Ultimas palabras

Hasta ahora nunca hablaron, y los que dejaron el silencio, sólo fue para decir que nada sabían de secuestros, torturas y del destino de quienes permanecen desaparecidos

Sera la oportunidad hoy de decir sus ultimas palabras antes de escuchar el veredicto.

 

Imputados del Ejército
 

Matías Subat

 

José Ricardo Luera. Militar retirado con el grado de coronel. Nació el 27 de octubre de 1927, con prisión domiciliaria en San Miguel. Era coronel y comandante de la VI Brigada en 1976. Retirado en 1978 en San Miguel, como Jefe del departamento de contrataciones del Estado Mayor.

 Osvaldo Antonio Laurella Crippa. Militar retirado con el grado de coronel. Nacido el 30 de octubre de 1931, con detención domiciliaria en su casa de Bahía Blanca. Era Teniente Coronel de la Sexta Brigada “en comisión” como Jefe de Policía de Neuquén entre el 25 de marzo de 1976 y el 12 de diciembre de 1977. Retirado en 1986 en Bahía Blanca, como coronel de Infantería en el Comando del 5to Cuerpo del Ejército.

OSCAR LORENZO REINHOLD. Militar retirado, condenado en 2008 por 17 hechos cuando era Jefe de Inteligencia del Comando (Sexta Brigada), con detención domiciliaria en buenos aires, nacido el 26 de enero de 1935.

 Oscar Lorenzo Reinhold. Retirado como coronel de la Brigada de Infantería de Mntaña de Mendoza en 1987. Nacido el 26 de enero de 1935. Condenado en 2008 por 17 hechos cuando era Jefe de Inteligencia del Comando (Sexta Brigada) de Neuquén, con el cargo de mayor en 1976. Con detención domiciliaria en Buenos Aires.

Oscar Livera

Enrique Braulio Olea. Retirado como General de Brigada. Nacido el 18 de julio de 1930. Jefe del Batallón de Ingenieros 181 de Neuquén en 1976, cuando era teniente coronel. Condenado en 2008 por 17 hechos, con detención domiciliaria.

 

Oscar Livera marzo de 2012

 Hilarión de la Pas Sosa. Retirado con el grado de coronel. Médico. Nacido el 21 de octubre de 1930. En 1976 Jefe de la sección Sanidad de la Brigada de Infantería de Montaña VI de Neuquén. Condenado en 2008 por 17 hechos. Con detención domiciliaria en Neuquén. Estuvo desde el 72 al 83 en Neuquén.-

 

Cecilia Maletti

 Gustavo Vitón. Dado de baja del Ejército en 1980 como Capitán, luego ascendido a mayor durante el gobierno de Alfonsin y a Teniente Coronel durante el gobierno de Kirchner por pertenecer a los “33 Orientales”. En 1976 era Teniente primero en el Batallón de Ingenieros de Montaña 181 de Neuquén, a cargo de la Compañía de Construcciones y el 24 de marzo de 1976 designado como interventor militar en la comisaría de Cipolletti. Sus ultimos años en actividad fueron en la política en La Plata y en la provincia e Buenos Aires durante el gobierno de Duhalde. Detenido en Marcos Paz

 

Emiliano Ortiz

 Jorge Osvaldo Gaetani. Retirado como coronel del Ejército. Nacido 13 abril de 1953. En 1976 era subteniente de la Compañía de de Combate “B” del Batallón de Ingenieros de Montaña 181 de Neuquén. Se encuentra excarcelado.

 

Cecilia Maletti 2 octubre

Enrique Charles Casagrande, suboficial de inteligencia del Ejército

Enrique Charles Casagrande. Retirado de Inteligencia del Ejército como suboficial principal. Nacido el 21 de noviembre de 1.938. En 1976 era suboficial del destacamento de Inteligencia 182 de Neuquén, subjefe.

 

Cecilia Maletti 

Jorge Eduardo Molina Ezcurra. Retirado como coronel de Inteligencia en 1.995, cuando era agregado militar en Lima, Perú  (1992-1993).  En  1976 integraba el destacamento de Inteligencia 182 de Neuquén con el grado de Capitán.

 

Matias Subat 30 octubre 

Sergio Adolfo San Martín.  Retirado de Inteligencia del Ejército con el grado de Teniente Coronel. Nacido el 25 de febrero de 1.941. Capitán en el Destacamento de Inteligencia 182 de Neuquén en 1976 y 1877. Detenido en Campo de Mayo. Condenado en 2.008 por 17 hechos.

 

Cecilia Maletti 

Maximo Ubaldo Maldonado. Retirado como suboficial mayor del ejército. Nacido el 16 de mayo de 1938. Era sargento primero del destacamento de inteligencia 182 de Neuquén. Con detención domiciliaria en Ituzaingó, provincia de Buenos Aires.

 

Emiliano Ortiz

Francisco Julio Oviedo. Retirado como suboficial mayor de Inteligencia del Ejército.  Nacido 12 septiembre de 1938. En 1976 era suboficial del destacamento de Inteligencia Militar 182 de Neuquén. Condenado en 2.008 por 1 hecho. Con detención domiciliaria en Cipolletti, Río Negro.

 

Cecilia Maletti

Raul Antonio Guglielminetti. Personal Civil de Inteligencia. Nacido el 2 de noviembre de 1941. En 1976 revistió en el destacamento de Inteligencia 182 de Neuquén. A disposición conjunta del Tribunal Oral Federal 5 (TOF 5) de Buenos Aires por otra causa (expediente 1627), de la ESMA. Detenido en el penal de Marcos Paz.

 

Cecilia Maletti

 Serapio del Carmen Barros. Personal Civil de Inteligencia. Nacido el 27 de enero de 1947. Revistió en el destacamento 182 de Neuquén en 1976. De ocupación mecánico. Excarcelado.

 

Gendarmería 

 Cecilia Maletti 23 octu

Emilio Jorge Sacchitella. Retirado de Gendarmería con el cargo de Comandante General en 2003, como director de Logística y Finanzas en Buenos Aires -sector transporte y logística de Gendarmería. Nacido el 28 de noviembre de 1946, excarcelado. En 1976 Segundo Comandante a cargo del regimiento de Gendarmería de Junín de los Andes.

 

Comisarios rionegrinos 

 

Emiliano Ortiz

 Desiderio Penchulef. Retirado en 1978 como comisario principal de la policìa de Rìo Negro. Nacido 22 de mayo de 1929.  Comisario de la Comisaría de Cinco Saltos, que en 1976 era la comisaría 25. Excarcelado.

 

 

Emiliano Ortiz

Antonio Alberto Camarelli. Retirado como Jefe de la policía de Río Negro, comisario general y licenciado en Criminalística. Nacido el 15 de noviembre de 1.942. En 1.976 jefe de la comisaría 24 de Cipolletti y jefe de Operaciones Especiales en la subzona 52.1.2. Detenido en la U5 de Roca, Río Negro.

 

Cecilia Maletti

Miguel Angel Quiñones. Retirado en 1.994 con el grado de Comisario de la policía de Río Negro. Nacido el 14 de mayo 1944.  En 1976 era oficial Sub-ayudante de Inteligencia de la policía rionegrina. Alojado en la U5.

 

Cecilia Maletti

 Gerónimo Enerio Huircaín. Retirado de la policía rionegrina en 1993 como comisario, con último destino en Bienestar Social de la Jefatura de policía de Viedma. Nacido el 20 de julio de 1.954. Apodado “Negro”, comerciante. En 1.976 era oficial ayudante de la Comisaría 24 y encargado del servicio de Informaciones judiciales.

 

Matías Subat 

Oscar Ignacio Del Magro.  Retirado como comisario de la policía de Río Negro. Nacido el 1 de julio de 1.954. Alias “Pelusa”. Policía de informaciones en la comisaría  24 de Cipolletti en 1976. Excarcelado.

 

Matías Subat  

Julio Héctor Villalbo. Retirado de la policia rionegrina en 1.996 como suboficial. Nacido el 20 de febrero de 1.950. Apodado “Viejo”. Ante la Justicia dijo ser director técnico. Excarcelado. Suboficial de la Comisaría 24 de Cipolletti en 1.976.

 

Emiliano Ortiz

Saturnino Martínez. Retirado en 1.992 como sargento ayudante de la comisaría cuarta de Cipolletti (ex comisaria 24). Nacido el 26 de julio de 1.947. Apodado “Sato”. Suboficial de la Comisaría 24 de Cipolletti en 1.976. Excarcelado

 

Fueron derivados al próximo juicio

 

 

 Mario Alberto Gómez Arena. Retirado como coronel. Nacido 9 de diciembre de 1930. Condenado en 2.008 por 17 hechos ocurridos cuando era jefe de inteligencia del destacamento 182 de inteligencia de Neuquén en 1976, con detención domiciliaria. Condenado en 2.010 por su actuación en el Batallón 601. Durante el juicio 2.012 se suspendió su juzgamiento a la espera de un dictamen de los peritos de la Corte Suprema ante un diagnóstico de Alzheimer.

Oscar Livera

 

 Luis Alberto Farias BarreraRetirado con el grado de mayor. Nacido el 1 de enero de 1930. Condenado en 2008 por 17 hechos cuando era Jefe de Personal del Comando (Sexta Brigada) de Neuquén, con el grado de mayor. Con detención domiciliaria en Alta Barda, Neuquén Capital. Apodado “Laucha”. Su juzgamiento en 2.012 se suspendió luego de un ataque cardíaco y se agregó su proceso a la causa “Castelli”, elevada a juicio.

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

fotos: Cecilia Maletti/Emiliano Ortiz/ Oscar Livera/ Matías Subat

Los defensores insistieron con las absoluciones

En la jornada de dúplicas, los equipos de defensas particulares (Gerardo Ibañez, Hernán Elizondo, Rodolfo Ponce de León y Herán Corigliano) junto con el equipo de defensores públicos (Eduardo Peralta, Gabriela Labat y Alejandra Vidales) insistieron en sus planteos de absolución bajo los conceptos de negar el tratamiento de delitos de lesa humanidad en el juicio y la falta de imputación y de pruebas en contra de los 22 acusados.

 

 

Matias Subat 30 octubre

El abogado del general de Brigada, Enrique Braulio Olea (jefe del Batallón 181 de Construcciones en 1976), Gerardo Ibañez, descalificó las réplicas de las acusaciones y dijo que pensó que “iban a ser más precisos, pero sólo hubo vaguedades”.

Se mostró molesto por los dichos de que “somos igual de delincuentes de lo que ellos creen que son nuestros clientes”, al tiempo que dijo sentirse orgulloso de responder por alguien como el general Olea.

“La categoría de lesa humanidad no existía, y no lo fue tampoco en la causa 13”, dijo en relación a la sentencia a las juntas de 1984 y rechazó los cuestionamientos de “la construcción de un relato falso”.

“No han rebatido ninguno de los elementos que planteamos”, siguió el defensor e insistió a los jueces en que no pueden encuadrar el juicio en el delito de genocidio porque no se cumplen los preceptos establecidos por la convención internacional. “Planteamos las nulidades porque existen, no las consentimos por haber participado del juicio”, le respondió al fiscal Marcelo Grosso, al tiempo que reiteró que corresponde la absolución de Olea.

 

“Que se tenga en cuenta la totalidad del testimonio”

 

Cecilia Maletti

 

En una de las pocas intervenciones extensas que se anotó durante este juicio la defensora María Cecilia Oviedo, dijo durante las réplicas defensistas que la defensa de Francisco Julio Oviedo -suboficial de inteligencia y su padre- exige que se tenga en cuenta la totalidad del testimoni de Pedro Maidana, porque sostienen que no se condice con la acusación que pesa sobre su defendido.

“El hecho que fue descripto no tiene correlato con la prueba”, dijo sintéticamente el codefensor Hernán Elizondo.

 

“Sin víctimas no hay victimarios”

Cecilia Maletti

El defensor del comisario rionegrino Oscar Del Magro, Rodolfo Ponce de León, en una extensa dúplica, reiteró el término de “caníbales” para con la querella del Ceprdoh, y aunque intentó pedirles disculpas si las ofendía, volvió a calificar a las abogadas de “megalomaníacas” al tiempo en que justificaba el porqué se había referido a las víctimas como no víctimas.

“No se cómo puedo ofeder el pudor de nadie cuando digo que no son víctimas los que no son víctimas”, arrancó el abogado quien a diferencia del resto de los defensores, remarcó que no citó la teoría de los dos demonios ni la guerra sucia, porque “hubo terrorismo de Estado, lo dije desde el primer momento  refiriéndome al 16 de junio de 1955”

“Toda víctima posee su victimario, que está sujeto a reglas del código penal, si no lo son, no hay víctimas”, justificó Ponce de León; y en la misma línea volvió a cargar contra las abogadas del Ceprodh con el argumento de que al acusar por genocidio “acusan mal profesionalmente”.

