Centros clandestinos de Neuquén

El miércoles 19 de febrero a las 10, la audiencia de debate del Juicio se reanudará en el Batallón 161 (ex BIC 181), con la inspección ocular a lo que queda del centro de torturas conocido como “La Escuelita”.

NEUQUEN -LA ESCUELITA

En abril de 1984 un grupo de sobrevivientes, con los diputados neuquinos que integraban la “comisión por la Memoria” y la Conadep,  llegó “de sopetón” y por el río al edificio en el que se llevaron a cabo los tormentos.

La construcción fue demolida en la década del 90.

Desde aquella histórica incursión, será la primera inspección ocular que se llevará a cabo en el lugar con la presencia del tribunal, de testigos – víctimas de las torturas, fiscales, defensas y posiblemente con la varios de los acusados en el lugar, según se autorizó.

La recorrida incluirá a la prensa y la resolución del tribunal convocó por la mañana en Chaco y la ruta 22 para la inspección ocular en “La Escuelita”; y a las 15 en Santiago del Estero, delegación de la policía Federal, para la inspección judicial del lugar que funcionó como centro de torturas a partir del 24 de marzo de 1976.

 

fotografía: Raúl Rodríguez (fotógrafo y documentalista, fallecido)

Sindicato de Prensa de Neuquén

Los Ragni por Oscar

Antonio Oscar Ragni y la madre neuquina Inés Rigo de Ragni serán los protagonistas de la primera jornada de reapertura del Tercer Juicio por delitos de lesa humanidad de Neuquén este jueves con el testimonio por la desaparición de su hijo Oscar Alfredo Ragni.

 

Matías Subat

 

Para el 6 de febrero está prevista también la declaración de David Lugones, sobreviviente del centro neuquino de detención clandestina que a los 19 años compartió el cautiverio en tiempo y lugar con Oscar Ragni.

 

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Di Pasquale no dijo dónde estan los desaparecidos

El ex oficial de inteligencia Jorge Héctor Di Pasquale respondió todas las preguntas que tanto los jueces como querellantes y el fiscal Adrián García Lois le preguntaron, sin embargo, no aportó datos sobre quiénes llevaron a cabo los secuestros y las torturas en Neuquén y Río Negro, quién o quiénes planificaron y ejecutaron los operativos de detención masiva que hubo en Cutral Co, ni aclaró cuál fue el destino final que tuvieron los siete desaparecidos, además de las circunstancias que vivieron el resto de las víctimas por las cuales afronta el actual juicio.

Matías Subat

Como la indagatoria es procesalmente un acto de defensa, no estuvo obligado a decir la verdad o declarar en su contra. Se sentó, y con soberbia y autosuficiencia, pidió que le preguntaran todo lo que las partes quisieran, a sabiendas de que no iba a responder lo que se le pedía.

 

Di Pasquale volvió a insistir que el tribunal civil no tendría que intervenir en su juzgamiento, acusó al fiscal García Lois de desconocer la historia reciente y no entender el rol del Ejército durante la dictadura militar e insistió incontables veces en que como oficial de inteligencia del Ejército no tuvo relación en Neuquén con la denominada “lucha antisubversiva”, sino que en 1976 y 1977 se dedicó sólo a “reunir información sobre el Ejército chileno”, en el marco del conflicto que en 1978 tuvo su máxima tensión con el vecino país.

 

Insistentemente se quejó de que los jueces no le permitieron llevar como testigo al ex jefe montonero Fernando Vaca Narvaja, porque consideró que si él (Di Pasquale en su acto de defensa) lo interrogaba, “luego de una charla con él como testigo, podríamos solucionar los problemas de la sociedad”.

 

Aunque su jefe inmediato en 1976, el teniente coronel Mario Alberto Gómez Arena, era a su vez el mismo jefe del civil de inteligencia Raúl Guglielminetti (reconocido por las víctimas en los secuestros y torturas, tanto en La Escuelita como en la Federal), Di Pasquale convenientemente sostuvo que no trabajaba con Guglielminetti y que pensaba que era un policía federal.

 

Para Di Pasquale, el destacamento de Inteligencia 182 -que funciona aún hoy a un costado del Comando- sólo se dedicaba a buscar agentes de la DINA -Dirección de Inteligencia de Chile- en la región y aunque era un “puesto alternativo de comando” no tuvo intervención en los operativos que largamente detallaron los sobrevivientes en las audiencias.

 

“No sé si lo que dicen es cierto o no es cierto, debe ser cierto, pero no es responsabilidad mía”, dijo Di Pasquale cuando se le preguntó a qué atribuía los testimonios y denuncias que había escuchado en el juicio.

 

Cuando se le preguntó específicamente quién realizaba en Neuquén esta tarea, si él negaba que el destacamento 182 realizara los operativos de secuestro y las detenciones en “La Escuelita” que el comandante José Luis Sexton reconoció que hubo en Neuquén, el ex militar respondió irónico: “eso lo tendría que contestar Sexton (que está fallecido), deben haber sido pedidos que le hacían a Neuquén desde otras jurisdicciones, las cosas que yo llevé a cabo no consistieron delito; si cometí algún error, me tendrían que haber sancionado. Era un problema de Sexton, no era un problema mío ni del destacamento”,

 

Cuando se le preguntó por qué en una nota firmada por él en la que reivindicaba el levantamiento ‘carapintada’ de 1987 en protesta por las causas penales que se habían iniciado contra los que perpetraron secuestros y torturas, mencionaba su rol de “lucha contra la subversión”, y ahora lo negaba, Di Pasquale buscó la salida de la “obediencia debida” e insistió en plantear que en 1987 había 850 oficiales y suboficiales acusados de delitos de lesa humanidad “y los responsables, como los generales, no se hacían cargo; y que por esto habían formado un “movimiento nacional” para indicar que de lo que se les acusaba “eran actividades propias del mando”.

