La muerte de Albanesi

Jorge Norberto Villanueva y Ángel Victoriano Ingelmo, yerno y conocido de José Luis Albanesi, respectivamente, no tuvieron dudas en 1977 respecto a la muerte a golpes del productor cipoleño.

Así se lo plantearon -cada uno durante su turno de testimoniar- a los jueces Orlando Coscia, Mariano Ferrando y Eugenio Krom.

Matias Subat

Villanueva describió que Albanesi fue detenido un par de días antes de su cumpleaños, el 25 de abril de 1977. Ese día, junto con su suegra, le dejaron un termo con agua caliente, comida y un libro a modo de regalo de cumpleaños, aunque «no lo pudimos ver, porque estaba incomunicado». Al día siguiente «me devolvieron el termo sin usar, todavía con la misma agua, porque había pasado a disposición del Comando de Neuquén».

Según recordó «tuve la sensación de que se complicaba más. Si estaba incomunicado en la comisaría, al pasar a una instancia mayor, se escapaba cada vez más la posibilidad de poder averiguar algo, tal es así que nunca se supo más nada».

El 29 de abril el comandante José Luis Sexton llamó a la casa de Adolfo Albanesi para decirle que su padre había muerto, recordó. Ese día José Luis Albanesi debió haber estado en Buenos Aires, donde tenía previsto viajar debido a que era delegado regional de la Federación Argentina de Cooperativas Agrarias (FACA). Para su yerno, la detención de Albanesi estaba relacionada con una serie de incendios registrados desde febrero en la cooperativa familiar La Colmena, según le habían dicho en la comisaría, aunque nunca se les explicó qué tipo de acusación había contra el productor cipoleño.

Matias Subat

“El velatorio fue un escándalo”, dijo. Hubo gente que vio parte del cuerpo de su suegro y comentaba que estaba en «estado lastimoso». «Yo no me animé a ver el cuerpo, sólo vi que tenía hematomas en la cabeza, hubo personas que lo vieron», dijo Villanueva. Al ser consultado si la familia había solicitado una autopsia, recordó que «o no se hizo, o no la pidió mi cuñado. Por comentarios recuerdo que decían que sí hubo una autopsia y la firmó Hilarión Sosa», destacó.

Recordó que cuando lo llamaron a su cuñado para que reconociera el cuerpo «sabía que estaba en la U9, pero mi cuñado no quiso ir a ver el cuerpo del padre» dijo.

Ingelmo no recordó porqué Adolfo Albanessi le pidió a él que hiciera el reconocimiento de los restos de su padre. «Un día me llamaron del Comando y era Sexton, y me dijo: ‘Ingelmo, necesito que vaya a reconocer el cuerpo de Albanesi’. Estaba en una camilla, lo destaparon hasta abajo de la cintura y nunca me voy a olvidar de esa imagen… estaba totalmente amoratado, de un color azul verdoso, marrón sobre un cuerpo amarillo sucio, con una cara que tenía el rictus del dolor y las manos en la espalda», dijo sin pausa el testigo.

Explicó que en ese momento no dijo nada, pero que pensó que no se podía esperar que ocurrieran ese tipo de cosas. «Albanesi era una persona amable, siempre con los brazos abiertos, era excelente… más bueno que el pan. Increíble verlo a él así», dijo.

Cuando le consultaron si sabía cuándo lo habían secuestrado, Ingelmo dijo recordar que como él tenía amigos militares debido a que había fundado el Polo Club y compartía con muchos militares el amor por los caballos, el polo y los saltos, le pidieron que intercediera ante Sexton para acercarle a Albanesi alguna medicación que necesitaba, debido a que la familia no podía tener acceso al productor desde su detención.

«No se podía esperar que le ocurrieran cosas así, quizás pensé que le había pasado como a la gente en el tiempo de la inquisición, donde perseguían a quienes pensaban distinto, o no pensaban como el poder lo hacía, que es lo que ocurrió acá;  que se atacó a todos los dirigentes, porque él era un dirigente cooperativo, atacaban lo que él representaba, los militares que gobernaban pensaban como la inquisición cuando se aplicaba el terror con la tortura, para que la gente tuviera miedo y que no se expresara diferente. Porque un acto de valentía es contagioso, pero la cobardía mucho más», reflexionó frente al Tribunal.

