La cautela de la APDH

El apoderado de la APDH de Neuquén y Río Negro, Bruno Vadalá, se mostró cauto respecto del fallo que terminó condenando a los ocho imputados en el juicio. En obvia respuesta a un planteo de las defensas en contrario, destacó el valor de que se ratificara que los casos investigados fueron delitos de lesa humanidad.

11 septi 2019

-¿Cuál es su interpretación del fallo?

-Hay que ver los fundamentos, ver por qué decidieron lo que decidieron. Esto fue una primera instancia para conocer los montos de las penas, pero para conocer el por qué hay que ver los fundamentos.

-¿Decepcionado?

-No, pero hay que ver los fundamentos. Hay que hacer un análisis más completo, más detenido, máxime teniendo en cuenta que ha habido estos días sentencias que han absuelto a personas que habían sido imputadas por delitos de lesa humanidad y acá en esta jurisdicción hemos escuchado que todos los casos que se debatieron en este juicio fueron de lesa humanidad. Eso es importante destacarlo.

-¿Lo dice porque se intentó rebatir eso?

-Porque se intentó por un argumento de la defensa, que me parece llamativo porque es el sexto juicio, pero lo intentaron. Me parece positivo que se fallara que todos los casos fueron de lesa humanidad.

-¿Qué opina del monto de las penas?

-Puede haber decepción, pero el monto de la pena es otro análisis. Son todas penas bajas y en principio no concuerdan con lo que hemos pedido, pero para ver el por qué de esos montos hay que ver los fundamentos y cómo entendieron los jueces los casos.

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Néstor Mathus/ #CobertuaColaborativa SPN

PH Oscar Livera

 

“La justicia tiene una deuda con la sociedad”

El veredicto reveló que la sentencia tuvo opiniones divididas en algunos aspectos, como el sobreseimiento de algunos imputados. Tras la lectura de las condenas, el juez Alejandro Cabral dialogó con la prensa. 

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Fue el juez Alejandro Cabral el que emitió el primer voto del fallo que compartió con Orlando Coscia y Alejandro Silva.

-¿Cuál es la evaluación en su primera participación en un juicio por delitos de lesa humanidad, al incorporarse al Tribunal Oral Federal?, se le planteó.

-“Fue una experiencia muy importante. Lo fundamental es escuchar de cada una de la víctimas lo que les pasó. Es sumamente importante para poder entender todo el contexto histórico y lo que se vivió acá en la época del proceso. Todo lo que sucedió acá fue realmente una locura y nunca más puede suceder eso.

-Una madre le reclamó justicia al tribunal ¿cómo le impresionó?

-Me impresionó bien y es verdad que la justicia debe cambiar. Debe acelerar los procesos, ser mucho más ágil e intentar solucionar todo este tipo de causas rápida y eficazmente. Creo que es una deuda que tiene la justicia con toda la sociedad.

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-Hubo votos en disidencia, ¿se puede saber algo más?

-Yo soy minoría respecto de (la condena a) Sacchitella. Entendí que no estaba acreditado que él hubiera aplicado tormentos, sí de la privación ilegítima de la libertad, eso es unánime. A mi criterio en el caso de Benavídez no estaba acreditada su participación en el hecho Herman, entendí que era insuficiente la prueba del viaje”.

 

Néstor Mathus / #CoberturaColaborativa del SPN

Para el Ceprodh fue una sentencia «agraviante»

Las querellantes del Ceprodh apelarán en cuanto conozcan los fundamentos

 

Para la querella del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (Ceprodh), el veredicto del sexto juicio “La Escuelita” fue “agraviante”.

En clara disconformidad, las abogadas Natalia Hormazábal y Mariana Derni consideraron que los jueces “no atendieron toda la prueba de cómo fueron los hechos”.

“Creemos que fue un veredicto esperable en el marco de la situación nacional, a tono con los últimos fallos de Bahía Blanca y del que absolvió a Milani”, dijo la abogada Hormazábal.

“No nos conforma y sin dudas iremos en casación”, dijo y agregó que la ejecución condicional de la pena impuesta al suboficial de inteligencia Carlos Benavídez “es agraviante, es desconocer la participación concreta que tuvo” en el secuestro de Juan Herman, el estudiante de Bariloche desaparecido después de que lo sacaran de su casa en julio de 1977. “Es una sentencia agraviante”, reafirmaron las querellantes.

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Shirley Herreros #CoberturaColaborativa SPN

PH Oscar Livera

 

La fiscalia insatisfecha con las penas

Apelarán cuando se conozcan los fundamentos

Para el fiscal general Miguel Ángel Palazzani la sentencia logró establecer las responsabilidades penales que había exigido la fiscalía. Al igual que el resto de los acusadores, el fiscal dijo que esperará a conocer los fundamentos del veredicto para impugnar las penas, ya que las consideró bajas.

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“Hago la diferencia entre las responsabilidades penales, se establecieron condenas para todos a pesar de que los montos punitivos difirieron bastante de lo que pedimos. Fue importante en la construcción de cómo ocurrieron los hechos: decir que Benavídez es partícipe secundario no es poca cosa, significa que tuvo un aporte en el secuestro de Herman”, destacó.

Indicó que “nos falta conocer qué se dijo, pero que inteligencia fue un engranaje fundamental y que tuvo un rol en el secuestro de Herman, está establecido”, aseguró.

Palazzani adelantó que el séptimo juicio está avanzado para culminar con los tramos aún en deuda de las denuncias de víctimas de la dictadura. Sostuvo que el tribunal debería convocar al juicio “en un plazo no muy largo” porque hasta se avanzó con la audiencia preliminar. “Si fuese este año estamos preparados”, advirtió.

Para el esperado juicio de las detenidas-desaparecidas universitarias y del grupo de militantes, artistas y estudiantes que fueron trasladados desde Neuquén hasta el centro clandestino de Bahía Blanca ya fue fijado el tribunal, que estará integrado por Alejandro Cabral, Alejandro Silva y Simón Pedro Bracco.

Palazzani indicó que el veredicto ratificó “la asociación ilícita para Castelli y anticipó que para Sachitella «vamos a pedir penas más altas porque entendemos que le corresponden segmentos de pena más graves. Surge del veredicto que Inteligencia manejaba todo lo que había en la zona, desde Bariloche a Roca, como un nervio único que inclusive quedó de manifiesto en que prefectura y la armada tenían información de inteligencia sobre víctimas que padecieron persecución en San Martín de los Andes”.

 

Shirley Herreros #CoberturaColaborativa del SPN

PH Oscar Livera

Penas bajas para los ocho ex militares juzgados

Audiencia de lectura del Veredicto

Con gran celeridad, sin preámbulos y de forma casi automática, el juez Alejandro Cabral leyó el fallo que especificaba la condena para cada uno de los ocho represores acusados en este proceso.

Oscar Reinhold, recibió 11 años de prisión efectiva; Juan José Castelli, 11 años de prisión; Sergio San Martín, 7 años; Jorge Molina Ezcurra , 6 años; Marcelo Fernando Zárraga, 5 años; Emilio Sacchitella, 4 años; y Carlos Benavídez, 3 años de ejecución condicional.