 

En la misma línea, insistió en que “no intervine en secuestros, interrogatorios ni torturas durante los años 1976 y 1977” cuando estuvo en Neuquén”, y que el destino de los desaparecidos “se lo tendrían que preguntar a Sexton. No recibí ni di ninguna orden de aniquilar; no puede existir jamás un plan”, dijo Di Pasquale e insistió en asegurar que en ese tiempo seguía a supuestos militares chilenos que hacían inteligencia en la zona o que movían tropas del otro lado de la cordillera. Finalizó su intervención diciendo que “el plan Cóndor no existió”, cuando se le preguntó si en su labor de inteligencia tuvo relación con militares chilenos que buscaban activistas en esta región.

 

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

Foto: Matías Subat

“Eran tan terrible los golpes, que deseaba llegar a la sala de torturas”

Benedicto del Rosario Bravo militaba en el peronismo en 1976 y había adherido al Partido Auténtico, y “en la creencia de que no iba a ser tan horroroso como ocurrió”, sacó un comunicado político repudiando el golpe cívico-militar de ese año.

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“En septiembre de 1976 comenzó el hostigamiento, habían secuestrado a Patricio Dillón del Quintu Panal y firmé un comunicado en contra del golpe. Me llegó una citación la policía de la comisaría tercera de Roca, que me decía -escrita a mano- que me tenía que presentar en el Comando” de Neuquén.

 

Cuando se presentó en el lugar “el de la mesa de entradas sacó a los soldados -conscriptos en servicio obligatorio- y entraron tres oficiales; dos me agarraron por las manos y el tercero me dio un golpe que me aturde y cuando me estoy despertando estaba vendado, en el piso de un auto y con un borseguí en la cabeza”, le dijo al tribunal.

 

Benedicto Bravo dijo que como electricista, sabía que estaba a bordo de una Ika Gladiator doble cabina. Así lo llevaron a “La Escuelita”, donde fue esposado a un camastro y reconoció las voces de Oscar Paillalef y de Enrique Teixido. Mientras permaneció desaparecido, todos los días fue llevado al galpón de chapa. Los guardias le pedían que se agachara y le pegaban cuando lo hacía; que corriera, y cuando lo hacía pisaban las cadenas que ataban sus pies y se caía; y cuando se agachaba porque así lo exigían, le pateaban fuertemente en “el culo” como para que quedara a un par de metros de bruces, al estar con las manos encadenadas y los ojos vendados. “Cada vez que me llevaban, era terrible, lo único que quería es llegar a la sala de torturas porque no daba más, era un descanso llegar a la sala de torturas para que no me pegaran más”, dijo Bendicto.

 

En el galpón de chapa nunca hubo preguntas, “sólo se reían de mi vida personal, conocían detalles de mis cosas, de mi vida, me ponían un cinturón con electrodos mojados en la cabeza y decían: ‘dale manija’. Escuchaban radio de Cipolletti y tomaban mate en otro lado”, describió.

 

En la tortura donde no había preguntas sino “manija”, Benedicto “no podía ni gritar, porque la picana me achicaba la lengua y se ponía gruesa. Cuando salí, no le dije nada a nadie, ni siquiera a mis hijos, no porque me hiciera mal, sino por no infundir temor o miedos en ellos”. Opinó que “el miedo es parte del ser humano, lo único que intenté siempre es que no se transformara en cobardía”, y por eso dialogó con uno de los represores que había en “La Escuelita” el día que lo retiraron del centro clandestino. Lo llevaron junto con Paillalef al Comando y de allí lo liberaron. “Me dijo ‘acá tenés tu DNI y plata para que te vayas en colectivo (a Roca), estuve hablando y no tenemos nada’. ¿Y usted quién es?, le pregunté, entonces respondió: ‘yo soy el mayor Farías Barrera’”.

 

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Pido Justicia

 

“Así fue lo que viví, pero luego no podía ni trabajar en el taller de electricidad, porque cada uno que entraba yo me iba a esconder, porque pensaba que me iban a llevar. Así fue que con mi patrón quedamos en que me iba por un tiempo, y durante un año me fui a trabajar a Chile. Si me hubiera quedado en Roca, no sé si me hubieran ido a buscar otra vez; en Chile me sentí acompañado por el pueblo chileno en plena dictadura de Pinochet; también me sentí acompañado por la Iglesia: sé que hubo dos Iglesias, a mí me tocó una, la de Hesayne (Miguel Esteban, obispo de Viedma) que siempre fue cercana a mis principios cristianos y peronistas. No estoy acá por ego de decir que éramos mejores, ni para dar lástima; sólo vengo por el compromiso de que los juzguen, porque así nos vamos a convertir en un país con dignidad. “No vengo por odio ni venganza, sólo por Justicia. No podemos olvidar un genocidio porque sino veremos el odio, la venganza y la tortura como algo natural”, insistió Benedicto Bravo ante los jueces.

 

 

 

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

 

“El cielo más azul de mi vida”

Oscar Paillalef tiene 63 años y esta fue la segunda declaración que hizo en los juicios que se llevan a cabo por los delitos de lesa humanidad en Neuquén y Río Negro.

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Fue detenido a los 26 años por una patota que lo secuestró y lo vendó cuando se presentó (por una citación in voce que le hizo la policía de Río Negro en su casa en Roca) en el despacho de Oscar Lorenzo Reinhold, el 19 de septiembre de 1976 por la mañana. Fue vendado y llevado directamente a la tortura en “La Escuelita”, donde permaneció desaparecido más de 10 días. Luego quedó detenido en la U9 y terminó su periplo de humillaciones en Rawson, el penal que los sobrevivientes describen como el de los golpes y la tortura psicológica permanentes.

 

“A media cuadra me esperaba mi familia. Ese día he visto uno de los cielos más azules que he visto en mi vida”, recordó.

 

Con la venda puesta, desde el Comando lo llevaron al entonces Batallón 181 en septiembre de 1976. “Reinhold me dijo que necesitaba hacerme un interrogatorio; tenía una vida pública en Roca y no nos ocultábamos, éramos de la Juventud Peronista”, dijo ante los jueces.

 

Describió que ni bien se fue su padre del lugar “una patota que estaba contigua a su despacho me ata con cadenas, me vendan, eran tres o cuatro; dieron muchas vueltas como para perderme pero igual me di cuenta que estábamos camino al Batallón; allá pidieron permiso para entrar, me bajaron a los golpes y me ataron a una cama de pies, manos y también por el cuello con una cadena”, describió.

