“Pensé que me iban a matar”

La psicóloga Graciela Vicente vivió un calvario los siete días que la mantuvieron secuestrada en la comisaría de San Martín de los Andes y en el escuadrón Junín de los Andes de Gendarmería Nacional. Encadenada a un camastro y vendada sufrió tormentos físicos y psicológicos que la pusieron al límite de su resistencia.

“Mi estado era de pánico, me acusaban de terrorista, me decían que en mi casa habían encontrado panfletos subversivos y cocaína, y era una absoluta mentira”, relató la mujer. Cuatro meses antes había llegado a San Martín de los Andes desde la Capital Federal y ejercía su profesión en los hospitales de esa ciudad y la cercana Junín de los Andes.

En la detención identificó al gendarme Jorge Emilio Sacchitella, coincidiendo con otros de los detenidos y secuestrados en esos días. Puntualmente relató que fue presa junto al matrimonio que integraban la docente María Luján Gómez y el agrimensor Osvaldo Ubaldini, con quienes realizaban actividades laborales.

“Nos atendió Sacchitella en San Martín y de ahí nos llevaron, esposados, a Junín. Nos insultaban y nos acusaban de guerrilleros y yo nada que ver con eso. Ahí me dio un ataque de nervios porque pensé que nos iban a matar. Los compañeros lograron calmarme”, añadió.

Tenía 25 años cuando soportó esa situación que la marcó para el resto de su vida. “Me sacaban fotos de frente, de perfil, como si fuera una delincuente. Me interrogaban todos los días. Eran tres, a los que no pude identificar. Me preguntaban varias veces lo mismo, para confundirme. Querían que los les dijera que Gómez y Ubaldini eran peligrosos y que si lo decía yo obtenía algún beneficio. Pero yo no podía decirlo porque sabía no eran subversivos, así que no dije nada”, señaló quebrada por el dolor al revivir el horror que debió afrontar.

Agregó que además de Sacchitella también reconoció al coronel Cabrera como integrante de la patota que la secuestró. Mencionó que durante la detención fue revisada por el doctor de Gendarmería, Luis Arrué.

La incertidumbre dominó sus ánimos porque en un momento alcanzó a ver en Junín a “Fito” Gómez y Cristian Varela, que en ese momento era su novio.

Finalmente, sin que le dieron ninguna razón por la que la habían detenido, la liberaron. Como habían venido sus padres a buscarla, por iniciativa de su progenitor fueron a Gendarmería a pedir explicaciones de por qué había sido víctima de las torturas. “Pero nos trataron muy mal, a mi padre le dijeron que quién era él para pedir explicaciones y ordenaron que nos retiráramos”, dijo.

Dijo que supo que el matrimonio Ubaldini-Gómez no tuvo la suerte de ella y que los habían trasladado a Neuquén. Posteriormente se enteró que debieron exiliarse en México.

Con la recuperación de la democracia regresó a San Martín de los Andes en 1983, donde reside hasta ahora. “Agradezco mucho esta oportunidad de poder contar lo que pasó y por el respeto que se me brindó. Esto tiene un gran valor para todos los ciudadanos”, le dijo la mujer a los jueces al cerrar su testimonio.

Néstor Mathus #CoberturaColaborativa

Sindicato de Prensa de Neuquén

“Yo quería morir, pero la muerte no llegaba”

Sergio Armando Pollastri conoció a Enrique Jorge Esteban en la Universidad de La Plata, cuando él estudiaba abogacía y Esteban y su entonces novia y luego esposa, María Teresa “Maite” Oliva, cursaban periodismo. Pasaron los años y se reencontraron en Neuquén, todos ejerciendo sus profesiones.

Juicio Escuelita Vl 18junio2019 Maite Oliva FOTO Oscar Livera 018

Al brindar su testimonio por videoconferencia desde Buenos Aires, donde reside, sobre los tres meses que compartió con Esteban en la U9 de Neuquén -los liberaron el mismo día-, puso el acento en la crudeza con la que Esteban le contó los horrores que había sufrido cuando lo torturaron durante su cautiverio y las circunstancias que habrían motivado la ilegal detención del periodista.

Puntualizó tres observaciones en el relato de Esteban del tortuoso calvario al que fue sometido, entre otros medios, con la aplicación de picana eléctrica. “Una, cuando uno de los torturadores le decía que había bajado la orden de fusilarlo y que aprovechara de escribirle una carta de adiós a su familia, que se la harían llegar. Al otro día le decían que habían decidido no matarlo”, señaló.

Otra cuando los torturadores jugaban con el dato de hacerle creer que su esposa también estaba detenida. Una vez preguntó si Maite estaba en el mismo lugar y le dijeron que no se lo podían decir, pero que una ocasión vio una bombacha colgada y creyó que era la de su mujer.

“La tercera es que a medida que pasaban las sesiones de tortura, cada vez se le tornaba más imposible soportarla. Ante ello y para hacer cesar el sufrimiento había decidido no resistir más y dejarse morir. ‘Yo quería morir, pero la muerte no llegaba’, me contó. Me dijo que ‘en algún momento me di cuenta de que esa decisión estaba fuera de mí, de mi voluntad. Era alguien que me decía que tenía que seguir resistiendo… Ese algo era Dios’. Yo no sabía de sus creencias, pero evidenciaba que había retomado su fe católica”, señaló Pollastri.

Le contó también que tuvo la sensación cierta de haber escuchado cómo un joven, cerca de él, fue torturado hasta que lo mataron.

En cuanto al por qué los represores secuestraron a Esteban y Maite, lo atribuyó a un episodio que involucró a Luis Borris, un joven que llegó a Neuquén buscando los medios para salir del país porque venía siendo buscado por los represores.

“Yo lo alojé en mi casa, porque era hijo de una amiga de mi suegra”, dijo el testigo y precisó que acudió a Esteban para comentarle  la situación, ante lo cual el periodista se encargó de hacer una colecta para que Borris pudiera irse del país.

“Al día siguiente vino Esteban y me dejó un sobre con el dinero. Cuando lo secuestraron pensé que el hecho pudo estar relacionado con este episodio, pero Esteban ni conocía a Borris”, sostuvo.

En su testimonio Maite también remarcó que su esposo no conocía a Borris.

024 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Pollastri precisó que en los interrogatorios a los que fue sometido en la cárcel, un mayor de apellido Funes le dijo que lo acusaban de haber ayudado a huir a Luis Borris.

Comentó que cuando supo del secuestro de Esteban, junto a Maite y otra persona fueron al Comando a reclamar y que su decisión personal fue la de relatar los hechos en torno a Borris. Días después lo detuvieron en su lugar de trabajo.

Esta visita al Comando fue decidida tras una entrevista que mantuvieron con el obispo Jaime De Nevares, quien de algún modo les garantizó protección para esa gestión.

Néstor Mathus /#Cobertura Colaborativa SPN

Los fundamentos de la condena del Tercer Juicio

El tribunal Oral Federal que condenó a Di Pasquale, Soza, Farías Barrera, Hilarión Sosa y Mario Gómez Arenas el 14 de mayo pasado, dio a conocer hoy a las 13 en el salón de Amuc, la sentencia completa, con los fundamentos del veredicto ya conocido.

