“Siempre quise tener presente lo que sucedió”

Con la declaración de Francisco Tomasevich, se reanudaron esta mañana las audiencias por el tercer juicio a los represores de la región durante la última dictadura cívico militar, en la sede Amuc de Neuquén capital.

Tomasevich llegó desde Suecia para declarar en el juicio

Tomasevich llegó desde Suecia para declarar en el juicio

Estaba previsto que también declarase Almarza pero presentó un certificado médico; en su reemplazo continuó Sergio Méndez Saavedra.

Tomasevich, albañil jubilado de sesenta y seis años, viajó desde Estocolmo (Suecia) -lugar donde reside- para declarar por el operativo Cutral Có. Estuvo exiliado y figura en el listado de víctimas del Tribunal Oral Federal de Neuquén.

Declaró que “los únicos enemigos son los que me detuvieron; no, el pueblo no es enemigo”. Dijo que en el momento de su detención “era empleado en la construcción de YPF. Llegaron el 15 de junio de 1976 a mi casa y patearon la puerta; como estaba dormido, pedí que dejaran de molestar pero era el Ejército; venían armados, eran militares con armas pesadas. Entonces, me vestí con ropa de trabajo y hasta el casco me llevé. Me llevaron hasta la comisaría de Cutral Có, que estaba en la calle Carlos H. Rodríguez. En la entrada fui golpeado, me vendaron y me colocaron en una mesa. Fui llevado a las piñas y a las trompadas. Me pusieron picanas y electrodos; me preguntaban si íbamos a volar la destilería. Me patearon la cabeza y todo eso duró una eternidad. Después me colocaron con las manos arriba y llegué a escuchar a Miguel”.

Durante su exposición se refirió también cuando fue trasladado a la Unidad de Detención 9 de Neuquén capital al señalar: “fui sacado y subido a un camión. Nos sacaron rumbo a Neuquén, llegamos como a las diez de la mañana y hacía calor. Creo que nos llevaron al comando, porque miré por una mirilla y estábamos frente a las casas de los militares. De ahí nos trasladaron a la U9, dentro de un calabozo. No se veía nada. Encerrado no podía ver pero escuchaba las voces de los compañeros. Después, nos sacaban, nos golpeaban y nos volvían a traer. Nos llevaron a la cárcel de Rawson y durante el traslado nos daban patadas y trompadas; nos subieron a un avión Hércules -yo no sabía cómo era un avión Hércules, es más nunca viajé en avión pero tuve que aprender- y nos llevaron hasta la punta del aeropuerto donde estaba lleno de militares con ropa azul. Era tanta la saña… Nos esposaron en el avión y nos sentaron sobre los pies. Siempre insultando y pegando. El viaje fue terrible. Se ensañaban más con algunos. Iban unos cuántos en el avión. Había un muchacho de Bahía Blanca; también estaba Jorge Costa Álvarez. Cuando llegamos a Rawson no tiraron del avión y nos esperaban con grillos y celadores. Íbamos cobrando en fila, del primero al último. Fuimos a parar al pabellón siete. Allí estaba el comando Valenzuela, que era de pegar y pegar. Fue un 22 de agosto y estuvimos diez días encerrados. Me encontré con Méndez, Pincheira, Cancio, Nano Balbo (que estaba muy golpeado), Buamscha, el doctor Arzuaga, Jure de Neuquén y Carlos Kristensen. Después nos llevaron al pabellón cinco que estaba muy oscuro y era abajo, era un lugar de tortura y en una oportunidad vi a Pedro Maidana. Trataban de quebrarnos físicamente e ideológicamente. Siempre nos torturaban en cada salida al patio o si demorábamos un minuto en el baño. Además, en las resquisas no se podía tener nada; querían hacer de nosotros trapos de piso. La tortura la aguantábamos todos los días. O aguantábamos o aguantábamos. Los que quedamos supimos aguantar.

Llegada al tribunal, la audiencia comenzó a las 9

Llegada al tribunal, la audiencia comenzó a las 9

Pedí la opción de salir del país -como otros compañeros- y me fuí a Suecia. Recuerdo que, Méndez, Pincheira, Seminario y Cancio de Neuquén, no sabíamos dónde habían sido trasladados y nos alegramos cuando nos dijeron que fueron liberados, pero no era así, hoy son nuestros desaparecidos”.

Tomasevich comentó que durante el Operativo Cutral Có “vi como sacaron a otros compañeros, cuando eran detenidos por militares y gente de saco azul; podrían haber sido de la Federal o de fuerzas especiales, o del Ejército. En la comisaría había un salón de seis por seis, donde estaba el lugar de torturas.

Cuando llegué a Suecia me fui a una zona totalmente desconocida para mi, donde se hablaba un dialecto pero para mi lo importante era estar libre. Allí cantaba folclore y juntábamos plata para la Cruz Roja. También hice un ballet de folclore. Otra lucha, pero yo ya era libre. Hice también un curso de construcción y ahora hace un año que soy jubilado.

Fue difícil entender que tuve que salir del país por unos señores que se creen dueños del país, familias que perdieron todo. Ese ejército no lo imaginé nunca”.

Cuándo el presidente del tribunal el doctor Leónidas Moldes le preguntó en el cierre si había omitido algo, Tomasevich respondió: “son treinta y tres años afuera; pero quiero dejar constancia: por que tuve que pasar por esto; no soy un intelectual, soy un obrero y mis compañeros eran trabajadores, no era gente que anduviera haciendo daño”.

Tomasevich, ya en el cierre, contó que “en Suecia murieron Montenegro y otros compañeros; fuimos maltratados, algunos fueron condenados, cada preso cuenta algo. Algunos llegaban tan mal que no decían nada. Siempre quise tener presente lo que sucedió”

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Sindicato de Prensa de Neuquén

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