 

Los guardias de la “Escuelita” lo golpearon continuamente y también “nos amartillaban un arma en la cabeza”, mientras estaban en los camastros. A los golpes también lo llevaron a una dependencia afuera, hecha de chapa, “siempre a los golpes, donde había una cama en la que se hacía el interrogatorio”.

 

El torturador que se identificaba como “Pedro” y un ayudante le preguntaban qué hacía y a qué personas conocía. “Me ponían cables en las muñecas y en las sienes y con una maquinita le daban corriente: el cuerpo se contorsiona, se levanta, a uno se le traba la lengua y se siente que le estalla la cabeza, es una sensación muy desagradable”, describió Oscar.

 

Los días transcurrieron de la misma manera. En la radio, a todo volumen, se anunciaban las actividades por el día del estudiante. El testigo recordó que durante la permanencia en “La Escuelita” había “un gordo que aparte de pegar mucho, nos amartillaba en la cabeza, cada vez que nos llevaba al baño nos daba muy duro en la cara y el cuerpo, y se agitaba. Día de por medio, aparecía Pedro” y volvía la sesión de picana en la casilla de chapa.

 

El último día

 

“El último día que estuve allí me llevaron a la sala de chapa, pero me hicieron dar vuelta y ver unas fotografías donde estaba mi hermano, era la foto del documento. Me sacaron una foto y me decían que era candidato a que me tiraran al lago Pellegrini; apareció alguien al que le decían jefe, que hizo preguntas médicas y que dijo que como estábamos, parecíamos todos muertos. Me pusieron una manta, me sacaron las esposas que ya me habían cortado la piel y me subieron a una camioneta vendado junto con Benedicto Bravo, a quien conocía de Roca. Bajamos en el Comando y Benedicto hablaba algo con el gordo que pegaba muchísimo y se agitaba; y luego me llevaron a una sala donde había uniformados de azul (penitenciarios) y me llevaron a la U9, donde permanecí hasta febrero de 1977, cuando me llevaron a Rawson”.

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Cárcel y malas noticias

 

Paillalef describió que mientras permaneció en la U9 como preso político, supo que en noviembre llegaron de Rawson Teixido, Ledesma, López y Cáceres, y que fueron de allí llevados a “La Escuelita” para volver dos o tres días después. “López tenía la espalda destruida, era un tajo al lado del otro”, describió.

 

Dijo que para cuando se lo llevaron a Rawson, en febrero, ya sabía que allá habían desaparecido Orlando Cancio y Javier Seminario Ramos. “Supimos de su desaparición, fue anterior a nuestra llegada a Rawson”, aseguró.

 

En la cárcel sureña “todo era golpes y humillación permanente; todo un sistema preparado para destruirnos; desde que llegamos nos recibió la patota de la requisa que nos bajó a palos del camión. La humillación no sólo era para nosotros, sino también para nuestros familiares que iban cada 45 días a visitarnos y sufrían requisas espantosas y humillantes para luego hablar con nosotros a través de un tubito que pasaba por un vidrio” describió.

 

Paillalef analizó que con la detención y tortura “querían destruir todos los valores de nuestro país, a todo el que tenía alguna actividad. Nosotros hacíamos trabajo en los barrios, tareas como conseguir el gas para los vecinos, mejorar la salita, era un orgullo pertenecer a la Juventud Peronista y se intentó destruir todo eso”.

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

Genga: “Los interrogatorios eran brutales”

Luis Alfredo Genga era el director de la escuela 50 de Cipolletti,  que en la zona era conocida como “la de Confluencia”, cerca del puente carretero. El 25 de marzo de 1976, al día siguiente del golpe cívico-militar que encabezó Jorge Videla, lo fueron a buscar a la casa que ocupaba dentro del establecimiento educativo.

Matías Subat

El no estaba pero le revolvieron todas sus pertenencias y le llevaron objetos personales: libros, cartas, fotos. Los uniformados habían actuado con suma violencia, atemorizando a las maestras y los alumnos.

Entre las cosas que le llevaron había documentación del gremio de los docentes, Unter, de la que había sido uno de los fundadores y era secretario general en aquel entonces. También era dirigente de la Ctera, la organización de los maestros a nivel nacional.

“Que se presente en la comisaría”, fue la orden que le dejaron a la maestras para Genga. Pero conocedoras de que se producían secuestros, le juntaron su ropa, le dieron “dos sueldos” y le sugirieron que se fuera del país.

“No me quería ir, así que me presenté en la comisaría. Me esperaban Camarelli (Antonio, comisario) y otro de apellido Vitón (Gustavo, militar asignado tras el golpe para comandar la zona). No me torturaron, pero fui sometido a un insidioso interrogatorio difícil de soportar”, relató ante los jueces.

Las preguntas giraban en torno a su condición de gremialista y le pedían datos de otros dirigentes, de Alfredo Bravo que dirigía la Ctera, y de las autoridades del sindicato docente de Neuquén.

Lo liberaron, pero en septiembre de ese año, cuando estaba en la casa de Cristina Botinelli junto con Silvia, hermana de Cristina y desde entonces su pareja, y un amigo de apellido Villafañe, fueron secuestrados por dos personas -entiende que habría más afuera de la casa-, quienes actuaron con suma violencia, particularmente contra él, a quien golpearon con un arma y los desmayaron.

Previo paso por lo que cree era la comisaría de Cipolletti, los llevaron a La Escuelita que funcionaba en los fondos del Batallón en Neuquén.

Reconoció el lugar porque había ido previamente a buscar materiales de construcción que el Ejército aportaba para la escuela. Puntualmente ubicó lo que fue el centro clandestino de detención y tortura porque, en esas ocasiones en que fue a buscar cemento, hierros y otros elementos, lo identificó como la caballeriza. “Era un lugar donde había habido algo relacionado con animales”, relató.

Contó que ahí, junto con las hermanas Botinelli y Villafañe, los tuvieron dos semanas y fueron sometidos a “interrogatorios brutales”, en los cuales, en su caso, lo castigaban con tormentos hasta hacerle perder el conocimiento.

“Cuando me desperté, uno me pegaba en la planta de los pies. Primero pensé que era una reacción de mi cuerpo ante el castigo recibido, pero me di cuenta que era torturado”, dijo.

