“Yo quería morir, pero la muerte no llegaba”

Sergio Armando Pollastri conoció a Enrique Jorge Esteban en la Universidad de La Plata, cuando él estudiaba abogacía y Esteban y su entonces novia y luego esposa, María Teresa “Maite” Oliva, cursaban periodismo. Pasaron los años y se reencontraron en Neuquén, todos ejerciendo sus profesiones.

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Al brindar su testimonio por videoconferencia desde Buenos Aires, donde reside, sobre los tres meses que compartió con Esteban en la U9 de Neuquén -los liberaron el mismo día-, puso el acento en la crudeza con la que Esteban le contó los horrores que había sufrido cuando lo torturaron durante su cautiverio y las circunstancias que habrían motivado la ilegal detención del periodista.

Puntualizó tres observaciones en el relato de Esteban del tortuoso calvario al que fue sometido, entre otros medios, con la aplicación de picana eléctrica. “Una, cuando uno de los torturadores le decía que había bajado la orden de fusilarlo y que aprovechara de escribirle una carta de adiós a su familia, que se la harían llegar. Al otro día le decían que habían decidido no matarlo”, señaló.

Otra cuando los torturadores jugaban con el dato de hacerle creer que su esposa también estaba detenida. Una vez preguntó si Maite estaba en el mismo lugar y le dijeron que no se lo podían decir, pero que una ocasión vio una bombacha colgada y creyó que era la de su mujer.

“La tercera es que a medida que pasaban las sesiones de tortura, cada vez se le tornaba más imposible soportarla. Ante ello y para hacer cesar el sufrimiento había decidido no resistir más y dejarse morir. ‘Yo quería morir, pero la muerte no llegaba’, me contó. Me dijo que ‘en algún momento me di cuenta de que esa decisión estaba fuera de mí, de mi voluntad. Era alguien que me decía que tenía que seguir resistiendo… Ese algo era Dios’. Yo no sabía de sus creencias, pero evidenciaba que había retomado su fe católica”, señaló Pollastri.

Le contó también que tuvo la sensación cierta de haber escuchado cómo un joven, cerca de él, fue torturado hasta que lo mataron.

En cuanto al por qué los represores secuestraron a Esteban y Maite, lo atribuyó a un episodio que involucró a Luis Borris, un joven que llegó a Neuquén buscando los medios para salir del país porque venía siendo buscado por los represores.

“Yo lo alojé en mi casa, porque era hijo de una amiga de mi suegra”, dijo el testigo y precisó que acudió a Esteban para comentarle  la situación, ante lo cual el periodista se encargó de hacer una colecta para que Borris pudiera irse del país.

“Al día siguiente vino Esteban y me dejó un sobre con el dinero. Cuando lo secuestraron pensé que el hecho pudo estar relacionado con este episodio, pero Esteban ni conocía a Borris”, sostuvo.

En su testimonio Maite también remarcó que su esposo no conocía a Borris.

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Pollastri precisó que en los interrogatorios a los que fue sometido en la cárcel, un mayor de apellido Funes le dijo que lo acusaban de haber ayudado a huir a Luis Borris.

Comentó que cuando supo del secuestro de Esteban, junto a Maite y otra persona fueron al Comando a reclamar y que su decisión personal fue la de relatar los hechos en torno a Borris. Días después lo detuvieron en su lugar de trabajo.

Esta visita al Comando fue decidida tras una entrevista que mantuvieron con el obispo Jaime De Nevares, quien de algún modo les garantizó protección para esa gestión.

Néstor Mathus /#Cobertura Colaborativa SPN

“Me sentí como el día del secuestro, con angustia y miedo”

Tras declarar durante más de dos horas, Teresa María Oliva sostuvo que al brindar su testimonio de su detención ilegal y el de su marido, el periodista Enrique Esteban en julio de 1978, se sintió “igual que el día del secuestro, con angustia y miedo”.

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Destacó la valentía que tuvieron los periodistas de Neuquén para denunciar la desaparición de Esteban durante los tres meses en que estuvo en cautiverio, supuestamente, en una dependencia de la Marina en Bahía Blanca. “Fueron las acciones y publicaciones de los periodistas lo que nos salvó la vida, porque Enrique no fue el primer periodista desaparecido, el diario Clarín tuvo más periodistas desaparecidos y no tuvieron la suerte que tuvo él”, explicó en relación al cautiverio de su marido, quien se desempeñaba como corresponsal de Clarín en Neuquén. Y agregó: “no recuerdo que en otras provincias se haya hecho un operativo de rescate como el que hicieron los periodistas de acá, poniendo en peligro su vida pidiendo explicaciones a las autoridades”.

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Durante su relato, Oliva describió cómo fueron secuestrados el 23 de julio de 1978 al ser interceptados por fuerzas represivas que se identificaron como pertenecientes a Coordinación Federal de la Policía, su liberación al día siguiente, los tres meses de incertidumbre y angustia que sufrió por desconocer el paradero de su esposo y las constantes amenazas telefónicas recibidas en su casa luego de la liberación. “Enrique fue golpeado y torturado dos y hasta tres veces por día”, contó Oliva.

Precisó que sus hijas mayores conocieron la historia que sufrieron durante la dictadura militar muchos años después. “A Magalí, la mayor, se lo contamos cuando cumplió 15 años; a mi segunda hija, cuando murió Enrique, en 1990, y a Ramiro, el más chico, se lo conté muchos años después”. Explicó que los primeros años, después de lo ocurrido, “preferimos preservar a las chicas y a Ramiro de toda esta situación que habíamos vivido”. “No tendría la fuerza que han tenido estas Madres de Plaza de Mayo para soportar el secuestro de sus hijos», afirmó.

En su desgarrador testimonio ante los jueces, Oliva explicó que a su hija mayor le contaron lo sucedido “porque en la escuela, quien se sentaba al lado de ella era la hija de ‘Colores’”, en alusión al apodo de Juan Antonio Del Cerro, un ex policía de la Federal que en los juicios por delitos de lesa humanidad había sido acusado de 160 casos de secuestro, torturas y robo de bebés, entre otros delitos.

“A mi segunda hija se lo conté cuando en 1990 murió Enrique. Ella me preguntó si había algo que papá no le había dicho, entonces ahí me abrió la puerta para contárselo. Era el mecanismo de defensa. No quiero ser una Madre de Plaza de Mayo, no quiero que le pase a mis hijas lo que le pasó a esas madres”, expresó en su declaración.

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Oliva también mencionó que el día posterior a su liberación recibió en su casa la visita del ex gobernador Felipe Sapag y de su hija Silvia. Confesó que se emocionó al verlo al ex gobernador que “se arriesgó a venir a mi casa veinticuatro horas después del secuestro y, además, hacerlo con su hija”. Dijo que “Felipe había perdido a sus dos hijos (N. del R: Ricardo y Enrique Sapag pertenecían a la organización Montoneros, fueron asesinados en junio y octubre de 1977, respectivamente). Siempre reconocí ese gesto porque fue muy fuerte”. En el mismo momento en que estaban Felipe y Silvia Sapag en la casa de Oliva, se presentaron el general José Luis Sexton y el mayor Carlos Guiñazú para decirle que el Ejército no tenía nada que ver con el secuestro de Esteban. “Fue muy fuerte tenerlos a los cuatro en mi casa. Solo atiné a decir ‘¿se conocen?’. Se saludaron, Felipe y Silvia se fueron”.

Pablo Montanaro/ #CoberturaColaborativa SPN

 

 

El secuestro de Maite Oliva y Enrique Esteban

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Los secuestradores los detuvieron a pocas cuadras de su casa en Alta Barda, Neuquén, cuando regresaban del casamiento de unos colegas el 23 de julio de 1978. A Enrique Esteban lo subieron en un vehículo naranja -presuntamente un Ford Taunus- y en el caso de Teresa María Oliva, dos desconocidos subieron al auto familiar. «Dijeron que teníamos que responder unas preguntas en Coordinación Federal», recordó.

Luego de tomar por un desvío en un camino de tierra, a ella la obligaron a ir tirada abajo del asiento con una capucha. «El que conducía conocía la ciudad porque manejaba sin indicaciones de los otros. Todos iban de civil, pero en un momento sacaron balizas y las pusieron sobre el techo», describió.

El vehículo bajó por Avenida Argentina y paró en un lugar donde comenzó el interrogatorio en el auto. «Preguntaban sobre Enrique, que mencionara gente. Les decía que fueran a hablar con Sexton (José Luis, el comandate de la VI Brigada) o Guiñazú  para que les diera referencia de mi marido, todos lo conocían. También mencioné a (Raúl) Guglielminetti porque había sido compañero de mi marido en LU5 y sabíamos que trabajaba en operativos ilegales», dijo en referencia al civil de Inteligencia que está condenado en esta causa (durante el desarrollo de otros juicios) por varios secuestros y la participación directa en torturas.

Maite fue subida a otro auto vendada y abandonada en un descampado luego de simulacros de fusilamiento. «No tenía noción del tiempo, me había parecido una eternidad, pero fueron unas cinco o seis horas», sostuvo.  En la ruta dijo que la habían asaltado y logró llegar a Allen y de allí a Cipolletti, donde pidió ayuda en casa del fotógrafo Jacobo Aizemberg, uno de los dueños de la casa de fotografía «La Ochava», en Neuquén. «Yaco» la llevó hasta su casa, donde se reencontró con sus pequeñas hijas que habían quedado al cuidado de una niñera.

«En los diarios se sabía que desaparecía gente porque las familias seguían llevando la fotos de los secuestrados, aunque no salían publicados por la censura. En el 78 ya sabíamos que se robaban chicos y yo temía por mis nenas», describió.

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Llegó el momento de la denuncia, de la presentación de un habeas corpus cuando su suegro llegó a Neuquén y de la búsqueda por todos los rincones oficiales y extraoficiales durante tres meses en los que Esteban permaneció desaparecido. «Un grupo de periodistas se pusieron a disposición y decidieron que no había que guardar silencio; comenzaron las reuniones semanales para diseñar estrategias y preguntar en todos los ámbitos qué se sabía del secuestro de Esteban, incluso se reunían con los que sospechaban que eran ‘servicio'», explicó.

