Sobreviviente

En noviembre de 1976 Cristina Parente fue secuestrada por la Policía Federal, torturada y liberada tiempo después en la puerta de la misma comisaría donde se la retuvo. Tuvo que abandonar Neuquén al día siguiente bajo amenaza de muerte y regresar a su Punta Alta Natal. Sin embargo, fue nuevamente capturada en un mega operativo por la policía bonaerense en La Plata. El martes 18, por primera vez, contó su historia de secuestro, tortura y persecución ante un tribunal federal en el marco de los juicios por delitos de lesa humanidad.

Oscar Livera

El público permaneció conmosionado durante el testimonio de la periodista

María Cristina Parente era de Punta Alta, Buenos Aires. Estudió periodismo en La Plata. Había sido compañera en la facultad de Jorge Enrique Esteban y de María Teresa Oliva (ambos secuestrados y liberados en 1978). Además era militante de la Federación de Agrupaciones Eva Perón (FAEP).

Por recomendación de sus amistades, migró a Neuquén capital a principios de 1975, donde consiguió trabajo como prensa de la Gobernación por la mañana y de la Universidad Nacional del Comahue en la tarde. Cristina lo recuerda como su mejor tiempo, en el que tenía amigos y futuro en la profesión. Tenía veinte años.

En marzo de 1976, con el gobierno neuquino intervenido por las FFAA, la obligaron a renunciar a su trabajo en Gobernación, lo que la obligó a mudarse a una pensión. Ahí compartió habitación con una joven de nacionalidad chilena que apenas veía y de quien aseguró nunca saber su nombre.

En noviembre de ese año, al volver de vacaciones, pasó por su casa a dejar un bolso para dirigirse directamente a su trabajo en la UNCo. Si bien le extrañó encontrar las luces apagadas, la urgencia por reintegrarse a sus tareas le impidió detenerse mucho tiempo. “Llegué a la oficina y el guardia de la universidad, un muchacho con el que siempre charlábamos, me dijo que la Policía Federal tenía unas preguntas. Que era un trámite”, recordó Parente. El guardia la acompañó hasta la sede policial, donde fue detenida en una oficina.

 

El tribunal permitió que Maite Oliva acompañara el momento del testimonio de Parente

El tribunal permitió que Maite Oliva acompañara el momento del testimonio de Parente

 

En un tiempo que le es imposible determinar, aparecieron dos efectivos a los que Cristina recordó haber visto un par de veces en el balneario de Neuquén, durante salidas con amigas. Ahí se enteró de la razón de su detención: habían allanado su habitación y decían haber encontrado material “subversivo”. Los secuestradores sostuvieron que su compañera de pensión había sido reconocida como militante del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) de Chile. Además le decían que ésta última se había fugado y supusieron que ella también lo había hecho con la excusa de unas vacaciones.

En ese momento empezaron las torturas: “Me atan a una silla. Brazos para atrás y cada pierna a una pata. Me ponen una cinta en la cabeza y dos cosas en las sienes. Me enchufaron a 220. Cuando uno es electrocutado, todo el cuerpo se arquea hacia adelante. Lo único que me sostenía era estar atada a las patas de una silla”, expresó Cristina en un relato entrecortado. Los picaneos eran interrumpidos para preguntar y repreguntar sobre el origen del material encontrado en la habitación. Parente describió una sucesión de desmayos continuos hasta que finalmente despertó para encontrarse sola en la habitación, amarrada todavía a la silla.

Los torturadores regresaron y pusieron frente a su cara un revólver al que previamente le habían dejado una sola bala. “Ahora vamos a jugar a una cosa”, dijeron sus captores. Por cada pregunta sin la respuesta esperada, el percutor golpeaba una cámara vacía, volvía a girar el tambor y empezaban de nuevo. Por cada gatillazo en falso, Cristina caía al suelo en pleno desvanecimiento. Siempre le preguntaban por “la chilena”, su nombre y paradero. La respuesta era siempre la misma: “no sé”. Entonces volvía a ser golpeada y levantada de los pelos para repetir el proceso.

En la delegación de la Policía Federal los torturadores la alzaron una última vez para meter su cabeza dentro de un recipiente con agua, haciendo presión hacia abajo para que no salga, una práctica conocida como “submarino”. Cuando se cansaron la dejaron tirada en el suelo. Parente se arrastró hasta el escritorio y perdió el conocimiento. No recuerda la cantidad de veces que la patota volvía para interrogarla y torturarla, solo le quedó muy presente la risa que les provocaba todo el proceso.

“Una noche me dicen ‘preparate que hay una luna hermosa para los enamorados’. Me subieron al baúl de un auto. Anduvo mucho. Después de un tiempo sobre el ripio se detuvieron”,  continuó su relato. En ese momento escuchó, siempre desde dentro del baúl, una conversación con otras personas. “Te traemos un paquete”, a lo que la otra persona respondió “acá no hay lugar, tírenlo al río”. Por las descripciones de Cristina se cree que ese lugar se trataba del centro clandestino de detención La Escuelita.

Sin embargo, regresaron a la Federal y la liberaron bajo la amenaza de que si no se iba de Neuquén en 24 horas iba a ser asesinada.

Cristina se dirigió a la casa de Esteban y Oliva, quienes le brindaron ropa, ya que no se había cambiado desde el día de su secuestro. Luego de ducharse, le trajeron las pocas cosas que sus secuestradores le habían dejado en su departamento (le habían robado todo durante el procedimiento) y un pasaje para volver a Punta Alta.

En la terminal de colectivos Esteban la despidió con el pedido: que no dijera nada a su padre para no comprometer a nadie más y la promesa de continuar acompañándola.

“En algunos cortes (del interrogatorio) ponían la radio muy fuerte. Escuchaba que el sindicato de prensa de Neuquén pedía por mi libertad. Creo que eso me salvó la vida”, reflexionó Cristina.