La audiencia formal de cierre del juicio se produjo a las 13, con la presencia de la defensora Laura Giuliani, el fiscal Adrián García Lois y el querellante Juan Cruz Goñi.

Matías Subat 11 marzo 2014

 

Porqué sólo le dieron seis años a Soza, cómo valoraron los jueces los testimonios, qué dijeron de las inspecciones oculares, porqué no le creyeron a Di Pasquale. Todo aquí en los fundamentos.

Sentencia Tercer Juicio. Tramo Di Pasquale

 

El juicio que sigue..

Hay tres expedientes que fueron elevados a juicio para un cuarto debate. En total son más de 25 víctimas de las cuales hasta ahora nunca se ventiló su caso. Además de los ya juzgados, se sumó la responsabilidad de policías federales en este proceso oral que no tiene fecha.

Las defensas recusaron al tribunal que designó Casación para  este tramo, compuesto por Eugenio Krom, Richar Gallego y Orlando Coscia, y el trámite ingresó en mayo en la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

 

 

foto: Matías Subat

Sindicato de Prensa de Neuquén

Cinco condenas

Los jueces Leónidas Moldes, Diego Barroetaveña y Richar Gallego condenaron a los cinco acusados por los secuestros y torturas que se ventilaron en este tercer juicio.

Matías Subat

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“Desde la casa de Camarelli se veía todo”

“Desde todos los sectores se puede ver hacia la parte de abajo donde estaba la gente detenida, secuestrada, torturada, desde todas las ventanas de la casa de Camarelli”, afirmó el querellante Marcelo Medrano al término de la inspección ocular en la comisaría de Cipolletti.

Oscar Livera

En el edificio contiguo a la comisaría cuarta de Cipolletti, los jueces recorren lo que fue la casa del comisario Camarelli en 1.976.

El tribunal recorrió los sectores internos de la comisaría cipoleña y luego se trasladó al edificio contiguo, que en 1976 era la vivienda de la familia del comisario. En esa fecha, el jefe de la comisaría era Antonio Alberto Camarelli, quien sostuvo en el juicio anterior que no supo de víctimas de tortura a partir de 1976 allí porque la unidad había sido “copada” por los militares, y no supo qué pudo ocurrir.

En este tercer juicio no había policías rionegrinos imputados, sin embargo, el tribunal consideró importante hacer la inspección ocular como lo hizo antes en el lugar donde funcionó el centro clandestino “La Escuelita”, en la sede de la policía Federal de Neuquén y en la comisaría de Cutral Co.

Oscar Livera

El juez Moldes desde la unidad policial a la casa del comisario, al lado.

“Las inspecciones tanto de La Escuelita, como de la comisaría de Cipolletti, Cutral Co y la policía Federal nos permitió constatar que fueron centros clandestinos de detención y de tortura. Que las víctimas recorrieran a la par nuestro, aunque fuera más doloroso, nos permitió tomar conciencia de que era imposible no escuchar las torturas que se produjeron en la comisaría de Cipolletti”, dijo Medrano.

En su opinión, la recorrida despejó toda duda sobre qué pudo y qué no pudo ver el comisario Camarelli, aunque estuviera “recluido” en su casa. “En la casa de Camarelli supuestamente había una puerta que teóricamente estaba arriba, pero desde todos los sectores se puede ver hacia la parte de abajo”, donde estaban los calabozos. “Desde todas las ventanas”, reafirmó.

Agregó también que se caía el argumento vertido en el anterior debate en cuanto a que la comisaría estaba pegada a una escuela, y que los chicos o los maestros tendrían que haber escuchado algo. “Entre donde estaban los secuestrados y la escuela hay casi una manzana, porque la escuela está sobe el otro sector, casi sobre la calle”, dijo.

La querella del Ceprodh fustigó duramente que no se hiciera la recorrida junto con sobrevivientes que hubieran estado detenidos en esta unidad policial, como ocurrió con Cutral Co, La Escuelita o la oficina de la Federal en Neuquén.

Oscar Livera

Ivana Dal Bianco, Natalia Hormazabal (Ceprodh) y Marcelo Medrano (secretaría de Derechos Humanos de Nación.

“Aquí funcionó un centro de torturas a pesar de que el año pasado en el juicio anterior se garantizó la impunidad a la policía de Río Negro. Pudimos ver la casa de Camarelli que es la que está arriba, desde donde se ve todo, se escucha todo, los calabozos están de allí a corta distancia; ellos eran parte de ese centro de torturas adonde trasladaban a los compañeros”, dijo la querellante Ivana Dal Bianco.

La recorrida no fue con sobrevivientes

Cipolletti fue la única inspección ocular sin participación de sobrevivientes que hubieran pasado detención en ese lugar. Hubo víctimas que estuvieron en la vereda, pero se trataba de personas que habían sido detenidas en Cipolletti y sus causas no formaron parte de este tramo, como el caso de Gladis Sepúlveda -su caso está en el juicio que se realizará en Bahía- o Eduardo París, cuyo caso de secuestro y torturas aún no llegó a juicio.

Oscar Livera

Los jueces en la zona de ingreso a la guardia de la comisaría de Cipolletti

“En realidad se hicieron las inspecciones oculares de los cuatro lugares que funcionaron como centros clandestinos, pero en este tramo que se está juzgando no hay imputados que sean de la comisaría de Cipolleti, sino del Ejército y Soza, que es de la policía Federal”, explicó Medrano.

Para el Ceprodh, fue el tribunal “el que no permitió la presencia de sobrevivientes, que hubiera sido un aporte importante como el resto de las inspecciones oculares”. Insistió en que “la prueba la siguen aportando los sobrevivientes, no es el Estado porque no abre los archivos de la dictadura, no es la policía porque siguen escondiendo la verdad de lo que pasó, son los sobrevivientes; se condena a los genocidas por las pruebas que ellos aportan”.

Sostuvo que la recorrida en Cipolletti demostró que los croquis que armaron los sobrevivientes, como los hermanos Pailos “son dibujos que coinciden exactamente con lo que fueron estos lugares”.

Oscar Livera

Los jueces aseguraron que los autorizados a recorrer el lugar, no fueron.

Según sostuvieron los jueces Leónidas Moldes, Diego Barroetaveña y Richar Gallego, “fue una medida muy importante” la que se obtuvo al término de las inspecciones. Con respecto a la no presencia de testigos – víctima en Cipolletti, los magistrados fueron taxativos al indicar que “no vinieron las personas que estaban facultadas para hacerlo (la inspección). No hubo una decisión contraria, las que son partes pueden intervenir, y no vinieron”.

 

Oscar Livera

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén, marzo 2014-

fotos: Oscar Livera

Inspecciones oculares

Hoy lunes el Tribunal Oral Federal finalizará las inspecciones oculares en los centros clandestinos de detención.

Los jueces Leónidas Moldes, Diego Barroetaveña, Richar Gallego y Luis Lozada se constituirán a primera hora en Cutral Co,  en la comisaría, y por la tarde lo harán en la comisaría de Cipolletti.

