“Yo quería morir, pero la muerte no llegaba”

Sergio Armando Pollastri conoció a Enrique Jorge Esteban en la Universidad de La Plata, cuando él estudiaba abogacía y Esteban y su entonces novia y luego esposa, María Teresa “Maite” Oliva, cursaban periodismo. Pasaron los años y se reencontraron en Neuquén, todos ejerciendo sus profesiones.

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Al brindar su testimonio por videoconferencia desde Buenos Aires, donde reside, sobre los tres meses que compartió con Esteban en la U9 de Neuquén -los liberaron el mismo día-, puso el acento en la crudeza con la que Esteban le contó los horrores que había sufrido cuando lo torturaron durante su cautiverio y las circunstancias que habrían motivado la ilegal detención del periodista.

Puntualizó tres observaciones en el relato de Esteban del tortuoso calvario al que fue sometido, entre otros medios, con la aplicación de picana eléctrica. “Una, cuando uno de los torturadores le decía que había bajado la orden de fusilarlo y que aprovechara de escribirle una carta de adiós a su familia, que se la harían llegar. Al otro día le decían que habían decidido no matarlo”, señaló.

Otra cuando los torturadores jugaban con el dato de hacerle creer que su esposa también estaba detenida. Una vez preguntó si Maite estaba en el mismo lugar y le dijeron que no se lo podían decir, pero que una ocasión vio una bombacha colgada y creyó que era la de su mujer.

“La tercera es que a medida que pasaban las sesiones de tortura, cada vez se le tornaba más imposible soportarla. Ante ello y para hacer cesar el sufrimiento había decidido no resistir más y dejarse morir. ‘Yo quería morir, pero la muerte no llegaba’, me contó. Me dijo que ‘en algún momento me di cuenta de que esa decisión estaba fuera de mí, de mi voluntad. Era alguien que me decía que tenía que seguir resistiendo… Ese algo era Dios’. Yo no sabía de sus creencias, pero evidenciaba que había retomado su fe católica”, señaló Pollastri.

Le contó también que tuvo la sensación cierta de haber escuchado cómo un joven, cerca de él, fue torturado hasta que lo mataron.

En cuanto al por qué los represores secuestraron a Esteban y Maite, lo atribuyó a un episodio que involucró a Luis Borris, un joven que llegó a Neuquén buscando los medios para salir del país porque venía siendo buscado por los represores.

“Yo lo alojé en mi casa, porque era hijo de una amiga de mi suegra”, dijo el testigo y precisó que acudió a Esteban para comentarle  la situación, ante lo cual el periodista se encargó de hacer una colecta para que Borris pudiera irse del país.

“Al día siguiente vino Esteban y me dejó un sobre con el dinero. Cuando lo secuestraron pensé que el hecho pudo estar relacionado con este episodio, pero Esteban ni conocía a Borris”, sostuvo.

En su testimonio Maite también remarcó que su esposo no conocía a Borris.

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Pollastri precisó que en los interrogatorios a los que fue sometido en la cárcel, un mayor de apellido Funes le dijo que lo acusaban de haber ayudado a huir a Luis Borris.

Comentó que cuando supo del secuestro de Esteban, junto a Maite y otra persona fueron al Comando a reclamar y que su decisión personal fue la de relatar los hechos en torno a Borris. Días después lo detuvieron en su lugar de trabajo.

Esta visita al Comando fue decidida tras una entrevista que mantuvieron con el obispo Jaime De Nevares, quien de algún modo les garantizó protección para esa gestión.

Néstor Mathus /#Cobertura Colaborativa SPN

“Me sentí como el día del secuestro, con angustia y miedo”

Tras declarar durante más de dos horas, Teresa María Oliva sostuvo que al brindar su testimonio de su detención ilegal y el de su marido, el periodista Enrique Esteban en julio de 1978, se sintió “igual que el día del secuestro, con angustia y miedo”.

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Destacó la valentía que tuvieron los periodistas de Neuquén para denunciar la desaparición de Esteban durante los tres meses en que estuvo en cautiverio, supuestamente, en una dependencia de la Marina en Bahía Blanca. “Fueron las acciones y publicaciones de los periodistas lo que nos salvó la vida, porque Enrique no fue el primer periodista desaparecido, el diario Clarín tuvo más periodistas desaparecidos y no tuvieron la suerte que tuvo él”, explicó en relación al cautiverio de su marido, quien se desempeñaba como corresponsal de Clarín en Neuquén. Y agregó: “no recuerdo que en otras provincias se haya hecho un operativo de rescate como el que hicieron los periodistas de acá, poniendo en peligro su vida pidiendo explicaciones a las autoridades”.

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Durante su relato, Oliva describió cómo fueron secuestrados el 23 de julio de 1978 al ser interceptados por fuerzas represivas que se identificaron como pertenecientes a Coordinación Federal de la Policía, su liberación al día siguiente, los tres meses de incertidumbre y angustia que sufrió por desconocer el paradero de su esposo y las constantes amenazas telefónicas recibidas en su casa luego de la liberación. “Enrique fue golpeado y torturado dos y hasta tres veces por día”, contó Oliva.

Precisó que sus hijas mayores conocieron la historia que sufrieron durante la dictadura militar muchos años después. “A Magalí, la mayor, se lo contamos cuando cumplió 15 años; a mi segunda hija, cuando murió Enrique, en 1990, y a Ramiro, el más chico, se lo conté muchos años después”. Explicó que los primeros años, después de lo ocurrido, “preferimos preservar a las chicas y a Ramiro de toda esta situación que habíamos vivido”. “No tendría la fuerza que han tenido estas Madres de Plaza de Mayo para soportar el secuestro de sus hijos», afirmó.

