“Pensé que me iban a matar”

La psicóloga Graciela Vicente vivió un calvario los siete días que la mantuvieron secuestrada en la comisaría de San Martín de los Andes y en el escuadrón Junín de los Andes de Gendarmería Nacional. Encadenada a un camastro y vendada sufrió tormentos físicos y psicológicos que la pusieron al límite de su resistencia.

“Mi estado era de pánico, me acusaban de terrorista, me decían que en mi casa habían encontrado panfletos subversivos y cocaína, y era una absoluta mentira”, relató la mujer. Cuatro meses antes había llegado a San Martín de los Andes desde la Capital Federal y ejercía su profesión en los hospitales de esa ciudad y la cercana Junín de los Andes.

En la detención identificó al gendarme Jorge Emilio Sacchitella, coincidiendo con otros de los detenidos y secuestrados en esos días. Puntualmente relató que fue presa junto al matrimonio que integraban la docente María Luján Gómez y el agrimensor Osvaldo Ubaldini, con quienes realizaban actividades laborales.

“Nos atendió Sacchitella en San Martín y de ahí nos llevaron, esposados, a Junín. Nos insultaban y nos acusaban de guerrilleros y yo nada que ver con eso. Ahí me dio un ataque de nervios porque pensé que nos iban a matar. Los compañeros lograron calmarme”, añadió.

Tenía 25 años cuando soportó esa situación que la marcó para el resto de su vida. “Me sacaban fotos de frente, de perfil, como si fuera una delincuente. Me interrogaban todos los días. Eran tres, a los que no pude identificar. Me preguntaban varias veces lo mismo, para confundirme. Querían que los les dijera que Gómez y Ubaldini eran peligrosos y que si lo decía yo obtenía algún beneficio. Pero yo no podía decirlo porque sabía no eran subversivos, así que no dije nada”, señaló quebrada por el dolor al revivir el horror que debió afrontar.

Agregó que además de Sacchitella también reconoció al coronel Cabrera como integrante de la patota que la secuestró. Mencionó que durante la detención fue revisada por el doctor de Gendarmería, Luis Arrué.

La incertidumbre dominó sus ánimos porque en un momento alcanzó a ver en Junín a “Fito” Gómez y Cristian Varela, que en ese momento era su novio.

Finalmente, sin que le dieron ninguna razón por la que la habían detenido, la liberaron. Como habían venido sus padres a buscarla, por iniciativa de su progenitor fueron a Gendarmería a pedir explicaciones de por qué había sido víctima de las torturas. “Pero nos trataron muy mal, a mi padre le dijeron que quién era él para pedir explicaciones y ordenaron que nos retiráramos”, dijo.

Dijo que supo que el matrimonio Ubaldini-Gómez no tuvo la suerte de ella y que los habían trasladado a Neuquén. Posteriormente se enteró que debieron exiliarse en México.

Con la recuperación de la democracia regresó a San Martín de los Andes en 1983, donde reside hasta ahora. “Agradezco mucho esta oportunidad de poder contar lo que pasó y por el respeto que se me brindó. Esto tiene un gran valor para todos los ciudadanos”, le dijo la mujer a los jueces al cerrar su testimonio.

Néstor Mathus #CoberturaColaborativa

Sindicato de Prensa de Neuquén

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