Hoy el veredicto de «La Escuelita» VI

Miércoles 11 de septiembre, a las 800, el veredicto

018 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

El tribunal está está compuesto por Orlando Coscia -presidente- Alejandro Cabral y Alejandro Silva.

016 Escuelita VI SPN 10junio2019 TOF Coscia-Cabral-Silva FOTO Oscar Livera

 

La fiscalía la ejerce Miguel Angel Palazzani junto con la fiscal adjunta Jorgelina D Alessandro. Las querellas están representadas por Natalia Hormazábal y Mariana Derni (Ceprodh) y Bruno Vadalá (APDH)
006 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

008 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Gabriela Labat y Pedro Pugliese son los defensores oficiales de los imputados militares y del gendarme.

012 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Están procesados por torturas y privación ilegítima de la libertad agravada por su condición de presos políticos los militares Néstor Castelli, Fernando Zárraga, Oscar Lorenzo Reinhold, Jorge Molina Ezcurra, Jorge Di Pasquale, Sergio San Martín, Carlos Benavídez y el comandante de gendarmería Emilio Sachitella.

El juicio comenzó el 10 de junio de 2019 y el 3 de agosto, con las indagatorias, se declaró finalizado el debate.

#CoberturaColaborativa del Sindicato de Prensa de Neuquén

 

Intensa reapertura de las audiencias

En las vacaciones de invierno de 1977 un grupo de tareas se llevó a Juan Marcos Herman de la casa de sus padres. Cuatro décadas después, los jueces preguntaron cómo ocurrió, y en el banquillo de los acusados, los presuntos responsables se veían a través de una pantalla de televisión.

 

Oscar Livera

Las Madres en la reapertura de las audiencias julio 2019

Son ocho acusados, de los cuales siete fueron imputados por el secuestro del universitario de Bariloche.
La audiencia -42 años después de los hechos- se llevó a cabo en el Salón de AMUC tras el receso judicial de julio y marcó la reapertura del sexto juicio por delitos de lesa humanidad en Neuquén.
Fue una jornada extensa, intensa y de muchos detalles respecto al secuestro de Juan Herman, que permanece desaparecido.

Desde las 9 y hasta las 15, de corrido, se ventiló cómo los militares se llevaron el 16 de julio a un joven de 22 años que primero probó suerte  en la Universidad de Bahía Blanca, pero que luego comenzó a estudiar derecho en Buenos Aires.

“Quería ser laboralista”, dijo el cineasta Carlos Echeverría, en uno de los últimos testimonios de la jornada. El declarante es autor de del documental “Juan, como si nada hubiera ocurrido”, del que se habló durante toda la jornada del juicio.

El trabajo fue citado por la vecina Mónica Elvira, que detalló lo que supo cuando se llevaron a Juan Marcos Herman de la casa de sus padres y aportó datos de los secuestradores. Por video conferencia habló el periodista de Río Negro -actualmente radicado en París- Esteban Buch, que entrevistó al general Néstor Castelli como al entonces coronel de inteligencia Fernando Zárraga (dos de los acusados en este juicio) y a otros militares en actividad en 1985 cuando se producía el rodaje la película.

El hermano de Juan Marcos, Horacio Herman, abrió el debate con un detallado relato de las gestiones de sus padres en la búsqueda de su hermano y se escuchó también el testimonio de Eduardo Arroyo, compañero de Juan tanto en el colegio secundario como en la universidad.

Las audiencias continúan el 23 en una jornada en la que se conocerían más detalles del cautiverio de Herman en el centro clandestino “El Atlético”.

Oscar Livera

Tribunal juzgador del sexto juicio «La Escuelita»

El tribunal está está compuesto por Orlando Coscia -presidente- Alejandro Cabral y Alejandro Silva. La fiscalía la ejerce el fiscal general Miguel Ángel Palazzani con la fiscal adjunta Jorgelina D’Alesandro. Las querellas del Ceprodh (Natalia Hormazábal y Mariana Derni) y de la APDH (Bruno Vadalá) integran la acusación.
En tanto, Gabriela Labat y Pedro Pugliese son los defensores oficiales de los imputados militares y del gendarme.
Están procesados por torturas y privación ilegítima de la libertad agravada por su condición de presos políticos los militares Néstor Castelli, Fernando Zárraga, Oscar Lorenzo Reinhold, Jorge Molina Ezcurra, Jorge Di Pasquale, Sergio San Martín, Carlos Benavídez y el comandante de gendarmería Emilio Sachitella.

 

Shirley Herreros / #CoberturaColaborativa SPN

Sindicato de Prensa de Neuquén #coberturacolaborativa

PH Oscar Livera

«Mi raíz fue cortada»

El relato de Marina Ubaldini, hija de Eduardo Ubaldini y María del Luján Gómez, fue uno de los más conmovedores de la segunda jornada de testimoniales del sexto tramo del juicio La Escuelita. Stella Maris Solanas, amiga de la familia y también víctima de secuestro, declaró para sumar detalles a la reconstrucción de estos hechos.