«Primero pensaron que el secuestro era porque durante una visita de Harguindeguy Esteban había preguntado si habían presos políticos o gente que desaparecía. Después se pensaba que podría ser por su militancia en la facultad de periodismo en La Plata, cuando integraba el centro de estudiantes, porque nunca escondió su militancia peronista. Luego también estaba eso del hermano de Carlos Borri -a quien no conocíamos- que se había ido de Neuquén en el tiempo en el que el diario Río Negro fue blanco de un atentado (1975), pero la idea es que se preguntara qué se sabía sobre Esteban, cómo iba la investigación del secuestro; y se publicaba», declaró. Recordó que no sólo en los diarios regionales sino también en los de circulación nacional figuró la nota corta sobre la falta de novedades del secuestro del periodista, y que incluso en las radios de la zona se difundió la noticia.

La campaña se tornó internacional con la participación de Amnesty y periodistas de todo el mundo que pedían por la liberación de Esteban, sostuvo. Recordó además los telegramas de la Asamblea Permanente por los Derechos Humnos (APDH) Neuquén al ministro Harguindeguy preguntando por su paradero.

«Sexton y Guiñazú insistían en que eran los Montoneros, que secuestraban a los traidores y los ajusticiaban. Yo les decía que era imposible. Iba al Comando a preguntar dos veces por semana, y si no estaban ellos me derivaban con Néstor Castelli u Oscar Reinhold», dijo.

En uno de lo episodios de búsqueda incluso la llevaron a recorrer el Batallón para asegurarle que no eran militares los que se habían llevado a su esposo. «Nos acompañó el jefe del Batallón -por Enrique Olea- y le pregunté por un lugar que le decían La Escuelita, pero me lo negaron, me llevaron a los fondos del batallón donde estaba el polvorín», describió.

Maite llegó a reunirse con un hombre al que le decían «el macitero» y vivía a la vuelta de la delegación de la Policía Federal. «Me dijo que si Enrique no aparecía en tres meses era que había sido sentenciado a muerte. Que estaría en un lugar solo, torturado, picaneado, muy golpeado pero que aún estaba con vida. Que se había enterado de eso tomando unos mates con gente que conocía en el Comando», relató.

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Efectivamente a los tres meses Esteban fue abandonado en Tres Arroyos en su auto particular, con una carta de los montoneros que se atribuían su secuestro por considerarlo un elemento subversivo y que Esteban rompió ni bien la vio al lado de sus anteojos.  De inmediato fue detenido por la policía y ya en la cárcel logró que avisaran de su blanqueo.

«Por una radio de Tres Arroyos salió que presuntamente había aparecido el periodista de Clarín y se reprodujo en LU5 y en LU19, en potencial. Estaba bajo la órbita del V Cuerpo así es que cuando fue trasladado a Neuquén, antes de ir a la U9, la plana mayor lo estaba esperando en el Batallón: Sexton, Guiñazú, Olea y puede ser que también estuviera Castelli porque estaba la plana mayor», recordó.

Oliva describió que su esposo «lloraba, temblaba, tenía la misma ropa con la que lo habían secuestrado tres meses antes y había perdido 23 kilos. Me dijo que, tal cual me había contado el macitero, no estuvo en contacto con otra gente. Sospechaba que el lugar era de la Marina por el logotipo de una funda que vio en el lugar, y que lo tenían atado a una cama, lo golpeaban mucho, picana y dos o tres veces había tenido simulacros de fusilamiento».

Esteban quedó libre el 24 de diciembre y retomó su trabajo «siempre acompañado por colegas, que no lo dejaban solo», indicó. Pero en febrero recibió el llamado anónimo con la voz de uno de los secuestradores del centro clandestino, que extendió la amenaza a su esposa e hijas  y decidieron dar crédito al ultimátum de irse en 24 horas de Neuquén. A los dos años volvieron a recibir amenazas (ya en Buenos Aires) y señales de que lo estaban vigilando,  hasta 1982 cuando el secuestrador lo llamó por teléfono a la sede central de Clarín.

 

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«A partir de 1983 nunca más amenazaron y en 1990 falleció Enrique, por eso es que no pudo estar hoy acá», cerró Maite Oliva su pormenorizada declaración ante los jueces, de más de dos horas de duración.

Fue consultada sobre lo que supo del secuestro de Cristina Parente, quien fue compañera de la facultad de periodismo en La Plata y apareció un día de 1976 en la puerta de la casa en la que vivían con Enrique Esteban en ese momento, a unas cuadras de la delegación de la Policía Federal. «Lloraba, temblaba, me dijo que la habían golpeado y torturado en el mismo lugar en el que la habían liberado, en la Federal. Y le daban 24 horas para irse de Neuquén», manifestó.

Enrique Esteban y un amigo fueron a la pensión en la que vivía, le armaron una valija con sus cosas y le compraron un pasaje para que volviera a Punta Alta, donde vivían sus padres. «Tuvo la desgracia de compartir la pensión con una chica que era chilena y que aparentemente era del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionario, de Chile), aunque ella nunca lo supo. Fueron por esta chica y no estaba; entonces fueron a buscar a Tini que trabajaba en la Universidad. De su compañera nunca mas volvimos a saber», dijo Maite.

Parente sufrió el desprecio de su familia en Punta Alta y de su familia, en cuanto trascendió que la acusaban de subversiva. Su padre, empleado de la Marina, la obligó a ir a buscar el título a La Plata y fue en ese trámite que volvió a padecer la tortura y el trato aberrante de los represores en los centros clandestinos. «Fueron muchos golpes, torturas y violaciones, nunca pudo hablar de eso», dijo.

«No quiero ser una Madre de Plaza de Mayo»

«No podría soportar lo que sufrieron estas mujeres, no quiero», dijo Maite Oliva al indicar que el terror a un nuevo golpe de Estado y al secuestro de sus hijos se mantuvo durante la democracia, en especial en tiempo de los levantamientos carapintadas.

Describió que siempre el matrimonio tenía preparada una valija con documentos de la pareja y los chicos, porque ante un eventual golpe, se exiliarían. «Mi hija mayor se enteró de grande de lo que le ocurrió a su papá, mi segunda hija  cuando falleció Enrique tenía 15 años y me preguntó si había algo que su papá nunca le hubiera dicho, entonces encontré el momento para hablarle. En el caso de mi hijo Ramiro, se enteró por boca de otro lo que había pasado y me lo recriminó; pero todo fue un mecanismo de defensa, yo siempre estoy atenta a que no pase un golpe militar. Yo no quiero que pasen por lo que pasamos nosotros; no podría tener la fuerza de las Madres», insistió.

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Shirley Herreros / #CoberturaColaborativa SPN

PH Oscar Livera

El regreso al horror en las voz testimonial de las y los denunciantes

Las audiencias del 18 y 19 de junio fue el arranque de la etapa de prueba y testimonios en el Juicio por delitos de Lesa Humanidad que se lleva a cabo en Neuquén.

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La sala de AMUC, en avenida Argentina al 1.600, se quedó sin capacidad para el público. Hubo periodistas en primera fila, integrantes de organismos de Derechos Humanos, vecinos, amigos y familiares de los testigos y un aire de juventud con la visita de tres cursos de estudiantes secundarios acompañados por sus docentes: dos grupos de un Centro de Enseñanza Media de Cipolletti y un tercer grupo -el día 19- de un secundario parroquial de Neuquén.

A diferencia de las primeras dos jornadas de audiencia, no hubo acusados en la sala.

Desde las pantallas en Buenos Aires o Marcos Paz, se pudo ver algunos de los imputados:  Néstor Castelli, Oscar Lorenzo Reinhold y Sergio San Martín. Es posible que el resto de los acusados con prisión preventiva estuvieran en la misma sala de Comodoro Py siguiendo las alternativas del juicio -porque se informó de su presencia-, pero no se los pudo apreciar claramente en la pantalla.

Las Madres de Plaza de Mayo filial Neuquén, siempre presentes, estuvieron en ambas jornadas a pesar del intenso frío y el viento gélido que bajó la sensación térmica a menos de dos grados durante la primera jornada de presentación de testigos.

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Inés Ragni y Lolín Rigoni, en primera fila. Oscar Ragni, siempre presente en todos los juicios.

En la sala también estuvieron representantes de la agrupación de jubilados «Rodolfo Walsh», que recordaron que tanto Cristina Parente como Enrique Esteban y Maite Oliva fueron integrantes de la cooperativa de periodistas que logró la construcción del primer edificio de altura de la ciudad, la Torre del Periodista, luego apropiada por el gobierno militar luego del golpe. Enrique Oliva -padre de Maite y exiliado en Francia tras el golpe- fue presidente de la entidad. El caso de apropiación de los departamentos por parte de la Policía Federal, Ejército y Marina está en investigación en el juzgado N° 2 de Neuquén como presunto delito económico de la dictadura.

La primera en declarar fue Teresa María Oliva. La periodista relató su periplo de secuestro y tortura; luego la búsqueda de su esposo Enrique Esteban durante los tres meses que permaneció cautivo en Bahía Blanca, los periplos del matrimonio hasta que fue liberado de la U9 tras ser «blanqueado» por la jefatura del V Cuerpo de Ejército y la persecución continuada y amedrentamiento que no cesó hasta 1983, cuando ya vivía en Buenos Aires.

Maite Oliva fue testigo, a su vez, del secuestro y liberación tras la tortura de la periodista Cristina Parente, que fue otra de las denunciantes que estremeció a los presentes con su relato de vida y padecimiento a manos de los torturadores en la delegación Neuquén de la Policía Federal en 1976. Un ensañamiento que reeditaron con crudeza y sin piedad el régimen que operó en un centro clandestino de La Plata, cuando ya fuera de la zona fue obligada por su familia a ir a buscar el título de periodista a la capital bonaerense.

Luego desde Buenos Aires, por sistema de videoconferencia, declaró Sergio Pollastri, quien conoció de boca del propio Esteban la descripción del horror y masacre en el centro clandestino bahiense, ya que estuvo detenido tres meses junto al trabajador de prensa cuando fue blanqueado como preso a disposición del Poder Ejecutivo en la U9 de Neuquén. Las circunstancias que rodearon el secuestro y la posterior aparición fueron descriptas por Osvaldo Ortiz, redactor en Rîo Negro en el tiempo del secuestro de Esteban.

