“Hubo genocidio, yo lo puedo contar, a otros los mataron”

Con poco más de 20 años, Oscar Martín Olivera era el concejal más joven de General Roca. Ejercía como delegado gremial en un galpón de empaque y era activo militante del Partido Justicialista. El 24 de marzo de 1976, día del golpe militar encabezado por el dictador Jorge Rafael Videla, el flamante interventor municipal, el coronel Fernando Marcelo Zárraga, oriundo de la ciudad, citó a los miembros del Poder Ejecutivo local y a los ediles de extracción peronista.

Foto de Virginia Pirola

«Yo espero que lo condenen, fue un represor. La casa de mis padres en Médanos la reventó el V Cuerpo, cómo ocurrió eso», se preguntó Olivera, en referencia a la conexión del coronel con los mandos represivos.

«Así como se iban presentando, Zárraga ordenó sus detenciones. Todos fueron, yo no, me fui a trabajar al galpón, porque aún siendo concejal no dejé mi trabajo habitual. A los dos o tres días me fueron a buscar. Dos hombres de civil me detuvieron, llevándome primero a la comisaría y de allí a la cárcel, donde estuve casi ocho meses”, relató en su declaración ante el tribunal.

Señaló que antes de interrogarlo lo golpearon, pero remarcó particularmente el acoso psicológico al que fue sometido. Narró que uno de los dos hombres que lo detuvieron intentaron llevarlo caminando, esposado, del galpón Valle Fértil a la comisaría por el centro de la ciudad, pero que su jefe, José Said, no lo permitió y facilitó su auto para que lo trasladaran.

“Uno de los que me detuvieron todavía anda caminando las calles de Roca. No fue una simple detención, deben observarse las consecuencias. Yo perdí todo, tuve que empezar de nuevo. Acá hubo genocidio, yo lo puedo contar, muchos no…”, remarcó.

Para demostrar el impacto de las detenciones y el daño que provocaban, contó que estando en la cárcel falleció su padre y una de sus hermanas lo responsabilizó de ese desenlace. “Nunca entendí el porqué de ese reproche. Hace 45 días, después de 40 años, otra hermana me lo explicó: por mi detención allanaron la casa paterna, en Médanos, (provincia de Buenos Aires) y mi padre, un humilde empleado municipal que crió doce hijos, nunca pudo superar ese hecho”, indicó sin poder evitar la emoción.

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La noticia de su detención salió en las radios de Bahía Blanca y en el diario La Nueva Provincia, dijo.

Añadió: “El daño que hicieron fue irreparable y, en mi caso, las secuelas siguen vivas. Cada vez que afronto estas situaciones me provoca un decaimiento de mi salud. Este juicio me sirve para blanquear mi persona”.

Dijo que todo el tiempo de detención estuvo a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN).

Olivera marcó claramente que para él la represión se centró en los dirigentes y militantes peronistas. Comentó que ningún concejal radical fue citado por Zárraga y que éstos eran quienes los iban a visitar a la cárcel.

Sostuvo que nunca pudieron justificar su detención ni la de sus pares. “Nosotros no hicimos nada malo, no robamos, no matamos. Nos inventaron causas pero eran sin fundamento. A mi me hicieron una por una bolsa de papas”, dijo.

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También declaró Rubén Benedicto Meneses, quien era compañero de trabajo de Olivera en la cooperativa Valle Fértil y fue el encargado de conducir el auto de Said en el traslado de éste a la comisaría. Su dichos fueron en línea con el relato conocido de los hechos.

Néstor Mathus/#CoberturaColaborativa SPN

PH Virginia Pirola – Oscar Livera

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