Esteban Idiarte

Cristina Parente y Maite Oliva habían sido compañeras de estudio (periodismo) en La Plata

 

Detenida en Punta Alta

Cristina hizo caso a la recomendación de Esteban y guardó silencio. En aquel tiempo la Base Naval de Punta Alta abrió concurso para cubrir un cargo administrativo. Por insistencia de su familia, y ante la necesidad de trabajar, se inscribió con la esperanza de quedar fuera de orden de mérito. Cristina aprobó el examen y empezó a trabajar para las mismas personas a las que temía.

Duró poco. “Un día vino un teniente y me dijo que me echaban porque no era una persona confiable para la armada. Volví a casa y ahí se enteraron lo de Neuquén”, expresó Parente frente al tribunal en referencia al secuestro y la acusación de subversiva.

Su padre la obligó a regresar a una intervenida Universidad de La Plata a buscar su título de periodista para mejorar sus perspectivas laborales. Cristina lo describió como un hombre muy duro y exigente que recurría a los golpes si no se le obedecía. A sabiendas que era muy posible un nuevo encuentro con efectivos de las fuerzas armadas, decidió obedecer y marchó a la capital bonaerense.

El trámite nunca se concretó. Cuando llegó al rectorado le anunciaron que ya era tarde. Esperó dos días y lo fue a buscar una segunda vez. Esta vez sí estaba a tiempo pero le quisieron cobrar la entrega del cartón. Cristina estaba convencida que pasara lo que pasara no le iban a robar de nuevo. Con la plata justa se volvió a Punta Alta.

Con un pie arriba del colectivo alguien la tiró de los hombros hacia atrás. Gritos, corridas, calle cortada. Un grupo de tareas de alrededor de cincuenta personas que salieron de todos lados. Fue subida a un auto y llevada ante una médica para que la revise. Estaban buscando pastillas de cianuro. Nuevamente, sin entender el porqué, Cristina Parente era detenida por las fuerzas armadas.

No era novedad que informantes del sistema represor deambulaban en los ámbitos académicos. Alguien le dijo que había sido marcada como amante y correo en el sur de Mario Firmenich, fundador de Montoneros.

Primera jornada de testimonios

Primera jornada de testimonios

“Yo a Firmenich no lo conozco”, enfatizó Parente y agregó: “como vieron que no tenía armas ni nada en el bolso me hicieron esperar hasta que lleguen las pruebas. No me torturaron. Me interrogaron. Me dejaron vendada todo el tiempo y de noche dormía en un pasillito, porque la celda estaba ocupada por un par de presos políticos. Uno de ellos era médico, me cantaba canciones de Serrat para que me duerma”.

Todo fue padecimiento a la espera de las supuestas evidencias. Temía que hasta llegaran con pruebas falsas de la acusación que fue excusa para el secuestro. La angustia le provocó una inapetencia que la llevó a quedar famélica. La comida era traída por mujeres del batallón contiguo. Fue en una de esas rondas que bajo la venda pudor reconocer la pollera de la policía bonaerense.

Las pruebas nunca llegaron. El médico interpelaba a los carceleros mientras la secuestrada vivía un calvario. Al día siguiente les comunicaron que el lugar iba a ser desocupado. Parente y el muchacho serían liberados, decían. La otra chica que sostenían que estaba implicada en un operativo del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) donde murieron tres policías, permanecería en cautiverio.

Cristina tenía que ser asistida para movilizarse. En uno de los trayectos al baño, su acompañante la sentó bruscamente en las rodillas. “¿Así que te vas? Vení que te voy a extrañar” decía al mismo tiempo que la manoseaba. Lo último que recuerda de esa secuencia son sus gritos, los gritos del médico y el desvanecimiento.

La primera vez que le permitieron bañarse mientras estuvo en manos de la bonaerense, fue el día de su liberación. Describió un baño de reducidas dimensiones, una pequeña pieza de jabón, la misma ropa sucia del día de la detención y nuevamente la venda.

El viaje en auto fue tan largo que temió ser fusilada. El trayecto terminó en la puerta de estación Retiro, le dejaron un un poco de dinero en su bolso y la orden de no mirar atrás cuando bajara. En el espejo del baño de la terminal de ómnibus pudo comprender por qué hasta las personas en situación de calle le dirigían una extraña mirada a su paso: debía pesar no más de 40 kilogramos. Así fue como llegó a la casa de su familia. Ahí empezó un nuevo suplicio relacionado a la violencia intrafamiliar que venía viviendo de antes, hasta que se casó y reinició su vida.

Parente declaró un día antes de lo previsto

Parente declaró un día antes de lo previsto

Durante toda su declaración, Cristina Parente se detuvo reiteradas veces para llorar, juntar valor y continuar su relato. A su izquierda estuvo siempre presente su amiga María Teresa Oliva. Era la primera vez que narró su experiencia, no sólo en un juicio sino en público. Para Cristina llegar a este momento fue lo único que le dio fuerzas para seguir su vida: No me suicidé porque pensé que era la única sobreviviente y tenía que quedarme para dar testimonio. Después vino la guerra de Malvinas, democracia. Surgieron que eran miles las víctimas. Yo estaba con mi marido que conocí en el 82, mi hijo. Traté de construir mi vida como pude”, finalizó

 

Esteban Idiarte y Daniel Font Thomas /#CobeturaColaborativa, Jóvenes por la Memoria.

PH Jóvenes por la Memoria

Pacto de silencio

Los 8 acusados decidieron no declarar en la segunda jornada del juicio (11 de junio) La Escuelita VI donde se juzga a represores del alto valle y zona Cordillerana. Durante las indagatorias, algunos procesados especificaron que hablarán conforme avance el proceso.

015 Escuelita VI SPN 10junio2019 TOF Cabral-Coscia FOTO Oscar Livera

Los jueces federales Alejandro Cabral y el presidente del Tribunal Orlando Coscia. Secretaria de la causa, Marta Ithurrart

 

En una corta jornada, tuvo lugar este martes en el salón AMUC la etapa indagatoria a los represores en el Juicio Escuelita VI. En esta ocasión, los acusados tuvieron la oportunidad de declarar frente al tribunal, sin embargo optaron por no hacerlo. Manifestaron en algunos casos que preferirán hacer uso de este derecho más adelante, conforme avance el juicio. Para la querella esto se trata de un claro pacto de silencio, que “es tan fuerte y profundo que seguramente lo van a seguir sosteniendo”, según explicó Bruno Vadalá, de la APDH.