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#CoberturaColaborativa del SPN

 

Pacto de silencio

Los 8 acusados decidieron no declarar en la segunda jornada del juicio (11 de junio) La Escuelita VI donde se juzga a represores del alto valle y zona Cordillerana. Durante las indagatorias, algunos procesados especificaron que hablarán conforme avance el proceso.

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Los jueces federales Alejandro Cabral y el presidente del Tribunal Orlando Coscia. Secretaria de la causa, Marta Ithurrart

 

En una corta jornada, tuvo lugar este martes en el salón AMUC la etapa indagatoria a los represores en el Juicio Escuelita VI. En esta ocasión, los acusados tuvieron la oportunidad de declarar frente al tribunal, sin embargo optaron por no hacerlo. Manifestaron en algunos casos que preferirán hacer uso de este derecho más adelante, conforme avance el juicio. Para la querella esto se trata de un claro pacto de silencio, que “es tan fuerte y profundo que seguramente lo van a seguir sosteniendo”, según explicó Bruno Vadalá, de la APDH.

La querella del CeprodH, con el acuerdo luego de a fiscalía y de la APDH, solicitó que se agregue al caso la información sobre el atentado a la Casa de Madres de Plaza de Mayo, ocurrido el último 28 de mayo, con el argumento de que se trató de un amedrentamiento en el contexto del proceso judicial actual. A pesar del rechazo de la defensa, el tribunal incorporó los archivos al desarrollo del juicio. Por su parte, la defensora oficial Gabriela Labat, solicitó que Carlos Benavidez, único acusado presente, pueda permanecer en sala contigua a partir de ahora y sólo estará presente cuando considere que los testimonios le incumben a su caso. La medida será evaluada por el tribunal e informada más adelante.

El negador

Momento de incertidumbre se vivió cuando el acusado Oscar Reinhold negó tener otras causas judiciales durante el chequeo de datos. Sin embargo, cuando la fiscalía preguntó sobre la condena en este proceso, el acusado se limitó a decir “¡Ah! Por eso sí”.

Oscar Lorenzo Reinhold fue declarado culpable con sentencia firme por la Corte en 2008 por 17 torturas y la desaparición forzada de Oscar Ragni, mientras que cuenta con otras tres sentencias condenatorias por secuestros, torturas y el homicidio de los desaparecidos Orlando Cancio, Javier Seminario Ramos, José Francisco Pichulmán, Celestino Aigo, Miguel Ángel Pincheira y José Delineo Méndez.

Etapa de testimoniales

A partir de la próxima semana comienza el período de testimoniales, donde se prevé que inicie el cronograma de 36 personas citadas. El 31 de julio culminará este segmento y el 14 de agosto se realizarán los alegatos por parte de la fiscalía y la querella, en tanto que el 28 de ese mes hará lo propio la defensa.

001 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Vale recordar que los juicios son de acceso público. Para aquellas personas que quieran presenciar el desarrollo de estas jornadas, deben acreditarse con su nombre, DNI y ocupación al mail acreditacionesjuicio@gmail.com

Daniel Font Thomas/ #CoberturaColaborativa SPN

PH Oscar Livera 2019

Tres años de detenciones y persecución ilegal

La pareja de Eduardo Fernando Ubaldini y María Luján Gómez fue perseguida durante cinco años por los servicios de inteligencia de los grupos militares durante la dictadura militar, que se extendió del 24 de marzo de 1976 a diciembre de 1983. Sus casos, que se ventilan en el juicio y por los que declararán en las próximas audiencias, fueron considerados por la fiscalía como claros ejemplos de persecución política e ideológica.

Ubaldini, agrónomo, y Gómez, docente, vivían en San Martín de los Andes y fueron blanco de cuatro detenciones ilegales a lo largo de tres años, bajo acusaciones de accionar subversivo que nunca se les probó.

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El 2 de octubre de 1974 Ubaldini, que como antecedente tenía el haber militado en el Partido Comunista en Bahía Blanca, recibió una carta de la Alianza Anticomunista Argentina, la Triple A, el grupo paramilitar cuya creación se le atribuye al ex ministro de Bienestar Social del peronismo José López Rega, en el que le daban diez días para que abandonar San Martín de los Andes.

“Si pasado dicho plazo no cumple el mandato será ejecutado, en el lugar y hora que este comando considere oportuno”, decía el texto.

La primera de las detenciones ocurrió el 24 de marzo de 1976, día del golpe militar encabezado por el dictador Jorge Rafael Videla. Fueron detenidos por personal militar, Ubaldini en la calle cuando regresaba de Junín de los Andes y Gómez en su domicilio. Después de varias horas fueron liberados.

La segunda fue en un operativo cuyo comando integraba el gendarme Emilio Jorge Sacchitella, el 2 de junio de 1978. La investigación relevó que los uniformados irrumpieron con violencia en el domicilio de la pareja y entre otras acciones colocaron panfletos debajo del colchón de una de las habitaciones. Posteriormente les adujeron que esos panfletos contenían amenazas terroristas contra el Mundial de fútbol que comenzaba a desarrollarse en el país.

Entre otras cosas los acusaron de haber emprendido acciones para boicotear la competencia. Puntualmente, los acusaron de haber generado un corte de energía que impidió que se viera por televisión uno de los partidos en San Martín de los Andes.

La pareja estaba con su hija de seis meses en el momento de la detención, y los represores les exigieron que indicaran a quién la dejarían a cargo o en caso contrario la llevarían a un hospital, lo que trajo una feroz angustia para la madre en cautiverio. Finalmente se hizo cargo una amiga de la pareja, Alda Elisa Muñoz.

A Ubaldini lo llevaron a la sección de Gendarmería Nacional de Junín de los Andes, lo acusaron de subversivo y de adoctrinar a los jóvenes de la ciudad.

El 12 de junio fueron trasladados, vendados y esposados a Neuquén Capital. A Ubaldini lo alojaron en la Unidad 9 y a Gómez en la Alcaidía provincia. Once días después regresados a Junín de los Andes, donde fueron liberados.

La siguiente detención la sufrieron el 10 de junio de 1976, en ocasión que el dictador Videla visitó San Martín de los Andes. El operativo, según la investigación, lo lideró el gendarme Sacchitella.

Nunca se les mostró a las víctimas alguna orden oficial de sus detenciones y todo indica que se los persiguió por cuestiones políticas e ideológicas.

 

Néstor Mathus/ #CoberturaColaborativa SPN

PH Oscar LIvera

Oscar Lorenzo Reinhold

La memoria negadora de un actor principal de la represión

Cuando el martes se desarrollaban las indagatorias de los imputados, quienes se negaron a declarar ante el Tribunal expresando “Prefiero guardar silencio”, “Me reservo la declaración más adelante” –sellando un nuevo pacto de silencio-, uno de los momentos que causó mayor sorpresa, incertidumbre y risas entre los querellantes y el público que colmaba el Salón de Amuc, fue protagonizado por el ex jefe del Destacamento de Inteligencia del Comando de la Sexta Brigada, Oscar Lorenzo Reinhold.

Reinhold fue condenado en el primer juicio 2008

Reinhold fue condenado en el primer juicio 2008

Ante la corroboración de datos por parte del presidente del tribunal, Orlando Coscia, el ex militar que se desempeñó al frente de Inteligencia entre 1976 y 1979, aseguró no tener condenas ni otras causas judiciales. De inmediato, el fiscal federal Miguel Palazzani tomó la palabra, se dirigió al ex militar de 84 años y le volvió a preguntar. Como si hubiera recobrado la memoria, Reinhold se rectificó con un “Sí, por supuesto”. Y luego afirmó “Prefiero guardar silencio”, negándose a declarar como lo ha hecho en todas las causas en las que estuvo acusado por cometer delitos de lesa humanidad durante la dictadura militar.
En este sexto juicio, Reinhold está acusado como autor de todos los delitos que se le imputan.

Le quitan las esposas a uno de los represores Oscar Lorenzo Reinhold.

El juicio 2008 tuvo a los acusados en la sala. Reinhold

“El Colorado”, como le decían sus colegas de armas y represión, fue la máxima autoridad del centro clandestino de detención “La Escuelita” donde pasaron por la tortura y todo tipo de vejámenes cientos de hombres y mujeres que habían sido secuestrados por los grupos de tareas en las calles, en sus casas y en la universidad.
Antes de ocupar la jefatura del Destacamento de Inteligencia, a partir del 24 de marzo de 1976, Reinhold prestaba funciones como auxiliar en la División II de Inteligencia del Comando de la Brigada. Es decir que a partir del golpe de Estado, Reinhold se convirtió en el miembro principal del Estado Mayor de esa unidad militar.

Pablo Montanaro/#CobeturaColaborativa SPN

PH Oscar Livera y Archivo SPN

A través de la TV

Hubo que adivinar un poco, pero a lo largo de cuatro horas de audiencia, pudimos observar a los imputados que presenciaban la audiencia desde Comodoro Py.

022 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

 

Casi de cuerpo entero, se pudo ver en las primera hora de transmisión a Néstor Castelli en la pantalla, con una barba prominente. E gendarme Emilio Sachitella apareció poco y fue muy difícil identificarlo en la pantalla pese a que lo habíamos visto bastante en oportunidad de su primer juzgamiento, donde permaneció en la sala. Fue condenado a 5 años y medio de prisión por los tormentos a Ernesto Joubert, luego de una apelación ante Casación porque el tribunal juzgador original lo había absuelto en 2.012.

Como se encargó de aclarar luego durante la indagatoria, esa sentencia «aún está en la Corte».

En el caso de Oscar Lorenzo Reinhold (acusado como autor de todas los delitos que se le imputaron) apenas se le vio el rostro en una oportunidad, sin embargo, ahí estaba en la pantalla de Casación, parte de su abdomen  y pies salieron entrecortados en la pantalla entre Marcelo Zárraga y otro imputado, que podría ser Sachitella.

Al ex interventor de Río Negro y director de la escuela Militar de Instrucción Andina (Zárraga) -segundo comandante después de la Sexta Brigada en Neuquén- recién se lo reconoció por la imagen que devolvió el video después del mediodía.

010 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Distinta fue la aparición en pantalla del coronel retirado Eduardo Molina Ezcurra, al que se lo observó inquieto en la sala de Casación, mientras quien fuera parte de su equipo en interrogatorios y secuestros, Sergio San Martín, apenas salió unos minutos en la parte derecha de los televisores dispuestos en la sala de audiencias.