Matías Subat

Comentó que pensó que pudo haber un médico presenciando las sesiones de tortura, pero que obviamente en ese momento no lo supo. “Después sí supe que había habido un médico”, señaló.

El médico que actuaba en el Batallón era Hilarión de la Pas Sosa, uno de los imputados en el juicio.

Dijo que entre los 18 ó 20 detenidos que había en La Escuelita, reconoció a Marta Decea, de Cinco Saltos, y al doctor Enrique Teixido, de General Roca. A éste, señaló, en una ocasión le pidieron que revisara a Decea, que padecía dolores y sugirió una medicación.

“Cuando estaba en el límite de la resistencia durante las torturas, venía luego el interrogatorio. Cuando había pasado la parte más cruenta del interrogatorio aparecía una persona que se identificaba como Pedro. Pedro aparecía como el más manso y empezaba a hablar calmo”, dijo.

Añadió que (Pedro) “conocía todo de mi familia, porque me decía por qué había dejado a Elena Meraviglia, que había sido mi esposa y que fue abandonado, presuntamente cerca de Barda del Medio, deteriorado física y mentalmente al extremo.

Hizo un dramático relato de su estado corporal y de su reencuentro con las Botinelli. Si bien intentó seguir en el país, finalmente en 1977 optó por irse a España, donde con Silvia Botinelli –su mujer actual- tuvieron tres hijas.

 

Matías Subat

 

“Me fui del país porque llegué a sentirme un leproso, que comprometía a la gente con la me contactaba”. Volvió a Argentina en 1992 y actualmente es secretario de Derechos Humanos de la Ctera.

 

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“El exilio te deja dividido para siempre”

“El exilio tiene muchos costos, y nunca se termina de pagar. Uno queda dividido para siempre”, dijo Marta De Cea al final de su testimonio durante la audiencia que se llevó a cabo por la tarde de hoy.

 

Marta De Cea
En una síntesis precisa de su secuestro, detención y tortura, desde México Marta contó cómo fue arrancada de su casa por una patrulla que se identificó ante la policía local como “federales”. Continue reading

“Farías Barrera fue mi dueño político”

Juan Isidro López tiene 82 años, estuvo detenido entre 1974 y 1976 en la cárcel federal de Neuquén, en “La Escuelita” y en el penal de Rawson. Aseguró que el mayor Luis Farías Barrera fue quien realizó sus traslados y quien lo liberó, mientras que “el dueño de la tortura fue Guglielmineti”.

 

 

Cecilia Maletti

Con un relato un poco confuso en relación a fechas y momentos, López fue el segundo testigo de la jornada de la mañana de hoy, 19 de diciembre, en el tercer juicio contra represores en la región.

Después de López, Pedro Trezza, otro de los sobrevivientes de “La Escuelita”, se quejó por tener que ir nuevamente a dar su testimonio al tribunal. Los jueces le concedieron que no lo hiciera. “Me pone mal volver a declarar lo que ya dije antes”, sostuvo Trezza en relación con su escueta declaración en el juicio de 2008.

Por el criterio del tribunal de Casación que habla de la “no revictimización” de los testigos – víctimas, los jueces accedieron a que se retirara de la sala sin prácticamente dar detalles de su secuestro y detención en “la Escuelita”, donde estuvo debido a que en 1976 mantenía una relación sentimental con una de las tres docentes entrerrianas que vivían en Cipolletti y fueron salvajemente torturadas, porque las acusaban de un atentado en Paraná. Las maestras tampoco declararon en este juicio.

A Isidro López los años y el sufrimiento de ese tiempo le jugaron una mala pasada. Sin embargo, el entonces jefe del personal del Comando de la Sexta Brigada de Infantería de Montaña, Luis Alberto Farías Barrera, estuvo presente en casi todo su testimonio.

Remarcó que no le guarda rencor, que el militar se portó “bastante bien” con él, y que de hecho hace unos años fue a verlo (Farías Barrera a López) para recordarle lo bien que lo había tratado. La “visita” de Farías Barrera, coincidió con la apertura de los juicios.

Mientras estuvo preso “no me dejó nunca”, indicó el testigo.Según el testimonio de López, el día del golpe cívico militar –24 de marzo de 1976- él ya estaba detenido en la U9. Allí reconoció a un policía federal de apellido Fonseca, de quien recibió malos tratos. López trabajó en la empresa Agua y Energía y estuvo en la construcción de la represa El Chocón. Aseveró haber sido dirigente “pero de los trabajadores, no de los gremios”.

Luego lo trasladaron a Rawson y después de algunos meses fue llevado junto con Pedro Justo Rodríguez y otros detenidos al centro clandestino “La Escuelita” de Neuquén. “Es el horror, escuchábamos hombres grandes llorando por lo que les hacían, también escuché a mujeres que creo eran de Entre Ríos. Yo trataba de no hacer mucho ruido para que no me vean”, recordó. “El torturador de todas las noches era Guglielmineti”, agregó. Varios días después fue sacado envuelto en una manta y trasladado a la U9, según declaró.

“Farías Barrera era mi dueño político. Pero el dueño de la tortura era Guglielmineti, no me voy a poder cobrar nunca lo que me hizo. Es un cobarde”, manifestó López. Al ser consultado por Farías Barrera, explicó que el militar fue quien estuvo en las detenciones y quien le prometió que iba a salir. “Él me decía ‘yo voy a cumplir una orden’”, remarcó.

De hecho, aunque su testimonio fue confuso sobre el tiempo y el lugar en que ocurrieron sus detenciones en Rawson, en la policía Federal de Neuquén, el traslado a “La Escuelita” y la tortura también en Rawson en una sede Federal, López describió que fue Farías Barrera quien lo retira de Rawson. “Me retira Farías junto con Cáceres y Ledesma”, indicó el testigo. Esto ocurrió en noviembre de 1976, y en diciembre del mismo año quedó en libertad después de dos años de cárcel y tortura.

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19 y 20 de diciembre

Las dos últimas audiencias de este juicio 2.013 tendrán como protagonistas (según el último cronograma informado) el 19 de diciembre  a Pedro Justo Rodríguez , que declarará desde el exilio en Londres por video conferencia.