La querella del CeprodH, con el acuerdo luego de a fiscalía y de la APDH, solicitó que se agregue al caso la información sobre el atentado a la Casa de Madres de Plaza de Mayo, ocurrido el último 28 de mayo, con el argumento de que se trató de un amedrentamiento en el contexto del proceso judicial actual. A pesar del rechazo de la defensa, el tribunal incorporó los archivos al desarrollo del juicio. Por su parte, la defensora oficial Gabriela Labat, solicitó que Carlos Benavidez, único acusado presente, pueda permanecer en sala contigua a partir de ahora y sólo estará presente cuando considere que los testimonios le incumben a su caso. La medida será evaluada por el tribunal e informada más adelante.

El negador

Momento de incertidumbre se vivió cuando el acusado Oscar Reinhold negó tener otras causas judiciales durante el chequeo de datos. Sin embargo, cuando la fiscalía preguntó sobre la condena en este proceso, el acusado se limitó a decir “¡Ah! Por eso sí”.

Oscar Lorenzo Reinhold fue declarado culpable con sentencia firme por la Corte en 2008 por 17 torturas y la desaparición forzada de Oscar Ragni, mientras que cuenta con otras tres sentencias condenatorias por secuestros, torturas y el homicidio de los desaparecidos Orlando Cancio, Javier Seminario Ramos, José Francisco Pichulmán, Celestino Aigo, Miguel Ángel Pincheira y José Delineo Méndez.

Etapa de testimoniales

A partir de la próxima semana comienza el período de testimoniales, donde se prevé que inicie el cronograma de 36 personas citadas. El 31 de julio culminará este segmento y el 14 de agosto se realizarán los alegatos por parte de la fiscalía y la querella, en tanto que el 28 de ese mes hará lo propio la defensa.

001 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Vale recordar que los juicios son de acceso público. Para aquellas personas que quieran presenciar el desarrollo de estas jornadas, deben acreditarse con su nombre, DNI y ocupación al mail acreditacionesjuicio@gmail.com

Daniel Font Thomas/ #CoberturaColaborativa SPN

PH Oscar Livera 2019

Oscar Lorenzo Reinhold

La memoria negadora de un actor principal de la represión

Cuando el martes se desarrollaban las indagatorias de los imputados, quienes se negaron a declarar ante el Tribunal expresando “Prefiero guardar silencio”, “Me reservo la declaración más adelante” –sellando un nuevo pacto de silencio-, uno de los momentos que causó mayor sorpresa, incertidumbre y risas entre los querellantes y el público que colmaba el Salón de Amuc, fue protagonizado por el ex jefe del Destacamento de Inteligencia del Comando de la Sexta Brigada, Oscar Lorenzo Reinhold.

Reinhold fue condenado en el primer juicio 2008

Reinhold fue condenado en el primer juicio 2008

Ante la corroboración de datos por parte del presidente del tribunal, Orlando Coscia, el ex militar que se desempeñó al frente de Inteligencia entre 1976 y 1979, aseguró no tener condenas ni otras causas judiciales. De inmediato, el fiscal federal Miguel Palazzani tomó la palabra, se dirigió al ex militar de 84 años y le volvió a preguntar. Como si hubiera recobrado la memoria, Reinhold se rectificó con un “Sí, por supuesto”. Y luego afirmó “Prefiero guardar silencio”, negándose a declarar como lo ha hecho en todas las causas en las que estuvo acusado por cometer delitos de lesa humanidad durante la dictadura militar.
En este sexto juicio, Reinhold está acusado como autor de todos los delitos que se le imputan.

Le quitan las esposas a uno de los represores Oscar Lorenzo Reinhold.

El juicio 2008 tuvo a los acusados en la sala. Reinhold

“El Colorado”, como le decían sus colegas de armas y represión, fue la máxima autoridad del centro clandestino de detención “La Escuelita” donde pasaron por la tortura y todo tipo de vejámenes cientos de hombres y mujeres que habían sido secuestrados por los grupos de tareas en las calles, en sus casas y en la universidad.
Antes de ocupar la jefatura del Destacamento de Inteligencia, a partir del 24 de marzo de 1976, Reinhold prestaba funciones como auxiliar en la División II de Inteligencia del Comando de la Brigada. Es decir que a partir del golpe de Estado, Reinhold se convirtió en el miembro principal del Estado Mayor de esa unidad militar.

Pablo Montanaro/#CobeturaColaborativa SPN

PH Oscar Livera y Archivo SPN

A sala llena arrancó el sexto juicio

Con gran presencia de público, comenzó un nuevo tramo juicio “La Escuelita”. Como contrapartida, hubo una notable ausencia de imputados en el banquillo. Es que de los ocho ex jefes y miembros de inteligencia del ejército que serán juzgados, solo estuvo presente Carlos Alberto Benavídez, quien fuera parte del Destacamento de Inteligencia 182. Los demás escucharon la acusación de la fiscalía, mediante sistema de videoconferencias.

005 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Entre las y los asistentes se encontraban Ines Ragni y Lolin Rigoni, Madres de Plaza de Mayo Alto Valle, y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.

Se expusieron diez casos de privación ilegítima de la libertad y tormentos, agravados por persecución política. Ocurrieron en las ciudades de Bariloche, San Martín y Junín de los Andes, Neuquén y Fiske Menuco (Gral. Roca).

En la lectura de las requisitorias

Los imputados por estos delitos son los miembros de inteligencia Oscar Reinhold, Eduardo Molina Ezcurra, Sergio San Martín, Jorge Di Pasquale, Carlos Alberto Benavídez; el comandante de gendarmería, Emilio Jorge Sacchitella; el director de la Escuela Militar de Instrucción Andina de Bariloche, Néstor Rubén Castelli; y Fernando Zárraga, interventor de la comuna de Fiske Menuco (Gral. Roca) en 1976 y luego jefe de operaciones e inteligencia en la Escuela Militar de Montaña de Bariloche.