Aseguró que los hechos existieron, las desapariciones forzadas “son ausencias que existen”, dijo que las torturas exitieron; pero que no estaban imputadas individualmente a ninguno de los acusados.

“Se describen hechos que no se condicen con los que describen las víctimas”, insistió en tanto planteó que al no asignársele qué conducta le correspondía a los imputados, sólo e hacía “un discurso demagógico para recibir el aplauso de la platea, eso fue lo que se vio durante las réplicas de la querella”, finalizó mientras pedía la absolución de su defendio.

 

“Nos sometimos a las reglas del juego”

Matias Subat

Los defensores Eduardo Peralta, Gabriela Labat y Alejandra Vidales insitieron en la absolución de los 14 defendidos a los que representan en este juicio e iniciaron las palabras con una réplica a la fiscalía -que les dijo que pedían la nulidad pero habían convalidado el proceso con su presencia- , a quien le indicaron que “nos sometimos a las reglas del juego”,  insistió con los argumentos técnicos que se virtieron en los alegatos generales y que cumplió su labor de “análisis de la prueba en beneficio de nuestros defendidos”.

Aseguró Peralta que seguirá siendo una “defensa técnica eficaz” yconsideró que sus dichos sobre venganza, que planteó por las penas solicitadas para los acusados, habían sido mal interpretados. “No voy a ser un mero convalidador de conductas”, sostuvo el jefe del equipo fiscal, mientras que la codefensora Labat  insistió en que “se hizo una interrelación de toda la prueba, una valoración global y acertada” y que no hubo sezgo, como se les endilgó.

“Se nos dice que buscamos manipular al Tribunal, y esto ofende la inteligencia” de los participantes en el juicio, criticó. Agregó que lo que hizo la defensa oficial, fue poner en evidencia “las groseras deficiencias” de la requisitoria fiscal con la que se llegó al juicio.

 

“No fue una visión sesgada”

Matias Subat

Los defensores de los militares Jorge Eduardo Molina Ezcurra, Sergio Adolfo San Martín, Gustavo Vitón, José Ricardo Luera y el médico militar Hilarión Pas Sosa -Hernán Corigliano y Paola Rubianes-  insistieron en que no hubo una “visión sesgada” de la realidad, sino que se remitieron a la “guerra revolucionaria” que quedó demostrada en la causa 13, del juicio en 1984  a los ex comandantes militaresque tomaron el poder en 1976.

Rubianes reiteró que no hubo en los 180 testigos ninguno que nombrara a los oficiales de inteligencia Molia Ezcurra y San Martín como los autores de las torturas por la que están acusados en los 39 casos por los que se llevó a cabo este juicio.

insistió en los “testimonios discordantes”, basados en testigos “algunos inconsistentes, otros asimétricos y en algunos casos, falaces”, por lo que no había un cuerpo probatorio ni siquera indiciario que llevara a una misma conclusión. Cargó contra la fiscal instructora Cristina Beute y dijo que los alegatos de los acusadores habían sido una “sala literaria” que no se condecía con el proceso penal.

“Esto es un proceso judicial, no se falseó la historia, se justificó : hubo una guerra civil revolucionaria y así lo estableció la causa 13/84 que está firme y confirmada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación”, reclamó Corigliano, mientras que insistió en que ese contexto histórico de la guerra sucia y la teoría de los dos demonios “está judicialmente probado”; por lo que se sintió contrariado por las acusaciones que recibió en manifestaciones públicas y comunicados.

Cecilia Maletti

“No les corresponde la categoría de lesa humanidad, no se puede aplicar con retroactividad el derecho y esta era una categoría que no existía en el momento de los hechos”, volvió a reiterar  en tanto le respondió al fiscal Grosso que “las nulidades no pueden ser convalidadas por nadie, fue confirmado así y me tengo que sentar aquí y respeto al tribunal aunque en mi opinión no corresponde esta integración. La acusación está viciada de nulidad, es un instrumento defectuoso y por eso más lo que dije antes, es que pido la absolución”, finalizó.

 

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El resultado de una “lucha histórica”

Hoy las acusaciones replicaron los alegatos de las defensas. Las querellas de la Apdh, el Ceprodh, la secretaría de Derechos Humanos de la Nación y la fiscalía cuestionaron severamente los argumentos utilizados por los defensores para pedir la absolución.

 

 

Emiliano Ortiz

 

En la primera jornada dedicada a las réplicas, la querella de la APDH sostuvo que “no se escucharon razonamientos” de las defensas en sus alegatos, además de poner en duda los “recuerdos que se han vertido” en este juicio. Juan Cruz Goñi y María Suárez Amieva criticaron a las defensas al sostener que “falsearon el contexto histórico, y valoraron tergiversadamente la prueba”, y que “aplicaron erróneamente el derecho.”“Estos juicios son el resultado de una lucha histórica”

Sostuvieron que no hubo ninguna guerra, sino que se trató de un plan sistemático en el que “se actuó a sangre y fuego”. Refiriéndose al video que había mostrado el defensor Hernán Corigliano al momento de los alegatos, afirmaron que constituyó un intento de desvirtuar los hechos y “que tuvo el manifiesto objetivo de manipular  la opinión del Tribunal y de todos nosotros”, además de pretender instaurar que se trató de una guerra sucia, que “jamás existió”.

Con respecto a la afirmación de las defensas de que lo que se devela en esto juicios son cuestiones políticas y no jurídicas, los abogados de la APDH calificaron ese argumento como “una estrategia clara para desvirtuar y descalificar  los procesos de juzgamiento de las violaciones a los derechos humanos que se han cometido”. Agregaron que estos juicios son el resultado de una lucha histórica “que plantearon los organismos de derechos humanos, los sobrevivientes y los familiares para obtener justicia”.

Goñi y Suárez Amieva se refirieron también a los dichos del defensor Ibañez quien al alegar dijo que el  24 de marzo había sido uno de los días mas tranquilo del país y que “se podía caminar en cualquier calle”. “Es un dato de color que revela la incomprensión absoluta por parte de las defensas de un hecho histórico”, retrucaron.

Aludieron a que las defensas interpretaron “los testimonios de una forma sesgada y desconociendo la naturaleza de las víctimas-testigo”, y que desfiguraron la palabra de los sobrevivientes, al “sacar de contexto sus dichos, extraer información que no tienen constancia en la causa y al parcializar la información”.

Sostuvieron que la genealogía de los derechos humanos es antiquísima y recordaron que no se requirió pena por el delito de genocidio sino que la solicitaron “en el marco en el que acaecen los delitos de lesa humanidad”, y que el delito de genocidio impide que esos delitos se vean aisladamente, ya que “le dan sistematicidad a los crímenes”. Continue reading

“Es un honor que me saque de esta sala”

Nelly Curiman, testigo que declaró durante el debate sobre el operativo realizado en el barrio Sapere de Neuquén en 1975 que la tuvo como víctima, fue retirada de la audiencia por orden del tribunal.

 

El presidente del cuerpo, Orlando Coscia, advirtió al público, que expresó su repudio a los imputados, que podía quitársele las acreditaciones si continuaba manifestándose. Curiman preguntó porque no se había procedido del mismo modo con Antonio Camarelli, imputado que increpó a Juan Domingo Pailos y no fue sancionado. Coscia dispuso que se retirara del lugar. “Es un honor que me saque de esta sala”, afirmó la mujer. “Las víctimas seguimos siendo víctimas”, completó.

 

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

 

Los Pailos hablaron de las torturas en Cipolletti

Juan Domingo y Julio Eduardo Pailos describieron las torturas y la permanencia bajo secuestro en la comisaría Cuarta de Cipolletti después del golpe de marzo de 1976.

Declararon por los casos de Raúl Sotto, Ricardo Novero y Oscar Contreras. Los hermanos Pailos iban a declarar a principios de este juicio, pero se sentian perseguidos laboralmente y amenazados, razón por la cual el Tribunal derivó su testimonio a esta etapa a la espera de que los testigos -victima pudieran relatar “en condiciones de libertad”.

Desde el inicio de sus declaraciones el tribunal les manifestó que fueron llamados a declarar en calidad de testigos y no como víctimas, dado que sus causas serán juzgadas en el tercer tramo de la causa por secuestros, torturas y desaparecidos en la región durante la última dictadura militar.

Cecilia Maletti

Así, Juan Domingo Pailos recordó que unas semanas después del golpe fue detenido en más de una oportunidad en la comisaría de Cipolletti.

“En una oportunidad me encontré con Contreras en el pasillo, le estaban pegando con un fusil en la espalda, lo vi porque a mí me llevaban al balde”. En su declaración también sostuvo que en la Comisaría de Cipolletti, estaban detenidos Raúl Sotto y Ricardo Novero.

Implicó a los imputados: Julio Villalobos, Miguel Angel Quiñones y a  Saturnino Martinez.  Este último “era el que más nos golpeaba”. También comprometió a Raúl Guglielminetti, a quién reconoció como la persona que “nos trasladaba en un falcon a mí, a mi hermano y a Sotto, para llevarnos a la Federal”.

Julio Pailos, por su parte, declaró que fue detenido al menos  en cuatro ocasiones “fui interrogado y torturado en todas y cada una de las detenciones”.

Matias Subat

En la primera detención, cerca de abril de 1976, permaneció en esa condición alrededor dos meses, dijo. En esa oportunidad recordó  haber sido liberado al medio día, pero que volvió a ser detenido en su domicilio horas más tarde “cuando estaba cenando, otra vez vinieron a buscarme”.

Al igual que su hermano, Julio Pailos, comprometió aún más el accionar de las fuerzas policiales rionegrinas durante el último golpe de Estado. Recordó que en la comisaría de Cipolletti estaban Saturnino Marinez y Julio Villalobos. “A Martinez lo conocía de chico y él mismo fue el que me secuestro”.

Julio también comprometió a  Gustavo Viton, sostuvo que él “era el de mayor jerarquía, mandaba a policías y a militares. Lo vi en una reunión que pidieron mis familiares y ahí vi a Viton, a Guglielminetti y al Sargento García”.

En este punto de la declaración, el ex jefe de la unidad policial Antonio Camarelli quien presenciaba la audiencia, reaccionó ante  las declaraciones, se levantó de su asiento y señalando al testigo, vociferó: “es una falsedad de este mentiroso”.

Oscar Livera

El Fiscal Federal, Marcelo Grosso solicitó al Tribunal que aplique algún llamado de atención,  al ex jefe policial por los exabruptos hacia el testigo.

Desde la querella del CeProDH, Ivana Dal Bianco,  pidió que no solo se aplique un llamado de atención a Camarelli,  sino que también se le renueve el permiso a Soledad Díaz, hija de desaparecidos, quien no puede ingresar a las audiencias por haber insultado a los imputados.

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La muerte de Albanesi

Jorge Norberto Villanueva y Ángel Victoriano Ingelmo, yerno y conocido de José Luis Albanesi, respectivamente, no tuvieron dudas en 1977 respecto a la muerte a golpes del productor cipoleño.

Así se lo plantearon -cada uno durante su turno de testimoniar- a los jueces Orlando Coscia, Mariano Ferrando y Eugenio Krom.

Matias Subat

Villanueva describió que Albanesi fue detenido un par de días antes de su cumpleaños, el 25 de abril de 1977. Ese día, junto con su suegra, le dejaron un termo con agua caliente, comida y un libro a modo de regalo de cumpleaños, aunque “no lo pudimos ver, porque estaba incomunicado”. Al día siguiente “me devolvieron el termo sin usar, todavía con la misma agua, porque había pasado a disposición del Comando de Neuquén”.

Según recordó “tuve la sensación de que se complicaba más. Si estaba incomunicado en la comisaría, al pasar a una instancia mayor, se escapaba cada vez más la posibilidad de poder averiguar algo, tal es así que nunca se supo más nada”.

El 29 de abril el comandante José Luis Sexton llamó a la casa de Adolfo Albanesi para decirle que su padre había muerto, recordó. Ese día José Luis Albanesi debió haber estado en Buenos Aires, donde tenía previsto viajar debido a que era delegado regional de la Federación Argentina de Cooperativas Agrarias (FACA). Para su yerno, la detención de Albanesi estaba relacionada con una serie de incendios registrados desde febrero en la cooperativa familiar La Colmena, según le habían dicho en la comisaría, aunque nunca se les explicó qué tipo de acusación había contra el productor cipoleño.

