¿Quién es o quién era Juan Herman?

Es la pregunta que Horacio Héctor Herman busca responderse desde el secuestro y la desaparición de Juan, su hermano mayor, en julio de 1977. Admitió que por el tiempo transcurrido debe aceptar que su hermano falleció pero que “a veces o siempre no tengo certeza y es un constante conflicto”.

Oscar Livera

Horacio Herman, su testimonio en el sexto juicio

Juan Marcos Herman nació en El Bolsón, pero por el oficio de su padre médico se mudaron a Bariloche y allí se crió y vivió hasta terminar el colegio secundario. Finalizó a los 16 años y se fue a estudiar ingeniería electrónica a Bahía Blanca. Estuvo poco más de un año en la localidad bonaerense y en su corta experiencia como estudiante universitario tuvo participación como independiente en una agrupación trotskista. Luego volvió a Bariloche y junto con otros compañeros decidieron irse a Buenos Aires a estudiar abogacía en 1974. En ese entonces participó un tiempo de actividades estudiantiles y políticas dentro de la Juventud Universitaria Peronista, pero al momento de su secuestro estaba alejado de la militancia.

Por su caso prestaron declaración Horacio Herman, su hermano menor; Mónica Montaña, vecina de la familia Herman; y Mónica Elvira, vecina de Bariloche y hermana de un amigo de Juan, las últimas dos a través de una videoconferencia desde Bariloche. Luis Arroyo, quien había sido amigo de Juan, dio su testimonio al igual que Carlos Echeverría, director del documental “Juan, como si nada hubiera sucedido” (1987) sobre la desaparición de Juan Herman, en el que entrevista a familiares, vecinos y algunos miembros de las fuerzas armadas. También declaró por videoconferencia, desde el Consulado de París, Esteban Buch, quien participó del documental como entrevistador, ya que en esos años era periodista del diario Río Negro.

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Herman fue detenido la madrugada del 16 de julio de 1977 en la casa de sus padres en Bariloche, cuando tenía 22 años y había ido de visita por el receso invernal junto con otro compañero de carrera. Horacio Herman contó que su padre lo fue a buscar a un boliche para decirle que se habían llevado a Juan Marcos y fue un amigo de él quien se lo comunicó.

Sus padres le comentaron que estaban en casa y cuando escucharon el timbre o un ruido su madre fue a abrir la puerta. Le apuntaron y preguntaban por Juan Carlos. El padre les dijo que ahí no vivía nadie con ese nombre, pero se quedaron alrededor de dos horas esperando a que vuelva Juan Marcos. Cuando volvió lo revisaron, buscaban armas y le preguntaban si tenía “la pastilla”, pero él decía que no tenía ninguna.

Se lo llevaron y le dijeron a sus padres que le iban a hacer preguntas y lo devolvían. Sin embargo, nunca más lo volvieron a ver. En este episodio revisaron su casa y en un armario de tres puertas encontraron unos panfletos y dijeron “esto es lo que estábamos buscando”. Una de las siete personas que participaron del operativo dijo “¡uy! otra vez caza de brujas”.

Luego del secuestro, sus padres iniciaron averiguaciones con la policía, se entrevistaron con miembros del ejército como Castelli y Zárraga, presentaron Habeas Corpus y mantuvieron reuniones con obispos. En una oportunidad, un militar amigo de la secretaria del intendente de Pehuajó le que su hijo estaba bien y que saldría pronto porque no estaba comprometido. Sin embargo, cuatro meses después, la misma persona lo citó y le confirmó que su hijo había sido fusilado en una comisaría del Gran Buenos Aires.

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Tiempo después compareció Miguel Ángel D’agostino, quien aseguró que estuvo con Juan en el centro clandestino “El Atlético” de Buenos Aires. Pudo probar que su relato era verdad ya que contaba datos íntimos de la familia y de la infancia de los hermanos Herman. Sobre los momentos vividos allí contó que Juan era constantemente torturado por su apellido judío y que las personas que lo hacía eran “fielmente antisemitas”.

En 2010 se juzgó la desaparición de Herman de ese centro clandestino de detención, por el que hubo dos personas declaradas culpables de aplicarle tormentos y torturas. Al ser consultado por la situación familiar posterior al secuestro de su hermano Juan, Horacio se quebró y dijo que “fue terrible”. Y agregó: “Yo me acostaba y pensaba que era un sueño, que al otro día me despertaba y Juan había vuelto”.

Jovenes por la Memoria

Concluyó asegurando estar donde debía estar (por la instancia de juicio) ya que sus padres no podían hacerlo. Y recordó que cada 24 de marzo en Bariloche sentía que “no podía pedir justicia” porque “no estaba haciendo todo lo que tenía que hacer para esclarecer lo que pasó con Juan” y decidió que, independientemente del resultado. tenía que hacer algo. Finalmente aseveró: “yo quisiera que las personas que ordenaron el secuestro, torturaron, trasladaron, dieron la orden y mataron a Juan sean juzgados y tengan la condena que merecen”.

 

Rocío Morales /Jóvenes por la Memoria

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PH Oscar Livera

PH Jovenes por la Memoria

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