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Fueron juzgados por delitos de lesa humanidad contra diez víctimas cometidos en Neuquén capital, Junín de los Andes, San Martín de los Andes y Bariloche. Estos hechos ocurrieron entre 1976 y 1980, durante la última dictadura cívico-militar.

Las defensas de los ocho ex jefes militares y de inteligencia habían pedido la absolución de los acusados. Por otra parte, cuatro de ellos reivindicaron la “legalidad” de los procesos que desarrollaron durante la dictadura en las audiencias de las últimas palabras.

 

Jovenes por la Memoria 22 de julio

Ni los acusados, ni los defensores asistieron a la lectura del veredicto

 

Las personas que sufrieron tormentos, torturas y persecución son: María Teresa Oliva, quien trabajaba en la Legislatura provincial; María Parente, trabajadora del área prensa de la Universidad Nacional del Comahue; Juan Marcos Herman, estudiante que continúa desaparecido; Oscar Olivera, ex concejal de la ciudad de Fisque Menuco (General Roca); María del Luján Gómez; Fernando Ubaldini; Ernesto Sifredi; y Oscar Escobar.

 

En menos de treinta minutos, Cabral había terminado su trámite al igual que Orlando Coscia y Alejandro Silva, los otros dos jueces que integran el Tribunal Federal Oral 1 de Neuquén. Con la misma prisa con que se leyó el fallo, los magistrados se encaminaban hacia la salida cuando que Inés Ragni, Madre de Plaza de Mayo Filial Alto Valle, también hizo gala de su velocidad de movimientos para erguirse de su asiento en la primera fila del público.

Inés Ragni con un claro reclamo de Justicia, al término de la lectura del veredicto

Inés Ragni con un claro reclamo de Justicia, al término de la lectura del veredicto

 

Impulsada por su incansable espíritu de lucha, esa señora nonagenaria increpó a viva voz a dos de los tres jueces, que escucharon sus palabras. “Quiero decirles que a este tribunal le ha tocado defender los Derechos Humanos en la provincia de los Derechos Humanos, quiero decirles que nuestro director de Derechos Humanos Jaime de Nevares dijo: ‘si querés la paz para tu patria tenés que pedir verdad memoria y justicia?, y todavía, señores jueces, las madres de Neuquén y Alto Valle no sabemos qué es lo que ha pasado con nuestros hijos”, dijo y recordó a las madres que ya no están y que se fueron sin saber qué ocurrió con sus hijos.

Por su parte, Lolín Rigoni expresó el deseo de “creer en el Poder Judicial cuando sea independiente, ágil y humano”.

Caras adustas durante la lectura el 11 de septiembre de 2019

Caras adustas durante la lectura el 11 de septiembre de 2019

Hubo un descontento generalizado por parte de las familias de las víctimas y también entre las organizaciones de derechos humanos, ya que el fallo, que no fue unánime, estuvo lejos del pedido de la querella y de la fiscalía.

Este fue el primer fallo de que no tiene sentencia unánime de los seis procesos judiciales desarrollados en la región por delitos de lesa humanidad.

Culminada la lectura del fallo, las querellas y los fiscales expresaron a la prensa su disconformidad en relación a las penas, ya que no se ajustaron a lo solicitado. De esta forma, esperan que se publiquen los fundamentos para realizar un análisis más exhaustivo y hacer las presentaciones de recursos que crean correspondientes.

 

Esteban Idiarte. Jóvenes por la Memoria  #Cobertura Colaborativa SPN

PH Oscar Livera /Jovenes por la Memoria

 

Hoy el veredicto de «La Escuelita» VI

Miércoles 11 de septiembre, a las 800, el veredicto

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El tribunal está está compuesto por Orlando Coscia -presidente- Alejandro Cabral y Alejandro Silva.

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La fiscalía la ejerce Miguel Angel Palazzani junto con la fiscal adjunta Jorgelina D Alessandro. Las querellas están representadas por Natalia Hormazábal y Mariana Derni (Ceprodh) y Bruno Vadalá (APDH)
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Gabriela Labat y Pedro Pugliese son los defensores oficiales de los imputados militares y del gendarme.

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Están procesados por torturas y privación ilegítima de la libertad agravada por su condición de presos políticos los militares Néstor Castelli, Fernando Zárraga, Oscar Lorenzo Reinhold, Jorge Molina Ezcurra, Jorge Di Pasquale, Sergio San Martín, Carlos Benavídez y el comandante de gendarmería Emilio Sachitella.

El juicio comenzó el 10 de junio de 2019 y el 3 de agosto, con las indagatorias, se declaró finalizado el debate.

#CoberturaColaborativa del Sindicato de Prensa de Neuquén

 

“Justicia, por los que fueron avasallados sin motivo”

«La cuidé porque creí que nadie podía negarse en una situación así”, dijo Alda Muñoz cuando los jueces le preguntaron qué la llevó a hacerse cargo de Marina Ubaldini, la beba de de seis meses hija de María de Luján Gómez y Eduardo Fernando Ubaldini durante los días que estos estuvieron detenidos en Gendarmería Nacional de San Martín de los Andes, tras un operativo que comandó el entonces coronel de esa fuerza Jorge Eduardo Sacchitella.

Alda declaró por video conferencia desde una sede judicial en San Martín de los Andes.

Alda dijo no recordar siquiera quién le entregó la beba, pero Rodolfo Pedro Gómez, hermano de María de Luján, declaró que fue él quien le pidió a la mujer que contuviera a la niña. Conocía a los Ubaldini porque junto con otras personas integraban un grupo de teatro.

“En el 76 todos estábamos preocupados por la situación de los detenidos por causas que nunca conocíamos. Nunca vi a Eduardo y María haciendo algo que me sorprendiera. Fueron momentos muy difíciles y todos sabemos lo que pasó”, relató.

Contó que vivía a dos cuadras de Gendarmería, que en ese momento tenía dos hijas pequeñas y que fue muy emotivo cuando liberaron a Eduardo y María, quienes quedaron muy atemorizados luego de la detención, y pudieron reecontrarse con la bebé. “Eduardo estaba muy delgado, venían amigos a saludarlos. Se fueron a México porque estaban arriesgando demasiado por nada. Fue muy feo para ellos ese desarraigo”, indicó.

“Quisiera que esto se termine bien. Que haya justicia por los que fueron avasallados en su momento sin tener ningún motivo para ese sufrimiento”, concluyó no sin antes destacar que si no recuerda nombres y episodios puntuales puede deberse a que en “situaciones muy fuertes uno se bloquea».

Nestor R.Mathus/ #CoberturaColaborativa del SPN

“Esta gente actuó con sadismo”

Oscar Rodolfo Escobar era un joven empleado municipal de Bariloche de 23 años cuando, según declaró ante los jueces, comenzó a sufrir persecución por su pertenencia al sindicato y fue acusado de integrar células extremistas. Fue ilegalmente detenido, esposado y vendado lo alojaron en la Escuela de Instrucción Andina (EIA) donde sufrió todo tipo de vejaciones, desde pasar hambre y frío, ser severamente golpeado hasta perder el conocimiento hasta convertirse en blanco de un simulacro de fusilamiento.