 

Oscar Livera

La comisaría de Cipolletti el año pasado, durante la señalización como centro clandestino.

 

La inspección ocular en ambas comisarías donde permanecieron desaparecidos una gran cantidad de víctimas de la causa, será la finalización de las pericias. En Cutral Co está previsto a las 12, y en Cipolletti a las 17.

Señalizacion Cria 4ta Cipolletti Río Negro 30 mayo 2013 SPN

El martes, a las 9, las audiencias continuarán en la sede de Amuc del Tribunal Oral Federal, con las declaraciones del ex militar de inteligencia, Jorge Di Pasquale (otra vez) y del ex subcomisario de la delegación federal de la policía neuquina, Jorge Soza; según anunció la defensora oficial Laura Giuliani.

 

Oscar Livera

Señalización del centro clandestino, mayo 2013-

 

La continuidad de las audiencias serán el 19 , 20 y 21 de marzo con los alegatos de la acusación (querellas y fiscalía), mientras que el 3 y 4 de abril será el turno de los alegatos de las defensas de los acusados.

El 8 de abril será el tiempo de que los acusados digan sus últimas palabras y se conozca la fecha del veredicto

 

Oscar Livera

Mario Gómez Arenas, Jorge Soza, Luis  Farías Barrera, Jorge Di Pasquale, Hilarión Sosa en la apertura del juicio, 17 y 18 de octubre de 2.013.

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

Marzo de 2014

fotos: Oscar Livera

En la Federal, Balbo reconoció la mesa donde fue torturado

“Esa era la mesa, tenía solamente la tabla de arriba porque le cambiaron las patas”, dijo “Orlando” Nano Balbo al finalizar la inspección ocular en la delegación neuquina de la policía federal; el lugar donde Raúl Guglielminetti le reventó los tímpanos en la tortura de marzo de 1976.

Matías Subat

La inspección fue por la tarde en el lugar que fue considerado como centro clandestino de detención y tortura durante la última dictadura cívico-militar.

Balbo reconoció el interior del edificio, el sótano y la mesa donde lo interrogaron y atormentaron durante su cautiverio. En rueda de prensa  confirmó que “ahora la mesa está en una construcción nueva, que está al fondo”.

“Les dije `esta es la mesa`, entonces ahí se empezaron a buscar los números de la mesa; aunque la pata es otra, está apoyada”.

Matías Subat

Son los últimos tramos del tercer juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

El recorrido fue encabezado por los integrantes del Tribunal Oral Federal, que fueron acompañados por los abogados de la Fiscalía, la querella, la defensa.  “Nano” Balbo,  fue junto con su hija para que le ayudara en la comunicación con los jueces.

Matías Subat

Nano quedó sordo luego del paso por la Federal en marzo de 1976.

El explicó que “ésta no es una visita que yo haya elegido, pero el tribunal me hizo sentir bien y empezó a tener sentido lo que estaba haciendo” y agregó que “esta vez me dije, esta vez de acá salgo por mis propios medios; la otra vez no sabía, entonces fue para darle sentido y cerrar una etapa”.

Indicó que “a título personal para mí es bueno; si eso contribuye a la causa, si esto contribuye a lo que espero del juicio, eso escapa de mi”.

Sobre la inspección señaló que “me pidieron que haga un croquis de la mesa, hago un formato sin darme cuenta, era la mesa; lo que se conserva es la tabla, le han cambiado las patas, es una mesa de 3,75 porque la midieron, la van a buscar en el inventario”.

Tribunal en inspeccion ocular en La Federal

Balbo recordó que “Guglielminetti se sentaba en la punta de la mesa, siempre al alcance de su mano, iba a mi cara a cada rato”. “El sótano no aparece, está sellado; ahora sí, desde afuera estoy convencido, está ahí o lo rellenaron; porque era de las dimensiones de esa oficina”, sostuvo señalando la ubicación actual.

Explicó que “arriba había una oficina y abajo el sótano, tenía la altura de una habitación normal, a punto tal que la napa freática la había llenado de agua; el sótano estaba en desuso porque tenía una buena cantidad de agua y a nosotros nos dejaban en la escalera porque no había lugar donde ponernos”.

Matías Subat

También mencionó que “el pasillo que yo transité no está más; la puerta del sótano no está más y el sótano no está más; pero estoy seguro que está ahí, porque estoy seguro que es la última parte de la construcción”.

Balbo aseguró que “había algún tipo de luz, porque cuando se acostumbró mi vista, pude ver detalles; vi una puerta vieja reciclada, que es la del sótano, idéntica, solo que aquella era ciega y esta no es ciega; es una construcción de puerta de hace cincuenta años con un pedazo fileteado, labrado”. Además indicó que “el sótano no aparece, no hay planos originales, aparentemente hay planos de la reforma”.

Al recordar su ingreso como detenido al edificio, Balbo señaló que “Guglielminetti me tapaba y básicamente era para no ver a los detenidos” y se preguntó “cómo puede ser que los gritos de los torturados pueden estar apagados con la cantidad de paredes que se han levantado; si alguien se pone a gritar, fíjense el ancho que tiene la casa hacia atrás, tenía cuatro metros de dormitorios, dos metros de pasillo, cuatro metros más, en total diez metros y se acababa la construcción; un grito ahí tiene que escucharlo todo el vecindario”.

Orlando Balbo y Labrune Inspeccion en la Federal

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

fotos: Matías Subat

Los Ragni por Oscar

Antonio Oscar Ragni y la madre neuquina Inés Rigo de Ragni serán los protagonistas de la primera jornada de reapertura del Tercer Juicio por delitos de lesa humanidad de Neuquén este jueves con el testimonio por la desaparición de su hijo Oscar Alfredo Ragni.

 

Matías Subat

 

Para el 6 de febrero está prevista también la declaración de David Lugones, sobreviviente del centro neuquino de detención clandestina que a los 19 años compartió el cautiverio en tiempo y lugar con Oscar Ragni.

 

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“Eran tan terrible los golpes, que deseaba llegar a la sala de torturas”

Benedicto del Rosario Bravo militaba en el peronismo en 1976 y había adherido al Partido Auténtico, y “en la creencia de que no iba a ser tan horroroso como ocurrió”, sacó un comunicado político repudiando el golpe cívico-militar de ese año.

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“En septiembre de 1976 comenzó el hostigamiento, habían secuestrado a Patricio Dillón del Quintu Panal y firmé un comunicado en contra del golpe. Me llegó una citación la policía de la comisaría tercera de Roca, que me decía -escrita a mano- que me tenía que presentar en el Comando” de Neuquén.

 

Cuando se presentó en el lugar “el de la mesa de entradas sacó a los soldados -conscriptos en servicio obligatorio- y entraron tres oficiales; dos me agarraron por las manos y el tercero me dio un golpe que me aturde y cuando me estoy despertando estaba vendado, en el piso de un auto y con un borseguí en la cabeza”, le dijo al tribunal.