En su desgarrador testimonio ante los jueces, Oliva explicó que a su hija mayor le contaron lo sucedido “porque en la escuela, quien se sentaba al lado de ella era la hija de ‘Colores’”, en alusión al apodo de Juan Antonio Del Cerro, un ex policía de la Federal que en los juicios por delitos de lesa humanidad había sido acusado de 160 casos de secuestro, torturas y robo de bebés, entre otros delitos.

“A mi segunda hija se lo conté cuando en 1990 murió Enrique. Ella me preguntó si había algo que papá no le había dicho, entonces ahí me abrió la puerta para contárselo. Era el mecanismo de defensa. No quiero ser una Madre de Plaza de Mayo, no quiero que le pase a mis hijas lo que le pasó a esas madres”, expresó en su declaración.

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Oliva también mencionó que el día posterior a su liberación recibió en su casa la visita del ex gobernador Felipe Sapag y de su hija Silvia. Confesó que se emocionó al verlo al ex gobernador que “se arriesgó a venir a mi casa veinticuatro horas después del secuestro y, además, hacerlo con su hija”. Dijo que “Felipe había perdido a sus dos hijos (N. del R: Ricardo y Enrique Sapag pertenecían a la organización Montoneros, fueron asesinados en junio y octubre de 1977, respectivamente). Siempre reconocí ese gesto porque fue muy fuerte”. En el mismo momento en que estaban Felipe y Silvia Sapag en la casa de Oliva, se presentaron el general José Luis Sexton y el mayor Carlos Guiñazú para decirle que el Ejército no tenía nada que ver con el secuestro de Esteban. “Fue muy fuerte tenerlos a los cuatro en mi casa. Solo atiné a decir ‘¿se conocen?’. Se saludaron, Felipe y Silvia se fueron”.

Pablo Montanaro/ #CoberturaColaborativa SPN

 

 

El secuestro de Maite Oliva y Enrique Esteban

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Los secuestradores los detuvieron a pocas cuadras de su casa en Alta Barda, Neuquén, cuando regresaban del casamiento de unos colegas el 23 de julio de 1978. A Enrique Esteban lo subieron en un vehículo naranja -presuntamente un Ford Taunus- y en el caso de Teresa María Oliva, dos desconocidos subieron al auto familiar. «Dijeron que teníamos que responder unas preguntas en Coordinación Federal», recordó.

Luego de tomar por un desvío en un camino de tierra, a ella la obligaron a ir tirada abajo del asiento con una capucha. «El que conducía conocía la ciudad porque manejaba sin indicaciones de los otros. Todos iban de civil, pero en un momento sacaron balizas y las pusieron sobre el techo», describió.

El vehículo bajó por Avenida Argentina y paró en un lugar donde comenzó el interrogatorio en el auto. «Preguntaban sobre Enrique, que mencionara gente. Les decía que fueran a hablar con Sexton (José Luis, el comandate de la VI Brigada) o Guiñazú  para que les diera referencia de mi marido, todos lo conocían. También mencioné a (Raúl) Guglielminetti porque había sido compañero de mi marido en LU5 y sabíamos que trabajaba en operativos ilegales», dijo en referencia al civil de Inteligencia que está condenado en esta causa (durante el desarrollo de otros juicios) por varios secuestros y la participación directa en torturas.

Maite fue subida a otro auto vendada y abandonada en un descampado luego de simulacros de fusilamiento. «No tenía noción del tiempo, me había parecido una eternidad, pero fueron unas cinco o seis horas», sostuvo.  En la ruta dijo que la habían asaltado y logró llegar a Allen y de allí a Cipolletti, donde pidió ayuda en casa del fotógrafo Jacobo Aizemberg, uno de los dueños de la casa de fotografía «La Ochava», en Neuquén. «Yaco» la llevó hasta su casa, donde se reencontró con sus pequeñas hijas que habían quedado al cuidado de una niñera.

«En los diarios se sabía que desaparecía gente porque las familias seguían llevando la fotos de los secuestrados, aunque no salían publicados por la censura. En el 78 ya sabíamos que se robaban chicos y yo temía por mis nenas», describió.

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Llegó el momento de la denuncia, de la presentación de un habeas corpus cuando su suegro llegó a Neuquén y de la búsqueda por todos los rincones oficiales y extraoficiales durante tres meses en los que Esteban permaneció desaparecido. «Un grupo de periodistas se pusieron a disposición y decidieron que no había que guardar silencio; comenzaron las reuniones semanales para diseñar estrategias y preguntar en todos los ámbitos qué se sabía del secuestro de Esteban, incluso se reunían con los que sospechaban que eran ‘servicio'», explicó.

«Primero pensaron que el secuestro era porque durante una visita de Harguindeguy Esteban había preguntado si habían presos políticos o gente que desaparecía. Después se pensaba que podría ser por su militancia en la facultad de periodismo en La Plata, cuando integraba el centro de estudiantes, porque nunca escondió su militancia peronista. Luego también estaba eso del hermano de Carlos Borri -a quien no conocíamos- que se había ido de Neuquén en el tiempo en el que el diario Río Negro fue blanco de un atentado (1975), pero la idea es que se preguntara qué se sabía sobre Esteban, cómo iba la investigación del secuestro; y se publicaba», declaró. Recordó que no sólo en los diarios regionales sino también en los de circulación nacional figuró la nota corta sobre la falta de novedades del secuestro del periodista, y que incluso en las radios de la zona se difundió la noticia.

