“Si yo estoy acá es porque Juan no está”

Miguel Ángel D´Agostino fue la última persona que vio con vida a Juan Marcos Herman.

Fue en 1977 en el centro clandestino Club Atlético, en la ciudad de Buenos Aires. Su testimonio reveló datos importantes sobre el derrotero que sufrió Herman desde su detención en Bariloche.

Flor Salto

 

Con un sistemático ejercicio de la memoria, D’Agostino comentó detalles sobre los casi 30 días de cautiverio que compartió con Herman. Su testimonio fue el último acerca del caso del barilochense y permitió conocer cómo fueron los días posteriores al secuestro.

D’Agostino fue detenido y secuestrado por un grupo de tareas la madrugada del sábado 2 de julio de 1977. Lo mantuvieron prisionero durante 91 días en el centro clandestino de detención y exterminio conocido como Club Atlético. Se trataba de las instalaciones del Servicio de Aprovisionamiento y Talleres de la División Administrativa de la Policía Federal. Allí estuvo en soledad encerrado en uno de los tantos “tubos” del subsuelo hasta el 18 de julio -estimativamente- cuando ingresaron a Juan Herman.

 

Florencia Salto

 

Cerca de un mes convivieron ambos en un habitáculo de 1,60 de ancho por 1,80 metros de largo y unos tres metros de alto. En ese diminuto espacio carecían de luz natural y artificial, permanecían ahí prácticamente todo el día y tenían prohibido hablar. Se comunicaban mediante susurros, luego de superada la mutua desconfianza inicial.

De aquellas horas, Miguel rememoró las charlas en las que Juan le hablaba de su familia, de sus experiencias y vivencias en la Patagonia, de sus gustos por las comidas que les ayudaban a olvidar la tortura alimenticia que allí sufrían. Sin embargo, aclaró que no hablaban de militancia política para que no los forzaran a dar información durante alguna tortura.

Además, le contó que fue trasladado encapuchado y esposado hasta allí en avión, con  dos escalas en lugares que desconocía. “Al no ver nada, no supo identificar si era un avión civil o militar, ni tampoco cuántas personas iban pero sí contaba que le hacían el chiste de que lo iban a arrojar al vacío”, acotó. Añadió que Juan no sabía a qué lugar lo habían llevado pero sí tenía certeza que antes de subirlo al avión lo habían retenido en un chalet en una zona cercana a Bariloche.

Tras un incesante buceo en su memoria, Miguel fue aportando otros detalles acerca de Juan, como la conformación de su familia y las tareas a las que se dedicaba cada uno, la residencia y estudios de la hermana en Buenos Aires, entre otros datos. Recordar todo ello le posibilitó poder ubicar a la familia Herman en Bariloche para transmitirle que “Juan había estado con vida en una celda como su compañero de cautiverio”.

En un traslado fue la última vez que D’Agostino vio a Juan. “Cuando eso sucedía, era saber que se abría una puerta a una nueva etapa” explicó. Dijo que “el peor sufrimiento de Juan era por su condición de judío” ya que había un grupo de guardias que se ensañaron especialmente con los detenidos que profesaban esa religión.

Miguel y Juan habían propuesto encontrarse en Buenos Aires los 9 de julio en la confitería El Molino al recuperar la libertad, pero Juan jamás acudió. Por eso para Miguel declarar en este juicio significó “una cita pendiente con Juan que lamentablemente no puedo ser físicamente y que algún día tenía que llegar”.

 

Florencia Salto

Testigo clave contra el horror

D’Agostino había sido “chupado” por la actividad militante que desarrolló en la Juventud Guevarista y era interrogado cada vez que llevaban a otros militantes jóvenes al Atlético. Descubrió que no estaban en la ESMA, ni en Campo de Mayo, ni en La Perla porque otros detenidos llegaban de esos lugares.

Después de ser abandonado frente a la puerta del Hospital Borda el 1 de octubre de 1977, comenzó a buscar el lugar donde había estado. Durante un año se dedicó a esta tarea y vio el proceso de demolición del edificio por la futura construcción de la autopista 25 de Mayo. En 1979 envió una carta a Europa contando en dónde había estado y lo que había vivido.

En 1984 denunció su secuestro y tortura ante la Conadep y comenzó a colaborar con el CELS. Por este motivo fue testigo clave del juicio a las Juntas en 1985. Desde ese momento y hasta la actualidad ha participado de ocho procesos judiciales en causas de lesa humanidad. En 2010 se realizó el juicio por los hechos cometidos en el Centro Clandestino de Detención y Tortura El Atlético y hubo condenas a los responsables por apremios ilegales y tormentos.

 

Esteban Idiarte/ #CoberturaColaborativa del SPN

23 de julio de 2019

PH Florencia Salto

 

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