El juicio arrancó a las 9,31 y a las 10, 30 la imagen se cortó desde Comodoro Py y sólo se escuchaba el audio -informó el Tribunal- así es que desde el público se contó desde esa hora con la generoso video en primer plano de Jorge Di Pasquale, que a veces con sus anteojos de leer, a veces por encima de ellos, gestualizaba todo lo que obviamente no le gustaba de lo que escuchó: la acusación de la fiscalía. Di Pasquale siguió el juicio desde una sala en Marcos Paz, porque es el único de los 8 acusados de este tramo que esta en una unidad penitenciaria: el resto cumple su condena de anteriores sentencias en su vivienda particular; en  Buenos Aires.

Carlos Benavidez, ex integrante del Destacamento de Inteligencia del Ejército, fue el único en «vivo y en directo» llega y se va de cada audiencia caminando o por sus propios medios. No tiene condenas anteriores y en este juicio está acusado de ser parte del grupo de tareas que secuestró a Juan Marcos Herman. Está excarcelado y como vive en Neuquén, es el unico que permanece en la sala. No estaba previsto que hable el día de las indagatorias previstas para el 11 de junio según lo indicó la defensa oficial, pero hasta que se produce el momento de la intervención, nunca se sabe.

023 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Shirley Herreros/#CoberturaColaborativa

PH Oscar Livera

Sindicato dePrensa de Neuquén

 

 

 

Se pierde la inmediatez del juicio oral y público

El uso de la herramienta de videoconferencia para reemplazar los testimonios en vivo y en directo en la sala de juzgamiento fue criticado duramente por la APDH, el Ceprodh e inclusive por la fiscalía, que apeló ante la Cámara Nacional de Casación Penal la decisión del Tribunal Oral Federal de permitir que los represores presencien la audiencia por el modo virtual.

«Hemos sido críticos, apelamos ante la Casación la autorización para no concurrir y la mantenemos, nos parece que tienen que estar presentes; pero el Tribunal ha resuelto», explicó el fiscal federal Miguel Palazzani.

«Este tramo es parte de una continuidad: vemos que los acusados son parte del entramado represivo y claramente veremos historias de victimas que no se han escuchado», agregó el fiscal.

 

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PH Oscar Livera

Sindicato de Prensa de Neuquén

 

 

 

A sala llena arrancó el sexto juicio

Con gran presencia de público, comenzó un nuevo tramo juicio “La Escuelita”. Como contrapartida, hubo una notable ausencia de imputados en el banquillo. Es que de los ocho ex jefes y miembros de inteligencia del ejército que serán juzgados, solo estuvo presente Carlos Alberto Benavídez, quien fuera parte del Destacamento de Inteligencia 182. Los demás escucharon la acusación de la fiscalía, mediante sistema de videoconferencias.

005 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Entre las y los asistentes se encontraban Ines Ragni y Lolin Rigoni, Madres de Plaza de Mayo Alto Valle, y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.

Se expusieron diez casos de privación ilegítima de la libertad y tormentos, agravados por persecución política. Ocurrieron en las ciudades de Bariloche, San Martín y Junín de los Andes, Neuquén y Fiske Menuco (Gral. Roca).

En la lectura de las requisitorias

Los imputados por estos delitos son los miembros de inteligencia Oscar Reinhold, Eduardo Molina Ezcurra, Sergio San Martín, Jorge Di Pasquale, Carlos Alberto Benavídez; el comandante de gendarmería, Emilio Jorge Sacchitella; el director de la Escuela Militar de Instrucción Andina de Bariloche, Néstor Rubén Castelli; y Fernando Zárraga, interventor de la comuna de Fiske Menuco (Gral. Roca) en 1976 y luego jefe de operaciones e inteligencia en la Escuela Militar de Montaña de Bariloche.

011 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Desde la querella del Ceprodh ponderaron que en esta sexta etapa del juicio que se investigue y juzgue por primera vez a Benavídez y Zárraga.  Natalia Hormazábal, abogada del CeProDH, remarcó que “es importante que en juicios de delitos de lesa humanidad estén los acusados sentados en el banquillo, el lugar que les corresponde a los responsables”.

El martes 11 , los jueces Orlando Coscia, Alejandro Silva y Alejandro Cabral tomarán declaraciones indagatorias a los represores. Todo a través de videoconferencia: seis de ellos desde Comodoro Py, y desde Campo de Mayo, con Jorge Di Pasquale.
La próxima semana comenzará el período de testimoniales, en total 36 personas. El 31 de julio culminará este segmento y el 14 de agosto se realizarán los alegatos por parte de la fiscalía y la querella, en tanto que el 28 de ese mes hará lo propio la defensa.

021 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Los juicios son de acceso público. Para aquellas personas que quieran presenciar el desarrollo de estas jornadas, deben acreditarse con su nombre, DNI y ocupación al mail acreditacionesjuicio@gmail.com

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PH Oscar Livera

Sindicato de Prensa de Nequén

Juan Herman, de Bariloche

El secuestro de Juan Marcos Herman, en la casa de su padres de Bariloche ante sus progenitores la madrugada del 16 de julio de 1977, es una de las diez denuncias que comenzaron hoy a debatirse en juicio oral y público en el sexto juicio de “La Escuelita”, que se desarrolla en el salón de Amuc, la mutual de los docentes de la UNCo, en Neuquén capital.

Las restantes víctimas son Eduardo Fernando Ubaldini, su esposa María Luján Gómez; el dirigente gremial de General Roca Martín Olivera; el municipal barilochense Oscar Rodolfo Escobar; Vicente Iantorno; Ernesto Hugo Sifredi; los periodistas Enrique Jorge Esteban –fallecido- y su esposa la trabajadora de prensa María Teresa Oliva y la también periodista María Cristina Parente. Siete de ellas están llamadas a prestar declaración a partir del 18 de este mes.

013 Escuelita VI SPN 10junio2019 TOF Coscia-Cabral-Silva FOTO Oscar Livera

El jurado presidido por el juez Orlando Coscia e integrado por Alejandro Silva y Alejandro Cabral dio lectura a la acusación, a través de la secretaria Marta Ithurrart, a los ocho imputados.

De ellos sólo estuvo en la sala de audiencia el suboficial del ejército Carlos Alberto Benavídez, a quien precisamente se le imputa el delito de la detención ilegal, junto a otros miembros del Departamento de Inteligencia 182, de Herman.

Por video conferencia participan del proceso oral, desde Campo de Mayo donde cumple condena por delitos de lesa humanidad, Jorge Héctor Di Pasquale y desde la Cámara de Casación Penal en Buenos Aires lo hacen Oscar Lorenzo Reinhold, Jorge Eduardo Molina Ezcurra, Sergio Adolfo San Martín, Néstor Rubén Castelli, Marcelo Fernando Zárraga –todos militares- y el gendarme Emilio Jorge Sacchitella.

007 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Excepto Benavídez y Zárraga el resto de los acusados ya ha recibido condenas en los anteriores juicios por “La Escuelita”, el centro de detención clandestino que funcionó en el predio del entonces, en la dictadura del 76 encabezada por Jorge Rafael Videla, Batallón Ingenieros de Construcción 181, en ruta 22 de la capital neuquina.

Los imputados están acusados, entre otros, de los delitos de privación ilegítima de la libertad a la aplicación de tormentos. En el medio está la desaparición de Herman. Se los sindica, según los casos, de autores, coautores y partícipes necesarios.

La acusación fiscal está a cargo de los fiscales Miguel Angel Palazzani y Jorgelina D’Alessandro.

Actúan los defensores Gabriela Labat y Pedro Pugliese, éste sólo en nombre de Zárraga.

Los querellantes son Natalia Hormazábal y Mariana Dernis por el Centro de Profesionales de Derechos Humanos (Ceprodh) y Bruno Vadalá por la Asamblea Por los Derechos Humanos de Neuquén y Río Negro.

008 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

La audiencia fue presenciada por dirigentes de organismos de derechos humanos de la región y público particular. La jornada de cierre del juicio está pautada para el 4 de septiembre.

El secuestro de Herman

Juan Marcos Herman tenía 22 años cuando en los primeros minutos del 17 de julio de 1977 un grupo de sujetos camuflados, entre ellos un soldado con uniforme, portando armas cortas y largas, irrumpió en el domicilio de sus padres, Matilde Alvarez y Juan, médico de profesión, buscándolo.010 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

El joven estaba radicado en Buenos Aires donde estudiaba derecho en la UBA pero vacacionaba, junto a un amigo, en su ciudad natal. En la capital federal se relacionaba con la Juventud Peronista y Montoneros. Previamente había estudiado en la Universidad del Sur de Bahía Blanca, donde también militó en agrupaciones de izquierda.

Los secuestrados se movilizaban, según los testimonios recogidos posteriormente, en un Ford Falcon color oscuro y un Peugeot 504 rojo. Otras fuentes dijeron que el 504 era utilizado por el capitán del Ejército Miguel Isturiz.

Los testimonios y la documentación colectada involucra en el secuestro de Herman a miembros del Destacamento de Inteligencia 182, Sergio Adolfo San Martín, Jorge Eduardo Molina Ezcurra, Néstor Rubén Castelli, Marcelo Fernando Zárraga y Carlos Alberto Benavídez.

Después de mantenerlo un par de días en Bariloche la víctima fue llevado a Buenos Aires en un avión no comercial. El 18 de julio se lo ubica en el centro de detención clandestino El Atlético, un depósito de suministros de la Policía Federal en la capital del país.

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En ese lugar habría estado, por lo menos según el juzgamiento de 2010, hasta el 15 de agosto de 1977. Su detención nunca fue oficializada. Su desaparición forzada se juzgó en 2010 en Buenos Aires, 9 años después llegó a juicio la investigación de su secuestro en Bariloche por parte de un grupo de tareas que llegó desde Neuquén capital.

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Sindicato de Prensa de Neuquén

Primeras audiencias

El 11 y 12 de junio será la apertura del juicio. Las indagatorias de los acusados fueron programadas para el 12 de junio.

El 18 y 19 de junio corresponde a las audiencias con el inicio de la prueba: los testimonios de seis personas que iniciarán el ciclo con las denunciantes por el caso del periodista de Clarín detenido- desaparecido en 1978;  sobreviviente de las torturas. Enrique Esteban.