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En este juicio fue convocado por la detención que tuvo el 8 de octubre de 1976, por orden de los entonces director y subdirector de la EIA, Néstor Rubén Castelli y Carlos Rito Burgoa (fallecido), respectivamente, pero se explayó por un proceso que se había iniciado el año anterior en el que responsabilizó, además de Castelli y Burgoa, a Fernando Zárraga, por los tormentos sufridos y su obligada salida del país como única manera de evitar ser eliminado.

“Mis hechos arrancan el 21 de agosto de 1975 cuando el diario Río Negro publicó los concursos -uno de los cuales se adjudicó- para jefes de secciones en el municipio. Para ese entonces el personal ya estaba siendo seguido para terminar llevándonos al desastre que luego vimos que ocurrió”, dijo.

Relató que “tras el golpe se presentaron en el municipio Castelli, Zárraga, Burgoa y otros y nos dijeron que venían a imponer el orden, que la democracia iba a volver. Vinieron vestidos con cascos con ramas en la cabeza, granadas colgando… Ahí comenzó una persecución implacable”.

Señaló que en la primera de las detenciones lo tomaron en la vía pública tres hombres de civil, a cara de descubierta. Le dijeron que eran de la Policía Federal y creyó reconocer a un oficial de apellido Valdivia que días antes estuvo parado frente a su casa.

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En esa ocasión lo llevaron a que declarara ante Castelli, le dijeron que en un allanamiento en una casa de Vaca Narvaja, en Córdoba, encontraron su teléfono. Le dijeron“mirá hijo de puta, sabés muy bien por qué estás acá” y como negó esas imputaciones lo golpearon hasta desmayarlo. “Esa gente actuó con sadismo. Fue muy duro. En un informe decían que yo era subersivo y por ello me echarían del municipio. Después de las vejaciones y torturas me fueron a buscar al calabozo y me dijeron que como no había querido declarar y renunciar me iban a ejecutar”.

Comentó que “en un Falcon verde me sacaron de la EIA, fueron al kilómetro 21 hacia el descampado de la ciudad y me dijeron ‘arrodillate y rezá’. Sentí cuando el hombre montó la pistola, la puso al lado del oído y disparó. Quedé sordo tres días y después con una lesión para siempre”.

 

Néstor Mathus/ #CoberturaColaborativa del SPN

PH Shirley Herreros

“Hay que cerrar las causas pronto, sin revanchas pero con justicia”

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El secuestro del corresponsal del diario Clarín en Neuquén, Enrique Jorge Esteban, la madrugada del 23 de julio de 1978, generó una reacción de los periodistas y reporteros gráficos de la zona que a 41 años del suceso es considerada determinante para que, tres meses después de su cautiverio en la clandestinidad y tras ser cometido a crueles tormentos, recuperara la libertad.

No menos clave resultó el rol de los directivos del matutino porteño y -en la región- del diario “Río Negro” en su respaldo a la labor de los hombres de prensa, publicando las notas sobre ese y otros secuestros y desapariciones de docentes, universitarios, artistas, políticos y gremialistas, y luego apoyándolos en su salida al exilio como último recurso de salvar sus vidas ante las amenazas de muerte.

Ricardo Héctor Villar, por su labor en esa época y haber cubierto los hechos en medios de Viedma, Cipolletti y Neuquén fue partícipe protagónico de los episodios y, como ya lo habían hecho Osvaldo Eduardo Ortiz y José María Delloro en días previos, dio su testimonio a los jueces.

“Yo me subí a la búsqueda del ‘Gordo’ cuando las gestiones ya habían comenzado para saber su paradero. Ese fue un gesto de gran valentía y de solidaridad para con su familia. Me quedó la experiencia de una singular valoración de aquellos periodistas que se movilizaron en medio de un clima que era de mucho miedo”, relató.

Como muestra del terror que la dictadura había impuesto en la sociedad, desplegando acciones para atemorizar y someterla en todos los ámbitos de la vida cotidiana, Villar recordó el caso de la detención ilegal y posteriores tormentos que sufrió el dirigente cooperativista de Cipolletti José Luis Albanessi, hasta provocarle la muerte en el centro clandestino de detención La Escuelita de la ruta 22, en Neuquén Capital. Ello se probó y consecuentemente se condenó a los responsables en el juicio desarrollado en 2012.

“El Comando del Ejército emitió dos comunicados. En el primero informaban que lo habían detenido por ser sospechoso de los incendios que habían ocurrido en la cooperativa La Colmena y destacaban que al ser revisado por los médicos estaba en óptimas condiciones. Tres días después emitieron otro comunicando su fallecimiento y que este había sido producto de un infarto”, detalló.

Villar, que en ese momento se desempeñaba como jefe de noticias de Radio LU 19, señaló que la torpeza de las autoridades militares era tan evidente que difundían, a la vez, los dos comunicados.

“A pesar del riesgo que significaba buscábamos la forma de difundir lo que estaba pasando y avanzar en la investigación de la muerte del dirigente ‘gambeteando’ la censura. Cabe destacar que lo hacíamos con el total respaldo de los dueños de la radio. Pero, como evidencia del temor que se vivía, fue la propia familia la que pidió que no se continuara por seguridad del resto del grupo familiar”, recordó.

Indicó que no sólo era una sensación el clima de terror que dominaba en la sociedad o las presiones a la prensa, en particular en los años 78, 79 y 80. Precisó que en 1979 Julio Alberto “Beby” Salto, Enrique Esteban y él recibieron llamadas advirtiéndoles que si no se iban del país los iban a matar.

“Esteban se pudo ir (con su familia Clarín lo llevó a Francia) y ‘Beby’ y su esposa también salieron, a España”, dijo.

Añadió que “Julio Rajneri -director y dueño del diario Río Negro-, tuvo un gran gesto. Nos llamó a ‘Beby’ y a mí y nos dijo:’les ofrezco que se vayan al país que ustedes prefieran. Les ofrezco España, porque ahí tengo familiares y podrán ayudarlos. Les doy los pasajes y los gastos para que se mantengan, después vemos como seguimos’”.

“Yo me quedé, fue una decisión difícil. Puedo decir muchas cosas, pero no que no tenía miedo, porque había mucho miedo y el miedo paraliza”, sostuvo.

El por qué de la decisión Villar la fundamentó en que en 1975 se había ido, en parte por la inseguridad que había en el país, a trabajar a Venezuela adonde le iba muy bien, pero después de unos meses regresó. “Opté por quedarme, elegí quedarme aunque podían matarme de un tiro y, en todo caso, moriría acá y no por el desarraigo”, sostuvo.

A raíz de ello pidió entrevistarse con el coronel Oscar Lorenzo Reinhold para que, como jefe de Inteligencia y autoridad en la ciudad, ante las amenazas que había recibido, le diera seguridad. Lo recibió en la sede militar de Sargento Cabral e Irigoyen.

“Fue grotesco, no me hizo sentar y ante el pedido de seguridad me dijo ‘en este país nadie está seguro, ni nosotros’ y empezó a darme recomendaciones insólitas, fue una tomada de pelo. Que durmiera en distintos lados, que tomara distintos colectivos, que me cruzara de vereda cuando caminaba…”, comentó.

El encuentro no duró mucho. “Le pedí que todo lo que me estaba diciendo se reflejara en un acta. ‘¿Acta? ¿Qué es eso de un acta? ¡Se va inmediatamente de acá!’, me dijo y me fui más asustado de cuando entré”, remarcó.

