cronograma

Los testimonios para el 28 de noviembre incluyeron las voces de los testigos – víctima Francisco Tomasevich y Sergio Méndez Saavedra por la mañana; mientras que  Juana Aranda de Pincheira se escuchó durante la jornada de la tarde.

 

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Bronca en el final del Segundo Juicio

No hubo consuelo ni palabras para explicar el espíritu devastado del público al término de la lectura del veredicto en Amuc. Hubo condena para los jefes militares, pero aquellos a los que se consideró partícipes necesarios de plan criminal cuya metodología fue la desaparición y la tortura, merecieron entre ocho y doce años de cárcel; casi un tercio del tiempo de impunidad ante los crímenes cometidos durante la dictadura.

Matias Subat

Hubo testigos víctimas que aseguraron que recibieron golpes, que perdieron parte de sus dentaduras en las golpizas, que llevaban consigo problemas de salud graves producto de la tortura en sus diferentes formas, y no se les creyó. La absolución de la mayoría de los policías rionegrinos por los que se hizo este juicio se debió a que «no se consideró probado» los relatos de los sobrevivientes.

Al término del veredicto hubo muchos insultos y gritos por parte de unos pocos, pero mayor fue el silencio y el estupor de la mayoría. Como atados al piso, sin poder explicar ni explicarse, con la sensación de que no estaba bien, de que no hubo justicia pese a la condena.

Matias Subat

Las madres neuquinas dieron rienda suelta a la denuncia a viva voz de impunidad y de injusticia dentro de la sala. E insistieron con el ejemplo que las hizo madres de Plaza de Mayo: instaron a continuar exigiendo Justicia a pesar de los escollos sin dejar que un mal fallo impida el reclamo. «La marcha no tiene fin, esta no es la Justicia que queríamos, habrá que perfeccionarla y esa es la tarea de todos nosotros, adelante», sostuvo Lolín Rigoni cuando agradecía a muchos de los que se agolparon afuera, la asistencia y acompañamiento durante los largos meses de testimonios y de juicio.

Emiliano Ortiz

El viernes 02 de noviembre, el Tribunal convocó a las partes para dar lectura al veredicto de la sentencia a represores del Alto Valle para el martes 06 a las 7:30 de la mañana. Organizaciones sociales, representantes de partidos políticos, familiares y víctimas de la represión se presentaron para escuchar la voz de la justicia que había tardado 36 años en llegar.

A sala llena, el Salón Verde de AMUC estaba expectante, por las palabras del Presidente del Tribunal Oral Federal, Orlando Coscia, quien daría tranquilidad y pondría fin a tan larga espera. No estuvieron presentes los imputados. Tampoco la mayoría de los defensores. El equipo de la Defensa Oficial faltó en su totalidad.

 

Matias Subat

Con cánticos que decían “cárcel común, perpetua y efectiva, ni un solo genocida por las calles argentinas” aquellos que fueron víctimas recibieron a los magistrados que comenzaron con la lectura del veredicto. Afuera del salón, un grupo de manifestantes esperaba también con la esperanza de que al terminar la audiencia se hiciera presente la justicia.

Sin embargo, a medida que se leían los puntos del fallo, aquel aire de fiesta que había inundado la sala antes de comenzar, se empezó a esfumar dejando a su paso el desdén, la bronca y la tristeza. Mientras que algunos familiares, como Oscar Ragni, tomaban nota con atención de cada una de las condenas y absoluciones, otros festejaban penas como la impuesta a Enrique Braulio Olea, de 22 años de prisión, por considerarlo partícipe necesario penalmente responsable de los delitos de privación ilegal de la libertad, agravada por el empleo de violencia, amenazas, y por la aplicación de tormentos físicos y psíquicos, que en uno de los casos (José Luís Albanesi) resultó en la muerte del “perseguido político”, lamentaban desconcertados condenas como las de Antonio Alberto Camarelli, de 10 años o la del personal de inteligencia, Raul Antonio Guglielminetti, de 12 años, murmurando “vergüenza!” y sintiéndose apabullados, por absoluciones como la de Emilio Jorge Sacchitella, quien había sido imputado por el caso de Ernesto Joubert, secuestrado en Junín de los Andes y reconoció a Sacchitella como quien le propició golpes y fue uno de sus interrogadores y quien según el testigo, le había dicho que tenía el poder de decidir “quien vive y quien muere”.

Matías Subat

Con un total de 8 absoluciones y penas máximas de 23 años, y el pedido de investigación de víctimas de la tortura en Cipolletti, de quienes ya la periodistas del diario Río Negro, Alicia Miller,  había en el 2010 puesto en duda su credibilidad, el tribunal puso fin a la lectura del veredicto, dando lugar a una serie de repudios, llanto y exabruptos, que sacaron a la luz, claramente, la decepción de los que esperaron tantos años por una justicia, que sintieron no llegó.