Se escuchará el testimonio en la sala del sobreviviente Juan Isidro López y el de  Pedro Alfredo Trezza, también secuestrado en La Escuelita.  Por la tarde, desde Méjico y por sistema de conferencia, el testimonio de Marta De Cea programado a las 14, sobreviviente del centro clandestino de Neuquén, ex dueña de Libracos y docente universitaria hasta la gestión Remus Tetu.

 

Matías Subat

audiencia octubre 2013

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Teresa, hermana de Celestino Aigo, desaparecido

Desde ese momento nunca más lo volvimos a ver”, dijo Teresa Nivea Aigo, hermana de Celestino Aigo, vecino de Villa Florencia que desapareció a los 22 años una tarde de agosto de 1976.

 

 

Emiliano Ortiz 11 de abril 2012

 

 

Teresa testimonió cómo fue el secuestro de su hermano y los infructuosos intentos por dar con un rastro de él después de que se lo llevaron de su casa.

No hubo otros testimonios que pudieran aportar sobre qué ocurrió con Celestino después de que un comando encapuchado se lo llevara de la casa; no se lograron testimonios que lo sitúen en otro lugar ni fue “blanqueado” posteriormente por la dictadura. Su destino se ignora desde agosto de 1976.

Mi hermano vivía en mi casa, era agosto de 1976, era tarde cuando golpearon a la puerta personas que decían ser policías. Estábamos en la mesa, Celestino me tocó y me dijo “no hagan nada”. Siguieron golpeando y exigían que abriéramos. Cuando se abrió la puerta, entraron hombres encapuchados vestidos de militar y nos amenazaron de que si nos movíamos nos iban a matar. Estaba mi hermana mayor y mi cuñado, mi madre, Celestino y yo”, describió ante el tribunal.

Explicó que los dos jóvenes -su cuñado y su hermano- fueron sacados afuera de la casa y lo único que saben luego es lo que escucharon a través de la puerta. “Mi mamá lloraba y pedía que la dejaran salir, que qué estaban haciendo; y le decían que se calle o iban a matar a todos”, señaló.

Fue entonces que Teresa recordó un diálogo en el que una voz de la patrulla preguntó los nombres de ambos jóvenes “y escucho el nombre de mi cuñado, luego mi hermano dice Celestino Aigo; y entonces contestaron ‘ah…vos sos el famoso Chino Aigo’, y se sintió un golpe fuerte”, detalló.

Teresa explicó que la sensación en el interior de la casa donde estaban amenazados por los encapuchados armados era que “los iban a matar a palos”; mientras su madre gritaba y lloraba para que la dejaran salir.

Desde ese momento nunca más lo volvimos a ver. Mi mamá salió por las comisarías, mi papá volvió para buscarlo en la noche por todos lados; pero nadie respondía, pasaron los días y mis padres lloraban deprimidos; nunca más lo volvimos a ver. Fuimos a la comisaría de Bouquet Roldán, al Batallón 181 porque nos decían que podía estar ahí, pero venían con la misma respuesta, solamente les decían (a su papá y su mamá) que ahí no estaba. Mi papá duró nueve meses y después falleció a raíz del inmenso dolor”, dijo Teresa.

Explicó que al momento del secuestro ella tenía 14 años y su hermano Celestino 22. “Mañana cumpliría años”, dijo Teresa, que declaró el 11 de diciembre. El 12 su hermano cumpliría 65 años.

Antes de retirarse, le planteó a los jueces que “aún hoy mi madre lo espera, todavía reclama, continuamente lo espera en las navidades porque mañana sería su cumpleaños. Tiene 91 años y sigue esperando justicia”, dijo.

Me llevaron a mi hermano, acabó mi infancia cuando yo tenía 14 años”, afirmó.

 

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Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

 

Mi hermano, desaparecido.

“A sus 91 años mi madre lo sigue esperando para la Navidad”

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Teresa Nivea Aigo, hermana de Celestino Aigo.

Escuchar audioTeresa Nivea Aigo

 

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Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

Di Pasquale recusó al fiscal Grosso

El imputado Jorge Di Pasquale recusó al fiscal Marcelo Grosso. Pidió que se lo separe del juicio por falta de “independencia y objetividad”. Continue reading

Son excusas….

“No hay motivos para recusar. Buscan cualquier excusa para dilatar el juicio”, dijo el fiscal Marcelo Grosso.
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Víctimas piden no declarar ¿Por qué?

En la apertura de la audiencia de hoy, el tribunal informó que Dionisia Manquín, esposa del testigo-víctima Almarza Arancibia, había solicitado que su esposo fuera exceptuado de declarar ya que por diversos problemas físicos –columna cervical, hernia de disco-, no podía concurrir. Se ofrecía ella para declarar.

Con el consentimiento de las partes se resolvió dejar sin efecto la concurrencia de Almarza Arancibia y que se incorporara por lectura su testimonio ofrecido en la etapa de instrucción.

También informaron que las testigos-víctimas Graciela Inés López y María Cristina Lucca, con residencia en Entre Ríos, también habían pedido que se las exceptuara de declarar.

Argumentaron que no estaban en condiciones de hacerlo; que no tenían más cosas que aportar que lo declarado en el juicio La Escuelita I, en 2008; que de esa manera evitaban tener que enfrentar situaciones victimizantes; y también razones de edad. Las partes aprobaron desestimar sus testimonios en el juicio oral.

 

Matías Subat 22 mayo

Almarza Arancibia con un pormenorizado testimonio en 2.012  (Matías Subat)

Si bien el caso de Almarza Arancibia es admisible en tanto se sabe que su salud está quebrantada, surgen interrogantes sobre si otros testigos son renuentes a declarar por la actitud que ha tenido el tribunal, particularmente el presidente Leónidas Moldes, de no permitirle a algunos testigos que se explayen en sus declaraciones, con el también atendible argumento de que debe evitarse cualquier situación que pueda resultar revictimizante para el testigo.

Esta actitud del tribunal ya venía siendo cuestionada por referentes de los organismos de derechos humanos y dio lugar luego, cuando a renglón seguido declaró Rubén Ríos y fue prácticamente instado a que cerrara su testimonio cuando se quebró por la emoción en un pasaje de su desgarrador relato sobre la inhumana tortura a la que fue sometido, el querellante de la APDH planteara formalmente el reclamo al respecto.

