“La tortura les era fiable para conseguir información”

Con la sala llena y la presencia de funcionarios, amigos e integrantes de Madres de Plaza de Mayo, Raúl Radonich declaró acerca de su privación ilegítima de la libertad, ocurrida durante dos oportunidades en 1977. La primera de ellas el 13 de enero, en la cual estuvo detenido en “La Escuelita”, sitio donde fue torturado e interrogado y el 4 de abril, cuando personal militar se presentó en la casa de sus padres y lo llevó a la Unidad de Detención N°9 de Neuquén, donde estuvo cautivo hasta el 29 de junio de ese mismo año.

mati subat 27-06-2012

Radonich relató que aquella mañana del 13 de enero de 1977 tres personas se presentaron en la gestoría donde trabajaba e identificándose el jefe de grupo como “policía federal” le informó que debía acompañarlos. Sin permitirle comunicarse con algún miembro de su familia,  fue tomado por dos de los uniformados e introducido a un Ford Falcon, donde sacaron sus armas, lo arrodillaron en el piso del vehículo y lo vendaron. “Avisaron por una radio que me tenían y respondieron: ‘tabiquenlo’. Después me taparon con un acolchado y el vehículo comenzó a dar vueltas, asumo que con la intención de desorientarme”, contó.

Al llegar al centro de detención, “una persona se acerca y me dice ‘vos acá no tenés que preguntar nada, solo tenés que responder lo que se te pregunte’. Relató que lo acostaron en un elástico de una cama, lo esposaron y le conectaron cables en las sienes. “Me empiezan a interrogar, preguntándome por datos personales  y por mi familia” describió, y que esos datos fueron introducidos “en una ficha, porque se escuchaba una máquina de escribir”.

Radonich contó detalladamente el interrogatorio al que fue cruelmente sometido. “’Cuál es tu grado y tu nombre de guerra’ repetían constantemente, cuando siento por primera vez un pinchazo en la nuca y descargas eléctricas, a modo de electro shock. La tortura era una sensación desconocida, devastadora, el cuerpo no responde, los músculos se tensan involuntariamente y me muerdo la lengua, perforándomela. Perdía mucha sangre y sentía que la cabeza se me partía en mil pedazos” describió.

A su vez, mientras le aplicaban descargas eléctricas, contó que la persona que estaba a cargo del interrogatorio le dijo que “acá no es como jurar la biblia y toda la porquería esa, acá vas a decir toda la verdad, y más que la verdad” y afirmó que quienes llevaron adelante el terrorismo de Estado, consideraban la tortura como un método fiable para conseguir información.

Explicó que durante el interrogatorio le preguntaron por sus compañeros en La Plata, donde había vivido durante los años 1974 y 1975, y que cuando mencionaron a Oscar Ragni (desaparecido) “les dije que estaba detenido y me respondieron con mucha ironía ‘se fue con los montoneros’. Después me tiran un sobrenombre (Camper) y me preguntan quien era; les dije que yo, entonces me preguntan quién me lo había puesto y les dije ‘un tal Pepe’ y que no sabía su nombre porque él no lo decía porque tenía algún tipo de participación política. Se enojaron y me preguntaron que con qué frecuencia lo veía, al responderles que dos o tres veces por semana el que estaba a cargo me dijo ‘pensá bien lo que vas a decir porque yo los seguía y se encontraban todos los días’. Ahí sentí alivio porque ‘Pepe’ no existía, me tranquilicé porque sabía que mentían”.

mati subat 27-06-2012

“En un momento empecé a sentir una especie de convulsión, estaba muy agitado y sentí una mano en el pecho; fue cuando empezaron a parar. Después el mismo hombre que había participado de mi secuestro me dijo ‘a la tarde vamos a empezar de nuevo, vos elegís si con máquinas o no, no te sacrifiques por esa gente’”, contó. Al llevarlo de nuevo a la cama lo esposaron y lo ataron con una cadena en el cuello y en los pies. Allí notó que había dos personas a sus costados. Explicó que frente a su cama había una escalera de madera y un agujero en el techo, por donde un militar cargaba su fusil y salía cuando llegaban autos.

También contó que se escuchaba muy fuerte una radio, “era LU5, donde escuché sobre mi desaparición, mi familia pedía por mi paradero, entonces traté de decir a la persona que estaba a mi izquierda ‘ese soy yo’”.

Contó que fue liberado en la madrugada del 19 de enero, en cercanías de Senillosa (Neuquén), desde donde volvió a la ciudad de Neuquén en colectivo. “Recuerdo que estaba muy molesto, no podía respirar porque las vendas estaban muy apretadas. Me llevaron al baño y me dicen ‘tratá de arreglarte lo mejor que puedas’, lo que me generó mucha incertidumbre. Cerca de las 3 de la mañana se escucha una bocina del falcon, se me acerca la misma persona que me secuestró, me dice mi dirección y que mi padre trabaja en YPF y agrega ‘ésta noche te vamos a liberar, quedate tranquilo’. Me atan las manos con correas, me suben a un vehículo y me van dando indicaciones sobre lo que tengo que hacer: primero levantar la denuncia en la policía Federal, poner una excusa de porqué no había estado y que no podía decir nada de lo que había sucedido, que ya sabía cómo se manejaban y que no tenían problema de poner una bomba en mi casa”.

Radonich explicó que al llegar con su padre a la policía Federal, para levantar la denuncia como le habían indicado, los oficiales que lo atendieron le dijeron “esto no te lo cree nadie, así que si te liberaron es porque estás limpio”.