En las palabras de Marina Ubaldini se perciben una mixtura de dialectos. Son huellas de una niñez atravesada por diferentes culturas y experiencias que fueron conformando su modo de hablar y otros aspectos de su vida. “Tengo dos patrias, familia en todos lados. Tanto acá como en México me preguntan por mi acento, les llama la atención”, explica ante el Tribunal Federal Oral 1 de Neuquén y destaca con pesar: “no soy de acá ni de allá”.

Ella nació el 14 de enero de 1978 en San Martín de los Andes, es hija de Eduardo Ubaldini y María del Luján Gómez. Por la persecución política y el cerco económico al que los sometió la dictadura militar, debieron exiliarse en 1980 y el destino elegido fue México.

 

Juicio Escuelita VI 19junio2019 FOTO Oscar Livera 007

 

Desde su infancia fue mamando historias y anécdotas de sus padres acerca de su pasado en suelo argentino y su reclusión en el exterior. “A los siete u ocho años yo ya sabía que el ejército nos había corrido”, dijo. Con el paso del tiempo y siendo más grande, su interés por conocer la verdad sobre lo que sufrió su familia se intensificó. “Me interesé y pregunté porque se trataba de mi raíz, de lo que pasó en mis primeros años de vida”, contó entre sollozos Marina.

El 24 de marzo de 1976 Ubaldini, Gómez y Solanas fueron los primeros detenidos junto con otras personas de localidades cordilleranas que los militares ya tenían «marcados». Ni en ese momento ni cuando fueron liberados obtuvieron alguna explicación.

Dos años después, durante el desarrollo del Mundial de Fútbol, el matrimonio es nuevamente apresado por las fuerzas militares y esa vez con mayor violencia. “Entraron un día al mediodía, según me contó mi papá y a patadas derribaron la puerta. Revisaron toda la casa y plantaron panfletos para inculpar a mis padres del supuesto corte de transmisión de un partido de fútbol, ocurrido en San Martín de los Andes”, recordó Marina.

“Sacchitella es el apellido que siempre está presente en los relatos que he escuchado” enfatiza y añadió: “era un militar (por el gendarme Emilio Sacchitella, a cargo del Escuadrón de Gendarmería de la zona) que vivía en Junín de los Andes pero que iba a hacer operativos en San Martín de los Andes”. Una vez detenidos, los amenaza con que debían deshacerse de Marina o la llevarían al hospital. Finalmente, familiares y amigos cercanos se encargaron de ella.

Eduardo y María del Luján son esposados y trasladados a Junín de los Andes para luego terminar en Neuquén. El calvario dura 20 días en los que continúan con esposas sujetos a una cama, sin poder moverse y sin que les expliquen los motivos de la detención. Después de ese período los llevan nuevamente Junín de los Andes, donde son liberados.

“En 1979 otra vez detuvieron a mi papá con motivo de la visita de Jorge Rafael Videla a San Martín de los Andes”, recordó Marina y agregó: “Sacchitella le advierte que irían a ‘visitarlo’ a la casa y que esperaban ‘no encontrar nada’”. A finales del mismo año, a María del Luján le permiten volver a trabajar en la escuela donde había dado clases. Pero pasado un par de semanas la despiden ya que en su grupo había hijos y nietos de altos mandos militares y estos no la querían en el aula.

“Mi raíz fue cortada de tajo y había algo en mí que debía sanar”

Si bien había vuelto a Argentina en varias ocasiones de vacaciones, en 2011 le toca a ella, acompañada por su pareja, tomar una decisión que cambiaría su vida: emprender el retorno definitivo al suelo natal. De profesión bióloga, consiguió trabajo en el ministerio de Educación de Nación y pudo radicarse al año siguiente en San Martín. Actualmente trabaja con maternidad y primera infancia.

“Es horrible sentirse sin patria, sin raíz. Yo vine a vivir a Argentina para poder lograr una reparación personal, una sanación de mi raíz. Vine a ser mamá también. Eso y mi trabajo me han ayudado. Este testimonio fue el primer paso y, además, es un aporte para todas las causas de delitos de lesa humanidad que hay en el país”, concluyó Marina Ubaldini su relato.

Oscar Livera

Los organismos de Derechos Humanos participan de las extensas jornadas de testimonios en cada audiencia

Previo al testimonio de Marina, por videoconferencia desde San Martín de los Andes, declaró Stella Maris Solanas, una arquitecta que vivió la primera detención de los Ubaldini. Stella Maris era parte del grupo de amigos de la pareja y fue testigo de la persecución del matrimonio desde el golpe de estado de 1976 hasta que decidieron exiliarse en México.

Stella Maris detalló que Eduardo se desempeñaba como agrimensor y María del Luján como docente en San Martín de los Andes. Él había militado en el Partido Comunista en Bahía Blanca durante su juventud y ella había participado en alfabetización para adultos, pero ya en la ciudad lacustre no pertenecían a ninguna agrupación política. Eran personas que “tenían ideas similares acerca de la existencia de un estado benefactor y de la repartición de riquezas”, declaró.