Sergio Méndez Saavedra, víctima de la dictadura, gritaba al tribunal, consternado, por considerarlos responsables de “dejar asesinos sueltos”, Ernesto Joubert, quien antes de la audiencia se mostraba feliz, se lamentaba por haber viajado más de 500 kilómetros, para escuchar la absolución de uno de los responsables de su secuestro y tortura, las representantes de la Ceprodh se pusieron al frente de la manifestación que se llevaba a cabo fuera del salón, para repudiar el veredicto por considerar que la justicia había demostrado ser “una justicia de clase”.

Matias Subat

Mientras tanto, Noemí Labrune, de la APDH, se decía impotente por creer que las condenas habían sido incongruentes y demasiado bajas para los delitos aberrantes de los que se trataba, yendo en contra de la jurisprudencia en este tipo de juicios que siempre había buscado las penas más altas por ser delitos que expresan el atentado contra la humanidad toda;  y representantes de la APDH y la Secretaría de Derechos Humanos, como así también el fiscal Marcelo Grosso adelantaban que apelarían el fallo.

Matías Subat

 

Por su parte, para cerrar la jornada, los únicos representantes de los imputados que se encontraron ausentes, Rodolfo Ponce De León y Paola Rubianes, se mostraron satisfechos por el veredicto y consideraron que las penas se habían ajustado al derecho.

 

matías subat

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6 de noviembre, el veredicto

A las 7,30 de la madrugada convocó el Tribunal Oral Federal para escuchar el veredicto de lo que será la sentencia del juicio.

Se leerán penas o absoluciones (parte resolutiva) en la sala de Amuc donde se desarrollaron las audiencias desde abril.

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

 

Los defensores insistieron con las absoluciones

En la jornada de dúplicas, los equipos de defensas particulares (Gerardo Ibañez, Hernán Elizondo, Rodolfo Ponce de León y Herán Corigliano) junto con el equipo de defensores públicos (Eduardo Peralta, Gabriela Labat y Alejandra Vidales) insistieron en sus planteos de absolución bajo los conceptos de negar el tratamiento de delitos de lesa humanidad en el juicio y la falta de imputación y de pruebas en contra de los 22 acusados.

 

 

Matias Subat 30 octubre

El abogado del general de Brigada, Enrique Braulio Olea (jefe del Batallón 181 de Construcciones en 1976), Gerardo Ibañez, descalificó las réplicas de las acusaciones y dijo que pensó que «iban a ser más precisos, pero sólo hubo vaguedades».

Se mostró molesto por los dichos de que «somos igual de delincuentes de lo que ellos creen que son nuestros clientes», al tiempo que dijo sentirse orgulloso de responder por alguien como el general Olea.

«La categoría de lesa humanidad no existía, y no lo fue tampoco en la causa 13», dijo en relación a la sentencia a las juntas de 1984 y rechazó los cuestionamientos de «la construcción de un relato falso».

«No han rebatido ninguno de los elementos que planteamos», siguió el defensor e insistió a los jueces en que no pueden encuadrar el juicio en el delito de genocidio porque no se cumplen los preceptos establecidos por la convención internacional. «Planteamos las nulidades porque existen, no las consentimos por haber participado del juicio», le respondió al fiscal Marcelo Grosso, al tiempo que reiteró que corresponde la absolución de Olea.

 

«Que se tenga en cuenta la totalidad del testimonio»

 

Cecilia Maletti

 

En una de las pocas intervenciones extensas que se anotó durante este juicio la defensora María Cecilia Oviedo, dijo durante las réplicas defensistas que la defensa de Francisco Julio Oviedo -suboficial de inteligencia y su padre- exige que se tenga en cuenta la totalidad del testimoni de Pedro Maidana, porque sostienen que no se condice con la acusación que pesa sobre su defendido.

«El hecho que fue descripto no tiene correlato con la prueba», dijo sintéticamente el codefensor Hernán Elizondo.

 

«Sin víctimas no hay victimarios»

Cecilia Maletti

El defensor del comisario rionegrino Oscar Del Magro, Rodolfo Ponce de León, en una extensa dúplica, reiteró el término de «caníbales» para con la querella del Ceprdoh, y aunque intentó pedirles disculpas si las ofendía, volvió a calificar a las abogadas de «megalomaníacas» al tiempo en que justificaba el porqué se había referido a las víctimas como no víctimas.