011 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Desde la querella del Ceprodh ponderaron que en esta sexta etapa del juicio que se investigue y juzgue por primera vez a Benavídez y Zárraga.  Natalia Hormazábal, abogada del CeProDH, remarcó que “es importante que en juicios de delitos de lesa humanidad estén los acusados sentados en el banquillo, el lugar que les corresponde a los responsables”.

El martes 11 , los jueces Orlando Coscia, Alejandro Silva y Alejandro Cabral tomarán declaraciones indagatorias a los represores. Todo a través de videoconferencia: seis de ellos desde Comodoro Py, y desde Campo de Mayo, con Jorge Di Pasquale.
La próxima semana comenzará el período de testimoniales, en total 36 personas. El 31 de julio culminará este segmento y el 14 de agosto se realizarán los alegatos por parte de la fiscalía y la querella, en tanto que el 28 de ese mes hará lo propio la defensa.

021 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Los juicios son de acceso público. Para aquellas personas que quieran presenciar el desarrollo de estas jornadas, deben acreditarse con su nombre, DNI y ocupación al mail acreditacionesjuicio@gmail.com

DFT/#CoberturaColaborativa

PH Oscar Livera

Sindicato de Prensa de Nequén

Cinco condenas

Los jueces Leónidas Moldes, Diego Barroetaveña y Richar Gallego condenaron a los cinco acusados por los secuestros y torturas que se ventilaron en este tercer juicio.

Matías Subat

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Di Pasquale no dijo dónde estan los desaparecidos

El ex oficial de inteligencia Jorge Héctor Di Pasquale respondió todas las preguntas que tanto los jueces como querellantes y el fiscal Adrián García Lois le preguntaron, sin embargo, no aportó datos sobre quiénes llevaron a cabo los secuestros y las torturas en Neuquén y Río Negro, quién o quiénes planificaron y ejecutaron los operativos de detención masiva que hubo en Cutral Co, ni aclaró cuál fue el destino final que tuvieron los siete desaparecidos, además de las circunstancias que vivieron el resto de las víctimas por las cuales afronta el actual juicio.

Matías Subat

Como la indagatoria es procesalmente un acto de defensa, no estuvo obligado a decir la verdad o declarar en su contra. Se sentó, y con soberbia y autosuficiencia, pidió que le preguntaran todo lo que las partes quisieran, a sabiendas de que no iba a responder lo que se le pedía.

 

Di Pasquale volvió a insistir que el tribunal civil no tendría que intervenir en su juzgamiento, acusó al fiscal García Lois de desconocer la historia reciente y no entender el rol del Ejército durante la dictadura militar e insistió incontables veces en que como oficial de inteligencia del Ejército no tuvo relación en Neuquén con la denominada “lucha antisubversiva”, sino que en 1976 y 1977 se dedicó sólo a “reunir información sobre el Ejército chileno”, en el marco del conflicto que en 1978 tuvo su máxima tensión con el vecino país.

 

Insistentemente se quejó de que los jueces no le permitieron llevar como testigo al ex jefe montonero Fernando Vaca Narvaja, porque consideró que si él (Di Pasquale en su acto de defensa) lo interrogaba, “luego de una charla con él como testigo, podríamos solucionar los problemas de la sociedad”.

 

Aunque su jefe inmediato en 1976, el teniente coronel Mario Alberto Gómez Arena, era a su vez el mismo jefe del civil de inteligencia Raúl Guglielminetti (reconocido por las víctimas en los secuestros y torturas, tanto en La Escuelita como en la Federal), Di Pasquale convenientemente sostuvo que no trabajaba con Guglielminetti y que pensaba que era un policía federal.

 

Para Di Pasquale, el destacamento de Inteligencia 182 -que funciona aún hoy a un costado del Comando- sólo se dedicaba a buscar agentes de la DINA -Dirección de Inteligencia de Chile- en la región y aunque era un “puesto alternativo de comando” no tuvo intervención en los operativos que largamente detallaron los sobrevivientes en las audiencias.

 

“No sé si lo que dicen es cierto o no es cierto, debe ser cierto, pero no es responsabilidad mía”, dijo Di Pasquale cuando se le preguntó a qué atribuía los testimonios y denuncias que había escuchado en el juicio.

 

Cuando se le preguntó específicamente quién realizaba en Neuquén esta tarea, si él negaba que el destacamento 182 realizara los operativos de secuestro y las detenciones en “La Escuelita” que el comandante José Luis Sexton reconoció que hubo en Neuquén, el ex militar respondió irónico: “eso lo tendría que contestar Sexton (que está fallecido), deben haber sido pedidos que le hacían a Neuquén desde otras jurisdicciones, las cosas que yo llevé a cabo no consistieron delito; si cometí algún error, me tendrían que haber sancionado. Era un problema de Sexton, no era un problema mío ni del destacamento”,

 

Cuando se le preguntó por qué en una nota firmada por él en la que reivindicaba el levantamiento ‘carapintada’ de 1987 en protesta por las causas penales que se habían iniciado contra los que perpetraron secuestros y torturas, mencionaba su rol de “lucha contra la subversión”, y ahora lo negaba, Di Pasquale buscó la salida de la “obediencia debida” e insistió en plantear que en 1987 había 850 oficiales y suboficiales acusados de delitos de lesa humanidad “y los responsables, como los generales, no se hacían cargo; y que por esto habían formado un “movimiento nacional” para indicar que de lo que se les acusaba “eran actividades propias del mando”.

 

En la misma línea, insistió en que “no intervine en secuestros, interrogatorios ni torturas durante los años 1976 y 1977” cuando estuvo en Neuquén”, y que el destino de los desaparecidos “se lo tendrían que preguntar a Sexton. No recibí ni di ninguna orden de aniquilar; no puede existir jamás un plan”, dijo Di Pasquale e insistió en asegurar que en ese tiempo seguía a supuestos militares chilenos que hacían inteligencia en la zona o que movían tropas del otro lado de la cordillera. Finalizó su intervención diciendo que “el plan Cóndor no existió”, cuando se le preguntó si en su labor de inteligencia tuvo relación con militares chilenos que buscaban activistas en esta región.