 

Benedicto Bravo dijo que como electricista, sabía que estaba a bordo de una Ika Gladiator doble cabina. Así lo llevaron a “La Escuelita”, donde fue esposado a un camastro y reconoció las voces de Oscar Paillalef y de Enrique Teixido. Mientras permaneció desaparecido, todos los días fue llevado al galpón de chapa. Los guardias le pedían que se agachara y le pegaban cuando lo hacía; que corriera, y cuando lo hacía pisaban las cadenas que ataban sus pies y se caía; y cuando se agachaba porque así lo exigían, le pateaban fuertemente en “el culo” como para que quedara a un par de metros de bruces, al estar con las manos encadenadas y los ojos vendados. “Cada vez que me llevaban, era terrible, lo único que quería es llegar a la sala de torturas porque no daba más, era un descanso llegar a la sala de torturas para que no me pegaran más”, dijo Bendicto.

 

En el galpón de chapa nunca hubo preguntas, “sólo se reían de mi vida personal, conocían detalles de mis cosas, de mi vida, me ponían un cinturón con electrodos mojados en la cabeza y decían: ‘dale manija’. Escuchaban radio de Cipolletti y tomaban mate en otro lado”, describió.

 

En la tortura donde no había preguntas sino “manija”, Benedicto “no podía ni gritar, porque la picana me achicaba la lengua y se ponía gruesa. Cuando salí, no le dije nada a nadie, ni siquiera a mis hijos, no porque me hiciera mal, sino por no infundir temor o miedos en ellos”. Opinó que “el miedo es parte del ser humano, lo único que intenté siempre es que no se transformara en cobardía”, y por eso dialogó con uno de los represores que había en “La Escuelita” el día que lo retiraron del centro clandestino. Lo llevaron junto con Paillalef al Comando y de allí lo liberaron. “Me dijo ‘acá tenés tu DNI y plata para que te vayas en colectivo (a Roca), estuve hablando y no tenemos nada’. ¿Y usted quién es?, le pregunté, entonces respondió: ‘yo soy el mayor Farías Barrera’”.

 

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Pido Justicia

 

“Así fue lo que viví, pero luego no podía ni trabajar en el taller de electricidad, porque cada uno que entraba yo me iba a esconder, porque pensaba que me iban a llevar. Así fue que con mi patrón quedamos en que me iba por un tiempo, y durante un año me fui a trabajar a Chile. Si me hubiera quedado en Roca, no sé si me hubieran ido a buscar otra vez; en Chile me sentí acompañado por el pueblo chileno en plena dictadura de Pinochet; también me sentí acompañado por la Iglesia: sé que hubo dos Iglesias, a mí me tocó una, la de Hesayne (Miguel Esteban, obispo de Viedma) que siempre fue cercana a mis principios cristianos y peronistas. No estoy acá por ego de decir que éramos mejores, ni para dar lástima; sólo vengo por el compromiso de que los juzguen, porque así nos vamos a convertir en un país con dignidad. “No vengo por odio ni venganza, sólo por Justicia. No podemos olvidar un genocidio porque sino veremos el odio, la venganza y la tortura como algo natural”, insistió Benedicto Bravo ante los jueces.

 

 

 

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

 

“El cielo más azul de mi vida”

Oscar Paillalef tiene 63 años y esta fue la segunda declaración que hizo en los juicios que se llevan a cabo por los delitos de lesa humanidad en Neuquén y Río Negro.

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Fue detenido a los 26 años por una patota que lo secuestró y lo vendó cuando se presentó (por una citación in voce que le hizo la policía de Río Negro en su casa en Roca) en el despacho de Oscar Lorenzo Reinhold, el 19 de septiembre de 1976 por la mañana. Fue vendado y llevado directamente a la tortura en “La Escuelita”, donde permaneció desaparecido más de 10 días. Luego quedó detenido en la U9 y terminó su periplo de humillaciones en Rawson, el penal que los sobrevivientes describen como el de los golpes y la tortura psicológica permanentes.

 

“A media cuadra me esperaba mi familia. Ese día he visto uno de los cielos más azules que he visto en mi vida”, recordó.

 

Con la venda puesta, desde el Comando lo llevaron al entonces Batallón 181 en septiembre de 1976. “Reinhold me dijo que necesitaba hacerme un interrogatorio; tenía una vida pública en Roca y no nos ocultábamos, éramos de la Juventud Peronista”, dijo ante los jueces.

 

Describió que ni bien se fue su padre del lugar “una patota que estaba contigua a su despacho me ata con cadenas, me vendan, eran tres o cuatro; dieron muchas vueltas como para perderme pero igual me di cuenta que estábamos camino al Batallón; allá pidieron permiso para entrar, me bajaron a los golpes y me ataron a una cama de pies, manos y también por el cuello con una cadena”, describió.

 

Los guardias de la “Escuelita” lo golpearon continuamente y también “nos amartillaban un arma en la cabeza”, mientras estaban en los camastros. A los golpes también lo llevaron a una dependencia afuera, hecha de chapa, “siempre a los golpes, donde había una cama en la que se hacía el interrogatorio”.

 

El torturador que se identificaba como “Pedro” y un ayudante le preguntaban qué hacía y a qué personas conocía. “Me ponían cables en las muñecas y en las sienes y con una maquinita le daban corriente: el cuerpo se contorsiona, se levanta, a uno se le traba la lengua y se siente que le estalla la cabeza, es una sensación muy desagradable”, describió Oscar.

 

Los días transcurrieron de la misma manera. En la radio, a todo volumen, se anunciaban las actividades por el día del estudiante. El testigo recordó que durante la permanencia en “La Escuelita” había “un gordo que aparte de pegar mucho, nos amartillaba en la cabeza, cada vez que nos llevaba al baño nos daba muy duro en la cara y el cuerpo, y se agitaba. Día de por medio, aparecía Pedro” y volvía la sesión de picana en la casilla de chapa.

 

El último día

 

“El último día que estuve allí me llevaron a la sala de chapa, pero me hicieron dar vuelta y ver unas fotografías donde estaba mi hermano, era la foto del documento. Me sacaron una foto y me decían que era candidato a que me tiraran al lago Pellegrini; apareció alguien al que le decían jefe, que hizo preguntas médicas y que dijo que como estábamos, parecíamos todos muertos. Me pusieron una manta, me sacaron las esposas que ya me habían cortado la piel y me subieron a una camioneta vendado junto con Benedicto Bravo, a quien conocía de Roca. Bajamos en el Comando y Benedicto hablaba algo con el gordo que pegaba muchísimo y se agitaba; y luego me llevaron a una sala donde había uniformados de azul (penitenciarios) y me llevaron a la U9, donde permanecí hasta febrero de 1977, cuando me llevaron a Rawson”.

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Cárcel y malas noticias

 

Paillalef describió que mientras permaneció en la U9 como preso político, supo que en noviembre llegaron de Rawson Teixido, Ledesma, López y Cáceres, y que fueron de allí llevados a “La Escuelita” para volver dos o tres días después. “López tenía la espalda destruida, era un tajo al lado del otro”, describió.