 

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Villar tuvo palabras de reconocimiento para los dirigentes de las organizaciones de derechos humanos, víctimas y familiares de las víctimas de la dictadura, al tiempo que reflexionó sobre la necesidad de que se profundicen los estudios sobre el fenómeno del terrorismo de estado que signó a la Argentina y sus consecuencias.

A los jueces les reclamó celeridad en la resolución de la causas. Que la causa Reinhold, por ejemplo, no se cierre porque se murió sino porque se completó el juicio, haya sido juzgado y sentenciado: “Sin revanchas pero con justicia”, remarcó Villar.

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Néstor Mathus

#CoberturaColaorativa SPN

 

«Estaban armados hasta los dientes»

Lorenzo Luis Lahitte, junto con Matilde y Juan, los padres de Juan Marcos Herman, fueron los únicos que presenciaron el preciso momento en que entre cuatro o cinco sujetos lo secuestraron del seno de su casa.  Compartían los estudios de abogacía en la Capital Federal y había venido a pasear en época de vacaciones a Bariloche, invitado por su compañero.

Por video conferencia declaró desde Buenos Aires que con Juan habían ido a una peña, donde apenas estuvieron un  rato porque Juan había olvidado sus cigarrillos y decidieron volver a buscarlos.

Florencia Salto

 

“Cuando llegamos nos estaban esperando. Había un Peugeot 504, clarito. Al entrar me pegaron dos o tres golpes y me pusieron mirando a la pared. Uno preguntó quién era Juan Carlos Herman. Matilde lo corrigió y precisó que era Juan Marcos, y se lo llevaron. Serían unos cuatro, estaban armados hasta los dientes, eran armas largas”, relató Lahitte.

Dijo no recordar si dijeron a qué arma pertenecían y que no vio -ya que desde que entraron lo pusieron contra la pared- si golpearon a los padres del joven, que presenciaron todo el acto.

Señaló que luego del hecho se quedó tres o cuatro días en Bariloche porque tenía pasaje de regreso, y que en ese tiempo, junto con Herman padre y Horacio fueron a varios lugares procurando información sobre el paradero de Juan, sin resultado.

Comentó que no volvió a tener contacto con los Herman y que recién volvió a Bariloche quince años después, para saludar a Matilde. Herman padre ya había fallecido.

Indicó que tuvo la presunción de que cuando llegó con Juan, los desconocidos -se trataría de efectivos de la Policía Federal- ya había revisado la vivienda y que ignoraba si habían hallado algo en particular.

“Cuando Juan dobla a la calle Frey dijo ‘che ¿y esos autos?’. Frenó y entramos, me dio la sensación que le llamaron la atención los autos”, añadió.

Agregó que Juan se sentía cómodo en Buenos Aires y que le contaba cosas de su familia y de El Bolsón, donde tenían una quinta.

 

Néstor Mathus /#CoberturaColaborativa del SPN

23 de julio de 2019

Carlos Alejandro Echeverría, realizador del documental que testimonió la desaparición de Herman

 A 42 años del secuestro y desaparición de Juan Marcos Herman, arrancado de su casa en Bariloche ante la impotencia de sus padres la madrugada del 16 de julio de 1977, el realizador del documental que testimonió ese drama que demolió física y psíquicamente a los progrenitores hasta llevarlos a la muerte, Carlos Alejandro Echeverría, dio una minuciosa versión de la elaboración del filme, por primera vez, ante los jueces que juzgan a ocho de los imputados por aquel episodio.

Florencia Salto

 

Así como acertó en abordar en primer lugar a los que a priori aparecían como los responsables inmediatos por ser las autoridades que comandaban la ciudad en plena dictadura -los militares Néstor Rubén Castelli y Fernando Marcelo Zárraga- el realizador sintetizó en el título lo que terminó siendo un registro de singular valor probatorio: la sensación de que los militares se imponían en base al miedo y el terror. Un escenario de horror que tiñó todos los rincones del país.

“Era claro que a quienes debía entrevistar era a los que habían sido los responsables de lo sucedido. A Castelli lo entrevistamos en su casa en Buenos Aires y directamente se le preguntó qué sabía del secuestro de Juan Herman. Lo primero que dijo es que se trataría de un caso policial y lo asoció a la aparición de dos chicas muertas aparecidas a orillas del lago Nahuel Huapi en aquel tiempo. Sin embargo, ante la insistencia admitió que podía vincularse a un caso de desaparecidos”, relató Echeverría.

Por una falla técnica de sonido, volvieron a entrevistar a Castelli, quien pidió revisar lo que habían filmado en la primera entrevista. “Castelli no quería hablar de Herman”, remarcó.

Echeverría contó que el proyecto de su documental lo elaboró cuando se capacitaba como cineasta en Alemania y que le ofreció hacerlo a Horacio, hermano de Juan y también cineasta, pero que ante la negativa de éste asumió él el rodaje. Cumplió la tarea central del documental, desde la concertación de las entrevistas -para las que contó con la colaboración de Esteban Buch, quien se desempeñaba como periodista en la agencia Bariloche del diario “Río Negro”, de Horacio Herman y otros-, hasta la filmación propiamente dicha.

Comentó que tuvo conocimiento de pormenores del secuestro de Herman y de cómo se realizaban las tareas de seguimiento y persecución de personas porque, prestando el servicio militar, se enteró, por ejemplo, de que Zárraga, quien era el militar jefe de Inteligencia en la ciudad, era quien convocaba a referentes de otras fuerzas a la reuniones informativas.

Como se sabe, en esas reuniones se definían los secuestros y detenciones ilegales de personas que, como Herman, fueron luego desaparecidas.

“Zárraga era ampliamente conocido en Bariloche, dentro y fuera del Ejército”, precisó. Indicó que por su condición de soldado afectado a una oficina de Prefectura, supo que esa fuerza destinó dos suboficiales –uno de apellido Luna, que aparece en el documental- y que en una ocasión vio a tres personas con barba, de civil, que no eran de Bariloche, que interpretó venían a esas reuniones de información en la escuela de instrucción andina del Ejército.

“A Zárraga lo entrevistamos en el edificio Libertador. Nos dijo que el día del secuestro de Herman él estaba en una fiesta en la casa de Castelli y que suponía que los secuestradores habían sido de la Policía Federal. Lo asocié con lo que dijeron los padres de Juan respecto de que quienes ingresaron a su casa les decían que eran de la Federal”, acotó.

Sostuvo que Zárraga se negó a seguir hablando del tema y la entrevista terminó.

Surge como dato relevante, en principio, que Zárraga haya dicho que se enteró del secuestro de Herman en la casa de Castelli y que éste haya declarado que supo del episodio recién cuando Juan Herman padre lo fue a consultar -al otro día- por la suerte de su hijo.

El cineasta relató la entrevista que le hicieron al capitán Miguel Izturis, a quien varios testigos identifican como uno de los integrantes del grupo que irrumpió en la casa de los Herman el día del secuestro.

“Lo entrevistamos en el Regimiento Patricios. Se le preguntó si había estado en el secuestro de Juan ya que había sido sindicado por testigos y porque habían visto su auto -un Peugeot 504 de color oscuro-, pero de inmediato dijo que cortaría la entrevista y pidió revisar el material que habíamos grabado. Le dije que no podía ni secuestrar el material ni a nosotros porque estábamos en un estado de derecho”, indicó Echeverría.

