Secuestrados y torturados por aparecer en una agenda

Jorge Mario Berstein declaró por videoconferencia desde el Consejo de la Magistratura en Capital Federal. Sostuvo que entre la noche del 28 de febrero y la madrugada del 1 de marzo de 1977 fue detenido junto a Georgina Feliciana Barreto en su domicilio de General Roca. El motivo fue porque el nombre de esta última “aparecía en la agenda de una persona que habían detenido en Bahía Blanca”.

Matias Subat

En la vivienda irrumpió un grupo de personas vestidas de civil, sin identificación y fuertemente armadas. Sin mediar explicación alguna, vendaron y esposaron a las víctimas y las subieron violentamente a  dos vehículos diferentes. “Me tuvieron contra la pared, encapuchado y luego me subieron a un Falcon azul, y me llevan un rato de viaje”, ironizó Berstein. Los trasladaron al centro clandestino de detención “La Escuelita” de Neuquén.

Los hombres que los detuvieron les hicieron saber que eran miembros de una organización terrorista, sin embargo Berstein inmediatamente se dio cuenta de que eso era “puro teatro, era evidente que se trataba de fuerzas militares”. Lo supo por la forma de tratarse entre ellos, pero por sobre todas las cosas “por el modo en el que se saludaban”.

Al llegar a “La Escuelita”, Berstein fue arrojado a una celda y engrillado de pies y manos a una pared. A los seis o siete días de estar allí fue interrogado sobre su supuesta vinculación con grupos guerrilleros en la Facultad de Ingeniería.

Durante los interrogatorios le pusieron un arma en la cabeza y gatillaban. “Todo era absolutamente descabellado, ellos suponían que yo estaba en una organización, me hacían tocar armas para que las reconozca, y yo no sé nada de armas”, explicó.

Berstein permaneció privado de su libertad durante diez días. Pasado ese tiempo lo llevaron en un Citroën hasta la ciudad de Allen (Río Negro). Ya en General Roca, pudo reencontrarse con Barretto luego de un par de días, porque “ella estaba esperando que se le borraran las marcas que le habían dejado en el cuerpo”.

La declaración de Berstein tuvo un hecho anecdótico cuando confundió el nombre de la vecina localidad de Allen con la ciudad pampeana de General Acha. Los abogados defensores aprovecharon esa confusión para dejar constancias en actas, con la intención de obstruir luego parte del proceso. Sin embargo, el juez Orlando Coscia no dejó pasar la oportunidad para preguntarle al declarante sutilmente en qué provincia quedaba la ciudad de General Acha. Inmediatamente Berstein se dio cuenta de su error y explicó que cada vez que él se había referido a esa ciudad en realidad quería mencionar la localidad rionegrina de Allen.

Matias Subat

Sindicato de Prensa de Neuquén

Fotos: Matías Subat

 

 


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