 

Dijo que para cuando se lo llevaron a Rawson, en febrero, ya sabía que allá habían desaparecido Orlando Cancio y Javier Seminario Ramos. “Supimos de su desaparición, fue anterior a nuestra llegada a Rawson”, aseguró.

 

En la cárcel sureña “todo era golpes y humillación permanente; todo un sistema preparado para destruirnos; desde que llegamos nos recibió la patota de la requisa que nos bajó a palos del camión. La humillación no sólo era para nosotros, sino también para nuestros familiares que iban cada 45 días a visitarnos y sufrían requisas espantosas y humillantes para luego hablar con nosotros a través de un tubito que pasaba por un vidrio” describió.

 

Paillalef analizó que con la detención y tortura “querían destruir todos los valores de nuestro país, a todo el que tenía alguna actividad. Nosotros hacíamos trabajo en los barrios, tareas como conseguir el gas para los vecinos, mejorar la salita, era un orgullo pertenecer a la Juventud Peronista y se intentó destruir todo eso”.

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

Genga: “Los interrogatorios eran brutales”

Luis Alfredo Genga era el director de la escuela 50 de Cipolletti,  que en la zona era conocida como “la de Confluencia”, cerca del puente carretero. El 25 de marzo de 1976, al día siguiente del golpe cívico-militar que encabezó Jorge Videla, lo fueron a buscar a la casa que ocupaba dentro del establecimiento educativo.

Matías Subat

El no estaba pero le revolvieron todas sus pertenencias y le llevaron objetos personales: libros, cartas, fotos. Los uniformados habían actuado con suma violencia, atemorizando a las maestras y los alumnos.

Entre las cosas que le llevaron había documentación del gremio de los docentes, Unter, de la que había sido uno de los fundadores y era secretario general en aquel entonces. También era dirigente de la Ctera, la organización de los maestros a nivel nacional.

“Que se presente en la comisaría”, fue la orden que le dejaron a la maestras para Genga. Pero conocedoras de que se producían secuestros, le juntaron su ropa, le dieron “dos sueldos” y le sugirieron que se fuera del país.

“No me quería ir, así que me presenté en la comisaría. Me esperaban Camarelli (Antonio, comisario) y otro de apellido Vitón (Gustavo, militar asignado tras el golpe para comandar la zona). No me torturaron, pero fui sometido a un insidioso interrogatorio difícil de soportar”, relató ante los jueces.

Las preguntas giraban en torno a su condición de gremialista y le pedían datos de otros dirigentes, de Alfredo Bravo que dirigía la Ctera, y de las autoridades del sindicato docente de Neuquén.

Lo liberaron, pero en septiembre de ese año, cuando estaba en la casa de Cristina Botinelli junto con Silvia, hermana de Cristina y desde entonces su pareja, y un amigo de apellido Villafañe, fueron secuestrados por dos personas -entiende que habría más afuera de la casa-, quienes actuaron con suma violencia, particularmente contra él, a quien golpearon con un arma y los desmayaron.

Previo paso por lo que cree era la comisaría de Cipolletti, los llevaron a La Escuelita que funcionaba en los fondos del Batallón en Neuquén.

Reconoció el lugar porque había ido previamente a buscar materiales de construcción que el Ejército aportaba para la escuela. Puntualmente ubicó lo que fue el centro clandestino de detención y tortura porque, en esas ocasiones en que fue a buscar cemento, hierros y otros elementos, lo identificó como la caballeriza. “Era un lugar donde había habido algo relacionado con animales”, relató.

Contó que ahí, junto con las hermanas Botinelli y Villafañe, los tuvieron dos semanas y fueron sometidos a “interrogatorios brutales”, en los cuales, en su caso, lo castigaban con tormentos hasta hacerle perder el conocimiento.

“Cuando me desperté, uno me pegaba en la planta de los pies. Primero pensé que era una reacción de mi cuerpo ante el castigo recibido, pero me di cuenta que era torturado”, dijo.

Matías Subat

Comentó que pensó que pudo haber un médico presenciando las sesiones de tortura, pero que obviamente en ese momento no lo supo. “Después sí supe que había habido un médico”, señaló.

El médico que actuaba en el Batallón era Hilarión de la Pas Sosa, uno de los imputados en el juicio.

Dijo que entre los 18 ó 20 detenidos que había en La Escuelita, reconoció a Marta Decea, de Cinco Saltos, y al doctor Enrique Teixido, de General Roca. A éste, señaló, en una ocasión le pidieron que revisara a Decea, que padecía dolores y sugirió una medicación.

“Cuando estaba en el límite de la resistencia durante las torturas, venía luego el interrogatorio. Cuando había pasado la parte más cruenta del interrogatorio aparecía una persona que se identificaba como Pedro. Pedro aparecía como el más manso y empezaba a hablar calmo”, dijo.

Añadió que (Pedro) “conocía todo de mi familia, porque me decía por qué había dejado a Elena Meraviglia, que había sido mi esposa y que fue abandonado, presuntamente cerca de Barda del Medio, deteriorado física y mentalmente al extremo.

Hizo un dramático relato de su estado corporal y de su reencuentro con las Botinelli. Si bien intentó seguir en el país, finalmente en 1977 optó por irse a España, donde con Silvia Botinelli –su mujer actual- tuvieron tres hijas.

 

Matías Subat

 

“Me fui del país porque llegué a sentirme un leproso, que comprometía a la gente con la me contactaba”. Volvió a Argentina en 1992 y actualmente es secretario de Derechos Humanos de la Ctera.

 

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“El exilio te deja dividido para siempre”

“El exilio tiene muchos costos, y nunca se termina de pagar. Uno queda dividido para siempre”, dijo Marta De Cea al final de su testimonio durante la audiencia que se llevó a cabo por la tarde de hoy.

 

Marta De Cea
En una síntesis precisa de su secuestro, detención y tortura, desde México Marta contó cómo fue arrancada de su casa por una patrulla que se identificó ante la policía local como “federales”. Continue reading

“Farías Barrera fue mi dueño político”

Juan Isidro López tiene 82 años, estuvo detenido entre 1974 y 1976 en la cárcel federal de Neuquén, en “La Escuelita” y en el penal de Rawson. Aseguró que el mayor Luis Farías Barrera fue quien realizó sus traslados y quien lo liberó, mientras que “el dueño de la tortura fue Guglielmineti”.

 

 

Cecilia Maletti

Con un relato un poco confuso en relación a fechas y momentos, López fue el segundo testigo de la jornada de la mañana de hoy, 19 de diciembre, en el tercer juicio contra represores en la región.

Después de López, Pedro Trezza, otro de los sobrevivientes de “La Escuelita”, se quejó por tener que ir nuevamente a dar su testimonio al tribunal. Los jueces le concedieron que no lo hiciera. “Me pone mal volver a declarar lo que ya dije antes”, sostuvo Trezza en relación con su escueta declaración en el juicio de 2008.

Por el criterio del tribunal de Casación que habla de la “no revictimización” de los testigos – víctimas, los jueces accedieron a que se retirara de la sala sin prácticamente dar detalles de su secuestro y detención en “la Escuelita”, donde estuvo debido a que en 1976 mantenía una relación sentimental con una de las tres docentes entrerrianas que vivían en Cipolletti y fueron salvajemente torturadas, porque las acusaban de un atentado en Paraná. Las maestras tampoco declararon en este juicio.