Matias Subat

“El velatorio fue un escándalo”, dijo. Hubo gente que vio parte del cuerpo de su suegro y comentaba que estaba en “estado lastimoso”. “Yo no me animé a ver el cuerpo, sólo vi que tenía hematomas en la cabeza, hubo personas que lo vieron”, dijo Villanueva. Al ser consultado si la familia había solicitado una autopsia, recordó que “o no se hizo, o no la pidió mi cuñado. Por comentarios recuerdo que decían que sí hubo una autopsia y la firmó Hilarión Sosa”, destacó.

Recordó que cuando lo llamaron a su cuñado para que reconociera el cuerpo “sabía que estaba en la U9, pero mi cuñado no quiso ir a ver el cuerpo del padre” dijo.

Ingelmo no recordó porqué Adolfo Albanessi le pidió a él que hiciera el reconocimiento de los restos de su padre. “Un día me llamaron del Comando y era Sexton, y me dijo: ‘Ingelmo, necesito que vaya a reconocer el cuerpo de Albanesi’. Estaba en una camilla, lo destaparon hasta abajo de la cintura y nunca me voy a olvidar de esa imagen… estaba totalmente amoratado, de un color azul verdoso, marrón sobre un cuerpo amarillo sucio, con una cara que tenía el rictus del dolor y las manos en la espalda”, dijo sin pausa el testigo.

Explicó que en ese momento no dijo nada, pero que pensó que no se podía esperar que ocurrieran ese tipo de cosas. “Albanesi era una persona amable, siempre con los brazos abiertos, era excelente… más bueno que el pan. Increíble verlo a él así”, dijo.

Cuando le consultaron si sabía cuándo lo habían secuestrado, Ingelmo dijo recordar que como él tenía amigos militares debido a que había fundado el Polo Club y compartía con muchos militares el amor por los caballos, el polo y los saltos, le pidieron que intercediera ante Sexton para acercarle a Albanesi alguna medicación que necesitaba, debido a que la familia no podía tener acceso al productor desde su detención.

“No se podía esperar que le ocurrieran cosas así, quizás pensé que le había pasado como a la gente en el tiempo de la inquisición, donde perseguían a quienes pensaban distinto, o no pensaban como el poder lo hacía, que es lo que ocurrió acá;  que se atacó a todos los dirigentes, porque él era un dirigente cooperativo, atacaban lo que él representaba, los militares que gobernaban pensaban como la inquisición cuando se aplicaba el terror con la tortura, para que la gente tuviera miedo y que no se expresara diferente. Porque un acto de valentía es contagioso, pero la cobardía mucho más”, reflexionó frente al Tribunal.

Ingelmo dijo que el reconocimiento lo hizo en el hospital y que ni bien lo vio, supo que “no le habían dejado un pedacito de piel sin morder”, y aclaró que con esa expresión quiso decir que “no hubo un lugar en el cuerpo donde no se le hubiera pegado”.

Ante la consulta específica del querellante Marcelo Medrano sobre su accionar como abogado y su colaboración con el Obispado, Ingelmo describió que “cuando cayó el gobierno de Allende en Chile”, llegó a Neuquén una gran cantidad de exiliados y que poco tiempo después, junto con Alberto Cidades, Sapiola de la UNCo, y el capitán jefe de la policía de apellido Funes, integraron la comisión del Alto Comisionado de las Naciones Unidas (Acnur), cuya misión “tenía por objeto recibir a la gente, ver las necesidades básicas que había que resolver y enviar los antecedentes al Acnur en Buenos Aires, para que se ocuparan de la situación, y en muchos casos los asilaron en Bélgica, recordó.

“Por esas actividades me acusaron de traición a la patria, y me hicieron una causa. Hasta tuve que ir a declarar en una informativa -que era la declaración previa a la indagatoria- con el doctor Duarte, que era el auditor del Ejército y había sido designado como juez federal” , después del 24 de marzo de 1976.

Especificó que Duarte “quería saber qué hacíamos con el dinero” que se recibía para el trabajo del Acnur, en tanto denunció que si bien él sufrió un allanamiento “porque me habían sindicado como colaborador de la guerrilla chilena”, otros miembros del comité fueron detenidos en a U9 y sufrieron tormentos. “A Alberto Cidades lo torturaron para que dijera que Ingelmo y Jaime de Nevares estaban en la guerrilla, por ayudar a los refugiados”, dijo, en tanto opinó que “al que querían matar era a De Nevares, pero era demasiado grande. Cuando un hombre por la amistad llega a soportar la tortura, debe ser el acto más grande que debe tener un hombre” dijo Ingelmo respecto de Cidades.

Ingelmo se quejó por los “banquillos vacíos” que había en el juicio, y no dudó en afirmar que eran los que debieron ocupar los civiles que colaboraron con el accionar de la dictadura.

“Yo por un lado era perseguido, pero por otro mi señora era integrante del Tribunal Superior y recuerdo que fuimos con ella a ver al juez Duarte porque había un amigo que ayudaba mucho al padre Ítalo, y que tenía un hijo que estudiaba en La Plata, que viniendo de vacaciones, había desaparecido”. Fueron a ver a Duarte y cuando los recibió les dijo: “este es un asunto de mi exclusiva competencia”, dando a entender que la esposa de Ingelmo no podía intervenir. “La cuestión es cómo usó esa competencia, porque si los jueces federales y los fiscales hubieran cumplido (con sus funciones), muchas cosas se hubieran evitado”, dijo sin tapujos Ingelmo y luego aclaró que se refería a la desaparición de Oscar Ragni.

Dijo que el fiscal Ortiz había sido otra de las decepciones que sufrió, por cuanto cuando ocurrió lo de Cidades, lo fue a ver para que interviniera y “me dijo ‘no me diga nada, no tengo nada que saber, no me comprometa’”.

Finalmente las consultas a Ingelmo rondaron en relación a su pertenencia a la comisión directiva del Polo Club, que funcionaba lindero al predio del Ejército y desde donde se podía ver en los fondos la construcción que funcionó como centro clandestino. Ingelmo no recordó alguna recomendación o prohibición de acercamiento al lugar donde todos los testigos sitúan el lugar de cautiverio y tormentos y sostuvo que posteriormente se enteró de esa función y no durante el tiempo en el que el Polo Club tenía actividades ecuestres en las inmediaciones.

Se reconoció asimismo como amigo del general de Brigada Enrique Braulio Olea. Sin embargo, dijo que esto no le impedía decir todo lo que supiera de aquel tiempo con verdad y sin falsear u ocultar cosas.

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

Fotos: Matías Subat

De Filippis: “No sabía por qué estaba detenido”

Carlos De Filippis actualmente tiene 51 años, pero al momento de su detención apenas tenía 16. Se puede observar en  su rostro, en su mirada perdida, la pesada carga de la tortura que sufrió y lo incómodo que se siente al tener que recordar una vez más todo lo que le sucedió hace más de treinta años.

Matias Subat

En sus breves declaraciones, pudo contar que fue detenido el 23 de Abril de 1977 en La Cooperativa agrícola y frutícola “La Colmena”, un galpón ubicado en Cipolletti (Río Negro) y donde trabajó haciendo papeleo durante dos temporadas. No dudó en afirmar que fue detenido “por el Oficial Quiñones, junto con otro policía y me llevaron en un Citroën hasta la comisaría 4ta”.

El motivo de su detención fue por una serie de incendios presuntamente intencionales ocurridos en febrero y marzo de ese año en galpones de empaque de la Cooperativa.

Por este hecho se inició una causa penal en la que se imputó como presuntos autores a José Luis Albanesi y De Filippis y por lo cual se dispuso su detención. Permanecieron detenidos a disposición del Comando Subzona 52, que actuaba como autoridad preventora en el trámite.

Matias Subat

“Me llevaron a la oficina y me dejaron encerrado con llave. Vinieron mis padres a buscarme, pero igual me dejaron ahí dos días y dos noches”, recordó. La noche del 25 de abril personal del Ejército lo esposó y lo sacó por el patio, lo tiraron dentro del furgón de una camioneta y “de todos lados me pegaron”. Fue trasladado a Neuquén, al centro de detención clandestino “La Escuelita”.

Durante un mes fue torturado en las sesiones de interrogatorio. “Era una cosa de todos los días,”, afirmó y aseguró que “me trataban de subversivo, y también me hicieron simulacro de fusilamiento”. En esa época de Filippis sufría de epilepsia, y pese a que su madre le llevaba la medicación casi nunca se la dieron. Recordó que sólo fue asistido por un médico una o dos veces.

En el centro clandestino escuchó los gritos de Albanesi. En una oportunidad le hicieron sacar la capucha y ver cómo era torturado con un perro policía que lo mordía en sus genitales mientras estaba atado y desnudo. Fue testigo de la muerte de De Filipis en la sala de tormentos. “Ellos me lo dijeron: se murió tu compañero”, le dijo al tribunal cuando se le consultó cómo sabía que había fallecido Albanesi.

Transcurrido un mes en “La Escuelita”,  fue trasladado a la U9 de Neuquén. El 22 de Diciembre de 1977 el Poder Ejecutivo Nacional dispone el cese del arresto, declarando libres de culpa y cargo tanto a Albanesi (quien había fallecido como consecuencia de la tortura sufrida) como a De Filippis.

 Matias Subat

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“Me lo destrozaron para toda la vida”

Teresa Navarro, madre de De Filippis, explicó que su hijo le contó que escuchaba a Luis Albanessi cuando lo torturaban por que lo tenían en una celda conjunta a la de él. De Filippis tenía 16 años al momento de su detención, estuvo seis meses desaparecido y nadie daba respuesta acerca de su paradero. “Lo busqué por cielo, tierra y mar, pero nadie sabía nada” dijo Teresa.

Carlos De Filippis era un peón rural que trabajaba junto con Luis Albanessi (fallecido durante su detención), propietario de la Cooperativa Agrícola y Frutícola “La Colmena”, de Cipolletti.

En abril de 1977 ambos fueron detenidos y llevados a la comisaría séptima de esa  ciudad. El motivo de su detención fue por una serie de incendios presuntamente intencionales en los galpones de empaque de la cooperativa. Los hechos habían ocurrido en febrero y marzo de ese año.

En su búsqueda incansable, la mujer reconoció a Miguel Ángel Quiñones como la persona que la atendió en la comisaría cuando estaba buscando a su hijo desaparecido. “Me decían que lo habían trasladado a Neuquén, entonces fui a ‘La Escuelita’ y un soldado me dijo que ahí tenían a un menor” indicó.

A los ocho meses de su detención, liberaron a Carlos y su madre aseguró que lo vio en muy mal estado. “Cuando llegó a casa estaba muy flaco, lastimado, con marcas en las piernas y muñecas. Tenía quemaduras de cigarrillo en la espalda. Me lo destrozaron para toda la vida” dijo angustiada.

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

“La tortura les era fiable para conseguir información”

Con la sala llena y la presencia de funcionarios, amigos e integrantes de Madres de Plaza de Mayo, Raúl Radonich declaró acerca de su privación ilegítima de la libertad, ocurrida durante dos oportunidades en 1977. La primera de ellas el 13 de enero, en la cual estuvo detenido en “La Escuelita”, sitio donde fue torturado e interrogado y el 4 de abril, cuando personal militar se presentó en la casa de sus padres y lo llevó a la Unidad de Detención N°9 de Neuquén, donde estuvo cautivo hasta el 29 de junio de ese mismo año.

mati subat 27-06-2012

Radonich relató que aquella mañana del 13 de enero de 1977 tres personas se presentaron en la gestoría donde trabajaba e identificándose el jefe de grupo como “policía federal” le informó que debía acompañarlos. Sin permitirle comunicarse con algún miembro de su familia,  fue tomado por dos de los uniformados e introducido a un Ford Falcon, donde sacaron sus armas, lo arrodillaron en el piso del vehículo y lo vendaron. “Avisaron por una radio que me tenían y respondieron: ‘tabiquenlo’. Después me taparon con un acolchado y el vehículo comenzó a dar vueltas, asumo que con la intención de desorientarme”, contó.

Al llegar al centro de detención, “una persona se acerca y me dice ‘vos acá no tenés que preguntar nada, solo tenés que responder lo que se te pregunte’. Relató que lo acostaron en un elástico de una cama, lo esposaron y le conectaron cables en las sienes. “Me empiezan a interrogar, preguntándome por datos personales  y por mi familia” describió, y que esos datos fueron introducidos “en una ficha, porque se escuchaba una máquina de escribir”.