«No se cómo puedo ofeder el pudor de nadie cuando digo que no son víctimas los que no son víctimas», arrancó el abogado quien a diferencia del resto de los defensores, remarcó que no citó la teoría de los dos demonios ni la guerra sucia, porque «hubo terrorismo de Estado, lo dije desde el primer momento  refiriéndome al 16 de junio de 1955»

«Toda víctima posee su victimario, que está sujeto a reglas del código penal, si no lo son, no hay víctimas», justificó Ponce de León; y en la misma línea volvió a cargar contra las abogadas del Ceprodh con el argumento de que al acusar por genocidio «acusan mal profesionalmente».

Aseguró que los hechos existieron, las desapariciones forzadas «son ausencias que existen», dijo que las torturas exitieron; pero que no estaban imputadas individualmente a ninguno de los acusados.

«Se describen hechos que no se condicen con los que describen las víctimas», insistió en tanto planteó que al no asignársele qué conducta le correspondía a los imputados, sólo e hacía «un discurso demagógico para recibir el aplauso de la platea, eso fue lo que se vio durante las réplicas de la querella», finalizó mientras pedía la absolución de su defendio.

 

«Nos sometimos a las reglas del juego»

Matias Subat

Los defensores Eduardo Peralta, Gabriela Labat y Alejandra Vidales insitieron en la absolución de los 14 defendidos a los que representan en este juicio e iniciaron las palabras con una réplica a la fiscalía -que les dijo que pedían la nulidad pero habían convalidado el proceso con su presencia- , a quien le indicaron que «nos sometimos a las reglas del juego»,  insistió con los argumentos técnicos que se virtieron en los alegatos generales y que cumplió su labor de «análisis de la prueba en beneficio de nuestros defendidos».

Aseguró Peralta que seguirá siendo una «defensa técnica eficaz» yconsideró que sus dichos sobre venganza, que planteó por las penas solicitadas para los acusados, habían sido mal interpretados. «No voy a ser un mero convalidador de conductas», sostuvo el jefe del equipo fiscal, mientras que la codefensora Labat  insistió en que «se hizo una interrelación de toda la prueba, una valoración global y acertada» y que no hubo sezgo, como se les endilgó.

«Se nos dice que buscamos manipular al Tribunal, y esto ofende la inteligencia» de los participantes en el juicio, criticó. Agregó que lo que hizo la defensa oficial, fue poner en evidencia «las groseras deficiencias» de la requisitoria fiscal con la que se llegó al juicio.

 

«No fue una visión sesgada»

Matias Subat

Los defensores de los militares Jorge Eduardo Molina Ezcurra, Sergio Adolfo San Martín, Gustavo Vitón, José Ricardo Luera y el médico militar Hilarión Pas Sosa -Hernán Corigliano y Paola Rubianes-  insistieron en que no hubo una «visión sesgada» de la realidad, sino que se remitieron a la «guerra revolucionaria» que quedó demostrada en la causa 13, del juicio en 1984  a los ex comandantes militaresque tomaron el poder en 1976.

Rubianes reiteró que no hubo en los 180 testigos ninguno que nombrara a los oficiales de inteligencia Molia Ezcurra y San Martín como los autores de las torturas por la que están acusados en los 39 casos por los que se llevó a cabo este juicio.

insistió en los «testimonios discordantes», basados en testigos «algunos inconsistentes, otros asimétricos y en algunos casos, falaces», por lo que no había un cuerpo probatorio ni siquera indiciario que llevara a una misma conclusión. Cargó contra la fiscal instructora Cristina Beute y dijo que los alegatos de los acusadores habían sido una «sala literaria» que no se condecía con el proceso penal.

«Esto es un proceso judicial, no se falseó la historia, se justificó : hubo una guerra civil revolucionaria y así lo estableció la causa 13/84 que está firme y confirmada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación», reclamó Corigliano, mientras que insistió en que ese contexto histórico de la guerra sucia y la teoría de los dos demonios «está judicialmente probado»; por lo que se sintió contrariado por las acusaciones que recibió en manifestaciones públicas y comunicados.

Cecilia Maletti

«No les corresponde la categoría de lesa humanidad, no se puede aplicar con retroactividad el derecho y esta era una categoría que no existía en el momento de los hechos», volvió a reiterar  en tanto le respondió al fiscal Grosso que «las nulidades no pueden ser convalidadas por nadie, fue confirmado así y me tengo que sentar aquí y respeto al tribunal aunque en mi opinión no corresponde esta integración. La acusación está viciada de nulidad, es un instrumento defectuoso y por eso más lo que dije antes, es que pido la absolución», finalizó.

 

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