A Isidro López los años y el sufrimiento de ese tiempo le jugaron una mala pasada. Sin embargo, el entonces jefe del personal del Comando de la Sexta Brigada de Infantería de Montaña, Luis Alberto Farías Barrera, estuvo presente en casi todo su testimonio.

Remarcó que no le guarda rencor, que el militar se portó “bastante bien” con él, y que de hecho hace unos años fue a verlo (Farías Barrera a López) para recordarle lo bien que lo había tratado. La “visita” de Farías Barrera, coincidió con la apertura de los juicios.

Mientras estuvo preso “no me dejó nunca”, indicó el testigo.Según el testimonio de López, el día del golpe cívico militar –24 de marzo de 1976- él ya estaba detenido en la U9. Allí reconoció a un policía federal de apellido Fonseca, de quien recibió malos tratos. López trabajó en la empresa Agua y Energía y estuvo en la construcción de la represa El Chocón. Aseveró haber sido dirigente “pero de los trabajadores, no de los gremios”.

Luego lo trasladaron a Rawson y después de algunos meses fue llevado junto con Pedro Justo Rodríguez y otros detenidos al centro clandestino “La Escuelita” de Neuquén. “Es el horror, escuchábamos hombres grandes llorando por lo que les hacían, también escuché a mujeres que creo eran de Entre Ríos. Yo trataba de no hacer mucho ruido para que no me vean”, recordó. “El torturador de todas las noches era Guglielmineti”, agregó. Varios días después fue sacado envuelto en una manta y trasladado a la U9, según declaró.

“Farías Barrera era mi dueño político. Pero el dueño de la tortura era Guglielmineti, no me voy a poder cobrar nunca lo que me hizo. Es un cobarde”, manifestó López. Al ser consultado por Farías Barrera, explicó que el militar fue quien estuvo en las detenciones y quien le prometió que iba a salir. “Él me decía ‘yo voy a cumplir una orden’”, remarcó.

De hecho, aunque su testimonio fue confuso sobre el tiempo y el lugar en que ocurrieron sus detenciones en Rawson, en la policía Federal de Neuquén, el traslado a “La Escuelita” y la tortura también en Rawson en una sede Federal, López describió que fue Farías Barrera quien lo retira de Rawson. “Me retira Farías junto con Cáceres y Ledesma”, indicó el testigo. Esto ocurrió en noviembre de 1976, y en diciembre del mismo año quedó en libertad después de dos años de cárcel y tortura.

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19 y 20 de diciembre

Las dos últimas audiencias de este juicio 2.013 tendrán como protagonistas (según el último cronograma informado) el 19 de diciembre  a Pedro Justo Rodríguez , que declarará desde el exilio en Londres por video conferencia.

Se escuchará el testimonio en la sala del sobreviviente Juan Isidro López y el de  Pedro Alfredo Trezza, también secuestrado en La Escuelita.  Por la tarde, desde Méjico y por sistema de conferencia, el testimonio de Marta De Cea programado a las 14, sobreviviente del centro clandestino de Neuquén, ex dueña de Libracos y docente universitaria hasta la gestión Remus Tetu.

 

Matías Subat

audiencia octubre 2013

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Teresa, hermana de Celestino Aigo, desaparecido

Desde ese momento nunca más lo volvimos a ver”, dijo Teresa Nivea Aigo, hermana de Celestino Aigo, vecino de Villa Florencia que desapareció a los 22 años una tarde de agosto de 1976.

 

 

Emiliano Ortiz 11 de abril 2012

 

 

Teresa testimonió cómo fue el secuestro de su hermano y los infructuosos intentos por dar con un rastro de él después de que se lo llevaron de su casa.

No hubo otros testimonios que pudieran aportar sobre qué ocurrió con Celestino después de que un comando encapuchado se lo llevara de la casa; no se lograron testimonios que lo sitúen en otro lugar ni fue “blanqueado” posteriormente por la dictadura. Su destino se ignora desde agosto de 1976.

Mi hermano vivía en mi casa, era agosto de 1976, era tarde cuando golpearon a la puerta personas que decían ser policías. Estábamos en la mesa, Celestino me tocó y me dijo “no hagan nada”. Siguieron golpeando y exigían que abriéramos. Cuando se abrió la puerta, entraron hombres encapuchados vestidos de militar y nos amenazaron de que si nos movíamos nos iban a matar. Estaba mi hermana mayor y mi cuñado, mi madre, Celestino y yo”, describió ante el tribunal.

Explicó que los dos jóvenes -su cuñado y su hermano- fueron sacados afuera de la casa y lo único que saben luego es lo que escucharon a través de la puerta. “Mi mamá lloraba y pedía que la dejaran salir, que qué estaban haciendo; y le decían que se calle o iban a matar a todos”, señaló.

Fue entonces que Teresa recordó un diálogo en el que una voz de la patrulla preguntó los nombres de ambos jóvenes “y escucho el nombre de mi cuñado, luego mi hermano dice Celestino Aigo; y entonces contestaron ‘ah…vos sos el famoso Chino Aigo’, y se sintió un golpe fuerte”, detalló.

Teresa explicó que la sensación en el interior de la casa donde estaban amenazados por los encapuchados armados era que “los iban a matar a palos”; mientras su madre gritaba y lloraba para que la dejaran salir.

Desde ese momento nunca más lo volvimos a ver. Mi mamá salió por las comisarías, mi papá volvió para buscarlo en la noche por todos lados; pero nadie respondía, pasaron los días y mis padres lloraban deprimidos; nunca más lo volvimos a ver. Fuimos a la comisaría de Bouquet Roldán, al Batallón 181 porque nos decían que podía estar ahí, pero venían con la misma respuesta, solamente les decían (a su papá y su mamá) que ahí no estaba. Mi papá duró nueve meses y después falleció a raíz del inmenso dolor”, dijo Teresa.

Explicó que al momento del secuestro ella tenía 14 años y su hermano Celestino 22. “Mañana cumpliría años”, dijo Teresa, que declaró el 11 de diciembre. El 12 su hermano cumpliría 65 años.

Antes de retirarse, le planteó a los jueces que “aún hoy mi madre lo espera, todavía reclama, continuamente lo espera en las navidades porque mañana sería su cumpleaños. Tiene 91 años y sigue esperando justicia”, dijo.

Me llevaron a mi hermano, acabó mi infancia cuando yo tenía 14 años”, afirmó.

 

teresanivea

 

 
Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

 

Di Pasquale recusó al fiscal Grosso

El imputado Jorge Di Pasquale recusó al fiscal Marcelo Grosso. Pidió que se lo separe del juicio por falta de “independencia y objetividad”. Continue reading

“Le apunté a Reinhold”

Rubén Ríos contó esta mañana que en 1976, después de haber sido detenido, torturado y liberado, fue a buscar al Jefe de Inteligencia del Comando de la VI Brigada del Ejército, Oscar Lorenzo Reinhold, y lo apuntó con un arma para exigirle que le devuelvan su trabajo.