Tanto ella como Marina, detallaron sobre las detenciones sufridas por el matrimonio Ubaldini e incluso Stella Maris especificó sobre las oportunidades en que fue detenida junto a ellos, así como los allanamientos sufridos por parte de las fuerzas armadas.

Eduardo había hecho trabajos de agrimensura para el ejército que nunca le pagaron y además no le permitían acceder a concursos que había ganado por su profesión. Perseguidos, la familia Ubaldini-Gómez tomó una decisión drástica para asegurar su futuro: el exilio. “Se vieron cercados laboralmente” confirmó Stella Maris y Marina puntualizó: “mi familia fue la única que tuvo que exiliarse de San Martín de los Andes por la persecución y detención por parte del ejército”.

Continúa la reconstrucción

El 22 y 23 de julio se reanudarán las audiencias. El 29 de ese mes está previsto que den su testimonio Eduardo Ubaldini y María del Luján Gómez. Por el mismo caso declararán como testigos Rodolfo Gómez y Luis Arrué a través de videoconferencia desde San Martín de los Andes. Mediante ese mismo sistema, el martes 30 será el turno de Aída Elsa Muñoz y Norberto Stochetti

 

Rocío Morales – Esteban Idiarte/ #Cobertura Colaborativa SPN

PJ Oscar Livera

 

El periodismo neuquino que reclamó la aparición con vida

“Peleo de muy raro modo, buscando no decir nada… poder expresarlo todo”. Con el verso de Daniel Giribaldi que él recordaba a través del canto de Jorge Marziali, el periodista Osvaldo Ortiz graficó la forma en que redactaban las noticias en los años de la dictadura cívico-militar en Neuquén y Río Negro.

Juicio Escuelita Vl 18junio2019 Osvaldo Ortiz FOTO Oscar Livera 025
Su voz fue la que cerró la primera jornada de declaraciones testimoniales, durante el sexto tramo de los juicios en los que se investigan los delitos de lesa humanidad cometidos en la región, y relató lo que le tocó vivir junto a María Teresa Oliva y Enrique Esteban, ambos detenidos-desaparecidos en 1978.

Ortiz llegó a Neuquén desde su Mendoza natal en 1976, donde ya ejercía como trabajador de prensa. “Nos vinimos porque en esos años era muy duro trabajar en los medios de las ciudades grandes, se hacía difícil”, recordó. A partir del 1 de noviembre de ese año se insertó en el Diario Río Negro. Ortiz y su esposa eran amigos de la pareja Oliva-Esteban y una noche a fines de julio de 1978 fueron juntos al casamiento de un colega. Luego estuvieron “tomando algo” en una confitería céntrica y, finalmente, se fueron a descansar.

“Al otro día me enteré que a Maite -así le decían a Oliva- y a Enrique los habían secuestrado de su casa en Alta Barda. A ella la liberaron rápido, en Villa Regina -localidad ubicada a 90 kilómetros de Neuquén capital-, pero Enrique no aparecía”, dijo Ortiz ante el tribunal.

A partir de ese momento, sostuvo, “nos propusimos preguntar por Enrique todos los días. Nos organizamos los que trabajábamos en los medios, nos reuníamos, hablábamos del tema e íbamos a ver al que sea para saber si tenían información, incluso dimos a conocer el caso tanto por el Diario Río Negro como en Clarín”. De éste último era corresponsal Esteban, quien además se desempeñaba en el diario Sur Argentino.

“Quiero destacar que los dos medios nos publicaban lo que escribíamos y nosotros preguntábamos aunque ya sabíamos la respuesta. Además, a colegas de otros puntos del país les pedimos que consultaran por Enrique cada vez que se cruzaran con un funcionario o una autoridad”, relató.

Juicio Escuelita Vl 18junio2019 Osvaldo Ortiz FOTO Oscar Livera 028

 

Y agregó: “incluso le solicitamos al Monseñor De Nevares que lo nombrara en su homilía de los domingos, que salía en directo por LU 5 Radio Neuquén”.

Enrique Esteban apareció tres meses más tarde en el baúl de su auto en Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires. “Cuando volvió estaba muy mal, no sólo por la tortura física, lo peor era lo que sufrió psicológicamente”, sostuvo Ortiz.

 

Marcelo Pérez Lizaso / #CoberturaColaborativa SPN

 

Sobreviviente

En noviembre de 1976 Cristina Parente fue secuestrada por la Policía Federal, torturada y liberada tiempo después en la puerta de la misma comisaría donde se la retuvo. Tuvo que abandonar Neuquén al día siguiente bajo amenaza de muerte y regresar a su Punta Alta Natal. Sin embargo, fue nuevamente capturada en un mega operativo por la policía bonaerense en La Plata. El martes 18, por primera vez, contó su historia de secuestro, tortura y persecución ante un tribunal federal en el marco de los juicios por delitos de lesa humanidad.

