Grosso, al tiempo que reiteró que corresponde la absolución de Olea.

 

“Que se tenga en cuenta la totalidad del testimonio”

 

Cecilia Maletti

 

En una de las pocas intervenciones extensas que se anotó durante este juicio la defensora María Cecilia Oviedo, dijo durante las réplicas defensistas que la defensa de Francisco Julio Oviedo -suboficial de inteligencia y su padre- exige que se tenga en cuenta la totalidad del testimoni de Pedro Maidana, porque sostienen que no se condice con la acusación que pesa sobre su defendido.

“El hecho que fue descripto no tiene correlato con la prueba”, dijo sintéticamente el codefensor Hernán Elizondo.

 

“Sin víctimas no hay victimarios”

Cecilia Maletti

El defensor del comisario rionegrino Oscar Del Magro, Rodolfo Ponce de León, en una extensa dúplica, reiteró el término de “caníbales” para con la querella del Ceprdoh, y aunque intentó pedirles disculpas si las ofendía, volvió a calificar a las abogadas de “megalomaníacas” al tiempo en que justificaba el porqué se había referido a las víctimas como no víctimas.

“No se cómo puedo ofeder el pudor de nadie cuando digo que no son víctimas los que no son víctimas”, arrancó el abogado quien a diferencia del resto de los defensores, remarcó que no citó la teoría de los dos demonios ni la guerra sucia, porque “hubo terrorismo de Estado, lo dije desde el primer momento  refiriéndome al 16 de junio de 1955”

“Toda víctima posee su victimario, que está sujeto a reglas del código penal, si no lo son, no hay víctimas”, justificó Ponce de León; y en la misma línea volvió a cargar contra las abogadas del Ceprodh con el argumento de que al acusar por genocidio “acusan mal profesionalmente”.

Aseguró que los hechos existieron, las desapariciones forzadas “son ausencias que existen”, dijo que las torturas exitieron; pero que no estaban imputadas individualmente a ninguno de los acusados.

“Se describen hechos que no se condicen con los que describen las víctimas”, insistió en tanto planteó que al no asignársele qué conducta le correspondía a los imputados, sólo e hacía “un discurso demagógico para recibir el aplauso de la platea, eso fue lo que se vio durante las réplicas de la querella”, finalizó mientras pedía la absolución de su defendio.

 

“Nos sometimos a las reglas del juego”

Matias Subat

Los defensores Eduardo Peralta, Gabriela Labat y Alejandra Vidales insitieron en la absolución de los 14 defendidos a los que representan en este juicio e iniciaron las palabras con una réplica a la fiscalía -que les dijo que pedían la nulidad pero habían convalidado el proceso con su presencia- , a quien le indicaron que “nos sometimos a las reglas del juego”,  insistió con los argumentos técnicos que se virtieron en los alegatos generales y que cumplió su labor de “análisis de la prueba en beneficio de nuestros defendidos”.

Aseguró Peralta que seguirá siendo una “defensa técnica eficaz” yconsideró que sus dichos sobre venganza, que planteó por las penas solicitadas para los acusados, habían sido mal interpretados. “No voy a ser un mero convalidador de conductas”, sostuvo el jefe del equipo fiscal, mientras que la codefensora Labat  insistió en que “se hizo una interrelación de toda la prueba, una valoración global y acertada” y que no hubo sezgo, como se les endilgó.

“Se nos dice que buscamos manipular al Tribunal, y esto ofende la inteligencia” de los participantes en el juicio, criticó. Agregó que lo que hizo la defensa oficial, fue poner en evidencia “las groseras deficiencias” de la requisitoria fiscal con la que se llegó al juicio.

 

“No fue una visión sesgada”

Matias Subat

Los defensores de los militares Jorge Eduardo Molina Ezcurra, Sergio Adolfo San Martín, Gustavo Vitón, José Ricardo Luera y el médico militar Hilarión Pas Sosa -Hernán Corigliano y Paola Rubianes-  insistieron en que no hubo una “visión sesgada” de la realidad, sino que se remitieron a la “guerra revolucionaria” que quedó demostrada en la causa 13, del juicio en 1984  a los ex comandantes militaresque tomaron el poder en 1976.

Rubianes reiteró que no hubo en los 180 testigos ninguno que nombrara a los oficiales de inteligencia Molia Ezcurra y San Martín como los autores de las torturas por la que están acusados en los 39 casos por los que se llevó a cabo este juicio.

insistió en los “testimonios discordantes”, basados en testigos “algunos inconsistentes, otros asimétricos y en algunos casos, falaces”, por lo que no había un cuerpo probatorio ni siquera indiciario que llevara a una misma conclusión. Cargó contra la fiscal instructora Cristina Beute y dijo que los alegatos de los acusadores habían sido una “sala literaria” que no se condecía con el proceso penal.

“Esto es un proceso judicial, no se falseó la historia, se justificó : hubo una guerra civil revolucionaria y así lo estableció la causa 13/84 que está firme y confirmada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación”, reclamó Corigliano, mientras que insistió en que ese contexto histórico de la guerra sucia y la teoría de los dos demonios “está judicialmente probado”; por lo que se sintió contrariado por las acusaciones que recibió en manifestaciones públicas y comunicados.

Cecilia Maletti

“No les corresponde la categoría de lesa humanidad, no se puede aplicar con retroactividad el derecho y esta era una categoría que no existía en el momento de los hechos”, volvió a reiterar  en tanto le respondió al fiscal Grosso que “las nulidades no pueden ser convalidadas por nadie, fue confirmado así y me tengo que sentar aquí y respeto al tribunal aunque en mi opinión no corresponde esta integración. La acusación está viciada de nulidad, es un instrumento defectuoso y por eso más lo que dije antes, es que pido la absolución”, finalizó.

 

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Sobrevivientes de la tortura se quejaron de la segunda suspensión del juicio

Dora Seguel y Gladis Sepúlveda protestaron por la segunda suspensión del segundo juicio contra los represores que actuaron en La Escuelita, durante la última dictadura militar.

 

La APDH Neuquén, el Ceprodh y denunciantes de los delitos ocurridos durante la dictadura, brindaron una conferencia de prensa frente al Tribunal Oral Federal N° 4 de calle Carlos H. Rodríguez 46 de Neuquén capital.
Las abogadas querellantes e integrantes del Ceprodh Ivana Del Bianco y Natalia Ormazabal también expresaron su malestar por la segunda postergación del juicio que debió comenzar el 7 de marzo.
El mismo día el tribunal anunció -tras la manifestación- que para el 28 de marzo fue reprogramado el inicio del juicio.

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