Radonich contó detalladamente el interrogatorio al que fue cruelmente sometido. “’Cuál es tu grado y tu nombre de guerra’ repetían constantemente, cuando siento por primera vez un pinchazo en la nuca y descargas eléctricas, a modo de electro shock. La tortura era una sensación desconocida, devastadora, el cuerpo no responde, los músculos se tensan involuntariamente y me muerdo la lengua, perforándomela. Perdía mucha sangre y sentía que la cabeza se me partía en mil pedazos” describió.

A su vez, mientras le aplicaban descargas eléctricas, contó que la persona que estaba a cargo del interrogatorio le dijo que “acá no es como jurar la biblia y toda la porquería esa, acá vas a decir toda la verdad, y más que la verdad” y afirmó que quienes llevaron adelante el terrorismo de Estado, consideraban la tortura como un método fiable para conseguir información.

Explicó que durante el interrogatorio le preguntaron por sus compañeros en La Plata, donde había vivido durante los años 1974 y 1975, y que cuando mencionaron a Oscar Ragni (desaparecido) “les dije que estaba detenido y me respondieron con mucha ironía ‘se fue con los montoneros’. Después me tiran un sobrenombre (Camper) y me preguntan quien era; les dije que yo, entonces me preguntan quién me lo había puesto y les dije ‘un tal Pepe’ y que no sabía su nombre porque él no lo decía porque tenía algún tipo de participación política. Se enojaron y me preguntaron que con qué frecuencia lo veía, al responderles que dos o tres veces por semana el que estaba a cargo me dijo ‘pensá bien lo que vas a decir porque yo los seguía y se encontraban todos los días’. Ahí sentí alivio porque ‘Pepe’ no existía, me tranquilicé porque sabía que mentían”.

mati subat 27-06-2012

“En un momento empecé a sentir una especie de convulsión, estaba muy agitado y sentí una mano en el pecho; fue cuando empezaron a parar. Después el mismo hombre que había participado de mi secuestro me dijo ‘a la tarde vamos a empezar de nuevo, vos elegís si con máquinas o no, no te sacrifiques por esa gente’”, contó. Al llevarlo de nuevo a la cama lo esposaron y lo ataron con una cadena en el cuello y en los pies. Allí notó que había dos personas a sus costados. Explicó que frente a su cama había una escalera de madera y un agujero en el techo, por donde un militar cargaba su fusil y salía cuando llegaban autos.

También contó que se escuchaba muy fuerte una radio, “era LU5, donde escuché sobre mi desaparición, mi familia pedía por mi paradero, entonces traté de decir a la persona que estaba a mi izquierda ‘ese soy yo’”.

Contó que fue liberado en la madrugada del 19 de enero, en cercanías de Senillosa (Neuquén), desde donde volvió a la ciudad de Neuquén en colectivo. “Recuerdo que estaba muy molesto, no podía respirar porque las vendas estaban muy apretadas. Me llevaron al baño y me dicen ‘tratá de arreglarte lo mejor que puedas’, lo que me generó mucha incertidumbre. Cerca de las 3 de la mañana se escucha una bocina del falcon, se me acerca la misma persona que me secuestró, me dice mi dirección y que mi padre trabaja en YPF y agrega ‘ésta noche te vamos a liberar, quedate tranquilo’. Me atan las manos con correas, me suben a un vehículo y me van dando indicaciones sobre lo que tengo que hacer: primero levantar la denuncia en la policía Federal, poner una excusa de porqué no había estado y que no podía decir nada de lo que había sucedido, que ya sabía cómo se manejaban y que no tenían problema de poner una bomba en mi casa”.

Radonich explicó que al llegar con su padre a la policía Federal, para levantar la denuncia como le habían indicado, los oficiales que lo atendieron le dijeron “esto no te lo cree nadie, así que si te liberaron es porque estás limpio”.

La segunda detención se produjo en abril de 1977, cuando la noche del 4, mediante un gran operativo que incluyó tres camiones celulares que rodearon la casa,  lo llevaron detenido a la U9. Lo llevaron a un calabozo de seguridad y “el subdirector de la Unidad me dijo que me encontraba detenido a cargo de la Subzona 52 y que mientras estuviera ahí no tenía que preocuparme por mis condiciones de seguridad, pero si volvía el Ejército, no me podía garantizar nada”. En ese lugar pudo ver a Carlos Eli De Filippis. “Nos asombró verlo porque era un adolescente, nos dijo que con él había estaba detenido José Luis Albanessi y que a éste le costaba mucho respirar, que sentía sus quejidos constantemente y que el estado de su salud era de gravedad, por haber sido fuertemente torturado”, relató.

Respecto de la muerte de Albanessi, explicó que había rumores de que habían querido ingresarlo a la U9, pero desde el penal se negaron a recibirlo por su estado muy delicado de salud, y que incluso “podía estar muerto”.

Cuando lo liberaron, el 29 de junio, le dijeron que debía presentarse ante Oscar  Reinhold (Jefe de Inteligencia del Comando de la VI Brigada) quien le advirtió que si hubiera sido detenido en La Plata “mi suerte habría sido otra y que siguiera haciendo mi vida normal, cosa difícil porque después de lo que pasó, uno se siente perseguido, vigilado. Vivir con miedo, con temor, obviamente ese era el objetivo del terrorismo de Estado”.

Radonich contó que realizó el servicio militar en 1976, y que por eso pudo deducir que “La Escuelita” se encontraba dentro del Batallón 181 de la ciudad de Neuquén y que los suboficiales realizaban las guardias en ese predio. Además detalló la noche en la que se escapó Hugo Obed Inostroza Arroyo, (testigo en este juicio) y que supo que en ese lugar se producía la detención de “elementos subversivos”.

Emiliano Ortiz

Respecto de la fuga de Inostroza, explicó que en una noche de agosto, comenzaron a escuchar un tiroteo cada vez más intenso y que un grupo de soldados fue a la sala de armas, donde él prestaba servicios, “para retirar armamento  y hacer una especie de patrullaje”. Al día siguiente salió un comunicado de la Subzona 52 en el que explicaban que se había producido una fuga de un prisionero. Explicó también que un soldado contaba que su padre manejaba información de que “en ‘La Escuelita’ tenían a alguien y que se les había ido la mano, lo que explicaba el comunicado”.

Con la voz quebrada, Radonich dijo haber sentido una alegría muy grande al enterarse que era verdad que un prisionero se había fugado, y consideró que “era increíble porque habiéndolo vivido sabía que escaparse era realmente difícil, casi milagroso”.

Raúl Radonich cerró su declaración contando que su hijo adolescente se encontraba en la audiencia, y que su deseo era que “sus hijos y los hijos de sus hijos no tengan que asistir a una audiencia como esta”, frase que provocó lágrimas en varios de los presentes.

 mati subat 27-06-2012

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Secuestrados y torturados por aparecer en una agenda

Jorge Mario Berstein declaró por videoconferencia desde el Consejo de la Magistratura en Capital Federal. Sostuvo que entre la noche del 28 de febrero y la madrugada del 1 de marzo de 1977 fue detenido junto a Georgina Feliciana Barreto en su domicilio de General Roca. El motivo fue porque el nombre de esta última “aparecía en la agenda de una persona que habían detenido en Bahía Blanca”.

Matias Subat

En la vivienda irrumpió un grupo de personas vestidas de civil, sin identificación y fuertemente armadas. Sin mediar explicación alguna, vendaron y esposaron a las víctimas y las subieron violentamente a  dos vehículos diferentes. “Me tuvieron contra la pared, encapuchado y luego me subieron a un Falcon azul, y me llevan un rato de viaje”, ironizó Berstein. Los trasladaron al centro clandestino de detención “La Escuelita” de Neuquén.

Los hombres que los detuvieron les hicieron saber que eran miembros de una organización terrorista, sin embargo Berstein inmediatamente se dio cuenta de que eso era “puro teatro, era evidente que se trataba de fuerzas militares”. Lo supo por la forma de tratarse entre ellos, pero por sobre todas las cosas “por el modo en el que se saludaban”.

Al llegar a “La Escuelita”, Berstein fue arrojado a una celda y engrillado de pies y manos a una pared. A los seis o siete días de estar allí fue interrogado sobre su supuesta vinculación con grupos guerrilleros en la Facultad de Ingeniería.

Durante los interrogatorios le pusieron un arma en la cabeza y gatillaban. “Todo era absolutamente descabellado, ellos suponían que yo estaba en una organización, me hacían tocar armas para que las reconozca, y yo no sé nada de armas”, explicó.

Berstein permaneció privado de su libertad durante diez días. Pasado ese tiempo lo llevaron en un Citroën hasta la ciudad de Allen (Río Negro). Ya en General Roca, pudo reencontrarse con Barretto luego de un par de días, porque “ella estaba esperando que se le borraran las marcas que le habían dejado en el cuerpo”.

La declaración de Berstein tuvo un hecho anecdótico cuando confundió el nombre de la vecina localidad de Allen con la ciudad pampeana de General Acha. Los abogados defensores aprovecharon esa confusión para dejar constancias en actas, con la intención de obstruir luego parte del proceso. Sin embargo, el juez Orlando Coscia no dejó pasar la oportunidad para preguntarle al declarante sutilmente en qué provincia quedaba la ciudad de General Acha. Inmediatamente Berstein se dio cuenta de su error y explicó que cada vez que él se había referido a esa ciudad en realidad quería mencionar la localidad rionegrina de Allen.

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De Cano recibió amenazas por intentar averiguar dónde estaba Genga

María Cristina De Cano motorizó la búsqueda de Luis Genga y las hermanas María Cristina y Silvia Bottinelli, cuando fortuitamente, se dio cuenta de que estaban desaparecidos.

Declaró en el juicio por sus creencias “y por la constitución”.


Matías Subat

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“Con la conciencia tranquila, pido justicia y que se mantenga viva la memoria”

Con la presencia de Antonio Alberto Camarelli, imputado por su participación en los secuestros realizados en la localidad de Cipolletti, y en una extensa jornada cargada de intensidad y expectativas debido al testimonio de Luis Alberto Genga, detenido ilegalmente el 02 de septiembre de 1976 y víctima en este juicio, el ex Director dela EscuelaRuralN° 50 de Cipolletti y Secretario General dela UnTERen la época dela Dictadura, dio detalles acerca de su privación ilegítima de la libertad, junto a su compañera de vida Silvia Beatriz Bottinelli y su hermana Cristina Bottinelli y de los tormentos sufridos en el centro de detención clandestino “La Escuelita”, sitio al que pudo reconocer.

Cecilia Maletti

Luis Alberto Genga fue detenido ilegalmente el 2 de septiembre de 1976 y tuvo que exiliarse del país

Luis Genga, quien inició su actividad gremial en la ciudad de El Bolsón y que posteriormente, en el año 1974, fue nombrado Secretario General dela Uniónde Trabajadores/as dela Educaciónde Río Negro, relató que el 24 de marzo de 1976, al tomar conocimiento del golpe militar, tuvo que viajar de urgencia a la localidad rionegrina de Chelforó, para suspender un curso que se dictaría en el ámbito de un programa de capacitaciones dela UnTER, debido a quela JuntaMilitarhabía publicado en el artículo 7mo de su primer comunicado, que a partir de ese momento, debían cesar todas las actividades de carácter gremial. “Ahí consideré que cesaba mi actividad sindical y me reincorporé, a mi regresoa Cipolletti,a mi trabajo como director y docente, en ese momento me enteré que el 25 de marzo del ‘76 (personal militar y de la policía de Río Negro) habían ingresado vandálicamente al establecimiento”.

“Al encontrarme con las maestras, noté que me habían llevado ropa en una valija y habían juntado dinero para que me vaya, porque no tenía protección si seguía acá, pero yo me quedé porque no tenía nada que ocultar” recordó Genga y comentó que en ese momento se dirigió a la Comisaría, “debido a que me informaron que ese ‘grupo de tareas’, al mando de Vitón había dado la orden de que me presentara” (refiriéndose a Gustavo Vitón, imputado, quien en el momento de la dictadura estaba a cargo de la Compañía “A” del Batallón de Ingeniero de Construcciones 181 y a quien se le asignó la Jefatura del Área 5.2.1, con asiento en la comisaría 24 de Cipolletti).

La víctima explicó que en la Comisaría, fue recibido por Camarelli, que era el jefe de la misma y con quien tenía buena relación y por Gustavo Vitón, que se presentó como “a cargo” dela Comisaría. Explicóque fue interrogado por ellos y por otras 4 personas más, durante aproximadamente 4 horas y que el interrogatorio que fue “muy limpio y calmo, pero con preguntas insidiosas” fue grabado.