Añadió que ante ello Izturis le ordenó a un subalterno que revisara el material, del que sólo escuchó el audio.

“Luego Izturis volvió, nos hizo dejar los equipos y nos invitó a almorzar en el regimiento. Fue muy tenso, porque estaba Horacio Herman y no sabíamos qué podían hacer con los equipos”, dijo.

Comentó que Izturis “no se indignó por las preguntas que le hicimos y nos dijo que se sometería a la justicia. Pero que ya estaba convencido de que saldría la ley de punto final, como finalmente ocurrió, y que los niveles medios de la jerarquía militar iban a ser liberados de cargos”.

Ante una consulta, dijo que el documental se exhibió por primera vez en Bariloche, casi de manera clandestina, el 8 de julio de 1987 en el cine Coliseo. “Fue gracias a que Horacio (Herman) logró que se pasara en un festival, pero sin competir y sin que previamente se supiera la temática. Los organizadores temían que les clausuraran la muestra o que no les dieran apoyo en los años próximos”, señaló.

Agregó que sólo pudieron mostrar un afiche en la cartelera de la sala el día de la exhibición.

 

Florencia Salto

 

Comentó que en 1988 se exhibió dos veces en Tucumán, pero que la tras la primera función hicieron estallar una bomba en la casa del presentador de la película. En el atentado se salvó milagrosamente la madre de Parolo, tal su apellido. “En la segunda vez se exhibió completa, pero yo fui el presentador”, dijo Echeverría.

Consultado si había recibido alguna intimación en años posteriores, relató que su padre fue visitado por dos mujeres de Bariloche que le pidieron sus datos con el argumento de que querían que las asesorara sobre la escuela de cine en Alemania porque sus hijos estaban interesados .

“También me contactó, vía red social, Liliana Castelli, hija del general Castelli, pidiéndome una reunión y respecto de una retractación mía a lo que he declarado sobre el secuestro. Cuando le requerí más precisiones me dijo que las daría cuando nos viéramos”, añadió.

En ese momento de la declaración, sorpresivamente, apareció en pantalla, por videoconferencia -todo indica que era Liliana Castelli-, haciendo gestos provocativos. Ello motivó la interrupción del juicio por parte del presidente del tribunal, Orlando Coscia, para reclamar a la sede de la Cámara de Casación de Buenos Aires, desde donde la mayoría de los imputados participaban de la audiencia, por el incidente. Se ordenó el desalojo de la mujer de esa sala.

 

Néstor Mathus / #CoberturaColaborativa

Sindicato de Prensa de Neuquén

22 de julio de 2019

¿Quién es o quién era Juan Herman?

Es la pregunta que Horacio Héctor Herman busca responderse desde el secuestro y la desaparición de Juan, su hermano mayor, en julio de 1977. Admitió que por el tiempo transcurrido debe aceptar que su hermano falleció pero que “a veces o siempre no tengo certeza y es un constante conflicto”.

Oscar Livera

Horacio Herman, su testimonio en el sexto juicio

Juan Marcos Herman nació en El Bolsón, pero por el oficio de su padre médico se mudaron a Bariloche y allí se crió y vivió hasta terminar el colegio secundario. Finalizó a los 16 años y se fue a estudiar ingeniería electrónica a Bahía Blanca. Estuvo poco más de un año en la localidad bonaerense y en su corta experiencia como estudiante universitario tuvo participación como independiente en una agrupación trotskista. Luego volvió a Bariloche y junto con otros compañeros decidieron irse a Buenos Aires a estudiar abogacía en 1974. En ese entonces participó un tiempo de actividades estudiantiles y políticas dentro de la Juventud Universitaria Peronista, pero al momento de su secuestro estaba alejado de la militancia.

Por su caso prestaron declaración Horacio Herman, su hermano menor; Mónica Montaña, vecina de la familia Herman; y Mónica Elvira, vecina de Bariloche y hermana de un amigo de Juan, las últimas dos a través de una videoconferencia desde Bariloche. Luis Arroyo, quien había sido amigo de Juan, dio su testimonio al igual que Carlos Echeverría, director del documental “Juan, como si nada hubiera sucedido” (1987) sobre la desaparición de Juan Herman, en el que entrevista a familiares, vecinos y algunos miembros de las fuerzas armadas. También declaró por videoconferencia, desde el Consulado de París, Esteban Buch, quien participó del documental como entrevistador, ya que en esos años era periodista del diario Río Negro.

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Herman fue detenido la madrugada del 16 de julio de 1977 en la casa de sus padres en Bariloche, cuando tenía 22 años y había ido de visita por el receso invernal junto con otro compañero de carrera. Horacio Herman contó que su padre lo fue a buscar a un boliche para decirle que se habían llevado a Juan Marcos y fue un amigo de él quien se lo comunicó.

Sus padres le comentaron que estaban en casa y cuando escucharon el timbre o un ruido su madre fue a abrir la puerta. Le apuntaron y preguntaban por Juan Carlos. El padre les dijo que ahí no vivía nadie con ese nombre, pero se quedaron alrededor de dos horas esperando a que vuelva Juan Marcos. Cuando volvió lo revisaron, buscaban armas y le preguntaban si tenía “la pastilla”, pero él decía que no tenía ninguna.

Se lo llevaron y le dijeron a sus padres que le iban a hacer preguntas y lo devolvían. Sin embargo, nunca más lo volvieron a ver. En este episodio revisaron su casa y en un armario de tres puertas encontraron unos panfletos y dijeron “esto es lo que estábamos buscando”. Una de las siete personas que participaron del operativo dijo “¡uy! otra vez caza de brujas”.

Luego del secuestro, sus padres iniciaron averiguaciones con la policía, se entrevistaron con miembros del ejército como Castelli y Zárraga, presentaron Habeas Corpus y mantuvieron reuniones con obispos. En una oportunidad, un militar amigo de la secretaria del intendente de Pehuajó le que su hijo estaba bien y que saldría pronto porque no estaba comprometido. Sin embargo, cuatro meses después, la misma persona lo citó y le confirmó que su hijo había sido fusilado en una comisaría del Gran Buenos Aires.

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Tiempo después compareció Miguel Ángel D’agostino, quien aseguró que estuvo con Juan en el centro clandestino «El Atlético» de Buenos Aires. Pudo probar que su relato era verdad ya que contaba datos íntimos de la familia y de la infancia de los hermanos Herman. Sobre los momentos vividos allí contó que Juan era constantemente torturado por su apellido judío y que las personas que lo hacía eran «fielmente antisemitas».

En 2010 se juzgó la desaparición de Herman de ese centro clandestino de detención, por el que hubo dos personas declaradas culpables de aplicarle tormentos y torturas. Al ser consultado por la situación familiar posterior al secuestro de su hermano Juan, Horacio se quebró y dijo que «fue terrible». Y agregó: «Yo me acostaba y pensaba que era un sueño, que al otro día me despertaba y Juan había vuelto».