La campaña se tornó internacional con la participación de Amnesty y periodistas de todo el mundo que pedían por la liberación de Esteban, sostuvo. Recordó además los telegramas de la Asamblea Permanente por los Derechos Humnos (APDH) Neuquén al ministro Harguindeguy preguntando por su paradero.

«Sexton y Guiñazú insistían en que eran los Montoneros, que secuestraban a los traidores y los ajusticiaban. Yo les decía que era imposible. Iba al Comando a preguntar dos veces por semana, y si no estaban ellos me derivaban con Néstor Castelli u Oscar Reinhold», dijo.

En uno de lo episodios de búsqueda incluso la llevaron a recorrer el Batallón para asegurarle que no eran militares los que se habían llevado a su esposo. «Nos acompañó el jefe del Batallón -por Enrique Olea- y le pregunté por un lugar que le decían La Escuelita, pero me lo negaron, me llevaron a los fondos del batallón donde estaba el polvorín», describió.

Maite llegó a reunirse con un hombre al que le decían «el macitero» y vivía a la vuelta de la delegación de la Policía Federal. «Me dijo que si Enrique no aparecía en tres meses era que había sido sentenciado a muerte. Que estaría en un lugar solo, torturado, picaneado, muy golpeado pero que aún estaba con vida. Que se había enterado de eso tomando unos mates con gente que conocía en el Comando», relató.

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Efectivamente a los tres meses Esteban fue abandonado en Tres Arroyos en su auto particular, con una carta de los montoneros que se atribuían su secuestro por considerarlo un elemento subversivo y que Esteban rompió ni bien la vio al lado de sus anteojos.  De inmediato fue detenido por la policía y ya en la cárcel logró que avisaran de su blanqueo.

«Por una radio de Tres Arroyos salió que presuntamente había aparecido el periodista de Clarín y se reprodujo en LU5 y en LU19, en potencial. Estaba bajo la órbita del V Cuerpo así es que cuando fue trasladado a Neuquén, antes de ir a la U9, la plana mayor lo estaba esperando en el Batallón: Sexton, Guiñazú, Olea y puede ser que también estuviera Castelli porque estaba la plana mayor», recordó.

Oliva describió que su esposo «lloraba, temblaba, tenía la misma ropa con la que lo habían secuestrado tres meses antes y había perdido 23 kilos. Me dijo que, tal cual me había contado el macitero, no estuvo en contacto con otra gente. Sospechaba que el lugar era de la Marina por el logotipo de una funda que vio en el lugar, y que lo tenían atado a una cama, lo golpeaban mucho, picana y dos o tres veces había tenido simulacros de fusilamiento».

Esteban quedó libre el 24 de diciembre y retomó su trabajo «siempre acompañado por colegas, que no lo dejaban solo», indicó. Pero en febrero recibió el llamado anónimo con la voz de uno de los secuestradores del centro clandestino, que extendió la amenaza a su esposa e hijas  y decidieron dar crédito al ultimátum de irse en 24 horas de Neuquén. A los dos años volvieron a recibir amenazas (ya en Buenos Aires) y señales de que lo estaban vigilando,  hasta 1982 cuando el secuestrador lo llamó por teléfono a la sede central de Clarín.

 

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«A partir de 1983 nunca más amenazaron y en 1990 falleció Enrique, por eso es que no pudo estar hoy acá», cerró Maite Oliva su pormenorizada declaración ante los jueces, de más de dos horas de duración.

Fue consultada sobre lo que supo del secuestro de Cristina Parente, quien fue compañera de la facultad de periodismo en La Plata y apareció un día de 1976 en la puerta de la casa en la que vivían con Enrique Esteban en ese momento, a unas cuadras de la delegación de la Policía Federal. «Lloraba, temblaba, me dijo que la habían golpeado y torturado en el mismo lugar en el que la habían liberado, en la Federal. Y le daban 24 horas para irse de Neuquén», manifestó.

Enrique Esteban y un amigo fueron a la pensión en la que vivía, le armaron una valija con sus cosas y le compraron un pasaje para que volviera a Punta Alta, donde vivían sus padres. «Tuvo la desgracia de compartir la pensión con una chica que era chilena y que aparentemente era del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionario, de Chile), aunque ella nunca lo supo. Fueron por esta chica y no estaba; entonces fueron a buscar a Tini que trabajaba en la Universidad. De su compañera nunca mas volvimos a saber», dijo Maite.

Parente sufrió el desprecio de su familia en Punta Alta y de su familia, en cuanto trascendió que la acusaban de subversiva. Su padre, empleado de la Marina, la obligó a ir a buscar el título a La Plata y fue en ese trámite que volvió a padecer la tortura y el trato aberrante de los represores en los centros clandestinos. «Fueron muchos golpes, torturas y violaciones, nunca pudo hablar de eso», dijo.

«No quiero ser una Madre de Plaza de Mayo»

«No podría soportar lo que sufrieron estas mujeres, no quiero», dijo Maite Oliva al indicar que el terror a un nuevo golpe de Estado y al secuestro de sus hijos se mantuvo durante la democracia, en especial en tiempo de los levantamientos carapintadas.