La segunda detención se produjo en abril de 1977, cuando la noche del 4, mediante un gran operativo que incluyó tres camiones celulares que rodearon la casa,  lo llevaron detenido a la U9. Lo llevaron a un calabozo de seguridad y “el subdirector de la Unidad me dijo que me encontraba detenido a cargo de la Subzona 52 y que mientras estuviera ahí no tenía que preocuparme por mis condiciones de seguridad, pero si volvía el Ejército, no me podía garantizar nada”. En ese lugar pudo ver a Carlos Eli De Filippis. “Nos asombró verlo porque era un adolescente, nos dijo que con él había estaba detenido José Luis Albanessi y que a éste le costaba mucho respirar, que sentía sus quejidos constantemente y que el estado de su salud era de gravedad, por haber sido fuertemente torturado”, relató.

Respecto de la muerte de Albanessi, explicó que había rumores de que habían querido ingresarlo a la U9, pero desde el penal se negaron a recibirlo por su estado muy delicado de salud, y que incluso “podía estar muerto”.

Cuando lo liberaron, el 29 de junio, le dijeron que debía presentarse ante Oscar  Reinhold (Jefe de Inteligencia del Comando de la VI Brigada) quien le advirtió que si hubiera sido detenido en La Plata “mi suerte habría sido otra y que siguiera haciendo mi vida normal, cosa difícil porque después de lo que pasó, uno se siente perseguido, vigilado. Vivir con miedo, con temor, obviamente ese era el objetivo del terrorismo de Estado”.

Radonich contó que realizó el servicio militar en 1976, y que por eso pudo deducir que “La Escuelita” se encontraba dentro del Batallón 181 de la ciudad de Neuquén y que los suboficiales realizaban las guardias en ese predio. Además detalló la noche en la que se escapó Hugo Obed Inostroza Arroyo, (testigo en este juicio) y que supo que en ese lugar se producía la detención de “elementos subversivos”.

Emiliano Ortiz

Respecto de la fuga de Inostroza, explicó que en una noche de agosto, comenzaron a escuchar un tiroteo cada vez más intenso y que un grupo de soldados fue a la sala de armas, donde él prestaba servicios, “para retirar armamento  y hacer una especie de patrullaje”. Al día siguiente salió un comunicado de la Subzona 52 en el que explicaban que se había producido una fuga de un prisionero. Explicó también que un soldado contaba que su padre manejaba información de que “en ‘La Escuelita’ tenían a alguien y que se les había ido la mano, lo que explicaba el comunicado”.

Con la voz quebrada, Radonich dijo haber sentido una alegría muy grande al enterarse que era verdad que un prisionero se había fugado, y consideró que “era increíble porque habiéndolo vivido sabía que escaparse era realmente difícil, casi milagroso”.

Raúl Radonich cerró su declaración contando que su hijo adolescente se encontraba en la audiencia, y que su deseo era que “sus hijos y los hijos de sus hijos no tengan que asistir a una audiencia como esta”, frase que provocó lágrimas en varios de los presentes.

 mati subat 27-06-2012

La persecución laboral en épocas de la Dictadura

Mabel Radonich, hermana de Raúl, contó la persecución laboral que sufrió por el secuestro de su hermano, explicando que había sido declarada prescindible por un decreto firmado por el ministro del Interior, Albano Harguindeguy, motivo por el cual no pudo continuar con sus funciones como docente en el Colegio San Martín de la ciudad de Neuquén y en la Universidad Nacional del Comahue (UNCo). “Tan solo pude ejercer en el Colegio Don Bosco porque Don Jaime (De nevares, obispo de Neuquén) estaba muy comprometido y me permitió desempeñarme en el establecimiento”, recordó.

Por otro lado, explicó las gestiones que hizo junto a su familia, tanto ante la policía Federal y de la Provincia como ante el Comando, donde fue recibida por Oscar Reinhold, quien les negó que su hermano estuviera detenido y les pidió pruebas de ello. Además contó que se dirigieron a los medios de comunicación, como la radio LU5, el diario Río Negro y Canal 7, para pedir por su paradero.

Matías Subat 28 de junio 2012

“Fueron momentos muy angustiantes, de desesperación, no obstante era lo que nos daba valor y la fuerza para continuar con la búsqueda”, describió y explicó que esa angustia y miedo continuaron incluso hasta ya entrada la democracia. Explicó que cuando Raúl apareció, “tambaleante, balbuceante, sangrante, con sus piernas y brazos con evidentes signos de tortura” y con una tortura psicológica que se manifestaba “por las noches cuando él se despertaba agitado y gritando” tuvieron que ir nuevamente al Comando, donde “nos dieron una lección de moralina y nos dijeron que ahora teníamos que ir a todos lados, sobre todo a los medios, a decir que apareció bien y que se había ido con una amiga a las Grutas. Les dije que no era verdad y me dijeron ‘bueno, la verdad es lo que yo les estoy diciendo que tienen que decir’, por lo que yo explicaba que había aparecido muy mal y torturado, pero que nos habían dicho que teníamos que decir lo contrario, situación que los medios entendieron muy bien”.Matías Subat

La segunda vez que detuvieron a Raúl, Mabel Radonich contó que volvieron a dirigirse al Comando, donde Reinhold le dijo que se tranquilizaran que “esta vez no es como la anterior, que ahora estaba en manos del Poder Ejecutivo”, y aclaró que era “como reconocimiento de lo que había pasado antes”.

mati subat 27-06-2012

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

Fotos: Emiliano Ortiz/Matías Subat

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