Aún cuando el juez Moldes defendió a rajatabla sus decisiones, cabe señalar que Barroetaveña intervino para poner una cuota de admisión al planteo de Goñi y, sin contradecir a Moldes, destacar que su requerimiento sería tenido en cuenta en el futuro.

Hay una solapada intención del tribunal de recortar los testimonios”

El abogado querellante por la APDH, Juan Cruz Goñi, en rueda de prensa, explicó el contrapunto que se produjo con el presidente del tribunal, Leónidas Moldes, por el reiterado accionar de cortar el testimonio de los sobrevivientes durante las audiencias.

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Hay una solapada intención del tribunal de recortar los testimonios”, dijo Goñi y explicó que antes de que se iniciara el juicio “se decidió que los sobrevivientes tengan voz en las audiencias y no fuera (este tercer juicio, que abarca los mismos hechos que los dos primeros, pero con diferentes acusados) un juicio virtual, entonces no puede ser una manera solapada de ir en contra de esta decisión y de lo que consideraron los organismos de derechos humanos”.

Explicó que “bajo la práctica solapada de decir que se está protegiendo a los testigos para no revictimizarlos, en realidad se está subestimando la voz de las víctimas, de los sobrevivientes y de los familiares, que son los que están estructurando el relato colectivo y exigiendo justicia”.

Indicó que como querellante por la APDH “es fundamental que la palabra de las víctimas tenga un valor importante en este juicio” y que ante la introducción de un elemento nuevo en el relato, por ejemplo de Rubén Ríos, “cuando la víctima se quiebra emocionalmente, se le dice que ya conocían lo que iba a contar. Consideramos preocupante restringir la amplitud de la declaración, llegó al punto de decirle que el tribunal conocía todo lo que iba a decir, como un pronóstico de saber”.

Recalcó que hasta ahora se observaba este recorte de la palabra de los sobrevivientes “desvalorizando la palabra de la víctima cuando se le dice una, dos y hasta tres o cuatro veces que ya se conoce lo que va a decir, que no es necesario que lo diga, que su declaración está incorporada; entonces el testigo legítimamente se pregunta qué hago yo acá. Hay una subvaloración de la víctima como una persona sufriente, cuando en realidad es un sobreviviente parado frente al tribunal en una actitud en la que exige justicia”, dijo con firmeza el abogado.

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

“Le apunté a Reinhold”

Rubén Ríos contó esta mañana que en 1976, después de haber sido detenido, torturado y liberado, fue a buscar al Jefe de Inteligencia del Comando de la VI Brigada del Ejército, Oscar Lorenzo Reinhold, y lo apuntó con un arma para exigirle que le devuelvan su trabajo.

Matías Subat 8 de junio

Sostuvo además que en la Escuelita podría haber cuerpos. Ríos, de 71 años, dejó la sala visiblemente conmovido cuando recordó el momento en que fueron amenazadas sus hijas e intentó suicidarse.

 

Al principio, relató que en la década de 1970 “militaba en la Juventud Peronista y era delegado del sindicato de Luz y Fuerza de Río Negro” y en el momento de la detención “trabajaba en una fábrica de mosaicos y hacía mantenimiento para una panadería”. Dijo recordar muy bien el día de su detención, “porque era el cumpleaños de mi hija mayor y siempre estábamos pendientes para que saliera el pan”. Señaló que “estaba en calzoncillos y camiseta, y cuando llamaron creí que era una mujer, por eso me oculté detrás de la puerta y la abrí. Me dijeron que me necesitaban en la comisaría donde yo tenía gente conocida. Un hombre con gorrito y pasamontaña abrió su gabán imprevistamente, me puso la pistola en la boca y me rompieron dos dientes; después, en el forcejeo, se le escapó un tiro”.

 

Ríos aseguró que “el que me apuntaba me dijo `lo cagaste a Pedro´, cuando escuché que se escaparon otros tiros. Aflojé la tensión, vi un Ford Falcon blanco, me rodearon y me dijeron: `no tenés escapatoria´. Yo pensé en los que habían desaparecido, entonces grité mi nombre para que me escuchara algún vecino, después escuché una ráfaga de metralleta, golpearon mi cabeza y me metieron adentro de un baúl”.

 

Durante su traslado Ríos, reconoció el trayecto al indicar que “pude abrir el baúl y me di cuenta que íbamos hacía Cipolletti porque reconocí a Cascada SA; cuando escuché un fleje suelto en la caminera me tiré y caí a los pies de un policía, quien pensó que era una despedida de soltero. El policía me abrigó y me dio algo para tomar, pero al rato vino gente del Ejército y me dijeron: `¿creíste que habías escapado?´. Me llevaron al hospital porque tenía mucha sangre, me envolvieron hasta la cabeza y me llevaron hasta la Policía Federal, donde me dejaron en la cocina. A la noche, por la escalera, veo a un policía de Centenario que estaba cocinando en un tambor de doscientos litros”.

 

Me llevaron en un auto negro –dijo Ríos sobre su traslado a la Escuelita-, me colocaron en una cucheta que estaba bien alta, había perdido mucha sangre y me desmayé, cuando quise bajar me caí porque ignoraba a la altura que estaba. Después me preguntaron por la guerrilla, me dieron nombres y me dijeron que si no hablaba la iba a pasar muy mal; me ataron de las manos, de los pies, me pusieron algo en las rodillas y una picana eléctrica en los testículos, cada tanto me desmayaba y sentía que el médico me sostenía la mano para tomarme el pulso y él decía cuál era mi estado de salud, si podían continuar”.

 

Estuve 22 días privado de la libertad, con los ojos vendados, me desmayaba porque se me bajaba la presión, me mantenían medicado, pero no me dieron de comer, me mojaban los labios con un algodón y la sed era insoportable”, relató y contó cuando un guardia le dio un chocolate, “que me comí con desesperación porque tenía mucha hambre, entonces vino uno y me dijo `así que te gusta el chocolate’, entonces me empezó a golpear”.