 

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

Foto: Matías Subat

Di Pasquale recusó al fiscal Grosso

El imputado Jorge Di Pasquale recusó al fiscal Marcelo Grosso. Pidió que se lo separe del juicio por falta de “independencia y objetividad”. Continue reading

Cinco en el tercer juicio neuquino

Ex jefe del destacamento de inteligencia 182 en 1976, Mario Alberto Gómez Arena, militar.

 

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Bronca en el final del Segundo Juicio

No hubo consuelo ni palabras para explicar el espíritu devastado del público al término de la lectura del veredicto en Amuc. Hubo condena para los jefes militares, pero aquellos a los que se consideró partícipes necesarios de plan criminal cuya metodología fue la desaparición y la tortura, merecieron entre ocho y doce años de cárcel; casi un tercio del tiempo de impunidad ante los crímenes cometidos durante la dictadura.

Matias Subat

Hubo testigos víctimas que aseguraron que recibieron golpes, que perdieron parte de sus dentaduras en las golpizas, que llevaban consigo problemas de salud graves producto de la tortura en sus diferentes formas, y no se les creyó. La absolución de la mayoría de los policías rionegrinos por los que se hizo este juicio se debió a que “no se consideró probado” los relatos de los sobrevivientes.

Al término del veredicto hubo muchos insultos y gritos por parte de unos pocos, pero mayor fue el silencio y el estupor de la mayoría. Como atados al piso, sin poder explicar ni explicarse, con la sensación de que no estaba bien, de que no hubo justicia pese a la condena.

Matias Subat

Las madres neuquinas dieron rienda suelta a la denuncia a viva voz de impunidad y de injusticia dentro de la sala. E insistieron con el ejemplo que las hizo madres de Plaza de Mayo: instaron a continuar exigiendo Justicia a pesar de los escollos sin dejar que un mal fallo impida el reclamo. “La marcha no tiene fin, esta no es la Justicia que queríamos, habrá que perfeccionarla y esa es la tarea de todos nosotros, adelante”, sostuvo Lolín Rigoni cuando agradecía a muchos de los que se agolparon afuera, la asistencia y acompañamiento durante los largos meses de testimonios y de juicio.

Emiliano Ortiz

El viernes 02 de noviembre, el Tribunal convocó a las partes para dar lectura al veredicto de la sentencia a represores del Alto Valle para el martes 06 a las 7:30 de la mañana. Organizaciones sociales, representantes de partidos políticos, familiares y víctimas de la represión se presentaron para escuchar la voz de la justicia que había tardado 36 años en llegar.

A sala llena, el Salón Verde de AMUC estaba expectante, por las palabras del Presidente del Tribunal Oral Federal, Orlando Coscia, quien daría tranquilidad y pondría fin a tan larga espera. No estuvieron presentes los imputados. Tampoco la mayoría de los defensores. El equipo de la Defensa Oficial faltó en su totalidad.

 

Matias Subat

Con cánticos que decían “cárcel común, perpetua y efectiva, ni un solo genocida por las calles argentinas” aquellos que fueron víctimas recibieron a los magistrados que comenzaron con la lectura del veredicto. Afuera del salón, un grupo de manifestantes esperaba también con la esperanza de que al terminar la audiencia se hiciera presente la justicia.

Sin embargo, a medida que se leían los puntos del fallo, aquel aire de fiesta que había inundado la sala antes de comenzar, se empezó a esfumar dejando a su paso el desdén, la bronca y la tristeza. Mientras que algunos familiares, como Oscar Ragni, tomaban nota con atención de cada una de las condenas y absoluciones, otros festejaban penas como la impuesta a Enrique Braulio Olea, de 22 años de prisión, por considerarlo partícipe necesario penalmente responsable de los delitos de privación ilegal de la libertad, agravada por el empleo de violencia, amenazas, y por la aplicación de tormentos físicos y psíquicos, que en uno de los casos (José Luís Albanesi) resultó en la muerte del “perseguido político”, lamentaban desconcertados condenas como las de Antonio Alberto Camarelli, de 10 años o la del personal de inteligencia, Raul Antonio Guglielminetti, de 12 años, murmurando “vergüenza!” y sintiéndose apabullados, por absoluciones como la de Emilio Jorge Sacchitella, quien había sido imputado por el caso de Ernesto Joubert, secuestrado en Junín de los Andes y reconoció a Sacchitella como quien le propició golpes y fue uno de sus interrogadores y quien según el testigo, le había dicho que tenía el poder de decidir “quien vive y quien muere”.

Matías Subat

Con un total de 8 absoluciones y penas máximas de 23 años, y el pedido de investigación de víctimas de la tortura en Cipolletti, de quienes ya la periodistas del diario Río Negro, Alicia Miller,  había en el 2010 puesto en duda su credibilidad, el tribunal puso fin a la lectura del veredicto, dando lugar a una serie de repudios, llanto y exabruptos, que sacaron a la luz, claramente, la decepción de los que esperaron tantos años por una justicia, que sintieron no llegó.

Sergio Méndez Saavedra, víctima de la dictadura, gritaba al tribunal, consternado, por considerarlos responsables de “dejar asesinos sueltos”, Ernesto Joubert, quien antes de la audiencia se mostraba feliz, se lamentaba por haber viajado más de 500 kilómetros, para escuchar la absolución de uno de los responsables de su secuestro y tortura, las representantes de la Ceprodh se pusieron al frente de la manifestación que se llevaba a cabo fuera del salón, para repudiar el veredicto por considerar que la justicia había demostrado ser “una justicia de clase”.

Matias Subat

Mientras tanto, Noemí Labrune, de la APDH, se decía impotente por creer que las condenas habían sido incongruentes y demasiado bajas para los delitos aberrantes de los que se trataba, yendo en contra de la jurisprudencia en este tipo de juicios que siempre había buscado las penas más altas por ser delitos que expresan el atentado contra la humanidad toda;  y representantes de la APDH y la Secretaría de Derechos Humanos, como así también el fiscal Marcelo Grosso adelantaban que apelarían el fallo.