Matías Subat 8 de junio

Sostuvo además que en la Escuelita podría haber cuerpos. Ríos, de 71 años, dejó la sala visiblemente conmovido cuando recordó el momento en que fueron amenazadas sus hijas e intentó suicidarse.

 

Al principio, relató que en la década de 1970 “militaba en la Juventud Peronista y era delegado del sindicato de Luz y Fuerza de Río Negro” y en el momento de la detención “trabajaba en una fábrica de mosaicos y hacía mantenimiento para una panadería”. Dijo recordar muy bien el día de su detención, “porque era el cumpleaños de mi hija mayor y siempre estábamos pendientes para que saliera el pan”. Señaló que “estaba en calzoncillos y camiseta, y cuando llamaron creí que era una mujer, por eso me oculté detrás de la puerta y la abrí. Me dijeron que me necesitaban en la comisaría donde yo tenía gente conocida. Un hombre con gorrito y pasamontaña abrió su gabán imprevistamente, me puso la pistola en la boca y me rompieron dos dientes; después, en el forcejeo, se le escapó un tiro”.

 

Ríos aseguró que “el que me apuntaba me dijo `lo cagaste a Pedro´, cuando escuché que se escaparon otros tiros. Aflojé la tensión, vi un Ford Falcon blanco, me rodearon y me dijeron: `no tenés escapatoria´. Yo pensé en los que habían desaparecido, entonces grité mi nombre para que me escuchara algún vecino, después escuché una ráfaga de metralleta, golpearon mi cabeza y me metieron adentro de un baúl”.

 

Durante su traslado Ríos, reconoció el trayecto al indicar que “pude abrir el baúl y me di cuenta que íbamos hacía Cipolletti porque reconocí a Cascada SA; cuando escuché un fleje suelto en la caminera me tiré y caí a los pies de un policía, quien pensó que era una despedida de soltero. El policía me abrigó y me dio algo para tomar, pero al rato vino gente del Ejército y me dijeron: `¿creíste que habías escapado?´. Me llevaron al hospital porque tenía mucha sangre, me envolvieron hasta la cabeza y me llevaron hasta la Policía Federal, donde me dejaron en la cocina. A la noche, por la escalera, veo a un policía de Centenario que estaba cocinando en un tambor de doscientos litros”.

 

Me llevaron en un auto negro –dijo Ríos sobre su traslado a la Escuelita-, me colocaron en una cucheta que estaba bien alta, había perdido mucha sangre y me desmayé, cuando quise bajar me caí porque ignoraba a la altura que estaba. Después me preguntaron por la guerrilla, me dieron nombres y me dijeron que si no hablaba la iba a pasar muy mal; me ataron de las manos, de los pies, me pusieron algo en las rodillas y una picana eléctrica en los testículos, cada tanto me desmayaba y sentía que el médico me sostenía la mano para tomarme el pulso y él decía cuál era mi estado de salud, si podían continuar”.

 

Estuve 22 días privado de la libertad, con los ojos vendados, me desmayaba porque se me bajaba la presión, me mantenían medicado, pero no me dieron de comer, me mojaban los labios con un algodón y la sed era insoportable”, relató y contó cuando un guardia le dio un chocolate, “que me comí con desesperación porque tenía mucha hambre, entonces vino uno y me dijo `así que te gusta el chocolate’, entonces me empezó a golpear”.

 

Ríos dijo que en la Escuelita “jamás vi a nadie”, y agregó que escuchaba una topadora, sentía tiros y gritos. “Creo que a alguno enterraron allí; en el juicio anterior recorrimos la Escuelita y la Gendarmería señaló dos lugares donde podrían haber cuerpos, pero hasta el día de hoy no han investigado nada”, afirmó.

 

Cuando lo liberaron a las tres de la mañana, “un tal Pedro me dijo `no te muevas de acá´, me desaté y me quedé tirado allí porque no tenía fuerzas. Al día siguiente me encontró un penitenciario amigo, un perrito me había mordido los pies y no quería que me vieran así porque tenía olor a podrido, un olor espantoso que ni yo lo podía soportar; comí mucho y cuando me recuperé me fui a tratar de recuperar el trabajo”.

 

Ríos le dijo al tribunal que “con intenciones de recuperar el trabajo me puse una pistola calibre 22 en la bota y me fui a ver a Reinhold; me palparon de armas al llegar pero fue por arriba, me hicieron pasar a su oficina y quedé solo un momento. Fue cuando saqué el arma, lo apunté y le dije `usted me conoce, me secuestraron, me torturaron y me dejaron sin trabajo`, entonces le entregué el arma y le dije: si no me da trabajo máteme. Entonces hizo traer café y medialunas, hablamos como tres horas y le dije: `ustedes han hecho muy mal las cosas; después me dejó libre.

 

Reinhold fue condenado en el primer juicio 2008

Reinhold fue condenado en el primer juicio 2008. También en 2.012. Cumple prisión domiciliaria en Buenos Aires. 

Indicó que a las dos semanas lo llamaron de la empresa Agua y Energía y le dijeron: `Ríos tenemos órdenes de darte trabajo’”. Sin embargo, le advirtieron que no le iban a pagar por el tiempo que estuvo ausente del trabajo porque no podían justificar su detención. Al poco tiempo volvió a trabajar en la empresa.

 

Por último, Ríos se refirió a una situación cuando lo convocaron para que concurra al distrito militar. Allí lo hicieron pasar a una oficina, donde atendió un llamado telefónico. Del otro lado de la línea, una voz lo conminó: `de parte de Pedro (el nombre de su secuestrador) tenés 24 horas para suicidarte o te secuestramos a tus hijas´”. En ese momento el testigo rompió en llanto y el tribunal debió darle unos minutos para que se reponga.

 

En aquel entonces, ante la amenaza de sus captores Ríos se separó temporalmente de su familia, se pegó un tiro en la sien y perdió un ojo, pero no la vida.

Al finalizar su testimonio, dijo que “si los acusados tienen hijos y nietos les pido que reflexionen, que rompan el pacto de silencio y digan dónde están los desaparecidos. Están condenando a familias enteras, nos siguen torturando infinitamente”. Se retiró de la sala aplaudido.

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

foto: Matías Subat

“Fueron responsables”

Edgardo Kristensen declaró por su detención y describió el paso de su hermano Carlos Kristensen por la tortura y la cárcel antes de lograr el exilio en Dinamarca, desde la cárcel de Rawson.

Edgardo Kristensen

“No sé si se puede hablar de justicia porque son cosas imposibles de reparar. La gente que fue carne de cañón de esa época era el fermento de un país distinto; puede ser que les llegue el castigo, no hay justicia para las cosas que se han hecho”. “Ellos fueron responsables, merecen castigo”.

 

escuchar audioEdgardo Kristensen

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén  2.013

“Siempre quise tener presente lo que sucedió”

Con la declaración de Francisco Tomasevich, se reanudaron esta mañana las audiencias por el tercer juicio a los represores de la región durante la última dictadura cívico militar, en la sede Amuc de Neuquén capital.

