“Desde la casa de Camarelli se veía todo”

“Desde todos los sectores se puede ver hacia la parte de abajo donde estaba la gente detenida, secuestrada, torturada, desde todas las ventanas de la casa de Camarelli”, afirmó el querellante Marcelo Medrano al término de la inspección ocular en la comisaría de Cipolletti.

Oscar Livera

En el edificio contiguo a la comisaría cuarta de Cipolletti, los jueces recorren lo que fue la casa del comisario Camarelli en 1.976.

El tribunal recorrió los sectores internos de la comisaría cipoleña y luego se trasladó al edificio contiguo, que en 1976 era la vivienda de la familia del comisario. En esa fecha, el jefe de la comisaría era Antonio Alberto Camarelli, quien sostuvo en el juicio anterior que no supo de víctimas de tortura a partir de 1976 allí porque la unidad había sido “copada” por los militares, y no supo qué pudo ocurrir.

En este tercer juicio no había policías rionegrinos imputados, sin embargo, el tribunal consideró importante hacer la inspección ocular como lo hizo antes en el lugar donde funcionó el centro clandestino “La Escuelita”, en la sede de la policía Federal de Neuquén y en la comisaría de Cutral Co.

Oscar Livera

El juez Moldes desde la unidad policial a la casa del comisario, al lado.

“Las inspecciones tanto de La Escuelita, como de la comisaría de Cipolletti, Cutral Co y la policía Federal nos permitió constatar que fueron centros clandestinos de detención y de tortura. Que las víctimas recorrieran a la par nuestro, aunque fuera más doloroso, nos permitió tomar conciencia de que era imposible no escuchar las torturas que se produjeron en la comisaría de Cipolletti”, dijo Medrano.

En su opinión, la recorrida despejó toda duda sobre qué pudo y qué no pudo ver el comisario Camarelli, aunque estuviera “recluido” en su casa. “En la casa de Camarelli supuestamente había una puerta que teóricamente estaba arriba, pero desde todos los sectores se puede ver hacia la parte de abajo”, donde estaban los calabozos. “Desde todas las ventanas”, reafirmó.

Agregó también que se caía el argumento vertido en el anterior debate en cuanto a que la comisaría estaba pegada a una escuela, y que los chicos o los maestros tendrían que haber escuchado algo. “Entre donde estaban los secuestrados y la escuela hay casi una manzana, porque la escuela está sobe el otro sector, casi sobre la calle”, dijo.

La querella del Ceprodh fustigó duramente que no se hiciera la recorrida junto con sobrevivientes que hubieran estado detenidos en esta unidad policial, como ocurrió con Cutral Co, La Escuelita o la oficina de la Federal en Neuquén.

Oscar Livera

Ivana Dal Bianco, Natalia Hormazabal (Ceprodh) y Marcelo Medrano (secretaría de Derechos Humanos de Nación.

“Aquí funcionó un centro de torturas a pesar de que el año pasado en el juicio anterior se garantizó la impunidad a la policía de Río Negro. Pudimos ver la casa de Camarelli que es la que está arriba, desde donde se ve todo, se escucha todo, los calabozos están de allí a corta distancia; ellos eran parte de ese centro de torturas adonde trasladaban a los compañeros”, dijo la querellante Ivana Dal Bianco.

La recorrida no fue con sobrevivientes

Cipolletti fue la única inspección ocular sin participación de sobrevivientes que hubieran pasado detención en ese lugar. Hubo víctimas que estuvieron en la vereda, pero se trataba de personas que habían sido detenidas en Cipolletti y sus causas no formaron parte de este tramo, como el caso de Gladis Sepúlveda -su caso está en el juicio que se realizará en Bahía- o Eduardo París, cuyo caso de secuestro y torturas aún no llegó a juicio.

Oscar Livera

Los jueces en la zona de ingreso a la guardia de la comisaría de Cipolletti

“En realidad se hicieron las inspecciones oculares de los cuatro lugares que funcionaron como centros clandestinos, pero en este tramo que se está juzgando no hay imputados que sean de la comisaría de Cipolleti, sino del Ejército y Soza, que es de la policía Federal”, explicó Medrano.

Para el Ceprodh, fue el tribunal “el que no permitió la presencia de sobrevivientes, que hubiera sido un aporte importante como el resto de las inspecciones oculares”. Insistió en que “la prueba la siguen aportando los sobrevivientes, no es el Estado porque no abre los archivos de la dictadura, no es la policía porque siguen escondiendo la verdad de lo que pasó, son los sobrevivientes; se condena a los genocidas por las pruebas que ellos aportan”.

Sostuvo que la recorrida en Cipolletti demostró que los croquis que armaron los sobrevivientes, como los hermanos Pailos “son dibujos que coinciden exactamente con lo que fueron estos lugares”.

Oscar Livera

Los jueces aseguraron que los autorizados a recorrer el lugar, no fueron.

Según sostuvieron los jueces Leónidas Moldes, Diego Barroetaveña y Richar Gallego, “fue una medida muy importante” la que se obtuvo al término de las inspecciones. Con respecto a la no presencia de testigos – víctima en Cipolletti, los magistrados fueron taxativos al indicar que “no vinieron las personas que estaban facultadas para hacerlo (la inspección). No hubo una decisión contraria, las que son partes pueden intervenir, y no vinieron”.