Oscar Livera

El público permaneció conmosionado durante el testimonio de la periodista

María Cristina Parente era de Punta Alta, Buenos Aires. Estudió periodismo en La Plata. Había sido compañera en la facultad de Jorge Enrique Esteban y de María Teresa Oliva (ambos secuestrados y liberados en 1978). Además era militante de la Federación de Agrupaciones Eva Perón (FAEP).

Por recomendación de sus amistades, migró a Neuquén capital a principios de 1975, donde consiguió trabajo como prensa de la Gobernación por la mañana y de la Universidad Nacional del Comahue en la tarde. Cristina lo recuerda como su mejor tiempo, en el que tenía amigos y futuro en la profesión. Tenía veinte años.

En marzo de 1976, con el gobierno neuquino intervenido por las FFAA, la obligaron a renunciar a su trabajo en Gobernación, lo que la obligó a mudarse a una pensión. Ahí compartió habitación con una joven de nacionalidad chilena que apenas veía y de quien aseguró nunca saber su nombre.

En noviembre de ese año, al volver de vacaciones, pasó por su casa a dejar un bolso para dirigirse directamente a su trabajo en la UNCo. Si bien le extrañó encontrar las luces apagadas, la urgencia por reintegrarse a sus tareas le impidió detenerse mucho tiempo. “Llegué a la oficina y el guardia de la universidad, un muchacho con el que siempre charlábamos, me dijo que la Policía Federal tenía unas preguntas. Que era un trámite”, recordó Parente. El guardia la acompañó hasta la sede policial, donde fue detenida en una oficina.

 

El tribunal permitió que Maite Oliva acompañara el momento del testimonio de Parente

El tribunal permitió que Maite Oliva acompañara el momento del testimonio de Parente

 

En un tiempo que le es imposible determinar, aparecieron dos efectivos a los que Cristina recordó haber visto un par de veces en el balneario de Neuquén, durante salidas con amigas. Ahí se enteró de la razón de su detención: habían allanado su habitación y decían haber encontrado material “subversivo”. Los secuestradores sostuvieron que su compañera de pensión había sido reconocida como militante del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) de Chile. Además le decían que ésta última se había fugado y supusieron que ella también lo había hecho con la excusa de unas vacaciones.

En ese momento empezaron las torturas: “Me atan a una silla. Brazos para atrás y cada pierna a una pata. Me ponen una cinta en la cabeza y dos cosas en las sienes. Me enchufaron a 220. Cuando uno es electrocutado, todo el cuerpo se arquea hacia adelante. Lo único que me sostenía era estar atada a las patas de una silla”, expresó Cristina en un relato entrecortado. Los picaneos eran interrumpidos para preguntar y repreguntar sobre el origen del material encontrado en la habitación. Parente describió una sucesión de desmayos continuos hasta que finalmente despertó para encontrarse sola en la habitación, amarrada todavía a la silla.

Los torturadores regresaron y pusieron frente a su cara un revólver al que previamente le habían dejado una sola bala. “Ahora vamos a jugar a una cosa”, dijeron sus captores. Por cada pregunta sin la respuesta esperada, el percutor golpeaba una cámara vacía, volvía a girar el tambor y empezaban de nuevo. Por cada gatillazo en falso, Cristina caía al suelo en pleno desvanecimiento. Siempre le preguntaban por “la chilena”, su nombre y paradero. La respuesta era siempre la misma: “no sé”. Entonces volvía a ser golpeada y levantada de los pelos para repetir el proceso.

En la delegación de la Policía Federal los torturadores la alzaron una última vez para meter su cabeza dentro de un recipiente con agua, haciendo presión hacia abajo para que no salga, una práctica conocida como «submarino». Cuando se cansaron la dejaron tirada en el suelo. Parente se arrastró hasta el escritorio y perdió el conocimiento. No recuerda la cantidad de veces que la patota volvía para interrogarla y torturarla, solo le quedó muy presente la risa que les provocaba todo el proceso.

“Una noche me dicen ‘preparate que hay una luna hermosa para los enamorados’. Me subieron al baúl de un auto. Anduvo mucho. Después de un tiempo sobre el ripio se detuvieron”,  continuó su relato. En ese momento escuchó, siempre desde dentro del baúl, una conversación con otras personas. “Te traemos un paquete”, a lo que la otra persona respondió “acá no hay lugar, tírenlo al río”. Por las descripciones de Cristina se cree que ese lugar se trataba del centro clandestino de detención La Escuelita.

Sin embargo, regresaron a la Federal y la liberaron bajo la amenaza de que si no se iba de Neuquén en 24 horas iba a ser asesinada.

Cristina se dirigió a la casa de Esteban y Oliva, quienes le brindaron ropa, ya que no se había cambiado desde el día de su secuestro. Luego de ducharse, le trajeron las pocas cosas que sus secuestradores le habían dejado en su departamento (le habían robado todo durante el procedimiento) y un pasaje para volver a Punta Alta.