Describió que siempre el matrimonio tenía preparada una valija con documentos de la pareja y los chicos, porque ante un eventual golpe, se exiliarían. «Mi hija mayor se enteró de grande de lo que le ocurrió a su papá, mi segunda hija  cuando falleció Enrique tenía 15 años y me preguntó si había algo que su papá nunca le hubiera dicho, entonces encontré el momento para hablarle. En el caso de mi hijo Ramiro, se enteró por boca de otro lo que había pasado y me lo recriminó; pero todo fue un mecanismo de defensa, yo siempre estoy atenta a que no pase un golpe militar. Yo no quiero que pasen por lo que pasamos nosotros; no podría tener la fuerza de las Madres», insistió.

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Shirley Herreros / #CoberturaColaborativa SPN

PH Oscar Livera

El regreso al horror en las voz testimonial de las y los denunciantes

Las audiencias del 18 y 19 de junio fue el arranque de la etapa de prueba y testimonios en el Juicio por delitos de Lesa Humanidad que se lleva a cabo en Neuquén.

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La sala de AMUC, en avenida Argentina al 1.600, se quedó sin capacidad para el público. Hubo periodistas en primera fila, integrantes de organismos de Derechos Humanos, vecinos, amigos y familiares de los testigos y un aire de juventud con la visita de tres cursos de estudiantes secundarios acompañados por sus docentes: dos grupos de un Centro de Enseñanza Media de Cipolletti y un tercer grupo -el día 19- de un secundario parroquial de Neuquén.

A diferencia de las primeras dos jornadas de audiencia, no hubo acusados en la sala.

Desde las pantallas en Buenos Aires o Marcos Paz, se pudo ver algunos de los imputados:  Néstor Castelli, Oscar Lorenzo Reinhold y Sergio San Martín. Es posible que el resto de los acusados con prisión preventiva estuvieran en la misma sala de Comodoro Py siguiendo las alternativas del juicio -porque se informó de su presencia-, pero no se los pudo apreciar claramente en la pantalla.

Las Madres de Plaza de Mayo filial Neuquén, siempre presentes, estuvieron en ambas jornadas a pesar del intenso frío y el viento gélido que bajó la sensación térmica a menos de dos grados durante la primera jornada de presentación de testigos.

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Inés Ragni y Lolín Rigoni, en primera fila. Oscar Ragni, siempre presente en todos los juicios.

En la sala también estuvieron representantes de la agrupación de jubilados «Rodolfo Walsh», que recordaron que tanto Cristina Parente como Enrique Esteban y Maite Oliva fueron integrantes de la cooperativa de periodistas que logró la construcción del primer edificio de altura de la ciudad, la Torre del Periodista, luego apropiada por el gobierno militar luego del golpe. Enrique Oliva -padre de Maite y exiliado en Francia tras el golpe- fue presidente de la entidad. El caso de apropiación de los departamentos por parte de la Policía Federal, Ejército y Marina está en investigación en el juzgado N° 2 de Neuquén como presunto delito económico de la dictadura.

La primera en declarar fue Teresa María Oliva. La periodista relató su periplo de secuestro y tortura; luego la búsqueda de su esposo Enrique Esteban durante los tres meses que permaneció cautivo en Bahía Blanca, los periplos del matrimonio hasta que fue liberado de la U9 tras ser «blanqueado» por la jefatura del V Cuerpo de Ejército y la persecución continuada y amedrentamiento que no cesó hasta 1983, cuando ya vivía en Buenos Aires.

Maite Oliva fue testigo, a su vez, del secuestro y liberación tras la tortura de la periodista Cristina Parente, que fue otra de las denunciantes que estremeció a los presentes con su relato de vida y padecimiento a manos de los torturadores en la delegación Neuquén de la Policía Federal en 1976. Un ensañamiento que reeditaron con crudeza y sin piedad el régimen que operó en un centro clandestino de La Plata, cuando ya fuera de la zona fue obligada por su familia a ir a buscar el título de periodista a la capital bonaerense.

Luego desde Buenos Aires, por sistema de videoconferencia, declaró Sergio Pollastri, quien conoció de boca del propio Esteban la descripción del horror y masacre en el centro clandestino bahiense, ya que estuvo detenido tres meses junto al trabajador de prensa cuando fue blanqueado como preso a disposición del Poder Ejecutivo en la U9 de Neuquén. Las circunstancias que rodearon el secuestro y la posterior aparición fueron descriptas por Osvaldo Ortiz, redactor en Rîo Negro en el tiempo del secuestro de Esteban.

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#CoberturaColaborativa del SPN

 

Pacto de silencio

Los 8 acusados decidieron no declarar en la segunda jornada del juicio (11 de junio) La Escuelita VI donde se juzga a represores del alto valle y zona Cordillerana. Durante las indagatorias, algunos procesados especificaron que hablarán conforme avance el proceso.

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Los jueces federales Alejandro Cabral y el presidente del Tribunal Orlando Coscia. Secretaria de la causa, Marta Ithurrart

 

En una corta jornada, tuvo lugar este martes en el salón AMUC la etapa indagatoria a los represores en el Juicio Escuelita VI. En esta ocasión, los acusados tuvieron la oportunidad de declarar frente al tribunal, sin embargo optaron por no hacerlo. Manifestaron en algunos casos que preferirán hacer uso de este derecho más adelante, conforme avance el juicio. Para la querella esto se trata de un claro pacto de silencio, que “es tan fuerte y profundo que seguramente lo van a seguir sosteniendo”, según explicó Bruno Vadalá, de la APDH.

