En la Federal, Balbo reconoció la mesa donde fue torturado

“Esa era la mesa, tenía solamente la tabla de arriba porque le cambiaron las patas”, dijo “Orlando” Nano Balbo al finalizar la inspección ocular en la delegación neuquina de la policía federal; el lugar donde Raúl Guglielminetti le reventó los tímpanos en la tortura de marzo de 1976.

Matías Subat

La inspección fue por la tarde en el lugar que fue considerado como centro clandestino de detención y tortura durante la última dictadura cívico-militar.

Balbo reconoció el interior del edificio, el sótano y la mesa donde lo interrogaron y atormentaron durante su cautiverio. En rueda de prensa  confirmó que “ahora la mesa está en una construcción nueva, que está al fondo”.

“Les dije `esta es la mesa`, entonces ahí se empezaron a buscar los números de la mesa; aunque la pata es otra, está apoyada”.

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Son los últimos tramos del tercer juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

El recorrido fue encabezado por los integrantes del Tribunal Oral Federal, que fueron acompañados por los abogados de la Fiscalía, la querella, la defensa.  “Nano” Balbo,  fue junto con su hija para que le ayudara en la comunicación con los jueces.

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Nano quedó sordo luego del paso por la Federal en marzo de 1976.

El explicó que “ésta no es una visita que yo haya elegido, pero el tribunal me hizo sentir bien y empezó a tener sentido lo que estaba haciendo” y agregó que “esta vez me dije, esta vez de acá salgo por mis propios medios; la otra vez no sabía, entonces fue para darle sentido y cerrar una etapa”.

Indicó que “a título personal para mí es bueno; si eso contribuye a la causa, si esto contribuye a lo que espero del juicio, eso escapa de mi”.

Sobre la inspección señaló que “me pidieron que haga un croquis de la mesa, hago un formato sin darme cuenta, era la mesa; lo que se conserva es la tabla, le han cambiado las patas, es una mesa de 3,75 porque la midieron, la van a buscar en el inventario”.

Tribunal en inspeccion ocular en La Federal

Balbo recordó que “Guglielminetti se sentaba en la punta de la mesa, siempre al alcance de su mano, iba a mi cara a cada rato”. “El sótano no aparece, está sellado; ahora sí, desde afuera estoy convencido, está ahí o lo rellenaron; porque era de las dimensiones de esa oficina”, sostuvo señalando la ubicación actual.

Explicó que “arriba había una oficina y abajo el sótano, tenía la altura de una habitación normal, a punto tal que la napa freática la había llenado de agua; el sótano estaba en desuso porque tenía una buena cantidad de agua y a nosotros nos dejaban en la escalera porque no había lugar donde ponernos”.

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También mencionó que “el pasillo que yo transité no está más; la puerta del sótano no está más y el sótano no está más; pero estoy seguro que está ahí, porque estoy seguro que es la última parte de la construcción”.

Balbo aseguró que “había algún tipo de luz, porque cuando se acostumbró mi vista, pude ver detalles; vi una puerta vieja reciclada, que es la del sótano, idéntica, solo que aquella era ciega y esta no es ciega; es una construcción de puerta de hace cincuenta años con un pedazo fileteado, labrado”. Además indicó que “el sótano no aparece, no hay planos originales, aparentemente hay planos de la reforma”.

Al recordar su ingreso como detenido al edificio, Balbo señaló que “Guglielminetti me tapaba y básicamente era para no ver a los detenidos” y se preguntó “cómo puede ser que los gritos de los torturados pueden estar apagados con la cantidad de paredes que se han levantado; si alguien se pone a gritar, fíjense el ancho que tiene la casa hacia atrás, tenía cuatro metros de dormitorios, dos metros de pasillo, cuatro metros más, en total diez metros y se acababa la construcción; un grito ahí tiene que escucharlo todo el vecindario”.

Orlando Balbo y Labrune Inspeccion en la Federal

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

fotos: Matías Subat

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