En la terminal de colectivos Esteban la despidió con el pedido: que no dijera nada a su padre para no comprometer a nadie más y la promesa de continuar acompañándola.

“En algunos cortes (del interrogatorio) ponían la radio muy fuerte. Escuchaba que el sindicato de prensa de Neuquén pedía por mi libertad. Creo que eso me salvó la vida”, reflexionó Cristina.

Esteban Idiarte

Cristina Parente y Maite Oliva habían sido compañeras de estudio (periodismo) en La Plata

 

Detenida en Punta Alta

Cristina hizo caso a la recomendación de Esteban y guardó silencio. En aquel tiempo la Base Naval de Punta Alta abrió concurso para cubrir un cargo administrativo. Por insistencia de su familia, y ante la necesidad de trabajar, se inscribió con la esperanza de quedar fuera de orden de mérito. Cristina aprobó el examen y empezó a trabajar para las mismas personas a las que temía.

Duró poco. “Un día vino un teniente y me dijo que me echaban porque no era una persona confiable para la armada. Volví a casa y ahí se enteraron lo de Neuquén”, expresó Parente frente al tribunal en referencia al secuestro y la acusación de subversiva.

Su padre la obligó a regresar a una intervenida Universidad de La Plata a buscar su título de periodista para mejorar sus perspectivas laborales. Cristina lo describió como un hombre muy duro y exigente que recurría a los golpes si no se le obedecía. A sabiendas que era muy posible un nuevo encuentro con efectivos de las fuerzas armadas, decidió obedecer y marchó a la capital bonaerense.

El trámite nunca se concretó. Cuando llegó al rectorado le anunciaron que ya era tarde. Esperó dos días y lo fue a buscar una segunda vez. Esta vez sí estaba a tiempo pero le quisieron cobrar la entrega del cartón. Cristina estaba convencida que pasara lo que pasara no le iban a robar de nuevo. Con la plata justa se volvió a Punta Alta.

Con un pie arriba del colectivo alguien la tiró de los hombros hacia atrás. Gritos, corridas, calle cortada. Un grupo de tareas de alrededor de cincuenta personas que salieron de todos lados. Fue subida a un auto y llevada ante una médica para que la revise. Estaban buscando pastillas de cianuro. Nuevamente, sin entender el porqué, Cristina Parente era detenida por las fuerzas armadas.

No era novedad que informantes del sistema represor deambulaban en los ámbitos académicos. Alguien le dijo que había sido marcada como amante y correo en el sur de Mario Firmenich, fundador de Montoneros.

Primera jornada de testimonios

Primera jornada de testimonios

“Yo a Firmenich no lo conozco”, enfatizó Parente y agregó: “como vieron que no tenía armas ni nada en el bolso me hicieron esperar hasta que lleguen las pruebas. No me torturaron. Me interrogaron. Me dejaron vendada todo el tiempo y de noche dormía en un pasillito, porque la celda estaba ocupada por un par de presos políticos. Uno de ellos era médico, me cantaba canciones de Serrat para que me duerma”.

Todo fue padecimiento a la espera de las supuestas evidencias. Temía que hasta llegaran con pruebas falsas de la acusación que fue excusa para el secuestro. La angustia le provocó una inapetencia que la llevó a quedar famélica. La comida era traída por mujeres del batallón contiguo. Fue en una de esas rondas que bajo la venda pudor reconocer la pollera de la policía bonaerense.

Las pruebas nunca llegaron. El médico interpelaba a los carceleros mientras la secuestrada vivía un calvario. Al día siguiente les comunicaron que el lugar iba a ser desocupado. Parente y el muchacho serían liberados, decían. La otra chica que sostenían que estaba implicada en un operativo del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) donde murieron tres policías, permanecería en cautiverio.

Cristina tenía que ser asistida para movilizarse. En uno de los trayectos al baño, su acompañante la sentó bruscamente en las rodillas. “¿Así que te vas? Vení que te voy a extrañar” decía al mismo tiempo que la manoseaba. Lo último que recuerda de esa secuencia son sus gritos, los gritos del médico y el desvanecimiento.

La primera vez que le permitieron bañarse mientras estuvo en manos de la bonaerense, fue el día de su liberación. Describió un baño de reducidas dimensiones, una pequeña pieza de jabón, la misma ropa sucia del día de la detención y nuevamente la venda.

El viaje en auto fue tan largo que temió ser fusilada. El trayecto terminó en la puerta de estación Retiro, le dejaron un un poco de dinero en su bolso y la orden de no mirar atrás cuando bajara. En el espejo del baño de la terminal de ómnibus pudo comprender por qué hasta las personas en situación de calle le dirigían una extraña mirada a su paso: debía pesar no más de 40 kilogramos. Así fue como llegó a la casa de su familia. Ahí empezó un nuevo suplicio relacionado a la violencia intrafamiliar que venía viviendo de antes, hasta que se casó y reinició su vida.