La querella del CeprodH, con el acuerdo luego de a fiscalía y de la APDH, solicitó que se agregue al caso la información sobre el atentado a la Casa de Madres de Plaza de Mayo, ocurrido el último 28 de mayo, con el argumento de que se trató de un amedrentamiento en el contexto del proceso judicial actual. A pesar del rechazo de la defensa, el tribunal incorporó los archivos al desarrollo del juicio. Por su parte, la defensora oficial Gabriela Labat, solicitó que Carlos Benavidez, único acusado presente, pueda permanecer en sala contigua a partir de ahora y sólo estará presente cuando considere que los testimonios le incumben a su caso. La medida será evaluada por el tribunal e informada más adelante.

El negador

Momento de incertidumbre se vivió cuando el acusado Oscar Reinhold negó tener otras causas judiciales durante el chequeo de datos. Sin embargo, cuando la fiscalía preguntó sobre la condena en este proceso, el acusado se limitó a decir “¡Ah! Por eso sí”.

Oscar Lorenzo Reinhold fue declarado culpable con sentencia firme por la Corte en 2008 por 17 torturas y la desaparición forzada de Oscar Ragni, mientras que cuenta con otras tres sentencias condenatorias por secuestros, torturas y el homicidio de los desaparecidos Orlando Cancio, Javier Seminario Ramos, José Francisco Pichulmán, Celestino Aigo, Miguel Ángel Pincheira y José Delineo Méndez.

Etapa de testimoniales

A partir de la próxima semana comienza el período de testimoniales, donde se prevé que inicie el cronograma de 36 personas citadas. El 31 de julio culminará este segmento y el 14 de agosto se realizarán los alegatos por parte de la fiscalía y la querella, en tanto que el 28 de ese mes hará lo propio la defensa.

001 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Vale recordar que los juicios son de acceso público. Para aquellas personas que quieran presenciar el desarrollo de estas jornadas, deben acreditarse con su nombre, DNI y ocupación al mail acreditacionesjuicio@gmail.com

Daniel Font Thomas/ #CoberturaColaborativa SPN

PH Oscar Livera 2019

Tres años de detenciones y persecución ilegal

La pareja de Eduardo Fernando Ubaldini y María Luján Gómez fue perseguida durante cinco años por los servicios de inteligencia de los grupos militares durante la dictadura militar, que se extendió del 24 de marzo de 1976 a diciembre de 1983. Sus casos, que se ventilan en el juicio y por los que declararán en las próximas audiencias, fueron considerados por la fiscalía como claros ejemplos de persecución política e ideológica.

Ubaldini, agrónomo, y Gómez, docente, vivían en San Martín de los Andes y fueron blanco de cuatro detenciones ilegales a lo largo de tres años, bajo acusaciones de accionar subversivo que nunca se les probó.

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El 2 de octubre de 1974 Ubaldini, que como antecedente tenía el haber militado en el Partido Comunista en Bahía Blanca, recibió una carta de la Alianza Anticomunista Argentina, la Triple A, el grupo paramilitar cuya creación se le atribuye al ex ministro de Bienestar Social del peronismo José López Rega, en el que le daban diez días para que abandonar San Martín de los Andes.

“Si pasado dicho plazo no cumple el mandato será ejecutado, en el lugar y hora que este comando considere oportuno”, decía el texto.

La primera de las detenciones ocurrió el 24 de marzo de 1976, día del golpe militar encabezado por el dictador Jorge Rafael Videla. Fueron detenidos por personal militar, Ubaldini en la calle cuando regresaba de Junín de los Andes y Gómez en su domicilio. Después de varias horas fueron liberados.

La segunda fue en un operativo cuyo comando integraba el gendarme Emilio Jorge Sacchitella, el 2 de junio de 1978. La investigación relevó que los uniformados irrumpieron con violencia en el domicilio de la pareja y entre otras acciones colocaron panfletos debajo del colchón de una de las habitaciones. Posteriormente les adujeron que esos panfletos contenían amenazas terroristas contra el Mundial de fútbol que comenzaba a desarrollarse en el país.

Entre otras cosas los acusaron de haber emprendido acciones para boicotear la competencia. Puntualmente, los acusaron de haber generado un corte de energía que impidió que se viera por televisión uno de los partidos en San Martín de los Andes.

La pareja estaba con su hija de seis meses en el momento de la detención, y los represores les exigieron que indicaran a quién la dejarían a cargo o en caso contrario la llevarían a un hospital, lo que trajo una feroz angustia para la madre en cautiverio. Finalmente se hizo cargo una amiga de la pareja, Alda Elisa Muñoz.

A Ubaldini lo llevaron a la sección de Gendarmería Nacional de Junín de los Andes, lo acusaron de subversivo y de adoctrinar a los jóvenes de la ciudad.

El 12 de junio fueron trasladados, vendados y esposados a Neuquén Capital. A Ubaldini lo alojaron en la Unidad 9 y a Gómez en la Alcaidía provincia. Once días después regresados a Junín de los Andes, donde fueron liberados.

La siguiente detención la sufrieron el 10 de junio de 1976, en ocasión que el dictador Videla visitó San Martín de los Andes. El operativo, según la investigación, lo lideró el gendarme Sacchitella.

Nunca se les mostró a las víctimas alguna orden oficial de sus detenciones y todo indica que se los persiguió por cuestiones políticas e ideológicas.

 

Néstor Mathus/ #CoberturaColaborativa SPN

PH Oscar LIvera

Oscar Lorenzo Reinhold

La memoria negadora de un actor principal de la represión

Cuando el martes se desarrollaban las indagatorias de los imputados, quienes se negaron a declarar ante el Tribunal expresando “Prefiero guardar silencio”, “Me reservo la declaración más adelante” –sellando un nuevo pacto de silencio-, uno de los momentos que causó mayor sorpresa, incertidumbre y risas entre los querellantes y el público que colmaba el Salón de Amuc, fue protagonizado por el ex jefe del Destacamento de Inteligencia del Comando de la Sexta Brigada, Oscar Lorenzo Reinhold.