Tomasevich llegó desde Suecia para declarar en el juicio

Tomasevich llegó desde Suecia para declarar en el juicio

Estaba previsto que también declarase Almarza pero presentó un certificado médico; en su reemplazo continuó Sergio Méndez Saavedra.

Tomasevich, albañil jubilado de sesenta y seis años, viajó desde Estocolmo (Suecia) -lugar donde reside- para declarar por el operativo Cutral Có. Estuvo exiliado y figura en el listado de víctimas del Tribunal Oral Federal de Neuquén. Continue reading

cronograma

Los testimonios para el 28 de noviembre incluyeron las voces de los testigos – víctima Francisco Tomasevich y Sergio Méndez Saavedra por la mañana; mientras que  Juana Aranda de Pincheira se escuchó durante la jornada de la tarde.

 

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Los hermanos

Juan Carlos Maidana -hermano de Pedro Maidana- y Octavio Méndez -hermano del desaparecido José Mendez- tenían 16 y 15 años cuando los secuestraron durante el operativo Cutral Co y los sometieron a torturas en la comisaría.

“Uno recuerda las cosas como si fuera ayer”, coincidieron. Identificaron a Héctor Mendoza, el comisario de Cutral Co, como uno de los torturadores durante las sesiones de golpes y picana, sin embargo, Mendoza quedó fuera del juicio por graves problemas de salud.

cartel

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El secuestro de Argentina Seguel

Rubén Sandoval es primo de Dora, Arlene y Argentina Seguel, las jóvenes de Cutral Co que fueron víctimas de la detención y en algunos de los casos desaparición por parte de la dictadura cívico-militar que comenzó en 1976.

Relató que el 13 de junio muy temprano llegaron a su casa en Neuquén capital los padres de las chicas con la noticia de que el día anterior la Policía Federal había ido a buscar a Arlene para detenerla, a su casa en Cutral Co.

Y que venían buscando a Arlene porque no tenían noticias de ella. De inmediato, y por un afecto especial a sus tíos –él es sobrino político de los Seguel, ya que esposa era quien tenía el vínculo de sangre-, se abocaron de lleno junto con su mujer a buscar a su prima.

Ante el fracaso de distintas gestiones, incluida una visita a la Policía Federal, donde el entonces jefe “González” (Ramón González, apodado “el perro”, fallecido) le dijo que no le podía informar nada; la SIDE, donde tenía un conocido; la policía de Neuquén, donde su padre por haber sido efectivo de la fuerza conocía a un jefe; a través de un matrimonio amigo intentaron contactarse con un efectivo de la Federal, de apellido Ricomini.

Precisamente para pedirle información sobre cómo encontrar a Arlene, invitaron a Ricomini a una cena en la casa del padre del testigo, en Talero 423.

Durante la cena, de carácter familiar, contó Sandoval, Ricomini les relató que estaba muy cansado porque acababa de llegar de Buenos Aires, a donde había llevado “a una guerrillera muy peligrosa”.

“Cuando mi padre le dijo que lo habían invitado para pedirles si podía ayudarlos a buscar a Arlene, el sorprendido fue él”, señaló.

En ese momento, llegaron al domicilio dos policías provinciales vestidos de civil buscando a Argentina Seguel, “Chichita”, que había venido a Neuquén con sus padres y estaba con ellos en ese momento.

Dijo que Argentina tenía en ese tiempo 18 años y que se la llevaron secuestrada pese a los intentos de ellos por evitarlo. “Mi esposa, muy enojada, les preguntó por qué se la llevaban y le dijeron que si no se callaba la detendrían”.

Se llevaron a la joven, recordó, con el argumento de que era “para interrogatorio”.

Dijo que uno de los policías era Francisco Chaneton, a quien conocía de cuando trabajaba en el Correo. Al otro también lo conocía, pero de vista.

Argentina, relató, “fue liberada después cerca de Bahía Blanca”.

Rubén Sandoval cerró su testimonio con emotivas reflexiones. “Nos movilizamos con mi esposa con todas nuestras fuerzas en memoria de nuestros tíos tan queridos. Hoy damos gracias a poder relatar todo aquello y que en el país se pueda hacer justicia”.

Añadió: “Arlene era una estudiante universitaria que buscaba una sociedad mejor. La comunidad debe saber lo que pasó, que así como hubo gente que hizo tanto daño, hubo otros muchos que trabajan para que castigue a los responsables, para las próximas generaciones, nuestros hijos, nuestros nietos”.

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

 

Palabras

Cuatro militares hablaron en los últimos momentos del juicio oral por delitos de lesa humanidad.

El jefe de Inteligencia del Comando de la Sexta Brigada, Oscar Lorenzo Reinhold y el jefe del Batallón 181 de Neuquén, Enrique Braulio Olea lo hicieron por primera vez, aunque este es su segundo juicio por los delitos ocurridos durante la dictadura en Neuquén.

Volvió a plantear su inocencia Gustavo Vitón, en su tercera intervención desde que se inició el juicio en marzo.

También lo hizo por primera vez quien está acusado por los secuestros y torturas cuando ejerció la comandancia, José Ricardo Luera, aunque negó que fuera el Comandante de la Sexta Brigada en aquella época. Reproducimos -en audio- el momento del cruce con Vitón.

Reproducimos en audios las partes principales de los dichos, y en el caso de Vitón, los aspectos no mencionados antes, como la acusación en contra del comisario Antonio Camarelli para defenderse.

Uno menos para la sentencia

El médico militar Hilarión de la Pas Sosa quedó fuera del juicio. Se informó de una desmejoría de salud en las últimas audiencias, y para los alegatos ya estaba internado. En la audiencia de hoy, el Tribunal Oral Federal dio a conocer que su caso será remitido a otro tramo de esta misma causa, ya elevada a juicio, que tiene como imputado principal a Héctor Mendoza, el jefe de la comisaría de Cutral Co durante el operativo Cutral Co, que se ventiló en este juicio.

Emiliano Ortiz

 

Audios y repercusiones

Además de los audios de los cuatro acusados que hablamos, invitamos a escuchar la entrevista posterior a las madres neuquinas en el juicio, Inés Ragni y Lolín Rigoni que se refirieron también al duro cruce con Olea durante las últimas palabras cuando dijo no saber nada de su hijo desaparecido.

Matías Subat 29 marzo 2012

Olea ultimas palabras (audio)

Reinhold (audio)

Emiliano Ortiz

Luera ultimas palabras

Matias Subat 29 octubre

viton ultimas palabras

“Son mentiras que no saben”, “si estuviera acá Beba Mujica”, “nos tendrán que ver las caras en todas partes” (escuchar audio) Ines Ragni y Lolin

Matias Subat

“Hubo testigos, pruebas, testimonios” ,”Uno siempre tiene la esperanza de que nos cuenten qué fue lo que hicieron” , “Evidentemente no están arrepentidos”, “Corigliano presentó documentos de la Side que el Ejecutivo esta negando que sean públicos” (escuchar audio) Orlando Nano Balbo

Oscar Livera

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