Jovenes por la Memoria

Concluyó asegurando estar donde debía estar (por la instancia de juicio) ya que sus padres no podían hacerlo. Y recordó que cada 24 de marzo en Bariloche sentía que “no podía pedir justicia” porque “no estaba haciendo todo lo que tenía que hacer para esclarecer lo que pasó con Juan” y decidió que, independientemente del resultado. tenía que hacer algo. Finalmente aseveró: «yo quisiera que las personas que ordenaron el secuestro, torturaron, trasladaron, dieron la orden y mataron a Juan sean juzgados y tengan la condena que merecen».

 

Rocío Morales /Jóvenes por la Memoria

#CoberturaColaborativa del SPN

PH Oscar Livera

PH Jovenes por la Memoria

Intensa reapertura de las audiencias

En las vacaciones de invierno de 1977 un grupo de tareas se llevó a Juan Marcos Herman de la casa de sus padres. Cuatro décadas después, los jueces preguntaron cómo ocurrió, y en el banquillo de los acusados, los presuntos responsables se veían a través de una pantalla de televisión.

 

Oscar Livera

Las Madres en la reapertura de las audiencias julio 2019

Son ocho acusados, de los cuales siete fueron imputados por el secuestro del universitario de Bariloche.
La audiencia -42 años después de los hechos- se llevó a cabo en el Salón de AMUC tras el receso judicial de julio y marcó la reapertura del sexto juicio por delitos de lesa humanidad en Neuquén.
Fue una jornada extensa, intensa y de muchos detalles respecto al secuestro de Juan Herman, que permanece desaparecido.

Desde las 9 y hasta las 15, de corrido, se ventiló cómo los militares se llevaron el 16 de julio a un joven de 22 años que primero probó suerte  en la Universidad de Bahía Blanca, pero que luego comenzó a estudiar derecho en Buenos Aires.

“Quería ser laboralista”, dijo el cineasta Carlos Echeverría, en uno de los últimos testimonios de la jornada. El declarante es autor de del documental “Juan, como si nada hubiera ocurrido”, del que se habló durante toda la jornada del juicio.

El trabajo fue citado por la vecina Mónica Elvira, que detalló lo que supo cuando se llevaron a Juan Marcos Herman de la casa de sus padres y aportó datos de los secuestradores. Por video conferencia habló el periodista de Río Negro -actualmente radicado en París- Esteban Buch, que entrevistó al general Néstor Castelli como al entonces coronel de inteligencia Fernando Zárraga (dos de los acusados en este juicio) y a otros militares en actividad en 1985 cuando se producía el rodaje la película.

El hermano de Juan Marcos, Horacio Herman, abrió el debate con un detallado relato de las gestiones de sus padres en la búsqueda de su hermano y se escuchó también el testimonio de Eduardo Arroyo, compañero de Juan tanto en el colegio secundario como en la universidad.

Las audiencias continúan el 23 en una jornada en la que se conocerían más detalles del cautiverio de Herman en el centro clandestino “El Atlético”.

Oscar Livera

Tribunal juzgador del sexto juicio «La Escuelita»

El tribunal está está compuesto por Orlando Coscia -presidente- Alejandro Cabral y Alejandro Silva. La fiscalía la ejerce el fiscal general Miguel Ángel Palazzani con la fiscal adjunta Jorgelina D’Alesandro. Las querellas del Ceprodh (Natalia Hormazábal y Mariana Derni) y de la APDH (Bruno Vadalá) integran la acusación.
En tanto, Gabriela Labat y Pedro Pugliese son los defensores oficiales de los imputados militares y del gendarme.
Están procesados por torturas y privación ilegítima de la libertad agravada por su condición de presos políticos los militares Néstor Castelli, Fernando Zárraga, Oscar Lorenzo Reinhold, Jorge Molina Ezcurra, Jorge Di Pasquale, Sergio San Martín, Carlos Benavídez y el comandante de gendarmería Emilio Sachitella.

 

Shirley Herreros / #CoberturaColaborativa SPN

Sindicato de Prensa de Neuquén #coberturacolaborativa

PH Oscar Livera

«Mi raíz fue cortada»

El relato de Marina Ubaldini, hija de Eduardo Ubaldini y María del Luján Gómez, fue uno de los más conmovedores de la segunda jornada de testimoniales del sexto tramo del juicio La Escuelita. Stella Maris Solanas, amiga de la familia y también víctima de secuestro, declaró para sumar detalles a la reconstrucción de estos hechos.

En las palabras de Marina Ubaldini se perciben una mixtura de dialectos. Son huellas de una niñez atravesada por diferentes culturas y experiencias que fueron conformando su modo de hablar y otros aspectos de su vida. “Tengo dos patrias, familia en todos lados. Tanto acá como en México me preguntan por mi acento, les llama la atención”, explica ante el Tribunal Federal Oral 1 de Neuquén y destaca con pesar: “no soy de acá ni de allá”.

Ella nació el 14 de enero de 1978 en San Martín de los Andes, es hija de Eduardo Ubaldini y María del Luján Gómez. Por la persecución política y el cerco económico al que los sometió la dictadura militar, debieron exiliarse en 1980 y el destino elegido fue México.

 

Juicio Escuelita VI 19junio2019 FOTO Oscar Livera 007

 

Desde su infancia fue mamando historias y anécdotas de sus padres acerca de su pasado en suelo argentino y su reclusión en el exterior. “A los siete u ocho años yo ya sabía que el ejército nos había corrido”, dijo. Con el paso del tiempo y siendo más grande, su interés por conocer la verdad sobre lo que sufrió su familia se intensificó. “Me interesé y pregunté porque se trataba de mi raíz, de lo que pasó en mis primeros años de vida”, contó entre sollozos Marina.

El 24 de marzo de 1976 Ubaldini, Gómez y Solanas fueron los primeros detenidos junto con otras personas de localidades cordilleranas que los militares ya tenían «marcados». Ni en ese momento ni cuando fueron liberados obtuvieron alguna explicación.

Dos años después, durante el desarrollo del Mundial de Fútbol, el matrimonio es nuevamente apresado por las fuerzas militares y esa vez con mayor violencia. “Entraron un día al mediodía, según me contó mi papá y a patadas derribaron la puerta. Revisaron toda la casa y plantaron panfletos para inculpar a mis padres del supuesto corte de transmisión de un partido de fútbol, ocurrido en San Martín de los Andes”, recordó Marina.

“Sacchitella es el apellido que siempre está presente en los relatos que he escuchado” enfatiza y añadió: “era un militar (por el gendarme Emilio Sacchitella, a cargo del Escuadrón de Gendarmería de la zona) que vivía en Junín de los Andes pero que iba a hacer operativos en San Martín de los Andes”. Una vez detenidos, los amenaza con que debían deshacerse de Marina o la llevarían al hospital. Finalmente, familiares y amigos cercanos se encargaron de ella.

Eduardo y María del Luján son esposados y trasladados a Junín de los Andes para luego terminar en Neuquén. El calvario dura 20 días en los que continúan con esposas sujetos a una cama, sin poder moverse y sin que les expliquen los motivos de la detención. Después de ese período los llevan nuevamente Junín de los Andes, donde son liberados.

“En 1979 otra vez detuvieron a mi papá con motivo de la visita de Jorge Rafael Videla a San Martín de los Andes”, recordó Marina y agregó: “Sacchitella le advierte que irían a ‘visitarlo’ a la casa y que esperaban ‘no encontrar nada’”. A finales del mismo año, a María del Luján le permiten volver a trabajar en la escuela donde había dado clases. Pero pasado un par de semanas la despiden ya que en su grupo había hijos y nietos de altos mandos militares y estos no la querían en el aula.

