“Con la conciencia tranquila, pido justicia y que se mantenga viva la memoria”

Con la presencia de Antonio Alberto Camarelli, imputado por su participación en los secuestros realizados en la localidad de Cipolletti, y en una extensa jornada cargada de intensidad y expectativas debido al testimonio de Luis Alberto Genga, detenido ilegalmente el 02 de septiembre de 1976 y víctima en este juicio, el ex Director dela EscuelaRuralN° 50 de Cipolletti y Secretario General dela UnTERen la época dela Dictadura, dio detalles acerca de su privación ilegítima de la libertad, junto a su compañera de vida Silvia Beatriz Bottinelli y su hermana Cristina Bottinelli y de los tormentos sufridos en el centro de detención clandestino “La Escuelita”, sitio al que pudo reconocer.

Cecilia Maletti

Luis Alberto Genga fue detenido ilegalmente el 2 de septiembre de 1976 y tuvo que exiliarse del país

Luis Genga, quien inició su actividad gremial en la ciudad de El Bolsón y que posteriormente, en el año 1974, fue nombrado Secretario General dela Uniónde Trabajadores/as dela Educaciónde Río Negro, relató que el 24 de marzo de 1976, al tomar conocimiento del golpe militar, tuvo que viajar de urgencia a la localidad rionegrina de Chelforó, para suspender un curso que se dictaría en el ámbito de un programa de capacitaciones dela UnTER, debido a quela JuntaMilitarhabía publicado en el artículo 7mo de su primer comunicado, que a partir de ese momento, debían cesar todas las actividades de carácter gremial. “Ahí consideré que cesaba mi actividad sindical y me reincorporé, a mi regresoa Cipolletti,a mi trabajo como director y docente, en ese momento me enteré que el 25 de marzo del ‘76 (personal militar y de la policía de Río Negro) habían ingresado vandálicamente al establecimiento”.

“Al encontrarme con las maestras, noté que me habían llevado ropa en una valija y habían juntado dinero para que me vaya, porque no tenía protección si seguía acá, pero yo me quedé porque no tenía nada que ocultar” recordó Genga y comentó que en ese momento se dirigió a la Comisaría, “debido a que me informaron que ese ‘grupo de tareas’, al mando de Vitón había dado la orden de que me presentara” (refiriéndose a Gustavo Vitón, imputado, quien en el momento de la dictadura estaba a cargo de la Compañía “A” del Batallón de Ingeniero de Construcciones 181 y a quien se le asignó la Jefatura del Área 5.2.1, con asiento en la comisaría 24 de Cipolletti).

La víctima explicó que en la Comisaría, fue recibido por Camarelli, que era el jefe de la misma y con quien tenía buena relación y por Gustavo Vitón, que se presentó como “a cargo” dela Comisaría. Explicóque fue interrogado por ellos y por otras 4 personas más, durante aproximadamente 4 horas y que el interrogatorio que fue “muy limpio y calmo, pero con preguntas insidiosas” fue grabado.

En un escritorio dispusieron de mucha documentación que “me había sido robada” cuando fueron a la escuela, y “las preguntas más duras eran por gente, me preguntaron por los integrantes yla Comisión Directivade la UnTER, la relación con la CTERA, por libros que me habían robado y por libros de otras personas que seguramente robaron en otros secuestros, por mi vinculación con muchas personas, como Alfredo Bravo, que era mi amigo íntimo y por mi vida personal, sobre mi relación con Silvia Bottinelli (querellante) y por mi ex mujer Margarita Meraviglia” (testigo en este juicio, que prestó declaración el 22 de mayo pasado). “Incluso me hicieron un cargo por pornografía” explicó refiriéndose a unas diapositivas que encontraron, que pertenecían a una cátedra de la Universidad del Comahue, institución de la que formó parte hasta que fue intervenida previo al golpe militar por Remus Tetus, cuando fue desestimado y la Universidad comenzó a ser regentada por él y su grupo de “matones de la AAA”.

El secuestro

Matías Subat

El único imputado que asistió al testimonio fue Antonio Camarelli titular de la Comisaría 4º de Cipoletti

Luis Genga contó que su detención se realizó tiempo después del allanamiento (el 02 de septiembre de ese año), cuando se encontraba en la casa de Cristina Bottinelli, junto a Silvia ya JorgeVillafañe, y que los hicieron pararse frente a la pared, ordenándoles que no miraran. “Cuando intenté defendernos, apelando a que era una persona pública por mi rol de sindicalista, recibí un brutal golpe que me dejó casi inconsciente”.

“Nos encapucharon, maniataron y nos tiraron a un auto a golpes, desde allí por el recorrido que hicieron sentí que pararon un instante en lo que intuyo sería la comisaría, luego noté que pasábamos por la rotonda de Cipolletti y después sentí el traqueteo del puente carretero, que es inconfundible” relató Genga y agregó que al pasar el puente que uneNeuquén con Cipolletti,realizaron otra parada “en lo que creo sería la garita de la caminera” y a toda velocidad retomaron el traslado, “luego de varios kilómetros, doblaron a la izquierda y después tomaron un camino de tierra hacia el sur, intuyo que era el Batallón porque se escuchaba claramente el sonido de agua, en ese momento imaginé sería un lugar cerca del río” explicó.