Parente declaró un día antes de lo previsto

Parente declaró un día antes de lo previsto

Durante toda su declaración, Cristina Parente se detuvo reiteradas veces para llorar, juntar valor y continuar su relato. A su izquierda estuvo siempre presente su amiga María Teresa Oliva. Era la primera vez que narró su experiencia, no sólo en un juicio sino en público. Para Cristina llegar a este momento fue lo único que le dio fuerzas para seguir su vida: No me suicidé porque pensé que era la única sobreviviente y tenía que quedarme para dar testimonio. Después vino la guerra de Malvinas, democracia. Surgieron que eran miles las víctimas. Yo estaba con mi marido que conocí en el 82, mi hijo. Traté de construir mi vida como pude”, finalizó

 

Esteban Idiarte y Daniel Font Thomas /#CobeturaColaborativa, Jóvenes por la Memoria.

PH Jóvenes por la Memoria

“Yo quería morir, pero la muerte no llegaba”

Sergio Armando Pollastri conoció a Enrique Jorge Esteban en la Universidad de La Plata, cuando él estudiaba abogacía y Esteban y su entonces novia y luego esposa, María Teresa “Maite” Oliva, cursaban periodismo. Pasaron los años y se reencontraron en Neuquén, todos ejerciendo sus profesiones.

Juicio Escuelita Vl 18junio2019 Maite Oliva FOTO Oscar Livera 018

Al brindar su testimonio por videoconferencia desde Buenos Aires, donde reside, sobre los tres meses que compartió con Esteban en la U9 de Neuquén -los liberaron el mismo día-, puso el acento en la crudeza con la que Esteban le contó los horrores que había sufrido cuando lo torturaron durante su cautiverio y las circunstancias que habrían motivado la ilegal detención del periodista.

Puntualizó tres observaciones en el relato de Esteban del tortuoso calvario al que fue sometido, entre otros medios, con la aplicación de picana eléctrica. “Una, cuando uno de los torturadores le decía que había bajado la orden de fusilarlo y que aprovechara de escribirle una carta de adiós a su familia, que se la harían llegar. Al otro día le decían que habían decidido no matarlo”, señaló.

Otra cuando los torturadores jugaban con el dato de hacerle creer que su esposa también estaba detenida. Una vez preguntó si Maite estaba en el mismo lugar y le dijeron que no se lo podían decir, pero que una ocasión vio una bombacha colgada y creyó que era la de su mujer.

“La tercera es que a medida que pasaban las sesiones de tortura, cada vez se le tornaba más imposible soportarla. Ante ello y para hacer cesar el sufrimiento había decidido no resistir más y dejarse morir. ‘Yo quería morir, pero la muerte no llegaba’, me contó. Me dijo que ‘en algún momento me di cuenta de que esa decisión estaba fuera de mí, de mi voluntad. Era alguien que me decía que tenía que seguir resistiendo… Ese algo era Dios’. Yo no sabía de sus creencias, pero evidenciaba que había retomado su fe católica”, señaló Pollastri.

Le contó también que tuvo la sensación cierta de haber escuchado cómo un joven, cerca de él, fue torturado hasta que lo mataron.

En cuanto al por qué los represores secuestraron a Esteban y Maite, lo atribuyó a un episodio que involucró a Luis Borris, un joven que llegó a Neuquén buscando los medios para salir del país porque venía siendo buscado por los represores.

“Yo lo alojé en mi casa, porque era hijo de una amiga de mi suegra”, dijo el testigo y precisó que acudió a Esteban para comentarle  la situación, ante lo cual el periodista se encargó de hacer una colecta para que Borris pudiera irse del país.

“Al día siguiente vino Esteban y me dejó un sobre con el dinero. Cuando lo secuestraron pensé que el hecho pudo estar relacionado con este episodio, pero Esteban ni conocía a Borris”, sostuvo.

En su testimonio Maite también remarcó que su esposo no conocía a Borris.

024 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Pollastri precisó que en los interrogatorios a los que fue sometido en la cárcel, un mayor de apellido Funes le dijo que lo acusaban de haber ayudado a huir a Luis Borris.

Comentó que cuando supo del secuestro de Esteban, junto a Maite y otra persona fueron al Comando a reclamar y que su decisión personal fue la de relatar los hechos en torno a Borris. Días después lo detuvieron en su lugar de trabajo.

Esta visita al Comando fue decidida tras una entrevista que mantuvieron con el obispo Jaime De Nevares, quien de algún modo les garantizó protección para esa gestión.

Néstor Mathus /#Cobertura Colaborativa SPN

“Me sentí como el día del secuestro, con angustia y miedo”

Tras declarar durante más de dos horas, Teresa María Oliva sostuvo que al brindar su testimonio de su detención ilegal y el de su marido, el periodista Enrique Esteban en julio de 1978, se sintió “igual que el día del secuestro, con angustia y miedo”.