En un escritorio dispusieron de mucha documentación que “me había sido robada” cuando fueron a la escuela, y “las preguntas más duras eran por gente, me preguntaron por los integrantes yla Comisión Directivade la UnTER, la relación con la CTERA, por libros que me habían robado y por libros de otras personas que seguramente robaron en otros secuestros, por mi vinculación con muchas personas, como Alfredo Bravo, que era mi amigo íntimo y por mi vida personal, sobre mi relación con Silvia Bottinelli (querellante) y por mi ex mujer Margarita Meraviglia” (testigo en este juicio, que prestó declaración el 22 de mayo pasado). “Incluso me hicieron un cargo por pornografía” explicó refiriéndose a unas diapositivas que encontraron, que pertenecían a una cátedra de la Universidad del Comahue, institución de la que formó parte hasta que fue intervenida previo al golpe militar por Remus Tetus, cuando fue desestimado y la Universidad comenzó a ser regentada por él y su grupo de “matones de la AAA”.

El secuestro

Matías Subat

El único imputado que asistió al testimonio fue Antonio Camarelli titular de la Comisaría 4º de Cipoletti

Luis Genga contó que su detención se realizó tiempo después del allanamiento (el 02 de septiembre de ese año), cuando se encontraba en la casa de Cristina Bottinelli, junto a Silvia ya JorgeVillafañe, y que los hicieron pararse frente a la pared, ordenándoles que no miraran. “Cuando intenté defendernos, apelando a que era una persona pública por mi rol de sindicalista, recibí un brutal golpe que me dejó casi inconsciente”.

“Nos encapucharon, maniataron y nos tiraron a un auto a golpes, desde allí por el recorrido que hicieron sentí que pararon un instante en lo que intuyo sería la comisaría, luego noté que pasábamos por la rotonda de Cipolletti y después sentí el traqueteo del puente carretero, que es inconfundible” relató Genga y agregó que al pasar el puente que uneNeuquén con Cipolletti,realizaron otra parada “en lo que creo sería la garita de la caminera” y a toda velocidad retomaron el traslado, “luego de varios kilómetros, doblaron a la izquierda y después tomaron un camino de tierra hacia el sur, intuyo que era el Batallón porque se escuchaba claramente el sonido de agua, en ese momento imaginé sería un lugar cerca del río” explicó.

Agregó que podía identificar que ese lugar era el Batallón de Ingeniero de Construcciones 181, porque conocía el terreno ya que había ido a ese lugar en varias oportunidades, unos 2 años antes por tareas conjuntas que realizaba el ejército con la UnTER y que en una oportunidad “los mismos soldados me dijeron que allí fueron caballerizas” (haciendo referencia a “La Escuelita”).

Genga contó que al llegar, a golpes los hicieron bajarse del vehículo y le cambiaron la capucha por una venda, que ataron tan ceñida que se le “incrustó a la altura de los ojos y en la oreja” dejándole una cicatriz, al “igual que una cadena con la que me ataban a la cucheta” en su pie derecho, sin embargo expresó que cuando le sacaron la capucha “pensó que era la salvación” porque con ella no podía respirar y sentía que se “iba a morir”.

Las sesiones de tortura

Explicó que durante las torturas lo golpeaban constantemente, intercalando un día de recuperación por cada día de golpizas, dijo que en varias ocasiones le hicieron simulacros de fusilamiento en el exterior del lugar, y que quien dirigía las torturas era un hombre al que llamaban “Pedro”, que “jugaba el papel del bueno y cuando ya estaba casi muerto, me acariciaba la espalda y hacía comentarios de mi vida personal. Me decía que Silvia era una chica buena pero que yo no me debería haber separado de Margarita”, Explicó que “en una oportunidad, en la que lo llevaron a una especie de patio, explicó que llegó otro soldado “con actitud de mando, me puso el arma en la boca y dijo ‘vos mataste a mi hermano, mereces morir ya’ tenía mucho miedo” destacó. En otra ocasión “ese hombre que se hacía llamar ‘Pedro’ me llevó afuera, me hizo arrodillar, ‘como musulmán mirando la mezquita’ con la nariz casi pegada al suelo, donde pude escuchar que había un grabador y sentir como el sol me calentaba la espalda y el soldado dijo ‘si, esta es la última vez’. Tenía mucho miedo porque no sabía si me iban a matar o si me iban a liberar” y explicó que después de eso, lo llevaron adentro a una especie de lavabo, por primera vez desde que estuvo detenido y luego de asearse le quitaron la venda y le sacaron una foto.

Genga destacó que durante el interrogatorio en “la Escuelita”, le hicieron “exactamente las mismas preguntas que cuando estuvo en la comisaría, pero esta vez el interrogatorio fue mucho más violento”. Por tal motivo el interpretó que la primera parada que hicieron el día de su detención, debió ser en la comisaría para buscar su “legajo”.

Además explicó que en el centro de detención, debieron haber unas 20 personas más, entre las que se incluían sus compañeros junto a quienes había sido secuestrado, a quienes pudo identificar por su voz o sus quejidos, “sabía que Villafañe estaba ahí porque era el que más gritaba cuando lo golpeaban, siempre decía ‘tengo un tío que es mayor en el ejército, ustedes no pueden pegarme, ya van a ver lo que les va a pasar’”, pudo reconocer a una compañera de la UNCO, Marta De Cea (víctima en la primera etapa del juicio en 2008, que fue secuestrada en Cinco Saltos), que supo que había un médico porque “había alguien que se sentía mal cuando iban en el vehículo y dijeron ‘vos sos médico, atendela’” refiriéndose a uno de los secuestrados.

Genga también destacó que cuando caía al suelo, luego de los golpes que recibía, intentaba reconocer al tacto, la ropa y el calzado de sus torturadores, como así también que cuando lo movilizaban, para ir al sanitario o para comenzar una sesión de tormentos, intentaba percibir a través del contacto físico cuantas personas secuestradas había en el lugar.

La libertad y el exilio.

Explicó que cuando fue liberado, en las inmediaciones de la localidad rionegrina de Barda del Medio y que en el mismo vehículo se encontraba Cristina Bottinelli, que el fue obligado a bajar del vehículo y que al hacerlo lo amenazaron y dijeron “no te saques la venda hasta que el auto se aleje”. Al reencontrarse con sus compañeros tomó conocimiento que a Villafañe y a Silvia Bottinelli los habían liberado 2 días antes en las inmediaciones de Arroyito y que como a él y a Cristina, les habían dejado dinero para regresar.

Contó que se reincorporó a la escuela hasta terminar el ciclo lectivo, en febrero del ’77, momento en el que decidió partir al exilio a España, lugar en el que estuvo hasta el año 1992. Comentó que los años más duros fueron allí “soñaba todos los días con Argentina”. Explicó que sentía frustración por la situación de Cristina Bottinelli, fallecida en 2011 porque ella murió en el exilio, debido a que los médicos en México, donde se encontraba, le habían prohibido volar a causa de “daños profundos en el cerebro” secuelas de la tortura y que en una oportunidad cuando ella los visitó en España, le preguntó por una parálisis facial, “producto de la picana” fue la respuesta de su cuñada.

Matías Subat

Para concluir su relato, entre aplausos del público que colmó la sala, Luis Genga dijo que no buscaba ningún rédito económico, sino justicia. “Esperé muchos años para esto, no asisto por ningún tipo de rédito ni por venganza. Simplemente quiero que se haga justicia y se mantenga viva la memoria sabiendo que estos hechos sucedieron” y cerró parafraseando al poeta José Marmol “Si, yo te perdono mi cárcel y mis cadenas, pero como argentino las de mi patria no”.

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

Fotos: Cecilia Maletti/Matías Subat

¿Qué te creías, que te ibas a librar de nosotros?”

Cuando el 17 de agosto de 1976, a las 3 de madrugada, sonó el timbre de su casa, Rubén Ríos no se sorprendió. Él reparaba las máquinas averiadas de dos panaderías y a esa hora solían precisar de sus servicios como electricista. Se acercó a la puerta, en camiseta y calzoncillos, y vio a un hombre y a una mujer.

matias subat 8 de junio

“¿Vos sos Rubén Ríos?”, preguntaron. “Nos tenés que acompañar a la comisaría”. Rubén tampoco se exaltó ante la exigencia porque en ocasiones era requerido en la dependencia policial.

“No, dígale al comisario que voy mañana”, contestó.

Ríos tenía 33 años por entonces, era empleado de la empresa Agua y Energía, delegado gremial, y presidente de la junta vecinal. Había militado en la Juventud Peronista. Su vivienda estaba situada en Chacabuco 2170 de General Roca (Río Negro).

En ese momento se dio cuenta que aquellas personas, de las que solo pudo ver sus ojos, no eran policías. El hombre en la puerta se abrió el gabán, sacó una pistola y le quebró dos dientes. Lo sacaron afuera mientras lo apuntaban y comenzó la tenaz resistencia. “Qué me maten acá, que mi familia sepa dónde voy a estar enterrado”, gritó, pues ya se sabía que había gente desaparecida. En el forcejeo se oyó un tiro que quebró definitivamente el silencio. Luego de hacerse el desmayado, sus secuestradores lo cargaron en el baúl del auto y lo llevaron hasta Neuquén. A la altura del puente carretero, Rubén recordó que había un fleje suelto cuyo ruido, al pasar un vehículo, era “muy particular. Ni bien lo escuchó, se tiró y cayó a los pies de un policía. El oficial pensó que se trataba de una despedida de soltero. Lo envolvió en una manta y le dio café para sobrellevar los siete grados bajo cero. Recién entonces pudo llamar a la casa de su suegra para avisar dónde estaba.

A la garita del puente llegaron dos camionetas Dodge que lo trasladaron al hospital. Allí dio su nombre verdadero y contó que había sido asaltado, por lo que se encontraba casi desnudo. Lo llevaron hasta la delegación de la Policía Federal, subió una escalera alta y se quedó en un calabozo hasta que arribaron sus captores. “¿Qué te creías, que te ibas a librar de nosotros?”, le dijeron.

Matías Subat 8 de junio

Ese fue apenas el inicio del detallado relato que brindó Rubén ante el Tribunal Oral Criminal Federal de Neuquén, el viernes pasado, en el segundo juicio oral y público que se desarrolla en la región contra represores acusados por delitos de lesa humanidad.

 “Así que te castigás con chocolate”

Ríos permaneció más de veinte días en el centro clandestino de detención y tortura “La Escuelita” de Neuquén. “Acá no se habla”, le advirtieron ni bien lo ingresaron. Le vendaron los ojos y lo esposaron de pies y manos a un camastro. “No sabía si estaba soñando, si era una pesadilla”, expresó. Se desmayó, y cuando recobró el conocimiento había una persona que le tomaba el pulso. “Tengo baja presión”, explicó.

Lo torturaron con picana eléctrica, aplicándola en sus testículos y en el estómago, mientras le preguntaban por la guerrilla. “Acá los machos no existen”, le decían sus torturadores. En aquellas circunstancias le daban ganas de inventar algo que pudiera hacerlo esquivar el tormento, pero la mentira podía jugarle una mala pasada. “Si descubre que es mentira la voy a pasar peor”, manifestó al recordar esos momentos.

Matías Subat 8 de junio

No ingirió alimentos mientras estuvo secuestrado. Le mojaban los labios con un algodón y alguien alguna vez le acercó un chocolate. Cuando se produjo el cambio de guardia reconocieron que había comido. “Así que te castigas con chocolate”, lo amonestaron. Su cuerpo sufriente fue sancionado.

Sobre el “chupadero”, Rubén indicó que siempre tenía a una persona cerca pues oía la respiración. En la noche escuchaba que sacaban gente a la rastra que se quejaba, y luego disparos. “A esa gente la mataban y la enterraban ahí”, dijo. Señaló que su interrogador era un tal “Pedro”. “Mirá flaco, te voy a llevar a tu casa porque a mí me van a trasladar a Tucumán”, le comunicó antes de su liberación.

A su domicilio lo llevaron en un auto junto a otros dos detenidos. A uno de ellos cree que lo bajaron en Cipolletti, y al otro en Allen. Si bien sus verdugos le habían dicho que una vez que el auto se alejara podía desatarse, Rubén aseguró que aún cuando se fueron “mi mente seguía pensando que me escuchaban”. El perro del vecino empezó a morderlo, hasta que lo auxiliaron. “El olor que tenía no me lo podía aguantar ni yo mismo”, afirmó. Y le pidió a su mujer, Ester Rivas, que lo ayudara a bañarse.