 

 

Tribunal: Orlando Coscia, Alejandro Silva, Alejandro Cabral

Fiscalía: Miguel Palazzani, Jorgelina D Alesandro

Querellas: Ceprodh – APDH

Acusados

Néstor Rubén Castelli, Oscar Lorenzo Reinhold, Jorge Eduardo Molina Ezcurra, Sergio Adolfo San Martín, Jorge Héctor Di Pasquale, Carlos Alberto Benavídez,  Emilio Jorge Sacchitella, Fernando Zárraga,

 

Las denuncias

Eduardo Fernando Ubaldini, María del Lujan Gómez, Oscar Martín Olivera, Oscar Rodolfo Escobar, Vicente Iantorno, Ernesto Hugo Sifredi, Juan Marcos Herman, Teresa María Oliva, Enrique Esteban y Maria Cristina Parente.

 

 

Sexto Juicio #coberturacolaborativa

El lunes (10 de junio) a las 9,00 en la sala de AMUC (Avenida Argentina al 1.600)  comenzará el sexto juicio por los crímenes cometidos por la dictadura militar en la región.

Te invitamos a asistir a las audiencias. A ser parte del enjuiciamiento histórico y a colaborar en la cobertura periodística en este sexto tramo de la causa  por las desapariciones y torturas durante la dictadura.

Aquí serán las audiencias, ésta es la sala de enjuiciamiento al termino de uno de los últimos debates de lesa humanidad

 

 

Los trabajadores de prensa que trabajaban en la región en 1.976 y 1.977 serán los protagonistas de las primeras audiencias de testimonios (18 y 19 de junio), porque fueron víctimas de secuestro y torturas; o porque son testigos del derrotero de los colegas que fueron secuestrados.

Muchos de ellas y ellos formaron parte de la Cooperativa de Periodistas, que también dio origen a nuestra organización sindical.

Porque no podemos ser indiferentes. Por la Memoria de nuestro pasado reciente, por la Justicia que reclaman las y los desaparecidos,  sumate.

Para ingresar a la sala de audiencias previamente deberás inscribirte por correo a acreditacionesjuicio@gmail.com  con nombre, DNI, medio de comunicación.

Inicio: 10 de junio a las 9.00 con la acusación contra los 8 represores. (El ingreso se realiza 15 minutos antes) 11 de junio a las 9.00 Indagatorias de los militares acusados en este juicio.

 

 

 

 

2015: ordenaron condenas ejemplares y dar marcha atrás con absoluciones

Tres años después de la sentencia por el segundo juicio, el 15 de marzo de 2015, la Cámara Nacional de Casación Penal consideró que el tribunal impuso “penas exiguas” para los delitos de lesa humanidad que se habían descripto durante el juicio en la denominada causa “Luera”.

Estableció que se había probado la existencia de torturas en la comisaría de Cipolletti y ordenó dar marcha atrás con varias de absoluciones:  por los delitos de tortura a las víctimas que atestiguaron haber padecido palizas y submarinos en la comisaría cipoleña y a los dos acusados que fueron absueltos aunque estuvieron en parte del periplo de secuestro violento y tormentos.

Fue unánime el voto de los jueces Juan Carlos Gemignani, Gustavo Hornos y Ana María Figueroa en revocar la absolución del gendarme Emilio Sachitella por la denuncia de secuestro y tortura de Ernesto Joubert. También coincidieron en que se revocara la absolución del militar Jorge Gaetani como partícipe necesario del secuestro de Virginia Rita Recchia.

La cámara ordenó devolver el expediente al tribunal para que los jueces le fijaran la pena de los que ordenó condenar.

No se pronunciaron en contra de las absoluciones de los comisarios Desiderio Penchulef, Oscar Del Magro, Saturnino Martínez, Enerio Huircaín y Julio Villalobo, y estas absoluciones quedaron firmes. Por “el beneficio de la duda”, también confirmaron la absolución del civil de Inteligencia Serapio Barros.

Otra definición unánime fue que las penas debían ser ejemplares y acordes a los delitos de lesa humanidad que se habían juzgado y cuyos parámetros de padecimientos de las víctimas -modalidad clandestina y organizada- fueron “largamente detallados por el tribunal”, por lo que les ordenó volver a dictaminar para aumentar los años de condenas a los que encontró culpables de desapariciones, torturas, secuestros violentos y extendidos en el tiempo como parte de la persecución política ejercida por el terrorismo de Estado.
Ordenó penas mayores para Raúl Guglielminetti, Antonio Camarelli, Enrique Casagrande, Máximo Maldonado, Francisco Oviedo, Miguel Quiñones y Gustavo Vitón.

La definición de la sala IV de Casación penal abundó en argumentos jurídicos que las víctimas no mentían cuando relataron torturas y desarrolló porqué los elementos recabados en el juicio indicaron que la comisaría de Cipolletti fue un lugar donde se torturó.

En su voto el juez Hornos dijo que el hecho de que algunas de las víctimas secuestradas en Cipolletti no hubieran padecido sometimientos físicos en la comisaría no permitía establecer que otros que aseguraron haber sido torturados salvajemente hubieran faltado a la verdad.

Foto Oscar Livera

Sotto: testimonios sobre la tortura en Cipolletti.27abril 2012

“Las declaraciones pueden ser indicativas de una práctica, pero no pueden funcionar como elemento para desacreditar los testimonios de quienes las hubieron padecido”, dice la resolución y agrega que “las declaraciones de los que no padecieron torturas no pueden contrarrestar el valor de los dichos de aquellos que aseguraron haberlos padecido”. El fallo indica que “no se describieron acabadamente las contradicciones de los testigos sobre el particular y no se señaló cuál sería el disvalor del círculo cerrado (con declaraciones que decían lo mismo) de Sotto, Contreras, Novero, Pailos”.

Agrega que no fue probado el “interés espurio” en las víctimas que dijeron haber sido torturadas en la unidad policial cipoleña. Por estos y otros argumentos, propuso “revocar la absolución de Reinhold, Luera, Olea, Molina Ezcurra, San Martín, Camarelli, Vitón y Quiñones por el delito de tormentos” a los denunciantes Sotto, Novero y Contreras.

La legalidad del juicio y de lo que se juzgó

Los tres jueces dedicaron varias páginas del fallo para reafirmar con antecedentes y jurisprudencia específica -incluso con argumentos complementarios- que el proceso judicial que se llevó a cabo se hizo sin menoscabar el derecho de defensa de los acusados y con un tribunal debidamente habilitado.

Ante la insistencia de las defensas, que desplegaron diferentes argumentos y planteos para sostener que los hechos denunciados habían prescripto, los magistrados enrostraron con firmeza (jurisprudencia de la corte, pactos internacionales firmados por Argentina, acuerdos de jurisprudencia anteriores a la dictadura y elementos jurídicos, fallos y antecedentes del derecho internacional vigente que le atañen al país) que en el juicio se debatieron delitos de lesa humanidad y que son indudablemente imprescriptibles, por lo que las denuncias están en vigencia y pueden ser juzgadas a pesar del tiempo transcurrido.

 

Fallo de la Cámara Nacional de Casación Penal. Marzo 2015

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

Los fundamentos de la condena del Tercer Juicio

El tribunal Oral Federal que condenó a Di Pasquale, Soza, Farías Barrera, Hilarión Sosa y Mario Gómez Arenas el 14 de mayo pasado, dio a conocer hoy a las 13 en el salón de Amuc, la sentencia completa, con los fundamentos del veredicto ya conocido.

La audiencia formal de cierre del juicio se produjo a las 13, con la presencia de la defensora Laura Giuliani, el fiscal Adrián García Lois y el querellante Juan Cruz Goñi.

Matías Subat 11 marzo 2014

 

Porqué sólo le dieron seis años a Soza, cómo valoraron los jueces los testimonios, qué dijeron de las inspecciones oculares, porqué no le creyeron a Di Pasquale. Todo aquí en los fundamentos.

Sentencia Tercer Juicio. Tramo Di Pasquale

 

El juicio que sigue..

Hay tres expedientes que fueron elevados a juicio para un cuarto debate. En total son más de 25 víctimas de las cuales hasta ahora nunca se ventiló su caso. Además de los ya juzgados, se sumó la responsabilidad de policías federales en este proceso oral que no tiene fecha.

Las defensas recusaron al tribunal que designó Casación para  este tramo, compuesto por Eugenio Krom, Richar Gallego y Orlando Coscia, y el trámite ingresó en mayo en la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

 

 

foto: Matías Subat

Sindicato de Prensa de Neuquén

Cinco condenas

Los jueces Leónidas Moldes, Diego Barroetaveña y Richar Gallego condenaron a los cinco acusados por los secuestros y torturas que se ventilaron en este tercer juicio.

Matías Subat

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“Desde la casa de Camarelli se veía todo”

“Desde todos los sectores se puede ver hacia la parte de abajo donde estaba la gente detenida, secuestrada, torturada, desde todas las ventanas de la casa de Camarelli”, afirmó el querellante Marcelo Medrano al término de la inspección ocular en la comisaría de Cipolletti.

Oscar Livera

En el edificio contiguo a la comisaría cuarta de Cipolletti, los jueces recorren lo que fue la casa del comisario Camarelli en 1.976.

El tribunal recorrió los sectores internos de la comisaría cipoleña y luego se trasladó al edificio contiguo, que en 1976 era la vivienda de la familia del comisario. En esa fecha, el jefe de la comisaría era Antonio Alberto Camarelli, quien sostuvo en el juicio anterior que no supo de víctimas de tortura a partir de 1976 allí porque la unidad había sido “copada” por los militares, y no supo qué pudo ocurrir.

En este tercer juicio no había policías rionegrinos imputados, sin embargo, el tribunal consideró importante hacer la inspección ocular como lo hizo antes en el lugar donde funcionó el centro clandestino “La Escuelita”, en la sede de la policía Federal de Neuquén y en la comisaría de Cutral Co.

Oscar Livera

El juez Moldes desde la unidad policial a la casa del comisario, al lado.

“Las inspecciones tanto de La Escuelita, como de la comisaría de Cipolletti, Cutral Co y la policía Federal nos permitió constatar que fueron centros clandestinos de detención y de tortura. Que las víctimas recorrieran a la par nuestro, aunque fuera más doloroso, nos permitió tomar conciencia de que era imposible no escuchar las torturas que se produjeron en la comisaría de Cipolletti”, dijo Medrano.