 

Ríos dijo que en la Escuelita “jamás vi a nadie”, y agregó que escuchaba una topadora, sentía tiros y gritos. “Creo que a alguno enterraron allí; en el juicio anterior recorrimos la Escuelita y la Gendarmería señaló dos lugares donde podrían haber cuerpos, pero hasta el día de hoy no han investigado nada”, afirmó.

 

Cuando lo liberaron a las tres de la mañana, “un tal Pedro me dijo `no te muevas de acá´, me desaté y me quedé tirado allí porque no tenía fuerzas. Al día siguiente me encontró un penitenciario amigo, un perrito me había mordido los pies y no quería que me vieran así porque tenía olor a podrido, un olor espantoso que ni yo lo podía soportar; comí mucho y cuando me recuperé me fui a tratar de recuperar el trabajo”.

 

Ríos le dijo al tribunal que “con intenciones de recuperar el trabajo me puse una pistola calibre 22 en la bota y me fui a ver a Reinhold; me palparon de armas al llegar pero fue por arriba, me hicieron pasar a su oficina y quedé solo un momento. Fue cuando saqué el arma, lo apunté y le dije `usted me conoce, me secuestraron, me torturaron y me dejaron sin trabajo`, entonces le entregué el arma y le dije: si no me da trabajo máteme. Entonces hizo traer café y medialunas, hablamos como tres horas y le dije: `ustedes han hecho muy mal las cosas; después me dejó libre.

 

Reinhold fue condenado en el primer juicio 2008

Reinhold fue condenado en el primer juicio 2008. También en 2.012. Cumple prisión domiciliaria en Buenos Aires. 

Indicó que a las dos semanas lo llamaron de la empresa Agua y Energía y le dijeron: `Ríos tenemos órdenes de darte trabajo’”. Sin embargo, le advirtieron que no le iban a pagar por el tiempo que estuvo ausente del trabajo porque no podían justificar su detención. Al poco tiempo volvió a trabajar en la empresa.

 

Por último, Ríos se refirió a una situación cuando lo convocaron para que concurra al distrito militar. Allí lo hicieron pasar a una oficina, donde atendió un llamado telefónico. Del otro lado de la línea, una voz lo conminó: `de parte de Pedro (el nombre de su secuestrador) tenés 24 horas para suicidarte o te secuestramos a tus hijas´”. En ese momento el testigo rompió en llanto y el tribunal debió darle unos minutos para que se reponga.

 

En aquel entonces, ante la amenaza de sus captores Ríos se separó temporalmente de su familia, se pegó un tiro en la sien y perdió un ojo, pero no la vida.

Al finalizar su testimonio, dijo que “si los acusados tienen hijos y nietos les pido que reflexionen, que rompan el pacto de silencio y digan dónde están los desaparecidos. Están condenando a familias enteras, nos siguen torturando infinitamente”. Se retiró de la sala aplaudido.

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

foto: Matías Subat

Frente al tribunal, exigen Justicia

“Es una práctica solapada de de recortar los testimonios por parte del tribunal, que subestima la voz de los sobrevivientes” Juan Cruz Goñi

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“Fueron responsables”

Edgardo Kristensen declaró por su detención y describió el paso de su hermano Carlos Kristensen por la tortura y la cárcel antes de lograr el exilio en Dinamarca, desde la cárcel de Rawson.

Edgardo Kristensen

“No sé si se puede hablar de justicia porque son cosas imposibles de reparar. La gente que fue carne de cañón de esa época era el fermento de un país distinto; puede ser que les llegue el castigo, no hay justicia para las cosas que se han hecho”. “Ellos fueron responsables, merecen castigo”.

 

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Sindicato de Prensa de Neuquén  2.013

Blanco en la Escuelita

“Lo que me hicieron fue muy humillante”, remarcó en su declaración este viernes por la mañana. Cuestionó duramente el accionar del Partido Comunista durante la dictadura, aseguró que nunca simpatizó con la lucha armada y consideró que la sociedad civil que impulsó el golpe del 76 sigue teniendo el “poder real”.

Norberto Blanco tiene 67 años, vive en Cipolletti, y su delicado estado de salud lo obliga a caminar con bastón. Por segunda vez asistió a los juicios contra represores en la región. El año pasado declaró en el Segundo Juicio, y relató cómo se concretó su primera detención después del golpe de Estado.

Cecilia Maletti

Norberto Blanco en su declaración 2.012

En esta oportunidad, fue citado para declarar por su segundo secuestro, en el juicio que tiene como imputados a Jorge Di Pascuale, Jorge Alberto Soza, Hilarión de la Paz Sosa, Mario Alberto Gómez Arena y Luis Alberto Farías Barrera.

No lo merecía”

Al momento del golpe cívico militar de 1976, Blanco trabajaba en la municipalidad de Cipolletti. El mismo 24 de marzo un grupo del Ejército asaltó su casa y detuvo a su hermano. Él se escapó y se mantuvo escondido por unos dos o tres días, hasta que se entregó en la comisaría de Cipolletti, porque los militares se habían instalado en su vivienda con su esposa y sus hijos hasta dar con él. En la unidad policial estuvo entre dos y tres días y fue liberado. Al poco tiempo fue dejado como cesante del municipio y a los meses consiguió un trabajo en una empresa que extraía ripio del río en Neuquén.

La segunda detención ocurrió el 11 de agosto de 1976, a cargo de comisión policial de Cipolletti a cargo del oficial Miguel Ángel Quiñones.

Después del juicio, Quiñones fue liberado por haber cumplido con dos partes de la condena en apelación, sin embargo, la fiscalía logró meses después que el ex policía de inteligencia rionegrina fuera nuevamente encarcelado debido a que aún debe rendir cuentas en el próximo tramo.

Blanco indicó que lo llevaron hasta la comisaría de Cipolletti donde estuvo entre dos y tres días, y que luego fue trasladado por Quiñones hasta el Batallón. De ahí es llevado por otro oficial hasta las oficinas de Inteligencia del Comando de la Sexta Brigada. En ese lugar relató que Raúl Guglielminetti (a quien reconoció por una foto que vio luego como custodio del entonces presidente Raúl Alfonsín) lo llevó en un Falcon gris, hasta lo que hoy se conoce como el centro clandestino de detención “La Escuelita”. Todo este recorrido lo realizó con los ojos vendados, y al llegar lo esposaron a una cucheta.