 

El regreso

Matías Subat 8 de junio

Pasaron unos cuantas semanas hasta que pudo recuperarse. Estaba delgado, barbudo, y apenas se movía. Había perdido la sensibilidad en sus genitales. Recuperó su trabajo en Agua y Energía gracias a que Ester consiguió un certificado expedido por el Ejército y sellado por el jefe de Inteligencia de la Sexta Brigada, Oscar Lorenzo Reinhold, que decía que había estado detenido e incomunicado por averiguación de antecedentes.

 

Meses después Rubén comenzó a recibir anónimos y llamadas telefónicas intimidatorias. En una ocasión le indicaron que debía ir hasta Cipolletti. La persona nunca llegó, Ríos perdió el colectivo de regreso, y caminó hasta Allen donde un camionero lo alcanzó unos metros. Al enterarse porque deambulaba lo hizo bajar del vehículo, y prácticamente llegó a su casa de mañana.

 

El 9 de junio de 1977 lo llamaron a la empresa. Como no se encontraba en la oficina, su jefe le avisó. A las 11 sonó el teléfono. Atendió Rubén: “Somos lo que andábamos con Pedro. Tenés 24 horas para suicidarte o te matamos a tus hijos”. Pidió permiso para retirarse de su trabajo, discutió con su pareja a quien sacó a los empujones de su casa junto a sus hijos. Al día siguiente, a las 10, Rubén tomó distancia y apretó el gatillo. Un vecino escuchó el disparo y lo llevó hasta el hospital. Nunca más lo hostigaron.

 

Al momento del interrogatorio en el juicio, el abogado defensor Hernán Corigliano, quiso preguntarle al testigo por una declaración que hizo en el Juzgado Federal de Roca el 10 de septiembre de 1976, en la que Ríos no hablaba de la tortura. Su patrocinante, Marcelo Velasco, cuestionó que se lo consultara por dichos formulados durante el imperio de un gobierno que lo secuestró y torturó. A la solicitud adhirió la querella de la APDH y del Ceprodh. Sin embargo, los jueces resolvieron que la prueba no había sido impugnada en su oportunidad y que el Tribunal no podía adelantar opinión hasta dictar sentencia. El testigo aseguró que si no se había explayado sobre los tormentos sufridos era porque “estábamos en plena dictadura, yo no quería ser desaparecido más”.

 

 

“Cuando lo vi, entendí que había vivido una situación terrible”

Elsa Rivas describió que el 17 de agosto de 1976, después de la medianoche, su entonces esposo, Rubén Ríos, fue secuestrado en su casa ubicada en la calle Chacabuco de General Roca. Sujetos vestidos de civil y con los rostros semicubiertos, golpearon a la puerta de su casa y preguntaron por él.

matías Subat 8 de junio

Despertó a su esposo, se levantó enseguida de la cama y fue hasta la puerta en ropa interior. “Lo tomaron del brazo y lo llevaron hacia la vereda. En esa madrugada la calle estaba muy oscura. No había luz”, relató Elsa. Sin embargo notó que había vehículos estacionados con más hombres. “Lo subieron a la fuerza, él no quería subir”, dijo.

Ante la desesperación, Elsa salió corriendo a la casa de su vecino y escuchó disparos de armas. Se asustó mucho y pensó: “mataron a Rubén”. Salieron corriendo a la vereda donde suponían que estaba Rubén muerto, pero cuando salieron “estaba todo sereno como si no hubiese pasado nada”.

Fueron a buscarlo a la comisaría 3º, y luego supieron que Rubén había llamado por teléfono y les había dicho que estaba detenido en la policía caminera de Neuquén. Se trasladaron hasta allí en un camión cargador de arena. Allí les dijeron que lo habían trasladado a la comisaría 1º pero que antes lo habían llevado al hospital porque “estaba herido.” En el nosocomio les informaron que había sido atendido de una herida cortante en la cabeza.

A partir de ese momento, Elsa le perdió el rastro. Junto con su abogada, María Graciana Miller, realizaron denuncias en el Juzgado 1 de General Roca y en euquén.

Al tercer día y sin obtener respuesta sobre el paradero de Ríos, fue al Comando Subzona de Seguridad 52 y dialogó con el Mayor Farías, para que la ayudara a encontrar a su esposo.

Sin respuestas y luego del noveno día, habló con el Teniente Coronel Reinhold y le dijo que su marido estaba allí detenido, que “lo tenían ellos, que se tranquilice, y que espere en su casa hasta que se lo devuelvan, dentro de 2 o 3 días”.

Dos días después, a las 2 de la mañana, escuchó que golpearon la puerta de su casa. Elsa lo estaba esperando. “Abrí la puerta y quedé espantada, tenía la barba crecida, ojos pegados que apenas miraban, estaba sucio y con las piernas abiertas porque no se sostenía parado. No pudo apoyar los pies durante un mes y medio. Todo el tiempo caminaba con las piernas abiertas. Lo atendía una doctora”, recordó ante el Tribunal.

Ante la ausencia durante los diez días en los que estuvo detenido, en el trabajo lo habían dejado cesante. “Ya no trabaja más acá,” le informaron a Rivas. Así que la mujer volvió de nuevo al Ejército, habló con Farías y le pidió un certificado en el que constaba que “Ríos estuvo detenido e incomunicado por averiguación de antecedentes”. Llevó el certificado al trabajo de su esposo, y enseguida recuperó su puesto aunque con certificado médico, ya que estaba siendo atendido por un psicólogo, porque “a él no se le podía hablar, porque lloraba y sufría dolor”, relató Elsa.

Rivas terminó su declaración sosteniendo que “en ese momento, fuimos huérfanos de todos, nadie daba la cara por nosotros, ni la sociedad, nadie. Yo me vi sola en la búsqueda de justicia”.

Matías Subat 8 de junio

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“Javier tenía miedo de que lo mataran”

Rita y Lucía Cantero son madre e hija y fueron las primeras en declarar en la mañana del 6 de junio. Sus testimonios aportaron datos del caso de Javier Seminario, secuestrado y desaparecido en el operativo del barrio Sapere de la capital neuquina. Sus testimonios apuntaron principalmente a la noche en que fue secuestrado Seminario.Matías Subat

Rita Cantero, esposa de Javier, comenzó su declaración con la descripción de lo ocurrido el día en que agentes de la Policía Federal y de Neuquén, entraron a su casa y la detuvieron junto con su esposo, en el año 1975. Su esposo fue liberado dos días después. Agregó que al poco tiempo fue detenido nuevamente y llevado a la Prisión Regional del Sur U9, en donde permaneció hasta agosto de 1976. Luego fue trasladado a General Roca y al tiempo al penal de Rawson.

 

Rita explicó que durante la detención en la U9 podían verlo con frecuencia, pero luego de que lo trasladaron a General Roca no lo vieron nunca más. Recordó con dolor que Javier le contaba que se sentía mal por que lo golpeaban, “me contó que lo habían picaneado y una de las últimas veces me dijo que tenía miedo de que lo mataran”.

Lucía Cantero, suegra de Seminario, dijo que la noche en que fue secuestrado Javier, también la detuvieron a ella junto a su hija Rita, “La noche del 24 de marzo me agarraron en la calle y me preguntaron si estaba Seminario en la casa y lo fueron a buscar, a mi me llevaron a la comisaría 1ª, en donde estuve uno o dos días y luego me pasaron a la alcaidía, donde me tuvieron 9 meses” contó.

 Lucía explicó: “creo que nos llevaron detenidos porque trabajábamos en el barrio porque nos querían desalojar, peleábamos por la tenencia de las tierras. Detuvieron a varios en el barrio”.

 Rita y Lucía relataron que su reclamo por querer ver a Javier era constante e incansable, ya que no sabían nada de él y que en una oportunidad, en diciembre de 1976, Farías Barrera les mostró un papel con la firma de Seminario, que decía que le habían dado la libertad. Incluso, Lucia contó que leyó en un diario que Javier Seminario y Orlando Cancio, habían sido puestos en libertad, pero esperaron y nunca aparecieron. Afirmaron que en el Comando de Brigada en todo momento los atendió el mayor Farías Barrera.

 

Las testigos expresaron que realizaron denuncias en la Organización de Estados Americanos (OEA), en la embajada de Perú y en el Ministerio del Interior. “Hicimos de todo y nunca lo localizamos”.

Sindicato de prensa de Neuquén

fotos: Matías Subat

 

Poco creíble

El comisario retirado de la policía neuquina,  Alejandro Rojas, estuvo en los dos operativos del barrio Sapere en 1975, pero no recordó que se hubieran producido detenciones ese día. El jefe policial tampoco recordó sus declaraciones en el anterior juicio, en los que detalló que esos procedimientos habían sido “una cama” para Pichulmán (José Francisco, uno de los vecinos desaparecidos de Sapere) ni que en la casa de Javier Seminario Ramos los grupos de asalto hubieran hallado material prohibido, como la revista “La Estrella Roja”, como lo había dicho en la instrucción en 2008.

Luego de colmar la paciencia de varios acusadores, una vez que se retiró de la sala la querella del Ceprodh solicitó que se lo investigue por “falso testimonio”, ya que “omitió datos e impresiones que conoce y más allá de sus contradicciones, entendemos que fue parte de los hechos que se investigan”, dijo la abogada Natalia Hormazábal.

Matías Subat

El pedido de que se lo indague por falso testimonio fue respaldado por la fiscalía.

“Eran civiles, no sé de quiénes eran ni de qué fuerza”, intentó explicar el comisario neuquino retirado cuando la querellante de la APDH, María Suárez Amieva le preguntaba cómo los comisarios en un procedimiento acataban las órdenes de civiles que no sabían quiénes eran ni a quiénes respondían.

Todas sus respuestas sobre cómo había sido el operativo, en qué casas, cómo y quienes participaron tenían casi la misma respuesta: no recordaba y el que seguro que sabía era su jefe, el comisario Vargas, fallecido e imposible de ser consultado.

Tampoco recordó sus declaraciones anteriores: ni la de 1984, ni las de 2008, sobre quiénes integraban la denominada “comunidad informativa”, donde integrantes de diferentes fuerzas con nivel de jefatura, decidían cómo eran los operativos de secuestro en los que se fijaba “el blanco” y se establecía qué rol ocuparían durante el procedimiento. “Me habré equivocado (antes), eran cosas que se comentaban en la Regional, de que a la gente la llevaban a La Escuelita”; ensayó al declarar ante los jueces.

Pero inmediatamente dijo que no sabía a qué Escuelita se referían pese a que dijo saber que era “cerca del Batallón”. Ante la pregunta concreta de la querellante del Ceprodh para que, como comisario policial en esa época, referenciara qué tipo de establecimientos educativos conocía que existieran cerca del campus del Ejército, el comisario retirado ensayó una respuesta evasiva.

Luego de más de una hora de frases en las que insistía no saber qué había declarado ante la justicia antes, y que a los comisarios de esa época (dijo integrar el departamento de informaciones de la policía neuquina y la fuerza de control de disturbios) “no se nos decía nada”, el testigo finalizó su paso por la audiencia con disculpas para con el Tribunal por “ponerse nervioso” y no recordar nada.

El Ceprodh pidió que se envíen sus dichos a primera instancia y se lo procese por falso testimonio, como así también, se analice su participación en el plan criminal que se juzga en estos hechos.

Cuando se retiraba, desde el público una mujer le enrostró a viva voz su complicidad durante la dictadura, le cantó “como a los nazis, les va a pasar, adonde vayan los iremos a buscar”, y entonces fue desalojada de la sala por el presidente del cuerpo, Orlando Coscia.

 

Algunas definiciones

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Quieren juzgamiento por homicidio

“Para vencer la impunidad”, la querella de la APDH pidió que el Tribunal juzgue a los acusados Oscar Reinhold, Luis Farías Barrera y Mario Gómez Arenas por el homicidio de los desaparecidos José Méndez, Miguel Ángel Pincheira, Javier Seminario y Orlando Cancio.

Matias Subat 10 de mayo 2012

La querella de la APDH

Así lo expresó la abogada de la APDH, María Montserrat Suárez Amieva, al término de los testimonios del ex fiscal general Hugo Cañón y de la directora de Derechos Humanos de la secretaría de Defensa, Miriam Stella Segado, que fueron convocados para darle base argumental al pedido.