Reinhold fue condenado en el primer juicio 2008

Reinhold fue condenado en el primer juicio 2008

Ante la corroboración de datos por parte del presidente del tribunal, Orlando Coscia, el ex militar que se desempeñó al frente de Inteligencia entre 1976 y 1979, aseguró no tener condenas ni otras causas judiciales. De inmediato, el fiscal federal Miguel Palazzani tomó la palabra, se dirigió al ex militar de 84 años y le volvió a preguntar. Como si hubiera recobrado la memoria, Reinhold se rectificó con un “Sí, por supuesto”. Y luego afirmó “Prefiero guardar silencio”, negándose a declarar como lo ha hecho en todas las causas en las que estuvo acusado por cometer delitos de lesa humanidad durante la dictadura militar.
En este sexto juicio, Reinhold está acusado como autor de todos los delitos que se le imputan.

Le quitan las esposas a uno de los represores Oscar Lorenzo Reinhold.

El juicio 2008 tuvo a los acusados en la sala. Reinhold

“El Colorado”, como le decían sus colegas de armas y represión, fue la máxima autoridad del centro clandestino de detención “La Escuelita” donde pasaron por la tortura y todo tipo de vejámenes cientos de hombres y mujeres que habían sido secuestrados por los grupos de tareas en las calles, en sus casas y en la universidad.
Antes de ocupar la jefatura del Destacamento de Inteligencia, a partir del 24 de marzo de 1976, Reinhold prestaba funciones como auxiliar en la División II de Inteligencia del Comando de la Brigada. Es decir que a partir del golpe de Estado, Reinhold se convirtió en el miembro principal del Estado Mayor de esa unidad militar.

Pablo Montanaro/#CobeturaColaborativa SPN

PH Oscar Livera y Archivo SPN

A través de la TV

Hubo que adivinar un poco, pero a lo largo de cuatro horas de audiencia, pudimos observar a los imputados que presenciaban la audiencia desde Comodoro Py.

022 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

 

Casi de cuerpo entero, se pudo ver en las primera hora de transmisión a Néstor Castelli en la pantalla, con una barba prominente. E gendarme Emilio Sachitella apareció poco y fue muy difícil identificarlo en la pantalla pese a que lo habíamos visto bastante en oportunidad de su primer juzgamiento, donde permaneció en la sala. Fue condenado a 5 años y medio de prisión por los tormentos a Ernesto Joubert, luego de una apelación ante Casación porque el tribunal juzgador original lo había absuelto en 2.012.

Como se encargó de aclarar luego durante la indagatoria, esa sentencia «aún está en la Corte».

En el caso de Oscar Lorenzo Reinhold (acusado como autor de todas los delitos que se le imputaron) apenas se le vio el rostro en una oportunidad, sin embargo, ahí estaba en la pantalla de Casación, parte de su abdomen  y pies salieron entrecortados en la pantalla entre Marcelo Zárraga y otro imputado, que podría ser Sachitella.

Al ex interventor de Río Negro y director de la escuela Militar de Instrucción Andina (Zárraga) -segundo comandante después de la Sexta Brigada en Neuquén- recién se lo reconoció por la imagen que devolvió el video después del mediodía.

010 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Distinta fue la aparición en pantalla del coronel retirado Eduardo Molina Ezcurra, al que se lo observó inquieto en la sala de Casación, mientras quien fuera parte de su equipo en interrogatorios y secuestros, Sergio San Martín, apenas salió unos minutos en la parte derecha de los televisores dispuestos en la sala de audiencias.

El juicio arrancó a las 9,31 y a las 10, 30 la imagen se cortó desde Comodoro Py y sólo se escuchaba el audio -informó el Tribunal- así es que desde el público se contó desde esa hora con la generoso video en primer plano de Jorge Di Pasquale, que a veces con sus anteojos de leer, a veces por encima de ellos, gestualizaba todo lo que obviamente no le gustaba de lo que escuchó: la acusación de la fiscalía. Di Pasquale siguió el juicio desde una sala en Marcos Paz, porque es el único de los 8 acusados de este tramo que esta en una unidad penitenciaria: el resto cumple su condena de anteriores sentencias en su vivienda particular; en  Buenos Aires.

Carlos Benavidez, ex integrante del Destacamento de Inteligencia del Ejército, fue el único en «vivo y en directo» llega y se va de cada audiencia caminando o por sus propios medios. No tiene condenas anteriores y en este juicio está acusado de ser parte del grupo de tareas que secuestró a Juan Marcos Herman. Está excarcelado y como vive en Neuquén, es el unico que permanece en la sala. No estaba previsto que hable el día de las indagatorias previstas para el 11 de junio según lo indicó la defensa oficial, pero hasta que se produce el momento de la intervención, nunca se sabe.

023 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Shirley Herreros/#CoberturaColaborativa

PH Oscar Livera

Sindicato dePrensa de Neuquén

 

 

 

Se pierde la inmediatez del juicio oral y público

El uso de la herramienta de videoconferencia para reemplazar los testimonios en vivo y en directo en la sala de juzgamiento fue criticado duramente por la APDH, el Ceprodh e inclusive por la fiscalía, que apeló ante la Cámara Nacional de Casación Penal la decisión del Tribunal Oral Federal de permitir que los represores presencien la audiencia por el modo virtual.