En su opinión, la recorrida despejó toda duda sobre qué pudo y qué no pudo ver el comisario Camarelli, aunque estuviera “recluido” en su casa. “En la casa de Camarelli supuestamente había una puerta que teóricamente estaba arriba, pero desde todos los sectores se puede ver hacia la parte de abajo”, donde estaban los calabozos. “Desde todas las ventanas”, reafirmó.

Agregó también que se caía el argumento vertido en el anterior debate en cuanto a que la comisaría estaba pegada a una escuela, y que los chicos o los maestros tendrían que haber escuchado algo. “Entre donde estaban los secuestrados y la escuela hay casi una manzana, porque la escuela está sobe el otro sector, casi sobre la calle”, dijo.

La querella del Ceprodh fustigó duramente que no se hiciera la recorrida junto con sobrevivientes que hubieran estado detenidos en esta unidad policial, como ocurrió con Cutral Co, La Escuelita o la oficina de la Federal en Neuquén.

Oscar Livera

Ivana Dal Bianco, Natalia Hormazabal (Ceprodh) y Marcelo Medrano (secretaría de Derechos Humanos de Nación.

“Aquí funcionó un centro de torturas a pesar de que el año pasado en el juicio anterior se garantizó la impunidad a la policía de Río Negro. Pudimos ver la casa de Camarelli que es la que está arriba, desde donde se ve todo, se escucha todo, los calabozos están de allí a corta distancia; ellos eran parte de ese centro de torturas adonde trasladaban a los compañeros”, dijo la querellante Ivana Dal Bianco.

La recorrida no fue con sobrevivientes

Cipolletti fue la única inspección ocular sin participación de sobrevivientes que hubieran pasado detención en ese lugar. Hubo víctimas que estuvieron en la vereda, pero se trataba de personas que habían sido detenidas en Cipolletti y sus causas no formaron parte de este tramo, como el caso de Gladis Sepúlveda -su caso está en el juicio que se realizará en Bahía- o Eduardo París, cuyo caso de secuestro y torturas aún no llegó a juicio.

Oscar Livera

Los jueces en la zona de ingreso a la guardia de la comisaría de Cipolletti

“En realidad se hicieron las inspecciones oculares de los cuatro lugares que funcionaron como centros clandestinos, pero en este tramo que se está juzgando no hay imputados que sean de la comisaría de Cipolleti, sino del Ejército y Soza, que es de la policía Federal”, explicó Medrano.

Para el Ceprodh, fue el tribunal “el que no permitió la presencia de sobrevivientes, que hubiera sido un aporte importante como el resto de las inspecciones oculares”. Insistió en que “la prueba la siguen aportando los sobrevivientes, no es el Estado porque no abre los archivos de la dictadura, no es la policía porque siguen escondiendo la verdad de lo que pasó, son los sobrevivientes; se condena a los genocidas por las pruebas que ellos aportan”.

Sostuvo que la recorrida en Cipolletti demostró que los croquis que armaron los sobrevivientes, como los hermanos Pailos “son dibujos que coinciden exactamente con lo que fueron estos lugares”.

Oscar Livera

Los jueces aseguraron que los autorizados a recorrer el lugar, no fueron.

Según sostuvieron los jueces Leónidas Moldes, Diego Barroetaveña y Richar Gallego, “fue una medida muy importante” la que se obtuvo al término de las inspecciones. Con respecto a la no presencia de testigos – víctima en Cipolletti, los magistrados fueron taxativos al indicar que “no vinieron las personas que estaban facultadas para hacerlo (la inspección). No hubo una decisión contraria, las que son partes pueden intervenir, y no vinieron”.

 

Oscar Livera

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén, marzo 2014-

fotos: Oscar Livera

Revivieron el “Operativo Cutral Co”

A 38 años de los secuestros y tormentos sufridos por una veintena de vecinos en la noche y madrugada del 14 y 15 de junio de 1976, Dora Seguel y Pedro Maidana, dos de las víctimas del denominado Operativo Cutral Co, recorrieron las oficinas, pasillos y el patio de la Comisaría 14.

Oscar Livera

Seguel y Maidana dijeron que se han operado cambios significativos en el edificio respecto de la época de los hechos. No obstante “por suerte pudimos señalar en qué lugares nos tuvieron detenidos, en qué lugares nos torturaron y por dónde nos hicieron realizar los recorridos dentro de la comisaría”, dijeron luego de la diligencia de alrededor de treinta minutos ante un grupo de dirigentes de organismos de defensa de los derechos humanos, abogados que llevan adelante la querella, familares. Se sumó el intendente cutralquense, Ramón Rioseco.

La recorrida, al mediodía, la encabezaron los miembros del tribunal, el presidente Leónidas Moldes y los vocales Diego Barroetaveña y Richar Gallego, con la participación de la secretaria Sivina Domínguez, los defensores oficiales Laura Giuliani y Pablo Matkovic, el fiscal Marcelo Grosso y los querellantes, de la secretaría de Derechos Humanos Marcelo Medrano, del Ceprodh Natalia Hormazábal e Ivana Dal Bianco y la Asamblea por los Derechos Humanos de Neuquén y Río Negro, Juan Cruz Goñi.

Tres grandes pancantas ubicadas en la vereda reflejaron, con fotos y textos, tres escenas, dos históricas de los progonistas y una actual: Arlene Seguel -aún desaparecida- recibiendo un premio de manos de su madre; el grupo de jóvenes que militaba en la parroquia Cristo Obrero; y la gran placa colocada en la puerta de la comisaría el año pasado con el título “Aquí se cometieron crímenes de lesa humanidad”.

Oscar Livera

Los secuestros aquella vez comenzaron con las detenciones jóvenes estudiantes secundarios de las aulas en pleno dictado de clases, en la tarde-noche y continuaron toda la madrugada en distintos domicilios de Cutral Co y Plaza Huincul. Las víctimas han relatado que fueron blanco de torturas mientras les hacían los primeros interrogatorios.

En celulares de la policía de Neuquén y rodados del Ejército Argentino, ya con la luz del día, las víctimas fueron luego derivadas a Neuquén donde quedaron detenidas ilegalmente, en diversas dependencias y el centro de detención clandestino y torturas La Escuelita, montado en predios del Batallón 181 del Ejército, en ruta 22.

 

“Impregnado de dolor y horror”

“Reconocimos la oficina del comisario Mendoza, donde nos interrogaron. Se mantiene como entonces”, dijo Dora Seguel para abrir un relato cargado de emotividad, salpicado de lágrimas pero contundente.
“Es desgastante -el reconocimiento-, agotador pero es tan importante y necesario que se nos escuche y se sepa que este lugar jamás pueda ser citado como un lugar… bello. Porque sus paredes tienen impregnadas el dolor y el horror de todos los compañeros que pasaron por acá”, señaló Dora.

 

Oscar Livera 10 marzo 2014

“Hemos reconocido el lugar donde la mayoría de nosotros estuvimos secuestrados, después de ser sacados de nuestros ámbitos naturales y sometidos a vejámenes y maltratato que significó que algunos termináramos en la cárcel y otras como víctimas de desaparición forzada. Porque muchos de esos compañeros no aparecieron más”, dijo Maidana.
Agregó que más de 60 vecinos fueron víctimas de la razia que se practicó en esas jornadas en la comarca petrolera “por el gobierno militar del dictador Videla y esa misma noche o al otro día fueron largados cargados de miedo y de terror después de sufrir tanto vejámen, en medio de la indefensión”.
Relató que las detenciones apuntó particularmente a jóvenes estudiantes, pero que también incluyó a trabajadores y sindicalistas y a personas que militaban en distintas organizaciones sociales.
“En esa época Cutral Co era un pueblo con mucho activismo, que luchaba por sus derechos y por mantener las conquistas sociales y yo era partícipe de esa actividad”, comentó.
Seguel y Maidana resaltaron la actitud de los jueces por haber aceptado visitar los lugares donde fueron detenidos y torturados y escuchar sus relatos de cómo sufrieron “esa represión”.
“Los cambios -en la comisaría- son muy grandes. Pero por suerte la memoria no nos falló, pudimos hacer el recorrido y señalar en qué lugar nos tuvieron detenidos, dónde nos torturaron y por dónde nos hicieron hacer los recorridos dentro de la comisaría”, comentó Seguel.

Oscar Livera
Añadió que se mantiene la oficina del comisario Mendoza, que fue donde se los interrogó y torturó, remarcó.
Un espacio del relato Maidana lo destino al pasaje cuando, en medio de la tortura, intentó zafar de sus captores y corrió hacia el patio primero y luego la cale, frente a la comisaría.
“Me sacaron vendado y atado para llevarme por un destino incierto. En ese patio había un auto en el que intentaban sacarme. Y ahí fue cuando me escapé vendado por el patio, pero en el asfalto me detuvieron los militares a los culatazos y de me subieron a un camión… Un Unimog, un (camión Mercedez Benz) 1114, no sé”.

Oscar Livera
Los aplausos y abrazos cerraron los relatos de Seguel y Maidana.

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén – marzo de 2014

Fotos: Oscar Livera

 

Inspecciones oculares

Hoy lunes el Tribunal Oral Federal finalizará las inspecciones oculares en los centros clandestinos de detención.

Los jueces Leónidas Moldes, Diego Barroetaveña, Richar Gallego y Luis Lozada se constituirán a primera hora en Cutral Co,  en la comisaría, y por la tarde lo harán en la comisaría de Cipolletti.

 

Oscar Livera

La comisaría de Cipolletti el año pasado, durante la señalización como centro clandestino.

 

La inspección ocular en ambas comisarías donde permanecieron desaparecidos una gran cantidad de víctimas de la causa, será la finalización de las pericias. En Cutral Co está previsto a las 12, y en Cipolletti a las 17.

Señalizacion Cria 4ta Cipolletti Río Negro 30 mayo 2013 SPN

El martes, a las 9, las audiencias continuarán en la sede de Amuc del Tribunal Oral Federal, con las declaraciones del ex militar de inteligencia, Jorge Di Pasquale (otra vez) y del ex subcomisario de la delegación federal de la policía neuquina, Jorge Soza; según anunció la defensora oficial Laura Giuliani.