“Todos los testigos hablaron del dolor y la ausencia como así de la frustración que no sólo es parte del pasado sino también del presente; escuchamos de la espera de Octavio y de Rogelio Méndez como así también de la angustia de Magdalena Bamonde (madre de José Méndez, Octavio y Rogelio) ausente en el juicio y de su esperanza que quedó frustrada por los dichos de (Jorge Rafael) Videla -de que los desaparecidos están muertos- y de Juana Aranda que nos habló del dolor de la espera interminable, de Dora Seguel y de la burla permanente y la tortura psicológica en busca de respuestas ante un absoluto vacío. Cada respuesta era la nada. Lo construyó el terrorismo de Estado. Distintas experiencias consideran miles de desaparecidos que aparecieron muertos. Ninguno de los miles de casos registrados fue visto por sus familiares, y ninguno intentó comunicarse, ninguna diligencia judicial resultó. No hay novedades de José Delineo Méndez, la embajada de México dice que no tiene registro de él, Migraciones tampoco tiene registro de Cancio , Seminario, Pincheira o Méndez. La Secretaría Nacional Electoral o el Registro Nacional de las Personas tampoco, no hay señales de vida desde hace más de 20 años. Ningún imputado dio respuestas concretas de los desaparecidos. Más allá de estos 35 años transcurridos, nadie volvió. Hay pruebas concretas de que fueron privados de su libertad y sometidos a torturas. No hay elementos que permitan pensar que están vivos, que decidieron abandonar el mundo de sus afectos y de sus familias. Hubo persecución política a través de un plan de exterminio que significó secuestras, torturas y homicidio; el ocultamiento del destino fue una maniobra, es la disposición final a la que alude Videla”, dijo la abogada querellante.

Citó los casos en los que se enjuició por homicidio, con fallos de los tribunales federales de Tucumán, Salta, San Luis, Mar del Plata, Mendoza y La Plata.

Agregó que las muertes de Méndez, Pincheira, Cancio y Seminario no integran el objeto procesal de este juicio y “exigen una respuesta jurisdiccional que abandone la entelequia de la desaparición: fueron retirados por Farías Barrera -jefe de Personal del Comando- un 3 de noviembre en horas de la siesta (del penal de Rawson) y el camino de la desaparición fue un camino de muerte a manos de sus captores. Por eso pedimos que en los casos de Cancio, Seminario Ramos, Pincheira y Méndez se juzguen por homicidio, se extraigan copias y se reciban las declaraciones indagatorias de Reinhold -jefe de Inteligencia del Comando-, Farías Barrera y Mario Gómez Arenas -jefe del departamento de Inteligencia 182- “, se indicó.

La querella agregó que la Apdh “reclamó muchos años Justicia y aparición con vida, y no queremos favorecer la impunidad, no queremos que estas muertes queden impunes”, argumentaron.

Matías Subat

La querella de la secretaría de Derechos Humanos de la Nación

La secretaría de Derechos Humanos adhirió al planteo y sin vueltas, el abogado Marcelo Medrano insistió en “dejar los eufemismos de lado, si están muertos alguien los mató, son homicidas, tienen que responder, por eso pedimos que se tenga en cuenta y se haga lugar”.

La querella del Ceprodh no estuvo de acuerdo en el planteo e insistieron en que “no vamos a resolverle al Estado la responsabilidad de decir dónde están los compañeros y compañeras, las listas están, no damos crédito a la palabra de un represor, no es consuelo. La desaparición tuvo un objeto concreto que fue la paralización y el terror; que digan dónde están los desaparecidos, no vamos a aceptar que Julio López está desaparecido en tanto un Estado nos tiene que decir dónde están los desaparecidos. No vamos a aportar a que se cierre este camino”.

La fiscalía, por su parte, dijo que si el Tribunal hace lugar al planteo “se dará curso”.

 

Las estadísticas del archivo

 

Miriam Stella Segado dio un detalle pormenorizado sobre cómo se trabajó, investigó y analizó la base de datos surgida del archivo de la Conadep, la comisión que compiló las miles de denuncias de desapariciones y torturas relatadas al regreso de la democracia en un informe que se utilizó como base para el archivo actual de documentación que no sólo compiló estas denuncias sino cruzó los datos con los legajos de los militares, con las denuncias en los juicios y otras constancias.

Desde 2007, en el ministerio de Defensa, se cuenta con este archivo en la dirección de Derechos Humanos, con una “reorganización” del material logrado para “reconstruir el circuito represivo”, dijo Segado.

-¿De acuerdo a la investigación con la que se cuenta, cuántos son los casos de desapariciones?”, preguntó el querellante de la APDH, Juan Cruz Goñi.

Matías Subat

Las Madres siguen el juicio jornada a jornada

“No puedo dar un número cerrado. Denuncias formales podemos alcanzar a las 14.000; pero hay algunos expedientes que contienen en la denuncia más de un caso de desaparecido. Otros 5.000 casos más son de las ejecuciones sumarias, que no se tomaban como denuncias de desaparecidos inicialmente, que son las que se denominan Redefa; más los niños desaparecidos que son los que se están buscando”, respondió la directora.

Al consultársele qué casos recordaba de la región, Segado dijo recordar los casos de los desaparecidos Jorge Candeloro “que fue secuestrado en Neuquén y fue visto en la base aérea de Mar del Plata, con testimonios de que había fallecido durante la tortura y luego figuró como muerto en enfrentamiento; un grupo de operarios y empleados de YPF entre los que recuerdo a Pincheira y José Delineo Méndez, que habían firmado la libertad desde el penal de Rawson”, respondió.

-En su experiencia, ¿supo de alguna persona que fuera desaparecido y luego volviera?, preguntó Goñi en medio del silencio de la sala.

“Cuando se tomaron las denuncias de la Conadep, hubo algunos casos de desencuentros que llegaron a figurar como desaparecidos pero luego fueron localizados; serían unas cinco o siete del total”, respondió al tiempo que insistió en que “hubo desaparecidos que aparecieron muertos, como Candeloro, como la monjas francesas, como Azucena Villaflor (fundadora de Madres de Plaza de Mayo),  los casos de Las Palomitas o Margarita Belén, la masacre”, dijo.

“Aún aquellos que estuvieron en las cárceles, muchos fueron asesinados. Recuerdo la masacre de Fátima del Pilar, cuando son sacados, llevados a Pilar y fusilados maniatados, y luego dinamitados. Muchos de los que fueron muertos aparecían como falsos enfrentamientos; la mayoría de los casos de asesinados son los de Campo de Mayo”, dijo.

Consultada sobre cuántos casos tenían documentados de desaparecidos que hubieran sido puestos a disposición del PEN (Poder Ejecutivo Nacional) en las cárceles, respondió: “detenidos – desaparecidos con PEN más o menos unos 2.000; pero hubo muchos más que no estaban con PEN”.

Matías Subat

Néstor Rojas, detenido político en la U9 de La Plata, dio su testimonio (por videoteleconferencia) sobre cómo desaparecían de los "pabellones de la muerte" los "detenidos PEN" que al salir les hacían "firmar la libertad".

Consultada por las querellas sobre los resultados de los Habeas Corpus judiciales, Segado respondió que “los Habeas Corpus daban negativos o no había respuesta oficial, es decir, no decían dónde estaban; en otros casos ni siquiera los asentaban. Los desaparecidos tienen distintas situaciones finales: están demostrados los traslados aéreos (tirados al Río de la Plata o al mar); los enterramientos en fosas comunes bajo la denominación de NN, asesinados e incinerados”, respondió.

Consultada finalmente por el libro escrito por Ceferino Reato en el que el entrevistado Jorge Videla aseguró que los desaparecidos estaban muertos y que la figura de la desaparición era un “enmascaramiento”, la investigadora opinó que “la desaparición fue una manera de no hacer públicos los fusilamientos o traslados, fue el ocultamiento del asesinato, hicieron desaparecer las pruebas del asesinato”.

Finalmente, preguntada acerca de la documentación de listas y la incineración de las pruebas, Segado respondió que “es cierto que hubo orden de quemar, pero hay actuaciones que no fueron destruidas y otras que no pueden serlo; como por ejemplo los legajos personales en donde los involucrados en traslados o cuestionados que no podían ascender, hicieron una descripción de la actuación que tenían, el destino y qué hacían en demanda de un ascenso; y esto cruzado con información de los juicios sobre los centros clandestinos, han aportado muchas pruebas, del entrecruzamiento de la Justicia, con sanciones disciplinarias, o certificados de salud se han logrado muchas de la estructura orgánica de los centros clandestinos”, ejemplificó.

Hugo Cañón

El ex fiscal general de Bahía Blanca, que inició la investigación penal de las causas contra los militares antes de la ley de Punto Final y luego de la de Obediencia Debida, fue convocado por la Apdh como testigo de concepto.

Matías Subat

En una larga exposición, Cañón -actualmente jubilado del Poder Judicial- detalló su desempeño como fiscal de Bahía Blanca y las actuaciones cuando se abrió la causa, como así también el trabajo que se realizó durante los Juicios por la Verdad, tanto en Bahía Blanca en diciembre de 1999 como en La Plata en 2003; el acompañamiento a los fiscales italianos que investigaron el “Plan Cóndor” en América Latina y el acompañamiento en 1996 al juez español Baltazar Garzón -autorizado por la procuración y ante la imposibilidad de juzgamiento en Argentina- del aporte de pruebas en el ámbito de la “justicia universal” por los delitos de lesa humanidad cometidos en Argentina durante la dictadura.

“Cuando se sancionó la ley de Punto Final el 23 de diciembre de 1986 que imponía el plazo fatal del 23 de febrero de 1987 para presentar las acusaciones que hubiera por estos delitos, se habilitó la feria y se convocó a todas las personas que se sospechaba que habían participado de crímenes de lesa humanidad. Así fue que los días previos hubo indagatorias y se logró acusar. El comandante Acdel Vilas declaró durante 13 días en los cuales aportó mucha información que era secreta sobre el funcionamiento clandestino y las normativas del Ejército que se dictaron. También el comandante Sexton, como jefe de la subzona 5.2 y el general Olea fueron indagados en ese tiempo”, describió.

Según su experiencia, por las declaraciones de los jefes militares lograda en 1987, “hubo una demostración completa y cabal de cómo se preparó el Ejército para la lucha antisubversiva, como introdujeron doctrina utilizada en Argelia y le dieron forma en documentos militares en Argentina incluso antes de ser tomados por Estados Unidos”, dijo.

Detalló los documentos militares y la cadena de mandos, zonificación del país y organización bajo la cual “se dio la orden de exterminar al oponente”, con una descripción y extensión exhaustiva de quién era el oponente hasta alcanzar a todo aquel que no estuviera de acuerdo con el proceso de reorganización nacional. “Se llegaba a límites exagerados de quién era el oponente hasta que alcanzaba a todas las organizaciones”

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El secuestro de Hugo Inostroza Arroyo

Sergio Larenas Bascuñan quien fue compañero de Hugo Inostroza Arroyo en la construcción de un barrio, ambos eran albañiles.

Cecilia Maletti

Larenas Bascuñan dijo que en 1976 se enteró por comentarios que Inostroza, delegado de los trabajadores,  había sido secuestrado por militares.

“Todo Plottier lo sabía, no conozco los motivos ni tampoco vi el momento en que lo llevaban pero se decía que unas personas lo secuestraron en forma violenta”.

Piedras contra el automóvil

El último de los testigos del tramo matutino de la jornada, que sólo declaró por 15 minutos, fue un vecino de Plottier, Raúl Lagos, quien afirmó haber presenciado la detención de Hugo Inostroza Arroyo.

Describió que cerca del 26 de agosto de 1976 pudo observar cómo cuatro personas de civil bajaron de un vehículo en la calle Manuel Estrada de Plottier  y se llevaron por la fuerza a Inostroza, a quien no conocía. “Me llamó la atención un nene, un varoncito, que aparentemente era el hijo de la persona que llevaban, que gritaba y lloraba y se agarraba de la pierna de su papá”, detalló.

Agregó que también le quedó grabada la imagen del niño arrojando piedras contra el auto cuando se alejaba. El episodio, dijo, “fue todo un revuelo en la cuadra”. Aclaró además que testimonió en la causa a partir de un pedido de Noemí Labrune, quien en 2007  pidió casa por casa que se presenten a declarar todos los que pudieran haber presenciado la detención de Inostroza.

Hugo Inostroza Arroyo vive actualmente en España, y solicitó declarar por videoteleconferencia desde Madrid.

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

Fotos: Cecilia Maletti

Mañana se reanudan las audiencias en el juicio contra represores

Esta semana habrá audiencias, excepcionalmente, los días martes, miércoles y jueves, debido a que el viernes es feriado nacional por el 25 de mayo, día de la Revolución que instaló el primer gobierno criollo.

El martes 22 de mayo está previsto que declaren tres sobrevivientes del “Operativo Cutral Co”: Luis Guillermo Almarza Arancibia, Emiliano Cantillana Marchant y Francisco Tomasevich. El operativo alcanzó las ciudades de Cutral Co y Plaza Huincul y se ejecutó en conjunto por el Ejército, la policía federal y provincial.

