“Nos quieren joder”

Eduardo Ubaldini y María del Luján Gómez fueron los principales testigos durante la audiencia del lunes 12 de agosto. Ante los jueces del tribunal relataron los tormentos que sufrieron como víctimas de secuestros y persecución en San Martín de los Andes, entre 1976 y 1980.

La pareja buceó en sus recuerdos para describir los padecimientos atravesados durante la última dictadura militar. Ubaldini y Gómez relataron en primera persona esos oscuros años. La hija de ambos, Marina Ubaldini, ya había narrado las historias que había mamado de su familia desde pequeña en las primeras jornadas de este juicio.

Eduardo se desempeñaba como agrimensor y cuando fue estudiante había militado en el Partido Comunista. Cuando arribó a San Martín de los Andes, en 1965, continuó con su actividad política pero desistió un año después al notar que le impedía conseguir trabajo en una comunidad que lo estigmatizaba por ello.

María, por su parte, llegó a la localidad en 1969 con su primer esposo. Allí tuvieron dos hijos varones, Juan Sebastián y Luciano, y en 1973 se divorciaron. Al año siguiente conoció a Eduardo, con quien se casó y formó familia. Ella era maestra y provenía de una familia en la que se respiraba el arte, ya que su papá era escultor y cineasta. Además, María se destacaba en las peñas tocando la guitarra. “

Nuestra vida era bohemia en comparación con la de la familia promedio de San Martín de los Andes”, analiza en retrospectiva.“Crecí en la casa de un artista, me había divorciado y después casada con ‘el comunista’ y, por esas cosas, aquella comunidad tradicionalista y reaccionaria nos prejuzgaba y nos demonizaba”, sentenció.

Una vez consumado el golpe de estado en 1976, su familia fue una de las primeras en ser perseguida por las fuerzas militares. Sufrieron cuatro privaciones ilegítimas de libertad: dos de ellas durante la primera semana del gobierno dictatorial; la tercera mientras se desarrolló el Mundial de Fútbol en 1978, que fue la más grave ya que Marina tenía cinco meses y tuvo que quedar al cuidado de Alda Muñoz, conocida de la familia, durante los más de veinte días que estuvieron en cautiverio; y la última cuando Jorge Videla visitó San Martín de los Andes, en 1979.

“En la madrugada del 24 de marzo llegaron a casa para buscarme”, recuerda María. Sus hijos quedaron al cuidado de la empleada doméstica y a ella la llevaron a la Comisaría 23. A Eduardo lo detuvieron a las 9 de ese día mientras estaba trabajando con su cuñado en Junín de los Andes. Lo trasladaron hasta la misma comisaría en que estaba su esposa y donde en total había diez personas que habían sido detenidas durante esas primeras horas. Tras pasar dos días encerrados y sin recibir ninguna explicación, fueron liberados.

Luego de 48 horas, las fuerzas armadas los detuvieron por segunda ocasión. “Evidentemente era una persecución”, infiere Eduardo al rememorar esos turbulentos días y detalla: “tampoco nos explicaron nada esa segunda vez. Queríamos saber por qué estábamos detenidos y por eso hicimos una huelga de hambre”. A causa de esa medida, un oficial de alto rango se presentó en la comisaría y luego de cinco días fueron puestos en libertad.

En 1977 sufrieron un allanamiento por parte de Gendarmería en el que incautaron libros, discos y algunas armas de caza heredadas del abuelo de Eduardo.

La pareja coincide en catalogar la detención de 1978 como “la peor” de esos años. Es que fueron acusados de haber realizado un boicot al inicio de la transmisión del Mundial de Fútbol en esa región, cuando en realidad se había tratado de un desperfecto en el sistema eléctrico cordillerano. Marina, nacida el 14 de enero, tenía apenas cinco meses cuando esto sucedió.

Jorge Sacchitella, ex comandante de Gendarmería de Junín de los Andes, encabezaba el operativo que allanó la vivienda de la familia y que le “plantó” panfletos en el dormitorio. “Nos quieren joder”, cuenta Eduardo que gritaba cuando detectó la artimaña. En esa tercera detención atravesaron diferentes etapas: unos cinco días encerrados en el establecimiento de Gendarmería de San Martín de los Andes, una noche esposados a las camas de Gendarmería en Junín de los Andes y finalmente en la U9 en Neuquén capital, donde estuvieron alrededor de veinte días.

Eduardo recuerda con angustia ese último período: “yo estaba a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, que era casi como estar muerto porque en cualquier momento me iban a matar”. Durante el tiempo en que estuvieron en cautiverio Marina estuvo al cuidado Alda Muñoz, una conocida de la familia.

Vivieron un cierto período de paz hasta que una vez más fueron privados ilegalmente de la libertad en 1979, con motivo de la llegada del entonces presidente Jorge Videla. Ambos, junto a otras personas, fueron encerrados en Gendarmería de San Martín de los Andes por un par de días y sin obtener explicaciones.

A las continuas detenciones que sufrían, se le sumaba el cerco laboral que el gobierno dictatorial ejercía sobre ellos. “En 1979 consigo trabajar en una suplencia” consignó María y añadió: “en 1980, logro un interinato en marzo pero 15 días después me llega un telegrama de despido, porque ahí iban hijos y nietos de gendarmes, entre ellos Sacchitella”.

Eduardo había obtenido el concurso para trabajar en la cooperativa de viviendas del ejército pero solo le abonaron un adelanto y nunca le completaron el pago. María expresó que vivían “una situación horrible de exclusión” y remarcó que “la persecución implacable” los obligó a decidir irse al exilio a fines de 1980, con destino a México.

“Nos indujeron a ejercer una vida nefasta. Nos perseguían. A un socio mío lo obligaron a dejar de trabajar conmigo porque lo amenazaron con quitarle el trabajo”, comentó Eduardo y puntualizó: “hoy quería hablarles de mi vida y de lo que me hicieron; me quitaron todos mis derechos pero no me mataron, fue una cuasi muerte civil. Me presionaron hasta exiliarme y me robaron 37 años de patria. Además estoy con deterioro emocional porque tengo una familia que está fragmentada en varios países: Argentina, México y Canadá”.

“El exilio nunca termina, es continuo. Además, es algo que te transforma, que deja las vidas deshechas, familias desperdigadas”, concluyó María.

 

 

Esteban Idiarte #CoberturaColaborativa

Sindicato de Prensa de Neuquén

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