 

Oscar Livera

Señalización del centro clandestino, mayo 2013-

 

La continuidad de las audiencias serán el 19 , 20 y 21 de marzo con los alegatos de la acusación (querellas y fiscalía), mientras que el 3 y 4 de abril será el turno de los alegatos de las defensas de los acusados.

El 8 de abril será el tiempo de que los acusados digan sus últimas palabras y se conozca la fecha del veredicto

 

Oscar Livera

Mario Gómez Arenas, Jorge Soza, Luis  Farías Barrera, Jorge Di Pasquale, Hilarión Sosa en la apertura del juicio, 17 y 18 de octubre de 2.013.

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

Marzo de 2014

fotos: Oscar Livera

En la Federal, Balbo reconoció la mesa donde fue torturado

“Esa era la mesa, tenía solamente la tabla de arriba porque le cambiaron las patas”, dijo «Orlando» Nano Balbo al finalizar la inspección ocular en la delegación neuquina de la policía federal; el lugar donde Raúl Guglielminetti le reventó los tímpanos en la tortura de marzo de 1976.

Matías Subat

La inspección fue por la tarde en el lugar que fue considerado como centro clandestino de detención y tortura durante la última dictadura cívico-militar.

Balbo reconoció el interior del edificio, el sótano y la mesa donde lo interrogaron y atormentaron durante su cautiverio. En rueda de prensa  confirmó que “ahora la mesa está en una construcción nueva, que está al fondo”.

“Les dije `esta es la mesa`, entonces ahí se empezaron a buscar los números de la mesa; aunque la pata es otra, está apoyada”.

Matías Subat

Son los últimos tramos del tercer juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

El recorrido fue encabezado por los integrantes del Tribunal Oral Federal, que fueron acompañados por los abogados de la Fiscalía, la querella, la defensa.  «Nano» Balbo,  fue junto con su hija para que le ayudara en la comunicación con los jueces.

Matías Subat

Nano quedó sordo luego del paso por la Federal en marzo de 1976.

El explicó que “ésta no es una visita que yo haya elegido, pero el tribunal me hizo sentir bien y empezó a tener sentido lo que estaba haciendo” y agregó que “esta vez me dije, esta vez de acá salgo por mis propios medios; la otra vez no sabía, entonces fue para darle sentido y cerrar una etapa”.

Indicó que “a título personal para mí es bueno; si eso contribuye a la causa, si esto contribuye a lo que espero del juicio, eso escapa de mi”.

Sobre la inspección señaló que “me pidieron que haga un croquis de la mesa, hago un formato sin darme cuenta, era la mesa; lo que se conserva es la tabla, le han cambiado las patas, es una mesa de 3,75 porque la midieron, la van a buscar en el inventario”.

Tribunal en inspeccion ocular en La Federal

Balbo recordó que “Guglielminetti se sentaba en la punta de la mesa, siempre al alcance de su mano, iba a mi cara a cada rato”. “El sótano no aparece, está sellado; ahora sí, desde afuera estoy convencido, está ahí o lo rellenaron; porque era de las dimensiones de esa oficina”, sostuvo señalando la ubicación actual.

Explicó que “arriba había una oficina y abajo el sótano, tenía la altura de una habitación normal, a punto tal que la napa freática la había llenado de agua; el sótano estaba en desuso porque tenía una buena cantidad de agua y a nosotros nos dejaban en la escalera porque no había lugar donde ponernos”.

Matías Subat

También mencionó que “el pasillo que yo transité no está más; la puerta del sótano no está más y el sótano no está más; pero estoy seguro que está ahí, porque estoy seguro que es la última parte de la construcción”.

Balbo aseguró que “había algún tipo de luz, porque cuando se acostumbró mi vista, pude ver detalles; vi una puerta vieja reciclada, que es la del sótano, idéntica, solo que aquella era ciega y esta no es ciega; es una construcción de puerta de hace cincuenta años con un pedazo fileteado, labrado”. Además indicó que “el sótano no aparece, no hay planos originales, aparentemente hay planos de la reforma”.

Al recordar su ingreso como detenido al edificio, Balbo señaló que “Guglielminetti me tapaba y básicamente era para no ver a los detenidos” y se preguntó “cómo puede ser que los gritos de los torturados pueden estar apagados con la cantidad de paredes que se han levantado; si alguien se pone a gritar, fíjense el ancho que tiene la casa hacia atrás, tenía cuatro metros de dormitorios, dos metros de pasillo, cuatro metros más, en total diez metros y se acababa la construcción; un grito ahí tiene que escucharlo todo el vecindario”.

Orlando Balbo y Labrune Inspeccion en la Federal

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

fotos: Matías Subat

“Los que estaban en el Batallón sabían lo que pasaba acá”

La inspección ocular en el predio donde funcionó La Escuelita permitió determinar la cercanía entre el centro clandestino de detención y parte de las instalaciones del Batallón de Ingenieros 161 (ex 181). Víctimas que estuvieron en el lugar ubicaron la disposición de la construcción, paredes que ahora son escombros y un álamo donde eran golpeados.

Oscar Livera

Ingreso al lugar desde la ruta 22 por la continuidad de la calle Chaco, en terrenos del Batallón.

El miércoles a la mañana se realizó la primera inspección ocular oficial en La Escuelita encabezada por los jueces Leónidas Moldes, Diego Barroetaveña y Richard Gallegos, quienes integran el Tribunal Oral Federal (TOF) que está llevando adelante la tercera etapa de los juicios por crímenes de lesa humanidad en la región.

Oscar Livera

Los jueces en el terreno donde estaba el edificio de «La Escuelita»

Participaron también los fiscales Adrián García Lois y Marcelo Grosso, los abogados defensores y los querellantes. Se había autorizado la asistencia de los imputados, pero ninguno asistió.

 

Matías Subat

Oscar Paillalef y Pedro Maidana – inspección ocular en «La Escuelita»

Los testigos y víctimas que recorrieron la zona fueron Rubén Ríos, Luis Genga, David Lugones, Dora Seguel, Isidro López, Oscar Paillalef, Benedicto Bravo y Pedro Maidana. También lo hicieron las Madres de Plaza de Mayo del Alto Valle Inés Ragni y Lolín Rigoni, Oscar Ragni, Nora Cortiñas (Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora), Enrique Fukman (sobreviviente de la ESMA), familiares, organizaciones sociales, de derechos humanos y medios de prensa.

Matías Subat

La Madre Nora Cortiñas (línea fundadoras), el sobreviviente de la Esma Mario Fukman y la Madre Lolín Rigoni, madres Alto Valle.

“Me comentaban algunos de los jueces que estaban sorprendidos de la corta distancia que había con el Batallón, ellos pensaban que era más. Los que estaban en el Batallón sabían lo que pasaba acá”, comentó Lugones, quien estuvo detenido y fue torturado en La Escuelita, y además participó del primer recorrido que realizaron (sin autorización) en abril de 1984.

Oscar Livera 19 febrero 2014

El sitio donde funcionó el centro clandestino. Las edificaciones de atrás son del cuartel del Ejército, Batallón 161 (ex Batallón 181 en 1976)

Relató que cuando los sacaban de la construcción principal para llevarlos a un galpón (que había estado ubicado hacia el fondo y más cerca del río Limay), los hacían agachar mucho. “Había soldados haciendo guardia (en el Batallón), entonces no querían que nos vean cuando nos llevaban al lugar de tortura”, agregó. Según se pudo calcular, entre el alambrado perimetral del Batallón y lo que fue La Escuelita hay entre 50 y 100 metros.

 

Matías Subat

Inspección ocular en «La Escuelita» de Neuquén

Lugones también identificó un álamo contra el que eran golpeados cuando los sacaban para torturarlos. “Cuando hicimos el reconocimiento de 1984 alguien comentó que le chocaban la cabeza contra un árbol cada vez que lo sacaban para torturarlo, esposado y vendado, y le hacían agachar mucho la cabeza. Y cuando dijo eso del álamo, recordamos que a todos nos hacían eso. En el 84 vimos al costado este álamo, este viejo álamo que ya esta caído era el álamo donde nos golpeaban la cabeza. Estaba justo en el trayecto al lugar de tortura, quizás sería una diversión para ellos”, relató Lugones mientras señalaba el árbol seco en la parte derecha del lugar donde estaba La Escuelita. Los restos del centro clandestino están a unos 300 metros de la calle Luis Beltrán, por calle Chaco, y yendo hacia el río a mano derecha.

Matías Subat

Genga fue otra de las víctimas que reconoció espacios y ruidos. A él lo sacaron en un momento afuera y sintió el sonido del agua. Cuando realizaron la inspección pudo ver que a unos metros hay una laguna y un curso de agua que aumenta cuando crece el Limay. “No estaba a más de siete metros, ahora lo vemos a unos 15 metros, pero creo que antes el curso estaría más acá”, describió Genga. “La búsqueda de justicia hay que hacerla a fondo y esto sirve para que los jueces tomen verdadera conciencia de lo que están juzgando. Que puedan identificar el lugar y crean en nuestro testimonio”, remarcó sobre la importancia de la inspección ocular.

Matías Subat

Por su parte, Noemí Labrune, de la APDH, aseguró que el recorrido tiene importancia “para que la sociedad se apropie de este tema, para evitar su repetición”. Ella y el obispo Jaime de Nevares organizaron el primer reconocimiento en abril de 1984. Recordó que con la vuelta de la democracia se autorizaron recorridas por centros clandestinos, pero al hacerse oficial, los mismos eran tapados, escondidos o demolidos. “A nosotros no nos iban a pillar con esto, en vez de pedir autorización nos pusimos a investigar cómo podíamos entrar”, indicó. En ese momento participaron siete sobrevivientes, además de las comisiones de Derechos Humanos de Neuquén y Río Negro, la APDH, la Conadep, Canal 7 y el diario Río Negro. “Esas siete personas seguro que tenían miedo, pero hicieron un acto de valentía cívica. Y esto es la continuación”, sostuvo Labrune.

 

Matías Subat

 

 

 

Fotos: Oscar Livera – Matías Subat

Centros clandestinos de Neuquén

El miércoles 19 de febrero a las 10, la audiencia de debate del Juicio se reanudará en el Batallón 161 (ex BIC 181), con la inspección ocular a lo que queda del centro de torturas conocido como «La Escuelita».