«Hemos sido críticos, apelamos ante la Casación la autorización para no concurrir y la mantenemos, nos parece que tienen que estar presentes; pero el Tribunal ha resuelto», explicó el fiscal federal Miguel Palazzani.

«Este tramo es parte de una continuidad: vemos que los acusados son parte del entramado represivo y claramente veremos historias de victimas que no se han escuchado», agregó el fiscal.

 

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PH Oscar Livera

Sindicato de Prensa de Neuquén

 

 

 

A sala llena arrancó el sexto juicio

Con gran presencia de público, comenzó un nuevo tramo juicio “La Escuelita”. Como contrapartida, hubo una notable ausencia de imputados en el banquillo. Es que de los ocho ex jefes y miembros de inteligencia del ejército que serán juzgados, solo estuvo presente Carlos Alberto Benavídez, quien fuera parte del Destacamento de Inteligencia 182. Los demás escucharon la acusación de la fiscalía, mediante sistema de videoconferencias.

005 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Entre las y los asistentes se encontraban Ines Ragni y Lolin Rigoni, Madres de Plaza de Mayo Alto Valle, y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.

Se expusieron diez casos de privación ilegítima de la libertad y tormentos, agravados por persecución política. Ocurrieron en las ciudades de Bariloche, San Martín y Junín de los Andes, Neuquén y Fiske Menuco (Gral. Roca).

En la lectura de las requisitorias

Los imputados por estos delitos son los miembros de inteligencia Oscar Reinhold, Eduardo Molina Ezcurra, Sergio San Martín, Jorge Di Pasquale, Carlos Alberto Benavídez; el comandante de gendarmería, Emilio Jorge Sacchitella; el director de la Escuela Militar de Instrucción Andina de Bariloche, Néstor Rubén Castelli; y Fernando Zárraga, interventor de la comuna de Fiske Menuco (Gral. Roca) en 1976 y luego jefe de operaciones e inteligencia en la Escuela Militar de Montaña de Bariloche.

011 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Desde la querella del Ceprodh ponderaron que en esta sexta etapa del juicio que se investigue y juzgue por primera vez a Benavídez y Zárraga.  Natalia Hormazábal, abogada del CeProDH, remarcó que “es importante que en juicios de delitos de lesa humanidad estén los acusados sentados en el banquillo, el lugar que les corresponde a los responsables”.

El martes 11 , los jueces Orlando Coscia, Alejandro Silva y Alejandro Cabral tomarán declaraciones indagatorias a los represores. Todo a través de videoconferencia: seis de ellos desde Comodoro Py, y desde Campo de Mayo, con Jorge Di Pasquale.
La próxima semana comenzará el período de testimoniales, en total 36 personas. El 31 de julio culminará este segmento y el 14 de agosto se realizarán los alegatos por parte de la fiscalía y la querella, en tanto que el 28 de ese mes hará lo propio la defensa.

021 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

Los juicios son de acceso público. Para aquellas personas que quieran presenciar el desarrollo de estas jornadas, deben acreditarse con su nombre, DNI y ocupación al mail acreditacionesjuicio@gmail.com

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PH Oscar Livera

Sindicato de Prensa de Nequén

Juan Herman, de Bariloche

El secuestro de Juan Marcos Herman, en la casa de su padres de Bariloche ante sus progenitores la madrugada del 16 de julio de 1977, es una de las diez denuncias que comenzaron hoy a debatirse en juicio oral y público en el sexto juicio de “La Escuelita”, que se desarrolla en el salón de Amuc, la mutual de los docentes de la UNCo, en Neuquén capital.

Las restantes víctimas son Eduardo Fernando Ubaldini, su esposa María Luján Gómez; el dirigente gremial de General Roca Martín Olivera; el municipal barilochense Oscar Rodolfo Escobar; Vicente Iantorno; Ernesto Hugo Sifredi; los periodistas Enrique Jorge Esteban –fallecido- y su esposa la trabajadora de prensa María Teresa Oliva y la también periodista María Cristina Parente. Siete de ellas están llamadas a prestar declaración a partir del 18 de este mes.

013 Escuelita VI SPN 10junio2019 TOF Coscia-Cabral-Silva FOTO Oscar Livera

El jurado presidido por el juez Orlando Coscia e integrado por Alejandro Silva y Alejandro Cabral dio lectura a la acusación, a través de la secretaria Marta Ithurrart, a los ocho imputados.

De ellos sólo estuvo en la sala de audiencia el suboficial del ejército Carlos Alberto Benavídez, a quien precisamente se le imputa el delito de la detención ilegal, junto a otros miembros del Departamento de Inteligencia 182, de Herman.

Por video conferencia participan del proceso oral, desde Campo de Mayo donde cumple condena por delitos de lesa humanidad, Jorge Héctor Di Pasquale y desde la Cámara de Casación Penal en Buenos Aires lo hacen Oscar Lorenzo Reinhold, Jorge Eduardo Molina Ezcurra, Sergio Adolfo San Martín, Néstor Rubén Castelli, Marcelo Fernando Zárraga –todos militares- y el gendarme Emilio Jorge Sacchitella.

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Excepto Benavídez y Zárraga el resto de los acusados ya ha recibido condenas en los anteriores juicios por “La Escuelita”, el centro de detención clandestino que funcionó en el predio del entonces, en la dictadura del 76 encabezada por Jorge Rafael Videla, Batallón Ingenieros de Construcción 181, en ruta 22 de la capital neuquina.

Los imputados están acusados, entre otros, de los delitos de privación ilegítima de la libertad a la aplicación de tormentos. En el medio está la desaparición de Herman. Se los sindica, según los casos, de autores, coautores y partícipes necesarios.