Ingelmo dijo que el reconocimiento lo hizo en el hospital y que ni bien lo vio, supo que «no le habían dejado un pedacito de piel sin morder», y aclaró que con esa expresión quiso decir que «no hubo un lugar en el cuerpo donde no se le hubiera pegado».

Ante la consulta específica del querellante Marcelo Medrano sobre su accionar como abogado y su colaboración con el Obispado, Ingelmo describió que «cuando cayó el gobierno de Allende en Chile», llegó a Neuquén una gran cantidad de exiliados y que poco tiempo después, junto con Alberto Cidades, Sapiola de la UNCo, y el capitán jefe de la policía de apellido Funes, integraron la comisión del Alto Comisionado de las Naciones Unidas (Acnur), cuya misión «tenía por objeto recibir a la gente, ver las necesidades básicas que había que resolver y enviar los antecedentes al Acnur en Buenos Aires, para que se ocuparan de la situación, y en muchos casos los asilaron en Bélgica, recordó.

«Por esas actividades me acusaron de traición a la patria, y me hicieron una causa. Hasta tuve que ir a declarar en una informativa -que era la declaración previa a la indagatoria- con el doctor Duarte, que era el auditor del Ejército y había sido designado como juez federal» , después del 24 de marzo de 1976.

Especificó que Duarte «quería saber qué hacíamos con el dinero» que se recibía para el trabajo del Acnur, en tanto denunció que si bien él sufrió un allanamiento «porque me habían sindicado como colaborador de la guerrilla chilena», otros miembros del comité fueron detenidos en a U9 y sufrieron tormentos. «A Alberto Cidades lo torturaron para que dijera que Ingelmo y Jaime de Nevares estaban en la guerrilla, por ayudar a los refugiados», dijo, en tanto opinó que «al que querían matar era a De Nevares, pero era demasiado grande. Cuando un hombre por la amistad llega a soportar la tortura, debe ser el acto más grande que debe tener un hombre» dijo Ingelmo respecto de Cidades.

Ingelmo se quejó por los «banquillos vacíos» que había en el juicio, y no dudó en afirmar que eran los que debieron ocupar los civiles que colaboraron con el accionar de la dictadura.

«Yo por un lado era perseguido, pero por otro mi señora era integrante del Tribunal Superior y recuerdo que fuimos con ella a ver al juez Duarte porque había un amigo que ayudaba mucho al padre Ítalo, y que tenía un hijo que estudiaba en La Plata, que viniendo de vacaciones, había desaparecido”. Fueron a ver a Duarte y cuando los recibió les dijo: «este es un asunto de mi exclusiva competencia”, dando a entender que la esposa de Ingelmo no podía intervenir. “La cuestión es cómo usó esa competencia, porque si los jueces federales y los fiscales hubieran cumplido (con sus funciones), muchas cosas se hubieran evitado», dijo sin tapujos Ingelmo y luego aclaró que se refería a la desaparición de Oscar Ragni.

Dijo que el fiscal Ortiz había sido otra de las decepciones que sufrió, por cuanto cuando ocurrió lo de Cidades, lo fue a ver para que interviniera y «me dijo ‘no me diga nada, no tengo nada que saber, no me comprometa’».

Finalmente las consultas a Ingelmo rondaron en relación a su pertenencia a la comisión directiva del Polo Club, que funcionaba lindero al predio del Ejército y desde donde se podía ver en los fondos la construcción que funcionó como centro clandestino. Ingelmo no recordó alguna recomendación o prohibición de acercamiento al lugar donde todos los testigos sitúan el lugar de cautiverio y tormentos y sostuvo que posteriormente se enteró de esa función y no durante el tiempo en el que el Polo Club tenía actividades ecuestres en las inmediaciones.

Se reconoció asimismo como amigo del general de Brigada Enrique Braulio Olea. Sin embargo, dijo que esto no le impedía decir todo lo que supiera de aquel tiempo con verdad y sin falsear u ocultar cosas.

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

Fotos: Matías Subat

Comments are closed.

Proudly powered by WordPress
Theme: Esquire by Matthew Buchanan.