“Mi raíz fue cortada de tajo y había algo en mí que debía sanar”

Si bien había vuelto a Argentina en varias ocasiones de vacaciones, en 2011 le toca a ella, acompañada por su pareja, tomar una decisión que cambiaría su vida: emprender el retorno definitivo al suelo natal. De profesión bióloga, consiguió trabajo en el ministerio de Educación de Nación y pudo radicarse al año siguiente en San Martín. Actualmente trabaja con maternidad y primera infancia.

“Es horrible sentirse sin patria, sin raíz. Yo vine a vivir a Argentina para poder lograr una reparación personal, una sanación de mi raíz. Vine a ser mamá también. Eso y mi trabajo me han ayudado. Este testimonio fue el primer paso y, además, es un aporte para todas las causas de delitos de lesa humanidad que hay en el país”, concluyó Marina Ubaldini su relato.

Oscar Livera

Los organismos de Derechos Humanos participan de las extensas jornadas de testimonios en cada audiencia

Previo al testimonio de Marina, por videoconferencia desde San Martín de los Andes, declaró Stella Maris Solanas, una arquitecta que vivió la primera detención de los Ubaldini. Stella Maris era parte del grupo de amigos de la pareja y fue testigo de la persecución del matrimonio desde el golpe de estado de 1976 hasta que decidieron exiliarse en México.

Stella Maris detalló que Eduardo se desempeñaba como agrimensor y María del Luján como docente en San Martín de los Andes. Él había militado en el Partido Comunista en Bahía Blanca durante su juventud y ella había participado en alfabetización para adultos, pero ya en la ciudad lacustre no pertenecían a ninguna agrupación política. Eran personas que “tenían ideas similares acerca de la existencia de un estado benefactor y de la repartición de riquezas”, declaró.

Tanto ella como Marina, detallaron sobre las detenciones sufridas por el matrimonio Ubaldini e incluso Stella Maris especificó sobre las oportunidades en que fue detenida junto a ellos, así como los allanamientos sufridos por parte de las fuerzas armadas.

Eduardo había hecho trabajos de agrimensura para el ejército que nunca le pagaron y además no le permitían acceder a concursos que había ganado por su profesión. Perseguidos, la familia Ubaldini-Gómez tomó una decisión drástica para asegurar su futuro: el exilio. “Se vieron cercados laboralmente” confirmó Stella Maris y Marina puntualizó: “mi familia fue la única que tuvo que exiliarse de San Martín de los Andes por la persecución y detención por parte del ejército”.

Continúa la reconstrucción

El 22 y 23 de julio se reanudarán las audiencias. El 29 de ese mes está previsto que den su testimonio Eduardo Ubaldini y María del Luján Gómez. Por el mismo caso declararán como testigos Rodolfo Gómez y Luis Arrué a través de videoconferencia desde San Martín de los Andes. Mediante ese mismo sistema, el martes 30 será el turno de Aída Elsa Muñoz y Norberto Stochetti

 

Rocío Morales – Esteban Idiarte/ #Cobertura Colaborativa SPN

PJ Oscar Livera

 

Sobreviviente

En noviembre de 1976 Cristina Parente fue secuestrada por la Policía Federal, torturada y liberada tiempo después en la puerta de la misma comisaría donde se la retuvo. Tuvo que abandonar Neuquén al día siguiente bajo amenaza de muerte y regresar a su Punta Alta Natal. Sin embargo, fue nuevamente capturada en un mega operativo por la policía bonaerense en La Plata. El martes 18, por primera vez, contó su historia de secuestro, tortura y persecución ante un tribunal federal en el marco de los juicios por delitos de lesa humanidad.

Oscar Livera

El público permaneció conmosionado durante el testimonio de la periodista

María Cristina Parente era de Punta Alta, Buenos Aires. Estudió periodismo en La Plata. Había sido compañera en la facultad de Jorge Enrique Esteban y de María Teresa Oliva (ambos secuestrados y liberados en 1978). Además era militante de la Federación de Agrupaciones Eva Perón (FAEP).

Por recomendación de sus amistades, migró a Neuquén capital a principios de 1975, donde consiguió trabajo como prensa de la Gobernación por la mañana y de la Universidad Nacional del Comahue en la tarde. Cristina lo recuerda como su mejor tiempo, en el que tenía amigos y futuro en la profesión. Tenía veinte años.

En marzo de 1976, con el gobierno neuquino intervenido por las FFAA, la obligaron a renunciar a su trabajo en Gobernación, lo que la obligó a mudarse a una pensión. Ahí compartió habitación con una joven de nacionalidad chilena que apenas veía y de quien aseguró nunca saber su nombre.

En noviembre de ese año, al volver de vacaciones, pasó por su casa a dejar un bolso para dirigirse directamente a su trabajo en la UNCo. Si bien le extrañó encontrar las luces apagadas, la urgencia por reintegrarse a sus tareas le impidió detenerse mucho tiempo. “Llegué a la oficina y el guardia de la universidad, un muchacho con el que siempre charlábamos, me dijo que la Policía Federal tenía unas preguntas. Que era un trámite”, recordó Parente. El guardia la acompañó hasta la sede policial, donde fue detenida en una oficina.

 

El tribunal permitió que Maite Oliva acompañara el momento del testimonio de Parente

El tribunal permitió que Maite Oliva acompañara el momento del testimonio de Parente

 

En un tiempo que le es imposible determinar, aparecieron dos efectivos a los que Cristina recordó haber visto un par de veces en el balneario de Neuquén, durante salidas con amigas. Ahí se enteró de la razón de su detención: habían allanado su habitación y decían haber encontrado material “subversivo”. Los secuestradores sostuvieron que su compañera de pensión había sido reconocida como militante del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) de Chile. Además le decían que ésta última se había fugado y supusieron que ella también lo había hecho con la excusa de unas vacaciones.

En ese momento empezaron las torturas: “Me atan a una silla. Brazos para atrás y cada pierna a una pata. Me ponen una cinta en la cabeza y dos cosas en las sienes. Me enchufaron a 220. Cuando uno es electrocutado, todo el cuerpo se arquea hacia adelante. Lo único que me sostenía era estar atada a las patas de una silla”, expresó Cristina en un relato entrecortado. Los picaneos eran interrumpidos para preguntar y repreguntar sobre el origen del material encontrado en la habitación. Parente describió una sucesión de desmayos continuos hasta que finalmente despertó para encontrarse sola en la habitación, amarrada todavía a la silla.

Los torturadores regresaron y pusieron frente a su cara un revólver al que previamente le habían dejado una sola bala. “Ahora vamos a jugar a una cosa”, dijeron sus captores. Por cada pregunta sin la respuesta esperada, el percutor golpeaba una cámara vacía, volvía a girar el tambor y empezaban de nuevo. Por cada gatillazo en falso, Cristina caía al suelo en pleno desvanecimiento. Siempre le preguntaban por “la chilena”, su nombre y paradero. La respuesta era siempre la misma: “no sé”. Entonces volvía a ser golpeada y levantada de los pelos para repetir el proceso.