Juicio Escuelita Vl 18junio2019 Maite Oliva FOTO Oscar Livera 022
Destacó la valentía que tuvieron los periodistas de Neuquén para denunciar la desaparición de Esteban durante los tres meses en que estuvo en cautiverio, supuestamente, en una dependencia de la Marina en Bahía Blanca. “Fueron las acciones y publicaciones de los periodistas lo que nos salvó la vida, porque Enrique no fue el primer periodista desaparecido, el diario Clarín tuvo más periodistas desaparecidos y no tuvieron la suerte que tuvo él”, explicó en relación al cautiverio de su marido, quien se desempeñaba como corresponsal de Clarín en Neuquén. Y agregó: “no recuerdo que en otras provincias se haya hecho un operativo de rescate como el que hicieron los periodistas de acá, poniendo en peligro su vida pidiendo explicaciones a las autoridades”.

Juicio Escuelita Vl 18junio2019 Maite Oliva FOTO Oscar Livera 011

 

Durante su relato, Oliva describió cómo fueron secuestrados el 23 de julio de 1978 al ser interceptados por fuerzas represivas que se identificaron como pertenecientes a Coordinación Federal de la Policía, su liberación al día siguiente, los tres meses de incertidumbre y angustia que sufrió por desconocer el paradero de su esposo y las constantes amenazas telefónicas recibidas en su casa luego de la liberación. “Enrique fue golpeado y torturado dos y hasta tres veces por día”, contó Oliva.

Precisó que sus hijas mayores conocieron la historia que sufrieron durante la dictadura militar muchos años después. “A Magalí, la mayor, se lo contamos cuando cumplió 15 años; a mi segunda hija, cuando murió Enrique, en 1990, y a Ramiro, el más chico, se lo conté muchos años después”. Explicó que los primeros años, después de lo ocurrido, “preferimos preservar a las chicas y a Ramiro de toda esta situación que habíamos vivido”. “No tendría la fuerza que han tenido estas Madres de Plaza de Mayo para soportar el secuestro de sus hijos», afirmó.

En su desgarrador testimonio ante los jueces, Oliva explicó que a su hija mayor le contaron lo sucedido “porque en la escuela, quien se sentaba al lado de ella era la hija de ‘Colores’”, en alusión al apodo de Juan Antonio Del Cerro, un ex policía de la Federal que en los juicios por delitos de lesa humanidad había sido acusado de 160 casos de secuestro, torturas y robo de bebés, entre otros delitos.

“A mi segunda hija se lo conté cuando en 1990 murió Enrique. Ella me preguntó si había algo que papá no le había dicho, entonces ahí me abrió la puerta para contárselo. Era el mecanismo de defensa. No quiero ser una Madre de Plaza de Mayo, no quiero que le pase a mis hijas lo que le pasó a esas madres”, expresó en su declaración.

Juicio Escuelita Vl 18junio2019 Maite Oliva FOTO Oscar Livera 020
Oliva también mencionó que el día posterior a su liberación recibió en su casa la visita del ex gobernador Felipe Sapag y de su hija Silvia. Confesó que se emocionó al verlo al ex gobernador que “se arriesgó a venir a mi casa veinticuatro horas después del secuestro y, además, hacerlo con su hija”. Dijo que “Felipe había perdido a sus dos hijos (N. del R: Ricardo y Enrique Sapag pertenecían a la organización Montoneros, fueron asesinados en junio y octubre de 1977, respectivamente). Siempre reconocí ese gesto porque fue muy fuerte”. En el mismo momento en que estaban Felipe y Silvia Sapag en la casa de Oliva, se presentaron el general José Luis Sexton y el mayor Carlos Guiñazú para decirle que el Ejército no tenía nada que ver con el secuestro de Esteban. “Fue muy fuerte tenerlos a los cuatro en mi casa. Solo atiné a decir ‘¿se conocen?’. Se saludaron, Felipe y Silvia se fueron”.

Pablo Montanaro/ #CoberturaColaborativa SPN

 

 

Pacto de silencio

Los 8 acusados decidieron no declarar en la segunda jornada del juicio (11 de junio) La Escuelita VI donde se juzga a represores del alto valle y zona Cordillerana. Durante las indagatorias, algunos procesados especificaron que hablarán conforme avance el proceso.

015 Escuelita VI SPN 10junio2019 TOF Cabral-Coscia FOTO Oscar Livera

Los jueces federales Alejandro Cabral y el presidente del Tribunal Orlando Coscia. Secretaria de la causa, Marta Ithurrart

 

En una corta jornada, tuvo lugar este martes en el salón AMUC la etapa indagatoria a los represores en el Juicio Escuelita VI. En esta ocasión, los acusados tuvieron la oportunidad de declarar frente al tribunal, sin embargo optaron por no hacerlo. Manifestaron en algunos casos que preferirán hacer uso de este derecho más adelante, conforme avance el juicio. Para la querella esto se trata de un claro pacto de silencio, que “es tan fuerte y profundo que seguramente lo van a seguir sosteniendo”, según explicó Bruno Vadalá, de la APDH.