La acusación fiscal está a cargo de los fiscales Miguel Angel Palazzani y Jorgelina D’Alessandro.

Actúan los defensores Gabriela Labat y Pedro Pugliese, éste sólo en nombre de Zárraga.

Los querellantes son Natalia Hormazábal y Mariana Dernis por el Centro de Profesionales de Derechos Humanos (Ceprodh) y Bruno Vadalá por la Asamblea Por los Derechos Humanos de Neuquén y Río Negro.

008 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

La audiencia fue presenciada por dirigentes de organismos de derechos humanos de la región y público particular. La jornada de cierre del juicio está pautada para el 4 de septiembre.

El secuestro de Herman

Juan Marcos Herman tenía 22 años cuando en los primeros minutos del 17 de julio de 1977 un grupo de sujetos camuflados, entre ellos un soldado con uniforme, portando armas cortas y largas, irrumpió en el domicilio de sus padres, Matilde Alvarez y Juan, médico de profesión, buscándolo.010 Escuelita VI SPN 10junio2019 FOTO Oscar Livera

El joven estaba radicado en Buenos Aires donde estudiaba derecho en la UBA pero vacacionaba, junto a un amigo, en su ciudad natal. En la capital federal se relacionaba con la Juventud Peronista y Montoneros. Previamente había estudiado en la Universidad del Sur de Bahía Blanca, donde también militó en agrupaciones de izquierda.

Los secuestrados se movilizaban, según los testimonios recogidos posteriormente, en un Ford Falcon color oscuro y un Peugeot 504 rojo. Otras fuentes dijeron que el 504 era utilizado por el capitán del Ejército Miguel Isturiz.

Los testimonios y la documentación colectada involucra en el secuestro de Herman a miembros del Destacamento de Inteligencia 182, Sergio Adolfo San Martín, Jorge Eduardo Molina Ezcurra, Néstor Rubén Castelli, Marcelo Fernando Zárraga y Carlos Alberto Benavídez.

Después de mantenerlo un par de días en Bariloche la víctima fue llevado a Buenos Aires en un avión no comercial. El 18 de julio se lo ubica en el centro de detención clandestino El Atlético, un depósito de suministros de la Policía Federal en la capital del país.

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En ese lugar habría estado, por lo menos según el juzgamiento de 2010, hasta el 15 de agosto de 1977. Su detención nunca fue oficializada. Su desaparición forzada se juzgó en 2010 en Buenos Aires, 9 años después llegó a juicio la investigación de su secuestro en Bariloche por parte de un grupo de tareas que llegó desde Neuquén capital.

NM/#CoberturaColaborativa

Sindicato de Prensa de Neuquén

Primeras audiencias

El 11 y 12 de junio será la apertura del juicio. Las indagatorias de los acusados fueron programadas para el 12 de junio.

El 18 y 19 de junio corresponde a las audiencias con el inicio de la prueba: los testimonios de seis personas que iniciarán el ciclo con las denunciantes por el caso del periodista de Clarín detenido- desaparecido en 1978;  sobreviviente de las torturas. Enrique Esteban.

 

 

Tribunal: Orlando Coscia, Alejandro Silva, Alejandro Cabral

Fiscalía: Miguel Palazzani, Jorgelina D Alesandro

Querellas: Ceprodh – APDH

Acusados

Néstor Rubén Castelli, Oscar Lorenzo Reinhold, Jorge Eduardo Molina Ezcurra, Sergio Adolfo San Martín, Jorge Héctor Di Pasquale, Carlos Alberto Benavídez,  Emilio Jorge Sacchitella, Fernando Zárraga,

 

Las denuncias

Eduardo Fernando Ubaldini, María del Lujan Gómez, Oscar Martín Olivera, Oscar Rodolfo Escobar, Vicente Iantorno, Ernesto Hugo Sifredi, Juan Marcos Herman, Teresa María Oliva, Enrique Esteban y Maria Cristina Parente.

 

 

Sexto Juicio #coberturacolaborativa

El lunes (10 de junio) a las 9,00 en la sala de AMUC (Avenida Argentina al 1.600)  comenzará el sexto juicio por los crímenes cometidos por la dictadura militar en la región.

Te invitamos a asistir a las audiencias. A ser parte del enjuiciamiento histórico y a colaborar en la cobertura periodística en este sexto tramo de la causa  por las desapariciones y torturas durante la dictadura.

Aquí serán las audiencias, ésta es la sala de enjuiciamiento al termino de uno de los últimos debates de lesa humanidad

 

 

Los trabajadores de prensa que trabajaban en la región en 1.976 y 1.977 serán los protagonistas de las primeras audiencias de testimonios (18 y 19 de junio), porque fueron víctimas de secuestro y torturas; o porque son testigos del derrotero de los colegas que fueron secuestrados.

Muchos de ellas y ellos formaron parte de la Cooperativa de Periodistas, que también dio origen a nuestra organización sindical.

Porque no podemos ser indiferentes. Por la Memoria de nuestro pasado reciente, por la Justicia que reclaman las y los desaparecidos,  sumate.

Para ingresar a la sala de audiencias previamente deberás inscribirte por correo a acreditacionesjuicio@gmail.com  con nombre, DNI, medio de comunicación.

Inicio: 10 de junio a las 9.00 con la acusación contra los 8 represores. (El ingreso se realiza 15 minutos antes) 11 de junio a las 9.00 Indagatorias de los militares acusados en este juicio.

 

 

 

 

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