Matías Subat

 

Por su parte, para cerrar la jornada, los únicos representantes de los imputados que se encontraron ausentes, Rodolfo Ponce De León y Paola Rubianes, se mostraron satisfechos por el veredicto y consideraron que las penas se habían ajustado al derecho.

 

matías subat

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Ultimas palabras

Hasta ahora nunca hablaron, y los que dejaron el silencio, sólo fue para decir que nada sabían de secuestros, torturas y del destino de quienes permanecen desaparecidos

Sera la oportunidad hoy de decir sus ultimas palabras antes de escuchar el veredicto.

 

Imputados del Ejército
 

Matías Subat

 

José Ricardo Luera. Militar retirado con el grado de coronel. Nació el 27 de octubre de 1927, con prisión domiciliaria en San Miguel. Era coronel y comandante de la VI Brigada en 1976. Retirado en 1978 en San Miguel, como Jefe del departamento de contrataciones del Estado Mayor.

 Osvaldo Antonio Laurella Crippa. Militar retirado con el grado de coronel. Nacido el 30 de octubre de 1931, con detención domiciliaria en su casa de Bahía Blanca. Era Teniente Coronel de la Sexta Brigada “en comisión” como Jefe de Policía de Neuquén entre el 25 de marzo de 1976 y el 12 de diciembre de 1977. Retirado en 1986 en Bahía Blanca, como coronel de Infantería en el Comando del 5to Cuerpo del Ejército.

OSCAR LORENZO REINHOLD. Militar retirado, condenado en 2008 por 17 hechos cuando era Jefe de Inteligencia del Comando (Sexta Brigada), con detención domiciliaria en buenos aires, nacido el 26 de enero de 1935.

 Oscar Lorenzo Reinhold. Retirado como coronel de la Brigada de Infantería de Mntaña de Mendoza en 1987. Nacido el 26 de enero de 1935. Condenado en 2008 por 17 hechos cuando era Jefe de Inteligencia del Comando (Sexta Brigada) de Neuquén, con el cargo de mayor en 1976. Con detención domiciliaria en Buenos Aires.

Oscar Livera

Enrique Braulio Olea. Retirado como General de Brigada. Nacido el 18 de julio de 1930. Jefe del Batallón de Ingenieros 181 de Neuquén en 1976, cuando era teniente coronel. Condenado en 2008 por 17 hechos, con detención domiciliaria.

 

Oscar Livera marzo de 2012

 Hilarión de la Pas Sosa. Retirado con el grado de coronel. Médico. Nacido el 21 de octubre de 1930. En 1976 Jefe de la sección Sanidad de la Brigada de Infantería de Montaña VI de Neuquén. Condenado en 2008 por 17 hechos. Con detención domiciliaria en Neuquén. Estuvo desde el 72 al 83 en Neuquén.-

 

Cecilia Maletti

 Gustavo Vitón. Dado de baja del Ejército en 1980 como Capitán, luego ascendido a mayor durante el gobierno de Alfonsin y a Teniente Coronel durante el gobierno de Kirchner por pertenecer a los “33 Orientales”. En 1976 era Teniente primero en el Batallón de Ingenieros de Montaña 181 de Neuquén, a cargo de la Compañía de Construcciones y el 24 de marzo de 1976 designado como interventor militar en la comisaría de Cipolletti. Sus ultimos años en actividad fueron en la política en La Plata y en la provincia e Buenos Aires durante el gobierno de Duhalde. Detenido en Marcos Paz

 

Emiliano Ortiz

 Jorge Osvaldo Gaetani. Retirado como coronel del Ejército. Nacido 13 abril de 1953. En 1976 era subteniente de la Compañía de de Combate “B” del Batallón de Ingenieros de Montaña 181 de Neuquén. Se encuentra excarcelado.

 

Cecilia Maletti 2 octubre

Enrique Charles Casagrande, suboficial de inteligencia del Ejército

Enrique Charles Casagrande. Retirado de Inteligencia del Ejército como suboficial principal. Nacido el 21 de noviembre de 1.938. En 1976 era suboficial del destacamento de Inteligencia 182 de Neuquén, subjefe.

 

Cecilia Maletti 

Jorge Eduardo Molina Ezcurra. Retirado como coronel de Inteligencia en 1.995, cuando era agregado militar en Lima, Perú  (1992-1993).  En  1976 integraba el destacamento de Inteligencia 182 de Neuquén con el grado de Capitán.

 

Matias Subat 30 octubre 

Sergio Adolfo San Martín.  Retirado de Inteligencia del Ejército con el grado de Teniente Coronel. Nacido el 25 de febrero de 1.941. Capitán en el Destacamento de Inteligencia 182 de Neuquén en 1976 y 1877. Detenido en Campo de Mayo. Condenado en 2.008 por 17 hechos.

 

Cecilia Maletti 

Maximo Ubaldo Maldonado. Retirado como suboficial mayor del ejército. Nacido el 16 de mayo de 1938. Era sargento primero del destacamento de inteligencia 182 de Neuquén. Con detención domiciliaria en Ituzaingó, provincia de Buenos Aires.

 

Emiliano Ortiz

Francisco Julio Oviedo. Retirado como suboficial mayor de Inteligencia del Ejército.  Nacido 12 septiembre de 1938. En 1976 era suboficial del destacamento de Inteligencia Militar 182 de Neuquén. Condenado en 2.008 por 1 hecho. Con detención domiciliaria en Cipolletti, Río Negro.

 

Cecilia Maletti

Raul Antonio Guglielminetti. Personal Civil de Inteligencia. Nacido el 2 de noviembre de 1941. En 1976 revistió en el destacamento de Inteligencia 182 de Neuquén. A disposición conjunta del Tribunal Oral Federal 5 (TOF 5) de Buenos Aires por otra causa (expediente 1627), de la ESMA. Detenido en el penal de Marcos Paz.

 

Cecilia Maletti

 Serapio del Carmen Barros. Personal Civil de Inteligencia. Nacido el 27 de enero de 1947. Revistió en el destacamento 182 de Neuquén en 1976. De ocupación mecánico. Excarcelado.