La querella del CeprodH, con el acuerdo luego de a fiscalía y de la APDH, solicitó que se agregue al caso la información sobre el atentado a la Casa de Madres de Plaza de Mayo, ocurrido el último 28 de mayo, con el argumento de que se trató de un amedrentamiento en el contexto del proceso judicial actual. A pesar del rechazo de la defensa, el tribunal incorporó los archivos al desarrollo del juicio. Por su parte, la defensora oficial Gabriela Labat, solicitó que Carlos Benavidez, único acusado presente, pueda permanecer en sala contigua a partir de ahora y sólo estará presente cuando considere que los testimonios le incumben a su caso. La medida será evaluada por el tribunal e informada más adelante.

El negador

Momento de incertidumbre se vivió cuando el acusado Oscar Reinhold negó tener otras causas judiciales durante el chequeo de datos. Sin embargo, cuando la fiscalía preguntó sobre la condena en este proceso, el acusado se limitó a decir “¡Ah! Por eso sí”.

Oscar Lorenzo Reinhold fue declarado culpable con sentencia firme por la Corte en 2008 por 17 torturas y la desaparición forzada de Oscar Ragni, mientras que cuenta con otras tres sentencias condenatorias por secuestros, torturas y el homicidio de los desaparecidos Orlando Cancio, Javier Seminario Ramos, José Francisco Pichulmán, Celestino Aigo, Miguel Ángel Pincheira y José Delineo Méndez.

Etapa de testimoniales

A partir de la próxima semana comienza el período de testimoniales, donde se prevé que inicie el cronograma de 36 personas citadas. El 31 de julio culminará este segmento y el 14 de agosto se realizarán los alegatos por parte de la fiscalía y la querella, en tanto que el 28 de ese mes hará lo propio la defensa.

001 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Vale recordar que los juicios son de acceso público. Para aquellas personas que quieran presenciar el desarrollo de estas jornadas, deben acreditarse con su nombre, DNI y ocupación al mail acreditacionesjuicio@gmail.com

Daniel Font Thomas/ #CoberturaColaborativa SPN

PH Oscar Livera 2019

A sala llena arrancó el sexto juicio

Con gran presencia de público, comenzó un nuevo tramo juicio “La Escuelita”. Como contrapartida, hubo una notable ausencia de imputados en el banquillo. Es que de los ocho ex jefes y miembros de inteligencia del ejército que serán juzgados, solo estuvo presente Carlos Alberto Benavídez, quien fuera parte del Destacamento de Inteligencia 182. Los demás escucharon la acusación de la fiscalía, mediante sistema de videoconferencias.

005 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Entre las y los asistentes se encontraban Ines Ragni y Lolin Rigoni, Madres de Plaza de Mayo Alto Valle, y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.

Se expusieron diez casos de privación ilegítima de la libertad y tormentos, agravados por persecución política. Ocurrieron en las ciudades de Bariloche, San Martín y Junín de los Andes, Neuquén y Fiske Menuco (Gral. Roca).

En la lectura de las requisitorias

Los imputados por estos delitos son los miembros de inteligencia Oscar Reinhold, Eduardo Molina Ezcurra, Sergio San Martín, Jorge Di Pasquale, Carlos Alberto Benavídez; el comandante de gendarmería, Emilio Jorge Sacchitella; el director de la Escuela Militar de Instrucción Andina de Bariloche, Néstor Rubén Castelli; y Fernando Zárraga, interventor de la comuna de Fiske Menuco (Gral. Roca) en 1976 y luego jefe de operaciones e inteligencia en la Escuela Militar de Montaña de Bariloche.

011 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Desde la querella del Ceprodh ponderaron que en esta sexta etapa del juicio que se investigue y juzgue por primera vez a Benavídez y Zárraga.  Natalia Hormazábal, abogada del CeProDH, remarcó que “es importante que en juicios de delitos de lesa humanidad estén los acusados sentados en el banquillo, el lugar que les corresponde a los responsables”.

El martes 11 , los jueces Orlando Coscia, Alejandro Silva y Alejandro Cabral tomarán declaraciones indagatorias a los represores. Todo a través de videoconferencia: seis de ellos desde Comodoro Py, y desde Campo de Mayo, con Jorge Di Pasquale.
La próxima semana comenzará el período de testimoniales, en total 36 personas. El 31 de julio culminará este segmento y el 14 de agosto se realizarán los alegatos por parte de la fiscalía y la querella, en tanto que el 28 de ese mes hará lo propio la defensa.

021 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Los juicios son de acceso público. Para aquellas personas que quieran presenciar el desarrollo de estas jornadas, deben acreditarse con su nombre, DNI y ocupación al mail acreditacionesjuicio@gmail.com

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PH Oscar Livera

Sindicato de Prensa de Nequén

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