En la delegación de la Policía Federal los torturadores la alzaron una última vez para meter su cabeza dentro de un recipiente con agua, haciendo presión hacia abajo para que no salga, una práctica conocida como «submarino». Cuando se cansaron la dejaron tirada en el suelo. Parente se arrastró hasta el escritorio y perdió el conocimiento. No recuerda la cantidad de veces que la patota volvía para interrogarla y torturarla, solo le quedó muy presente la risa que les provocaba todo el proceso.

“Una noche me dicen ‘preparate que hay una luna hermosa para los enamorados’. Me subieron al baúl de un auto. Anduvo mucho. Después de un tiempo sobre el ripio se detuvieron”,  continuó su relato. En ese momento escuchó, siempre desde dentro del baúl, una conversación con otras personas. “Te traemos un paquete”, a lo que la otra persona respondió “acá no hay lugar, tírenlo al río”. Por las descripciones de Cristina se cree que ese lugar se trataba del centro clandestino de detención La Escuelita.

Sin embargo, regresaron a la Federal y la liberaron bajo la amenaza de que si no se iba de Neuquén en 24 horas iba a ser asesinada.

Cristina se dirigió a la casa de Esteban y Oliva, quienes le brindaron ropa, ya que no se había cambiado desde el día de su secuestro. Luego de ducharse, le trajeron las pocas cosas que sus secuestradores le habían dejado en su departamento (le habían robado todo durante el procedimiento) y un pasaje para volver a Punta Alta.

En la terminal de colectivos Esteban la despidió con el pedido: que no dijera nada a su padre para no comprometer a nadie más y la promesa de continuar acompañándola.

“En algunos cortes (del interrogatorio) ponían la radio muy fuerte. Escuchaba que el sindicato de prensa de Neuquén pedía por mi libertad. Creo que eso me salvó la vida”, reflexionó Cristina.

Esteban Idiarte

Cristina Parente y Maite Oliva habían sido compañeras de estudio (periodismo) en La Plata

 

Detenida en Punta Alta

Cristina hizo caso a la recomendación de Esteban y guardó silencio. En aquel tiempo la Base Naval de Punta Alta abrió concurso para cubrir un cargo administrativo. Por insistencia de su familia, y ante la necesidad de trabajar, se inscribió con la esperanza de quedar fuera de orden de mérito. Cristina aprobó el examen y empezó a trabajar para las mismas personas a las que temía.

Duró poco. “Un día vino un teniente y me dijo que me echaban porque no era una persona confiable para la armada. Volví a casa y ahí se enteraron lo de Neuquén”, expresó Parente frente al tribunal en referencia al secuestro y la acusación de subversiva.

Su padre la obligó a regresar a una intervenida Universidad de La Plata a buscar su título de periodista para mejorar sus perspectivas laborales. Cristina lo describió como un hombre muy duro y exigente que recurría a los golpes si no se le obedecía. A sabiendas que era muy posible un nuevo encuentro con efectivos de las fuerzas armadas, decidió obedecer y marchó a la capital bonaerense.

El trámite nunca se concretó. Cuando llegó al rectorado le anunciaron que ya era tarde. Esperó dos días y lo fue a buscar una segunda vez. Esta vez sí estaba a tiempo pero le quisieron cobrar la entrega del cartón. Cristina estaba convencida que pasara lo que pasara no le iban a robar de nuevo. Con la plata justa se volvió a Punta Alta.

Con un pie arriba del colectivo alguien la tiró de los hombros hacia atrás. Gritos, corridas, calle cortada. Un grupo de tareas de alrededor de cincuenta personas que salieron de todos lados. Fue subida a un auto y llevada ante una médica para que la revise. Estaban buscando pastillas de cianuro. Nuevamente, sin entender el porqué, Cristina Parente era detenida por las fuerzas armadas.

No era novedad que informantes del sistema represor deambulaban en los ámbitos académicos. Alguien le dijo que había sido marcada como amante y correo en el sur de Mario Firmenich, fundador de Montoneros.

Primera jornada de testimonios

Primera jornada de testimonios

“Yo a Firmenich no lo conozco”, enfatizó Parente y agregó: “como vieron que no tenía armas ni nada en el bolso me hicieron esperar hasta que lleguen las pruebas. No me torturaron. Me interrogaron. Me dejaron vendada todo el tiempo y de noche dormía en un pasillito, porque la celda estaba ocupada por un par de presos políticos. Uno de ellos era médico, me cantaba canciones de Serrat para que me duerma”.

Todo fue padecimiento a la espera de las supuestas evidencias. Temía que hasta llegaran con pruebas falsas de la acusación que fue excusa para el secuestro. La angustia le provocó una inapetencia que la llevó a quedar famélica. La comida era traída por mujeres del batallón contiguo. Fue en una de esas rondas que bajo la venda pudor reconocer la pollera de la policía bonaerense.

Las pruebas nunca llegaron. El médico interpelaba a los carceleros mientras la secuestrada vivía un calvario. Al día siguiente les comunicaron que el lugar iba a ser desocupado. Parente y el muchacho serían liberados, decían. La otra chica que sostenían que estaba implicada en un operativo del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) donde murieron tres policías, permanecería en cautiverio.

Cristina tenía que ser asistida para movilizarse. En uno de los trayectos al baño, su acompañante la sentó bruscamente en las rodillas. “¿Así que te vas? Vení que te voy a extrañar” decía al mismo tiempo que la manoseaba. Lo último que recuerda de esa secuencia son sus gritos, los gritos del médico y el desvanecimiento.

La primera vez que le permitieron bañarse mientras estuvo en manos de la bonaerense, fue el día de su liberación. Describió un baño de reducidas dimensiones, una pequeña pieza de jabón, la misma ropa sucia del día de la detención y nuevamente la venda.

El viaje en auto fue tan largo que temió ser fusilada. El trayecto terminó en la puerta de estación Retiro, le dejaron un un poco de dinero en su bolso y la orden de no mirar atrás cuando bajara. En el espejo del baño de la terminal de ómnibus pudo comprender por qué hasta las personas en situación de calle le dirigían una extraña mirada a su paso: debía pesar no más de 40 kilogramos. Así fue como llegó a la casa de su familia. Ahí empezó un nuevo suplicio relacionado a la violencia intrafamiliar que venía viviendo de antes, hasta que se casó y reinició su vida.

Parente declaró un día antes de lo previsto

Parente declaró un día antes de lo previsto

Durante toda su declaración, Cristina Parente se detuvo reiteradas veces para llorar, juntar valor y continuar su relato. A su izquierda estuvo siempre presente su amiga María Teresa Oliva. Era la primera vez que narró su experiencia, no sólo en un juicio sino en público. Para Cristina llegar a este momento fue lo único que le dio fuerzas para seguir su vida: No me suicidé porque pensé que era la única sobreviviente y tenía que quedarme para dar testimonio. Después vino la guerra de Malvinas, democracia. Surgieron que eran miles las víctimas. Yo estaba con mi marido que conocí en el 82, mi hijo. Traté de construir mi vida como pude”, finalizó

 

Esteban Idiarte y Daniel Font Thomas /#CobeturaColaborativa, Jóvenes por la Memoria.

PH Jóvenes por la Memoria

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