 

Gendarmería 

 Cecilia Maletti 23 octu

Emilio Jorge Sacchitella. Retirado de Gendarmería con el cargo de Comandante General en 2003, como director de Logística y Finanzas en Buenos Aires -sector transporte y logística de Gendarmería. Nacido el 28 de noviembre de 1946, excarcelado. En 1976 Segundo Comandante a cargo del regimiento de Gendarmería de Junín de los Andes.

 

Comisarios rionegrinos 

 

Emiliano Ortiz

 Desiderio Penchulef. Retirado en 1978 como comisario principal de la policìa de Rìo Negro. Nacido 22 de mayo de 1929.  Comisario de la Comisaría de Cinco Saltos, que en 1976 era la comisaría 25. Excarcelado.

 

 

Emiliano Ortiz

Antonio Alberto Camarelli. Retirado como Jefe de la policía de Río Negro, comisario general y licenciado en Criminalística. Nacido el 15 de noviembre de 1.942. En 1.976 jefe de la comisaría 24 de Cipolletti y jefe de Operaciones Especiales en la subzona 52.1.2. Detenido en la U5 de Roca, Río Negro.

 

Cecilia Maletti

Miguel Angel Quiñones. Retirado en 1.994 con el grado de Comisario de la policía de Río Negro. Nacido el 14 de mayo 1944.  En 1976 era oficial Sub-ayudante de Inteligencia de la policía rionegrina. Alojado en la U5.

 

Cecilia Maletti

 Gerónimo Enerio Huircaín. Retirado de la policía rionegrina en 1993 como comisario, con último destino en Bienestar Social de la Jefatura de policía de Viedma. Nacido el 20 de julio de 1.954. Apodado “Negro”, comerciante. En 1.976 era oficial ayudante de la Comisaría 24 y encargado del servicio de Informaciones judiciales.

 

Matías Subat 

Oscar Ignacio Del Magro.  Retirado como comisario de la policía de Río Negro. Nacido el 1 de julio de 1.954. Alias “Pelusa”. Policía de informaciones en la comisaría  24 de Cipolletti en 1976. Excarcelado.

 

Matías Subat  

Julio Héctor Villalbo. Retirado de la policia rionegrina en 1.996 como suboficial. Nacido el 20 de febrero de 1.950. Apodado “Viejo”. Ante la Justicia dijo ser director técnico. Excarcelado. Suboficial de la Comisaría 24 de Cipolletti en 1.976.

 

Emiliano Ortiz

Saturnino Martínez. Retirado en 1.992 como sargento ayudante de la comisaría cuarta de Cipolletti (ex comisaria 24). Nacido el 26 de julio de 1.947. Apodado “Sato”. Suboficial de la Comisaría 24 de Cipolletti en 1.976. Excarcelado

 

Fueron derivados al próximo juicio

 

 

 Mario Alberto Gómez Arena. Retirado como coronel. Nacido 9 de diciembre de 1930. Condenado en 2.008 por 17 hechos ocurridos cuando era jefe de inteligencia del destacamento 182 de inteligencia de Neuquén en 1976, con detención domiciliaria. Condenado en 2.010 por su actuación en el Batallón 601. Durante el juicio 2.012 se suspendió su juzgamiento a la espera de un dictamen de los peritos de la Corte Suprema ante un diagnóstico de Alzheimer.

Oscar Livera

 

 Luis Alberto Farias BarreraRetirado con el grado de mayor. Nacido el 1 de enero de 1930. Condenado en 2008 por 17 hechos cuando era Jefe de Personal del Comando (Sexta Brigada) de Neuquén, con el grado de mayor. Con detención domiciliaria en Alta Barda, Neuquén Capital. Apodado “Laucha”. Su juzgamiento en 2.012 se suspendió luego de un ataque cardíaco y se agregó su proceso a la causa “Castelli”, elevada a juicio.

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

fotos: Cecilia Maletti/Emiliano Ortiz/ Oscar Livera/ Matías Subat

Los defensores insistieron con las absoluciones

En la jornada de dúplicas, los equipos de defensas particulares (Gerardo Ibañez, Hernán Elizondo, Rodolfo Ponce de León y Herán Corigliano) junto con el equipo de defensores públicos (Eduardo Peralta, Gabriela Labat y Alejandra Vidales) insistieron en sus planteos de absolución bajo los conceptos de negar el tratamiento de delitos de lesa humanidad en el juicio y la falta de imputación y de pruebas en contra de los 22 acusados.

 

 

Matias Subat 30 octubre

El abogado del general de Brigada, Enrique Braulio Olea (jefe del Batallón 181 de Construcciones en 1976), Gerardo Ibañez, descalificó las réplicas de las acusaciones y dijo que pensó que “iban a ser más precisos, pero sólo hubo vaguedades”.

Se mostró molesto por los dichos de que “somos igual de delincuentes de lo que ellos creen que son nuestros clientes”, al tiempo que dijo sentirse orgulloso de responder por alguien como el general Olea.

“La categoría de lesa humanidad no existía, y no lo fue tampoco en la causa 13”, dijo en relación a la sentencia a las juntas de 1984 y rechazó los cuestionamientos de “la construcción de un relato falso”.

“No han rebatido ninguno de los elementos que planteamos”, siguió el defensor e insistió a los jueces en que no pueden encuadrar el juicio en el delito de genocidio porque no se cumplen los preceptos establecidos por la convención internacional. “Planteamos las nulidades porque existen, no las consentimos por haber participado del juicio”, le respondió al fiscal Marcelo Grosso, al tiempo que reiteró que corresponde la absolución de Olea.

 

“Que se tenga en cuenta la totalidad del testimonio”

 

Cecilia Maletti

 

En una de las pocas intervenciones extensas que se anotó durante este juicio la defensora María Cecilia Oviedo, dijo durante las réplicas defensistas que la defensa de Francisco Julio Oviedo -suboficial de inteligencia y su padre- exige que se tenga en cuenta la totalidad del testimoni de Pedro Maidana, porque sostienen que no se condice con la acusación que pesa sobre su defendido.