El 17 de agosto -describió Blanco- lo llevaron a otra habitación donde lo ataron a una especie de cama inclinada. “Me interrogaban y acusaban al Partido Comunista, al que yo pertenecía, de estar en connivencia con Montoneros”, expresó el testigo, quien era una figura pública de la juventud comunista. “Para obligarme a que diera datos de la organización del partido me pasaron corriente eléctrica entre la venda y la sien, de los dos lados. Esto duró como una hora y media, o dos”, relató. Tres días después sufrió una segunda sesión de tortura. “Había dos personas, una borracha. Aparte de la corriente, me golpearon”, agregó. El 21 o 22 de agosto fue liberado.

Luego de su segunda declaración en 2.013

Luego de su segunda declaración en 2.013

No creo haber sido una persona dañina para la sociedad. Que me hicieran esto fue muy humillante, no lo merecía, estaba indefenso”, apuntó.

El PC, la lucha armada y el poder real

Blanco explicó que luego de quedar libre relató lo que le había sucedido con compañeros del Partido Comunista, quienes le recomendaron hacer la denuncia con el entonces primer comandante del Ejército, Jorge Arguindegui. “Les dije que él era el jefe político de la represión. Después me dijeron: ‘Cacho te tenes que ir porque acá corrés peligro’. Ahí me di cuenta que el partido se volvió cómplice del gobierno militar”, denunció.

También remarcó que nunca simpatizó con la lucha armada. “Fue el justificativo que permitió a las fuerzas civiles que impulsaron el golpe para eliminar toda posibilidad de cambio. La guerrilla fue la excusa para eliminar toda organización popular”, sostuvo. En un análisis de la actualidad remarcó que los mismos que impulsaron el golpe de estado de 1976 siguen teniendo el poder real. “Sólo les falta el poder militar”, advirtió.

Sindicato de Prensa de Neuquén

Rosalia Preis

Norberto Blanco en la audiencia le realizó un homenaje a aquellos que en 1976 “enfrentaban a la dictadura” solicitando la aparición de los desaparecidos y la libertad de los presos políticos. Nombró específicamente a los matrimonios de Rosalía e Israel Preis, Noemí y Cristian Labrune.

Rosalia Preis

“Yo lo hice por convencimiento, lo volvería hacer”, dijo Rosalía Preis. “El respaldo de Don Jaime De Nevares fue fundamental”, sostuvo. “Es un adelanto poder juzgar a los represores, que hasta ahora no han reconocido lo que hicieron”.

escuchar audioRosalía Preis 2.013

 

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

Norberto Blanco

“Tuve mis dudas de presentarme a declarar”, dijo Blanco quien se mostró excéptico de obtener justicia. “Hay jueces que son probos y jueces que no lo son, incluso en estos juicios”, dijo. “Esto podria volver a repetirse, subsisten las condiciones de poder y económicas que generaron la matanza de los años de la dictadura. El poder económico pervive y aún más fuerte que en 1976, si el poder real deja seguir gobernando es porque no cuenta con el apoyo de los militares. El poder represivo en nuestro país está intacto, y el de los grupos que actuaron en 1976 están intactos, si no que me digan dónde está Jorge Julio López”, dijo.

 

Preis, Labrune y Blanco

 

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Norberto Blanco 29nov2013

 

 

 

 

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El testimonio de un exiliado

Francisco Tomasevich.

Desde Suecia, llegó para testimoniar en el tercer juicio.

Desde Suecia, llegó para testimoniar en el tercer juicio.

Sobreviviente del “operativo Cutral Co” vino desde Suecia para dar su testimonio en el tercer juicio. Se exilió en 1.979 cuando optó “por la libertad” y salir de la cárcel de Rawson. “He dicho la verdad, los jueces tendrán” que hacer justicia, dijo.

Francisco Tomasevich 28nov2013. Escuchar audio

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

 

 

“Siempre quise tener presente lo que sucedió”

Con la declaración de Francisco Tomasevich, se reanudaron esta mañana las audiencias por el tercer juicio a los represores de la región durante la última dictadura cívico militar, en la sede Amuc de Neuquén capital.

Tomasevich llegó desde Suecia para declarar en el juicio

Tomasevich llegó desde Suecia para declarar en el juicio

Estaba previsto que también declarase Almarza pero presentó un certificado médico; en su reemplazo continuó Sergio Méndez Saavedra.

Tomasevich, albañil jubilado de sesenta y seis años, viajó desde Estocolmo (Suecia) -lugar donde reside- para declarar por el operativo Cutral Có. Estuvo exiliado y figura en el listado de víctimas del Tribunal Oral Federal de Neuquén. Continue reading

cronograma

Los testimonios para el 28 de noviembre incluyeron las voces de los testigos – víctima Francisco Tomasevich y Sergio Méndez Saavedra por la mañana; mientras que  Juana Aranda de Pincheira se escuchó durante la jornada de la tarde.

 

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Cuarta semana de audiencias

El tercer juicio por delitos de lesa humanidad en el Alto Valle transita su cuarta semana con audiencias programadas para el 28 y 29 de noviembre.

Jorge Soza, Luis Farías Barrera, Hilarión Sosa (adelanteI y Mario Gómez Arena, Jorge Di Pasquale (atrás)

Jorge Soza, Luis Farías Barrera, Hilarión Sosa (adelante)y Mario Gómez Arena, Jorge Di Pasquale (atrás)

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Tribunal Ad Hoc

Para este juicio se conformó un tribunal especial presidido por los jueces federales Leónidas Moldes (presidente), de la circunscripción de bariloche;  Diego Barroetaveña, de Buenos Aires y Richar Gallego, de la circunscripción de Roca

Richar Gallego, Leónidas Moldes, Diego Barroetaveña.

Richar Gallego, Leónidas Moldes, Diego Barroetaveña.

 

Cuarto juez: Luis Gustavo Lozada (capital federal)

Moldes preside el tribunal

Moldes preside el tribunal

Secretaria de la causa denominada Di Pasquale: Silvina Domínguez

Secretaria del Tribunal, Silvina Domínguez

Secretaria del Tribunal, Silvina Domínguez

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