NEUQUEN -LA ESCUELITA

En abril de 1984 un grupo de sobrevivientes, con los diputados neuquinos que integraban la «comisión por la Memoria» y la Conadep,  llegó «de sopetón» y por el río al edificio en el que se llevaron a cabo los tormentos.

La construcción fue demolida en la década del 90.

Desde aquella histórica incursión, será la primera inspección ocular que se llevará a cabo en el lugar con la presencia del tribunal, de testigos – víctimas de las torturas, fiscales, defensas y posiblemente con la varios de los acusados en el lugar, según se autorizó.

La recorrida incluirá a la prensa y la resolución del tribunal convocó por la mañana en Chaco y la ruta 22 para la inspección ocular en «La Escuelita»; y a las 15 en Santiago del Estero, delegación de la policía Federal, para la inspección judicial del lugar que funcionó como centro de torturas a partir del 24 de marzo de 1976.

 

fotografía: Raúl Rodríguez (fotógrafo y documentalista, fallecido)

Sindicato de Prensa de Neuquén

Los Ragni por Oscar

Antonio Oscar Ragni y la madre neuquina Inés Rigo de Ragni serán los protagonistas de la primera jornada de reapertura del Tercer Juicio por delitos de lesa humanidad de Neuquén este jueves con el testimonio por la desaparición de su hijo Oscar Alfredo Ragni.

 

Matías Subat

 

Para el 6 de febrero está prevista también la declaración de David Lugones, sobreviviente del centro neuquino de detención clandestina que a los 19 años compartió el cautiverio en tiempo y lugar con Oscar Ragni.

 

oscar ragni

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Di Pasquale no dijo dónde estan los desaparecidos

El ex oficial de inteligencia Jorge Héctor Di Pasquale respondió todas las preguntas que tanto los jueces como querellantes y el fiscal Adrián García Lois le preguntaron, sin embargo, no aportó datos sobre quiénes llevaron a cabo los secuestros y las torturas en Neuquén y Río Negro, quién o quiénes planificaron y ejecutaron los operativos de detención masiva que hubo en Cutral Co, ni aclaró cuál fue el destino final que tuvieron los siete desaparecidos, además de las circunstancias que vivieron el resto de las víctimas por las cuales afronta el actual juicio.

Matías Subat

Como la indagatoria es procesalmente un acto de defensa, no estuvo obligado a decir la verdad o declarar en su contra. Se sentó, y con soberbia y autosuficiencia, pidió que le preguntaran todo lo que las partes quisieran, a sabiendas de que no iba a responder lo que se le pedía.

 

Di Pasquale volvió a insistir que el tribunal civil no tendría que intervenir en su juzgamiento, acusó al fiscal García Lois de desconocer la historia reciente y no entender el rol del Ejército durante la dictadura militar e insistió incontables veces en que como oficial de inteligencia del Ejército no tuvo relación en Neuquén con la denominada “lucha antisubversiva”, sino que en 1976 y 1977 se dedicó sólo a “reunir información sobre el Ejército chileno”, en el marco del conflicto que en 1978 tuvo su máxima tensión con el vecino país.

 

Insistentemente se quejó de que los jueces no le permitieron llevar como testigo al ex jefe montonero Fernando Vaca Narvaja, porque consideró que si él (Di Pasquale en su acto de defensa) lo interrogaba, “luego de una charla con él como testigo, podríamos solucionar los problemas de la sociedad”.

 

Aunque su jefe inmediato en 1976, el teniente coronel Mario Alberto Gómez Arena, era a su vez el mismo jefe del civil de inteligencia Raúl Guglielminetti (reconocido por las víctimas en los secuestros y torturas, tanto en La Escuelita como en la Federal), Di Pasquale convenientemente sostuvo que no trabajaba con Guglielminetti y que pensaba que era un policía federal.

 

Para Di Pasquale, el destacamento de Inteligencia 182 -que funciona aún hoy a un costado del Comando- sólo se dedicaba a buscar agentes de la DINA -Dirección de Inteligencia de Chile- en la región y aunque era un “puesto alternativo de comando” no tuvo intervención en los operativos que largamente detallaron los sobrevivientes en las audiencias.

 

“No sé si lo que dicen es cierto o no es cierto, debe ser cierto, pero no es responsabilidad mía”, dijo Di Pasquale cuando se le preguntó a qué atribuía los testimonios y denuncias que había escuchado en el juicio.

 

Cuando se le preguntó específicamente quién realizaba en Neuquén esta tarea, si él negaba que el destacamento 182 realizara los operativos de secuestro y las detenciones en “La Escuelita” que el comandante José Luis Sexton reconoció que hubo en Neuquén, el ex militar respondió irónico: “eso lo tendría que contestar Sexton (que está fallecido), deben haber sido pedidos que le hacían a Neuquén desde otras jurisdicciones, las cosas que yo llevé a cabo no consistieron delito; si cometí algún error, me tendrían que haber sancionado. Era un problema de Sexton, no era un problema mío ni del destacamento”,

 

Cuando se le preguntó por qué en una nota firmada por él en la que reivindicaba el levantamiento ‘carapintada’ de 1987 en protesta por las causas penales que se habían iniciado contra los que perpetraron secuestros y torturas, mencionaba su rol de “lucha contra la subversión”, y ahora lo negaba, Di Pasquale buscó la salida de la “obediencia debida” e insistió en plantear que en 1987 había 850 oficiales y suboficiales acusados de delitos de lesa humanidad “y los responsables, como los generales, no se hacían cargo; y que por esto habían formado un “movimiento nacional” para indicar que de lo que se les acusaba “eran actividades propias del mando”.

 

En la misma línea, insistió en que “no intervine en secuestros, interrogatorios ni torturas durante los años 1976 y 1977” cuando estuvo en Neuquén”, y que el destino de los desaparecidos “se lo tendrían que preguntar a Sexton. No recibí ni di ninguna orden de aniquilar; no puede existir jamás un plan”, dijo Di Pasquale e insistió en asegurar que en ese tiempo seguía a supuestos militares chilenos que hacían inteligencia en la zona o que movían tropas del otro lado de la cordillera. Finalizó su intervención diciendo que “el plan Cóndor no existió”, cuando se le preguntó si en su labor de inteligencia tuvo relación con militares chilenos que buscaban activistas en esta región.

 

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

Foto: Matías Subat

«Eran tan terrible los golpes, que deseaba llegar a la sala de torturas»

Benedicto del Rosario Bravo militaba en el peronismo en 1976 y había adherido al Partido Auténtico, y “en la creencia de que no iba a ser tan horroroso como ocurrió”, sacó un comunicado político repudiando el golpe cívico-militar de ese año.

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“En septiembre de 1976 comenzó el hostigamiento, habían secuestrado a Patricio Dillón del Quintu Panal y firmé un comunicado en contra del golpe. Me llegó una citación la policía de la comisaría tercera de Roca, que me decía -escrita a mano- que me tenía que presentar en el Comando” de Neuquén.

 

Cuando se presentó en el lugar “el de la mesa de entradas sacó a los soldados -conscriptos en servicio obligatorio- y entraron tres oficiales; dos me agarraron por las manos y el tercero me dio un golpe que me aturde y cuando me estoy despertando estaba vendado, en el piso de un auto y con un borseguí en la cabeza”, le dijo al tribunal.

 

Benedicto Bravo dijo que como electricista, sabía que estaba a bordo de una Ika Gladiator doble cabina. Así lo llevaron a “La Escuelita”, donde fue esposado a un camastro y reconoció las voces de Oscar Paillalef y de Enrique Teixido. Mientras permaneció desaparecido, todos los días fue llevado al galpón de chapa. Los guardias le pedían que se agachara y le pegaban cuando lo hacía; que corriera, y cuando lo hacía pisaban las cadenas que ataban sus pies y se caía; y cuando se agachaba porque así lo exigían, le pateaban fuertemente en “el culo” como para que quedara a un par de metros de bruces, al estar con las manos encadenadas y los ojos vendados. “Cada vez que me llevaban, era terrible, lo único que quería es llegar a la sala de torturas porque no daba más, era un descanso llegar a la sala de torturas para que no me pegaran más”, dijo Bendicto.

 

En el galpón de chapa nunca hubo preguntas, “sólo se reían de mi vida personal, conocían detalles de mis cosas, de mi vida, me ponían un cinturón con electrodos mojados en la cabeza y decían: ‘dale manija’. Escuchaban radio de Cipolletti y tomaban mate en otro lado”, describió.

 

En la tortura donde no había preguntas sino “manija”, Benedicto “no podía ni gritar, porque la picana me achicaba la lengua y se ponía gruesa. Cuando salí, no le dije nada a nadie, ni siquiera a mis hijos, no porque me hiciera mal, sino por no infundir temor o miedos en ellos”. Opinó que “el miedo es parte del ser humano, lo único que intenté siempre es que no se transformara en cobardía”, y por eso dialogó con uno de los represores que había en “La Escuelita” el día que lo retiraron del centro clandestino. Lo llevaron junto con Paillalef al Comando y de allí lo liberaron. “Me dijo ‘acá tenés tu DNI y plata para que te vayas en colectivo (a Roca), estuve hablando y no tenemos nada’. ¿Y usted quién es?, le pregunté, entonces respondió: ‘yo soy el mayor Farías Barrera’”.

 

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Pido Justicia

 

“Así fue lo que viví, pero luego no podía ni trabajar en el taller de electricidad, porque cada uno que entraba yo me iba a esconder, porque pensaba que me iban a llevar. Así fue que con mi patrón quedamos en que me iba por un tiempo, y durante un año me fui a trabajar a Chile. Si me hubiera quedado en Roca, no sé si me hubieran ido a buscar otra vez; en Chile me sentí acompañado por el pueblo chileno en plena dictadura de Pinochet; también me sentí acompañado por la Iglesia: sé que hubo dos Iglesias, a mí me tocó una, la de Hesayne (Miguel Esteban, obispo de Viedma) que siempre fue cercana a mis principios cristianos y peronistas. No estoy acá por ego de decir que éramos mejores, ni para dar lástima; sólo vengo por el compromiso de que los juzguen, porque así nos vamos a convertir en un país con dignidad. “No vengo por odio ni venganza, sólo por Justicia. No podemos olvidar un genocidio porque sino veremos el odio, la venganza y la tortura como algo natural”, insistió Benedicto Bravo ante los jueces.

 

 

 

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

 

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