“El hecho que fue descripto no tiene correlato con la prueba”, dijo sintéticamente el codefensor Hernán Elizondo.

 

“Sin víctimas no hay victimarios”

Cecilia Maletti

El defensor del comisario rionegrino Oscar Del Magro, Rodolfo Ponce de León, en una extensa dúplica, reiteró el término de “caníbales” para con la querella del Ceprdoh, y aunque intentó pedirles disculpas si las ofendía, volvió a calificar a las abogadas de “megalomaníacas” al tiempo en que justificaba el porqué se había referido a las víctimas como no víctimas.

“No se cómo puedo ofeder el pudor de nadie cuando digo que no son víctimas los que no son víctimas”, arrancó el abogado quien a diferencia del resto de los defensores, remarcó que no citó la teoría de los dos demonios ni la guerra sucia, porque “hubo terrorismo de Estado, lo dije desde el primer momento  refiriéndome al 16 de junio de 1955”

“Toda víctima posee su victimario, que está sujeto a reglas del código penal, si no lo son, no hay víctimas”, justificó Ponce de León; y en la misma línea volvió a cargar contra las abogadas del Ceprodh con el argumento de que al acusar por genocidio “acusan mal profesionalmente”.

Aseguró que los hechos existieron, las desapariciones forzadas “son ausencias que existen”, dijo que las torturas exitieron; pero que no estaban imputadas individualmente a ninguno de los acusados.

“Se describen hechos que no se condicen con los que describen las víctimas”, insistió en tanto planteó que al no asignársele qué conducta le correspondía a los imputados, sólo e hacía “un discurso demagógico para recibir el aplauso de la platea, eso fue lo que se vio durante las réplicas de la querella”, finalizó mientras pedía la absolución de su defendio.

 

“Nos sometimos a las reglas del juego”

Matias Subat

Los defensores Eduardo Peralta, Gabriela Labat y Alejandra Vidales insitieron en la absolución de los 14 defendidos a los que representan en este juicio e iniciaron las palabras con una réplica a la fiscalía -que les dijo que pedían la nulidad pero habían convalidado el proceso con su presencia- , a quien le indicaron que “nos sometimos a las reglas del juego”,  insistió con los argumentos técnicos que se virtieron en los alegatos generales y que cumplió su labor de “análisis de la prueba en beneficio de nuestros defendidos”.

Aseguró Peralta que seguirá siendo una “defensa técnica eficaz” yconsideró que sus dichos sobre venganza, que planteó por las penas solicitadas para los acusados, habían sido mal interpretados. “No voy a ser un mero convalidador de conductas”, sostuvo el jefe del equipo fiscal, mientras que la codefensora Labat  insistió en que “se hizo una interrelación de toda la prueba, una valoración global y acertada” y que no hubo sezgo, como se les endilgó.

“Se nos dice que buscamos manipular al Tribunal, y esto ofende la inteligencia” de los participantes en el juicio, criticó. Agregó que lo que hizo la defensa oficial, fue poner en evidencia “las groseras deficiencias” de la requisitoria fiscal con la que se llegó al juicio.

 

“No fue una visión sesgada”

Matias Subat

Los defensores de los militares Jorge Eduardo Molina Ezcurra, Sergio Adolfo San Martín, Gustavo Vitón, José Ricardo Luera y el médico militar Hilarión Pas Sosa -Hernán Corigliano y Paola Rubianes-  insistieron en que no hubo una “visión sesgada” de la realidad, sino que se remitieron a la “guerra revolucionaria” que quedó demostrada en la causa 13, del juicio en 1984  a los ex comandantes militaresque tomaron el poder en 1976.

Rubianes reiteró que no hubo en los 180 testigos ninguno que nombrara a los oficiales de inteligencia Molia Ezcurra y San Martín como los autores de las torturas por la que están acusados en los 39 casos por los que se llevó a cabo este juicio.

insistió en los “testimonios discordantes”, basados en testigos “algunos inconsistentes, otros asimétricos y en algunos casos, falaces”, por lo que no había un cuerpo probatorio ni siquera indiciario que llevara a una misma conclusión. Cargó contra la fiscal instructora Cristina Beute y dijo que los alegatos de los acusadores habían sido una “sala literaria” que no se condecía con el proceso penal.

“Esto es un proceso judicial, no se falseó la historia, se justificó : hubo una guerra civil revolucionaria y así lo estableció la causa 13/84 que está firme y confirmada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación”, reclamó Corigliano, mientras que insistió en que ese contexto histórico de la guerra sucia y la teoría de los dos demonios “está judicialmente probado”; por lo que se sintió contrariado por las acusaciones que recibió en manifestaciones públicas y comunicados.

Cecilia Maletti

“No les corresponde la categoría de lesa humanidad, no se puede aplicar con retroactividad el derecho y esta era una categoría que no existía en el momento de los hechos”, volvió a reiterar  en tanto le respondió al fiscal Grosso que “las nulidades no pueden ser convalidadas por nadie, fue confirmado así y me tengo que sentar aquí y respeto al tribunal aunque en mi opinión no corresponde esta integración. La acusación está viciada de nulidad, es un instrumento defectuoso y por eso más lo que dije antes, es que pido la absolución”, finalizó.

 

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Sobrevivientes de la tortura se quejaron de la segunda suspensión del juicio

Dora Seguel y Gladis Sepúlveda protestaron por la segunda suspensión del segundo juicio contra los represores que actuaron en La Escuelita, durante la última dictadura militar.

 

La APDH Neuquén, el Ceprodh y denunciantes de los delitos ocurridos durante la dictadura, brindaron una conferencia de prensa frente al Tribunal Oral Federal N° 4 de calle Carlos H. Rodríguez 46 de Neuquén capital.
Las abogadas querellantes e integrantes del Ceprodh Ivana Del Bianco y Natalia Ormazabal también expresaron su malestar por la segunda postergación del juicio que debió comenzar el 7 de marzo.
El mismo día el tribunal anunció -tras la manifestación- que para el 28 de marzo fue reprogramado el inicio del juicio.

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