 

Oscar Livera

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén, marzo 2014-

fotos: Oscar Livera

“Los que estaban en el Batallón sabían lo que pasaba acá”

La inspección ocular en el predio donde funcionó La Escuelita permitió determinar la cercanía entre el centro clandestino de detención y parte de las instalaciones del Batallón de Ingenieros 161 (ex 181). Víctimas que estuvieron en el lugar ubicaron la disposición de la construcción, paredes que ahora son escombros y un álamo donde eran golpeados.

Oscar Livera

Ingreso al lugar desde la ruta 22 por la continuidad de la calle Chaco, en terrenos del Batallón.

El miércoles a la mañana se realizó la primera inspección ocular oficial en La Escuelita encabezada por los jueces Leónidas Moldes, Diego Barroetaveña y Richard Gallegos, quienes integran el Tribunal Oral Federal (TOF) que está llevando adelante la tercera etapa de los juicios por crímenes de lesa humanidad en la región.

Oscar Livera

Los jueces en el terreno donde estaba el edificio de “La Escuelita”

Participaron también los fiscales Adrián García Lois y Marcelo Grosso, los abogados defensores y los querellantes. Se había autorizado la asistencia de los imputados, pero ninguno asistió.

 

Matías Subat

Oscar Paillalef y Pedro Maidana – inspección ocular en “La Escuelita”

Los testigos y víctimas que recorrieron la zona fueron Rubén Ríos, Luis Genga, David Lugones, Dora Seguel, Isidro López, Oscar Paillalef, Benedicto Bravo y Pedro Maidana. También lo hicieron las Madres de Plaza de Mayo del Alto Valle Inés Ragni y Lolín Rigoni, Oscar Ragni, Nora Cortiñas (Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora), Enrique Fukman (sobreviviente de la ESMA), familiares, organizaciones sociales, de derechos humanos y medios de prensa.

Matías Subat

La Madre Nora Cortiñas (línea fundadoras), el sobreviviente de la Esma Mario Fukman y la Madre Lolín Rigoni, madres Alto Valle.

“Me comentaban algunos de los jueces que estaban sorprendidos de la corta distancia que había con el Batallón, ellos pensaban que era más. Los que estaban en el Batallón sabían lo que pasaba acá”, comentó Lugones, quien estuvo detenido y fue torturado en La Escuelita, y además participó del primer recorrido que realizaron (sin autorización) en abril de 1984.

Oscar Livera 19 febrero 2014

El sitio donde funcionó el centro clandestino. Las edificaciones de atrás son del cuartel del Ejército, Batallón 161 (ex Batallón 181 en 1976)

Relató que cuando los sacaban de la construcción principal para llevarlos a un galpón (que había estado ubicado hacia el fondo y más cerca del río Limay), los hacían agachar mucho. “Había soldados haciendo guardia (en el Batallón), entonces no querían que nos vean cuando nos llevaban al lugar de tortura”, agregó. Según se pudo calcular, entre el alambrado perimetral del Batallón y lo que fue La Escuelita hay entre 50 y 100 metros.

 

Matías Subat

Inspección ocular en “La Escuelita” de Neuquén

Lugones también identificó un álamo contra el que eran golpeados cuando los sacaban para torturarlos. “Cuando hicimos el reconocimiento de 1984 alguien comentó que le chocaban la cabeza contra un árbol cada vez que lo sacaban para torturarlo, esposado y vendado, y le hacían agachar mucho la cabeza. Y cuando dijo eso del álamo, recordamos que a todos nos hacían eso. En el 84 vimos al costado este álamo, este viejo álamo que ya esta caído era el álamo donde nos golpeaban la cabeza. Estaba justo en el trayecto al lugar de tortura, quizás sería una diversión para ellos”, relató Lugones mientras señalaba el árbol seco en la parte derecha del lugar donde estaba La Escuelita. Los restos del centro clandestino están a unos 300 metros de la calle Luis Beltrán, por calle Chaco, y yendo hacia el río a mano derecha.

Matías Subat

Genga fue otra de las víctimas que reconoció espacios y ruidos. A él lo sacaron en un momento afuera y sintió el sonido del agua. Cuando realizaron la inspección pudo ver que a unos metros hay una laguna y un curso de agua que aumenta cuando crece el Limay. “No estaba a más de siete metros, ahora lo vemos a unos 15 metros, pero creo que antes el curso estaría más acá”, describió Genga. “La búsqueda de justicia hay que hacerla a fondo y esto sirve para que los jueces tomen verdadera conciencia de lo que están juzgando. Que puedan identificar el lugar y crean en nuestro testimonio”, remarcó sobre la importancia de la inspección ocular.

Matías Subat

Por su parte, Noemí Labrune, de la APDH, aseguró que el recorrido tiene importancia “para que la sociedad se apropie de este tema, para evitar su repetición”. Ella y el obispo Jaime de Nevares organizaron el primer reconocimiento en abril de 1984. Recordó que con la vuelta de la democracia se autorizaron recorridas por centros clandestinos, pero al hacerse oficial, los mismos eran tapados, escondidos o demolidos. “A nosotros no nos iban a pillar con esto, en vez de pedir autorización nos pusimos a investigar cómo podíamos entrar”, indicó. En ese momento participaron siete sobrevivientes, además de las comisiones de Derechos Humanos de Neuquén y Río Negro, la APDH, la Conadep, Canal 7 y el diario Río Negro. “Esas siete personas seguro que tenían miedo, pero hicieron un acto de valentía cívica. Y esto es la continuación”, sostuvo Labrune.

 

Matías Subat

 

 

 

Fotos: Oscar Livera – Matías Subat

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