Almarza Arancibia era plomero y gasista en la municipalidad de Cutral Co y concurría al Centro de Enseñanza Media Nº6 en horario vespertino. Fue detenido el 15 de junio de 1976 en su domicilio, ubicado en Plaza Huincul, por personal militar y de la policía federal, y trasladado a la comisaría de Cutral Co donde fue torturado. De allí lo llevaron hasta la U9 de la ciudad de Neuquén y posteriormente al centro clandestino de detención y tortura “La Escuelita”. Fue transferido el 9 de septiembre de 1976 al penal de Rawson, luego a la U9 de La Plata y a la U1 de Caseros. En 1980 se efectivizó su salida del país rumbo a Bélgica.

El mismo día, también en Huincul, fue secuestrado de su casa Cantillana Marchant, militante de la Juventud Peronista e integrante de agrupaciones barriales, quien recuperó la libertad el 10 de julio de 1976. En tanto que Tomasevich, delegado por entonces de Uocra, lo hizo en 1979, exiliándose en Suecia. Ambos sufrieron tormentos en la comisaría de Cutral Co.

 De acuerdo al cronograma de testigos, Almarza Arancibia prestará testimonio el martes por la mañana, al igual que su padre Dionisio Alfredo Almarza Barrientos y Ricardo Pifarre. Por la tarde lo harán Cantillana Marchant, su madre, Carmen Alegría de Cantillana y Tomasevich.

El miércoles 23 están citados para la mañana -Amador Luengo, Jorge Cassolini y Raúl Francisco Lagos- y para la tarde: Hubo Obed Inostroza Arroyo, Sergio Larenas Bascuñan y María Morales.

Inostroza Arroyo logró en 1976 escaparse de “La Escuelita” de Neuquén. Si bien resultó herido durante la fuga, pudo escabullirse de sus captores. Actualmente vive en España y no se conocía si asistiría a la audiencia.

El jueves 24 se presentarán por la mañana -Amalia Cancio, Armando Kremer y Jorge Ismael Gore- mientras que a la tarde asistirán Stella Segado, Néstor Rojas y Hugo Omar Cañon, ex fiscal federal, actual presidente de la Comisión Provincial por la Memoria de Buenos Aires. En 1986 inició la investigación por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la jurisdicción del V Cuerpo del Ejército y de la Marina en la zona de Puerto Belgrano.

Renunció el abogado de Camarelli

El abogado Mario Salvador Cáccamo renunció a continuar defendiendo al comisario (r) de la Policía de Río Negro Antonio Alberto Camarelli. Los jueces informaron que el planteo fue presentado de común acuerdo entre ambos, lo aceptaron y trasladaron la función a los defensores oficiales Eduardo Peralta (titular), Gabriela Labat y Alejandra Vidales.

 

Los defensores oficiales también aceptaron la defensa de Camarelli, pero solicitaron que el juicio se suspenda una semana para conocer el expediente en su caso. El Tribunal -que ya había resuelto suspender la audiencia de mañana viernes por desestimiento de testigos-, aceptó en parte la solicitud y, en definitiva, resolvió reanudar el debate el jueves 26 -correspondía hacerlo el día anterior- con el cronograma de testigos original.

 

De los 22 imputados en la causa -quedó fuera del juicio el teniente coronel (r) Mario Alberto Gómez Arena y fue suspendido el enjuiciamiento del teniente coronel Luis Alberto Farías Barrera, en ambos casos por enfermedad-, el único que asistió a las audiencias de testimoniales fue precisamente Camarelli.

Oscar Livera 18 de abril

A través de una fuente, Camarelli ratificó que el desestimiento de Cáccamo fue acordado y obedeció a compromisos del abogado en otras causas y la dificultad que le planteaba tener que trasladarse varios días de la semana desde su residencia en Viedma a Neuquén.

 

Esta alternativa dio paso a un cruce de cuestionamientos y planteos entre querellantes y defensores, aunque el Tribunal se limitó a resolver aquellos que tienen que ver con el desarrollo del juicio oral y trasladó para más adelante los otros.

 

Juan Cruz Goñi, querellante de la APDH de Neuquén, solicitó al Tribunal que comunique al Colegio de Abogados la renuncia de Cáccamo “para que se lo sancione, porque su renuncia en pleno desarrollo del juicio es una falta grave y perjudica el normal desarrollo del proceso”, sostuvo.

 

Por su parte Rodolfo Ponce de León, defensor del policía rionegrino Oscar Ignacio del Magro, arremetió contra el querellante Marcelo Henritzken Velasco, quien no asistió a la audiencia de la tarde de ayer y el miércoles se había retirado antes de la finalización de la jornada.

 

“¿Y el doctor Henritzken Velasco?”, le planteó Ponce de León a los jueces. “No sé”, respondió secamente el presidente, Orlando Coscia.

“Si se ausenta cuando se tratan cuestiones que no tienen directa relación con su representado (Rubén Ríos), que se le impida repreguntar cuando se abordan esos casos”, argumentó Ponce de León.

Por el secuestro de Virginia Rita Recchia, que comenzó a ventilarse el miércoles, en la tarde de la víspera declaró el ex policía de Neuquén Pedro Diógenes Vázquez, quien según consta en el expediente era carcelero de la alcaidía provincial a donde se llevó a Recchia. Pero Vázquez -en la actualidad de 78 años- dijo no recordar nada de declaraciones que había realizado, y firmado, ante el juez de instrucción Rodolfo Rivarola en 1986.

 

Las partes no insistieron en su declaración, probablemente, porque no suma ni resta a los elementos ya reunidos en la causa. También declaró el ex soldado Héctor González, quien aportó algunos datos sobre la permanencia del desaparecido José Delineo Méndez, quien también era soldado en ese momento pero estaba destinado en Junín de los Andes y está desaparecido, en el Batallón de la ruta 22.

 

En otro aspecto, ante las preguntas aludió al funcionamiento del centro clandestino de detención “La Escuelita”, en terrenos del Batallón, y a la fuga que de ese lugar protagonizó Hugo Obed Inostroza Arroyo.

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

Fotos: Oscar Livera/Matías Subat

Tortura hasta el exilio

Más de tres horas demandó la declaración de Orlando “Nano” Balbo, secuestrado el día del golpe militar en 1976 y mantenido bajo golpes y vejámenes en las cárceles de la dictadura. Conoció la “picana” bajo la mirada penetrante de Raúl Guglielminetti, quien lo trató de “rata de albañal” mientras le preguntaba por los diputados René Chávez, Carlos Arias y Guillermo Buamscha.

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Segunda semana de audiencias

Esta semana, en la sede del Tribunal Oral Federal, se retomarán las audiencias en el segundo juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en la región.

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Guglielminetti y otros, no hablaron

No hubo sorpresas en las indagatorias. Nadie hablo. Todos fueron convocados por el tribunal para defenderse de las acusaciones en su contra, pero hasta ahora sólo se limitaron a confirmar sus datos ante el tribunal y explicar que  por consejos de sus abogados, no declaraban. Algunos prometieron hacerlo más tarde.

Mtías Subat 30 marzo 2012

 

Guglielminetti, quien se desarrolló como personal civil de Investigaciones en la región y la ESMA, muy bien asesorado y con un lenguaje técnico jurídico destacable, hizo declaraciones ambiguas sobre el período en el que estuvo en la provincia y, cuando con el fin de establecer sus antecedentes condenatorios, la querella consultó acerca de otras causas, con aire desafiante cuestionó no sólo las formas y la “estética” del Tribunal, sino que comparó al Estado argentino con el régimen nazi.

 

Declarando que creía improcedentes las preguntas hechas por la querella por considerarlas fuera de lugar, Guglielminetti acusó que, con el fin de fundamentar un futuro pedido de prisión preventiva, se utilizaba un recurso que le recordaba a la época del nazismo, ya que “.la reforma del código penal alemán, en el artículo segundo, le daba a los jueces la libertad de interpretar la declaración de los imputados para satisfacer las necesidades del estado punitivo”.

 

Para finalizar, al igual que los otros 18 imputados que comparecieron frente al tribunal, se amparó en su derecho de no declarar, guardándose la posibilidad de hacerlo luego de los alegatos de la fiscalía.

 

Luego de un breve cuarto intermedio, el TOF resolvió dar lugar al pedido de la defensa de permitir volver a sus hogares a los imputados que se encuentran excarcelados, hasta que se retomen las audiencias, como así también que aquellos que prestaron declaración indagatoria sean excusados de permanecer en la sala.

 

Rechazos a pedidos de la querella

 

Por otra parte, el Tribunal rechazó el pedido del CeProDH de fijar una nueva sala contigua en las inmediaciones del TOF, como así también de revocar las excarcelaciones y las prisiones domiciliarias de los acusados, solicitudes realizadas por la querella en el marco de que los imputados están siendo juzgados por delitos de lesa humanidad y bajo el argumento de que, a raíz del atentado en la casa de las Madres ocurrido el pasado lunes, corren riesgo los testigos, como así también la continuidad del juicio. La solicitud fue rechazada por el TOF por no entender que no existían elementos que vinculen tal hecho con el juicio.

 

Matias Subat 29-03-2012

Gustavo Vitón escribe, a su lado Molina Ezcurra. Camarelli y Sosa en primer plano


Por último, se resolvió pasar a un receso hasta el 11 de abril, fecha en la que prestarán declaración indagatoria Hilarión de la Paz Sosa, Sergio Adolfo San Martín,  Oscar Del Magro, Gustavo Vitón y Jorge Eduardo Molina Ezcurra, de quienes se presume que romperán el pacto de silencio.

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

Fotos: Matías Subat

Ahora son 23 los juzgados

Si bien el auto de elevación a juicio se hizo respecto de 24 imputados de delitos de lesa humanidad en la causa La Escuelita II, las audiencias comenzaron con 23 personas en el banquillo de los acusados. Fue postergado el juicio a Mario Alberto Gómez Arena, quien era el jefe del destacamento de Inteligencia 182, del Comando del Ejército de Neuquén, y tuvo un rol protagónico en ls detención, secuestro, tortura y desaparición de personas.

El fiscal José María Darquier informó que Gómez Arenas debe guardar reposo por 90 días debido a que fue sometido a una intervención quirúgica.

Gómez Arenas ya fue condenado en Neuquén a 25 años de cárcel en el primer juicio de La Escuelita, en 2008. Suma también otra condena por 25 años por un juicio que se le hizo en Buenos Aires, también por delitos de lesa humanidad.

Incidentes al finalizar la primera jornada

La primera jornada del juicio terminó empañada por un grave incidente cuando se retiraba una de las camionetas que transportaba a varios de los imputados.

De acuerdo al relato de los militantes que estaban en la puerta del Tribunal Oral Federal, desde el interior del vehículo del Servicio Penitenciario lanzaron gas lacrimógeno o gas pimienta que cayó a los pies de Nadia París, sobrina de Eduardo París, víctima y sobreviviente de la dictadura militar.

La joven tuvo que ser trasladada al Hospital Regional donde fue asistida por persona médico. París radicó una denuncia en la fiscalía 4, de turno en Neuquén capital.


Desde las 8 de hoy distintos organismos de derechos humanos, partidos políticos y sindicatos confluyeron en las puertas del Tribunal ubicado en Carlos H. Rodríguez para estar presentes en el inicio del juicio a represores que actuaron en el Alto Valle.
El lugar estaba vallado y custodiado por efectivos de la policía federal y de seguridad aeroportuaria, quienes fueron los encargados de realizar el operativo de traslado de los detenidos.
Los 21 imputados (otros tres siguieron las alternativas de la audiencia por videoconferencia desde Buenos Aires y Bahía Blanca) llegaron a la sede judicial alrededor de las 8:10 trasladados desde la Unidad 9 en camiones blindados del Servicio Penitenciario. Al bajar, los manifestantes repudiaron su presencia arrojándoles huevos y gritando “genocidas, asesinos”.


En la vereda del Tribunal se colocaron dos parlantes para que las personas puedan seguir el desarrollo de la audiencia. En un cuarto intermedio, las madres de plaza de Mayo Filial Neuquén Inés Ragni y Lolín Rigoni pidieron justicia y expresaron su anhelo de que los imputados hablen para saber dónde están los desaparecidos.
También se hicieron presentes integrantes de la Comisión de apoyo a los juicios de Bahía Blanca quienes contaron su experiencia en la localidad y respaldaron el pedido de justicia de los organismos.


Sindicato de Prensa
Foto: Emiliano Ortiz

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