“Los que estaban en el Batallón sabían lo que pasaba acá”

La inspección ocular en el predio donde funcionó La Escuelita permitió determinar la cercanía entre el centro clandestino de detención y parte de las instalaciones del Batallón de Ingenieros 161 (ex 181). Víctimas que estuvieron en el lugar ubicaron la disposición de la construcción, paredes que ahora son escombros y un álamo donde eran golpeados.

Oscar Livera

Ingreso al lugar desde la ruta 22 por la continuidad de la calle Chaco, en terrenos del Batallón.

El miércoles a la mañana se realizó la primera inspección ocular oficial en La Escuelita encabezada por los jueces Leónidas Moldes, Diego Barroetaveña y Richard Gallegos, quienes integran el Tribunal Oral Federal (TOF) que está llevando adelante la tercera etapa de los juicios por crímenes de lesa humanidad en la región.

Oscar Livera

Los jueces en el terreno donde estaba el edificio de “La Escuelita”

Participaron también los fiscales Adrián García Lois y Marcelo Grosso, los abogados defensores y los querellantes. Se había autorizado la asistencia de los imputados, pero ninguno asistió.

 

Matías Subat

Oscar Paillalef y Pedro Maidana – inspección ocular en “La Escuelita”

Los testigos y víctimas que recorrieron la zona fueron Rubén Ríos, Luis Genga, David Lugones, Dora Seguel, Isidro López, Oscar Paillalef, Benedicto Bravo y Pedro Maidana. También lo hicieron las Madres de Plaza de Mayo del Alto Valle Inés Ragni y Lolín Rigoni, Oscar Ragni, Nora Cortiñas (Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora), Enrique Fukman (sobreviviente de la ESMA), familiares, organizaciones sociales, de derechos humanos y medios de prensa.

Matías Subat

La Madre Nora Cortiñas (línea fundadoras), el sobreviviente de la Esma Mario Fukman y la Madre Lolín Rigoni, madres Alto Valle.

“Me comentaban algunos de los jueces que estaban sorprendidos de la corta distancia que había con el Batallón, ellos pensaban que era más. Los que estaban en el Batallón sabían lo que pasaba acá”, comentó Lugones, quien estuvo detenido y fue torturado en La Escuelita, y además participó del primer recorrido que realizaron (sin autorización) en abril de 1984.

Oscar Livera 19 febrero 2014

El sitio donde funcionó el centro clandestino. Las edificaciones de atrás son del cuartel del Ejército, Batallón 161 (ex Batallón 181 en 1976)

Relató que cuando los sacaban de la construcción principal para llevarlos a un galpón (que había estado ubicado hacia el fondo y más cerca del río Limay), los hacían agachar mucho. “Había soldados haciendo guardia (en el Batallón), entonces no querían que nos vean cuando nos llevaban al lugar de tortura”, agregó. Según se pudo calcular, entre el alambrado perimetral del Batallón y lo que fue La Escuelita hay entre 50 y 100 metros.

 

Matías Subat

Inspección ocular en “La Escuelita” de Neuquén

Lugones también identificó un álamo contra el que eran golpeados cuando los sacaban para torturarlos. “Cuando hicimos el reconocimiento de 1984 alguien comentó que le chocaban la cabeza contra un árbol cada vez que lo sacaban para torturarlo, esposado y vendado, y le hacían agachar mucho la cabeza. Y cuando dijo eso del álamo, recordamos que a todos nos hacían eso. En el 84 vimos al costado este álamo, este viejo álamo que ya esta caído era el álamo donde nos golpeaban la cabeza. Estaba justo en el trayecto al lugar de tortura, quizás sería una diversión para ellos”, relató Lugones mientras señalaba el árbol seco en la parte derecha del lugar donde estaba La Escuelita. Los restos del centro clandestino están a unos 300 metros de la calle Luis Beltrán, por calle Chaco, y yendo hacia el río a mano derecha.

Matías Subat

Genga fue otra de las víctimas que reconoció espacios y ruidos. A él lo sacaron en un momento afuera y sintió el sonido del agua. Cuando realizaron la inspección pudo ver que a unos metros hay una laguna y un curso de agua que aumenta cuando crece el Limay. “No estaba a más de siete metros, ahora lo vemos a unos 15 metros, pero creo que antes el curso estaría más acá”, describió Genga. “La búsqueda de justicia hay que hacerla a fondo y esto sirve para que los jueces tomen verdadera conciencia de lo que están juzgando. Que puedan identificar el lugar y crean en nuestro testimonio”, remarcó sobre la importancia de la inspección ocular.

Matías Subat

Por su parte, Noemí Labrune, de la APDH, aseguró que el recorrido tiene importancia “para que la sociedad se apropie de este tema, para evitar su repetición”. Ella y el obispo Jaime de Nevares organizaron el primer reconocimiento en abril de 1984. Recordó que con la vuelta de la democracia se autorizaron recorridas por centros clandestinos, pero al hacerse oficial, los mismos eran tapados, escondidos o demolidos. “A nosotros no nos iban a pillar con esto, en vez de pedir autorización nos pusimos a investigar cómo podíamos entrar”, indicó. En ese momento participaron siete sobrevivientes, además de las comisiones de Derechos Humanos de Neuquén y Río Negro, la APDH, la Conadep, Canal 7 y el diario Río Negro. “Esas siete personas seguro que tenían miedo, pero hicieron un acto de valentía cívica. Y esto es la continuación”, sostuvo Labrune.

 

Matías Subat

 

 

 

Fotos: Oscar Livera – Matías Subat

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