Agregó que podía identificar que ese lugar era el Batallón de Ingeniero de Construcciones 181, porque conocía el terreno ya que había ido a ese lugar en varias oportunidades, unos 2 años antes por tareas conjuntas que realizaba el ejército con la UnTER y que en una oportunidad “los mismos soldados me dijeron que allí fueron caballerizas” (haciendo referencia a “La Escuelita”).

Genga contó que al llegar, a golpes los hicieron bajarse del vehículo y le cambiaron la capucha por una venda, que ataron tan ceñida que se le “incrustó a la altura de los ojos y en la oreja” dejándole una cicatriz, al “igual que una cadena con la que me ataban a la cucheta” en su pie derecho, sin embargo expresó que cuando le sacaron la capucha “pensó que era la salvación” porque con ella no podía respirar y sentía que se “iba a morir”.

Las sesiones de tortura

Explicó que durante las torturas lo golpeaban constantemente, intercalando un día de recuperación por cada día de golpizas, dijo que en varias ocasiones le hicieron simulacros de fusilamiento en el exterior del lugar, y que quien dirigía las torturas era un hombre al que llamaban “Pedro”, que “jugaba el papel del bueno y cuando ya estaba casi muerto, me acariciaba la espalda y hacía comentarios de mi vida personal. Me decía que Silvia era una chica buena pero que yo no me debería haber separado de Margarita”, Explicó que “en una oportunidad, en la que lo llevaron a una especie de patio, explicó que llegó otro soldado “con actitud de mando, me puso el arma en la boca y dijo ‘vos mataste a mi hermano, mereces morir ya’ tenía mucho miedo” destacó. En otra ocasión “ese hombre que se hacía llamar ‘Pedro’ me llevó afuera, me hizo arrodillar, ‘como musulmán mirando la mezquita’ con la nariz casi pegada al suelo, donde pude escuchar que había un grabador y sentir como el sol me calentaba la espalda y el soldado dijo ‘si, esta es la última vez’. Tenía mucho miedo porque no sabía si me iban a matar o si me iban a liberar” y explicó que después de eso, lo llevaron adentro a una especie de lavabo, por primera vez desde que estuvo detenido y luego de asearse le quitaron la venda y le sacaron una foto.

Genga destacó que durante el interrogatorio en “la Escuelita”, le hicieron “exactamente las mismas preguntas que cuando estuvo en la comisaría, pero esta vez el interrogatorio fue mucho más violento”. Por tal motivo el interpretó que la primera parada que hicieron el día de su detención, debió ser en la comisaría para buscar su “legajo”.

Además explicó que en el centro de detención, debieron haber unas 20 personas más, entre las que se incluían sus compañeros junto a quienes había sido secuestrado, a quienes pudo identificar por su voz o sus quejidos, “sabía que Villafañe estaba ahí porque era el que más gritaba cuando lo golpeaban, siempre decía ‘tengo un tío que es mayor en el ejército, ustedes no pueden pegarme, ya van a ver lo que les va a pasar’”, pudo reconocer a una compañera de la UNCO, Marta De Cea (víctima en la primera etapa del juicio en 2008, que fue secuestrada en Cinco Saltos), que supo que había un médico porque “había alguien que se sentía mal cuando iban en el vehículo y dijeron ‘vos sos médico, atendela’” refiriéndose a uno de los secuestrados.

Genga también destacó que cuando caía al suelo, luego de los golpes que recibía, intentaba reconocer al tacto, la ropa y el calzado de sus torturadores, como así también que cuando lo movilizaban, para ir al sanitario o para comenzar una sesión de tormentos, intentaba percibir a través del contacto físico cuantas personas secuestradas había en el lugar.

La libertad y el exilio.

Explicó que cuando fue liberado, en las inmediaciones de la localidad rionegrina de Barda del Medio y que en el mismo vehículo se encontraba Cristina Bottinelli, que el fue obligado a bajar del vehículo y que al hacerlo lo amenazaron y dijeron “no te saques la venda hasta que el auto se aleje”. Al reencontrarse con sus compañeros tomó conocimiento que a Villafañe y a Silvia Bottinelli los habían liberado 2 días antes en las inmediaciones de Arroyito y que como a él y a Cristina, les habían dejado dinero para regresar.

Contó que se reincorporó a la escuela hasta terminar el ciclo lectivo, en febrero del ’77, momento en el que decidió partir al exilio a España, lugar en el que estuvo hasta el año 1992. Comentó que los años más duros fueron allí “soñaba todos los días con Argentina”. Explicó que sentía frustración por la situación de Cristina Bottinelli, fallecida en 2011 porque ella murió en el exilio, debido a que los médicos en México, donde se encontraba, le habían prohibido volar a causa de “daños profundos en el cerebro” secuelas de la tortura y que en una oportunidad cuando ella los visitó en España, le preguntó por una parálisis facial, “producto de la picana” fue la respuesta de su cuñada.

Matías Subat

Para concluir su relato, entre aplausos del público que colmó la sala, Luis Genga dijo que no buscaba ningún rédito económico, sino justicia. “Esperé muchos años para esto, no asisto por ningún tipo de rédito ni por venganza. Simplemente quiero que se haga justicia y se mantenga viva la memoria sabiendo que estos hechos sucedieron” y cerró parafraseando al poeta José Marmol “Si, yo te perdono mi cárcel y mis cadenas, pero como argentino las de mi patria no”.

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

Fotos: Cecilia Maletti/Matías Subat

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