Semana de lectura de acusaciones

El jueves se reanudará  la lectura de las acusaciones con las que se inició la apertura del segundo juicio. Uno a uno se fueron describiendo las 39 denuncias de secuestros, desapariciones y tormentos que tuvieron por víctimas tanto a jóvenes de 17 y 19 años como los hermanos Juan Carlos y Pedro Maidana, secuestrados en su casa y en la Enet de Cutral Co; como los gremialistas, políticos y dirigentes barriales que fueron sacados a las patadas y golpes de sus casas después del 24 de marzo de 1976.

La descripción de hechos denunciados correspondió en el primer día al planteo de la fiscalía, representada en el juicio por José María Darquier y Marcelo Grosso, aunque también estuvo  la fiscal subrogante María Cristina Beute.

Los represores no fueron con chalecos anti balas como en el primer juicio. Por las pantallas, desde Buenos Aires, se observó a Oscar Lorenzo Reinhold -jefe de Inteligencia del Comando- , barbón, quien a veces se quitaba los lentes y hacía leves movimientos, en tanto a su lado estaba sentado el ex comandante José Ricardo Luera, desde el Consejo de la Magistratura.

Reinhold en la pantalla desde Buenos Aires

La tv mostró en otro cuadro a Osvaldo Laurella Crippa, ex teniente coronel que asumió la intervención de la policía neuquina después del golpe, quien escuchó las acusaciones en su contra desde Bahía Blanca.

El que quedó fuera del juicio por ahora es Mario Gómez Arenas. Aún no terminaron los peritajes sobre su presunto padecimiento de Alzheimer, pero mientras esto ocurre debe presentarse a varios estudios médicos por una intervención quirúrgica, por lo que hasta junio se les prescribió reposo absoluto y quedará fuera de las acusaciones.

Además de la lectura de las denuncias caso por caso y la crudeza de la descripción sobre los vejámenes a los que fueron sometidas las víctimas, la tensión en la sala no cesó. Raúl Guglielminetti sonrió varias veces con sorna, intercambió continuamente impresiones con el segundo de Gómez Arenas, Jorge Eduardo Molina Ezcurra, y fue el blanco del dedo acusador de Inés Rigo de Ragni, quien desde el público le recriminó durante un cuarto intermedio ¿dónde está Susana Mujica? ¡Asesino!. Lolín Rigoni y Oscar Ragni también les recriminaron sus crímenes y junto con los familiares de desaparecidos les enrostraron, a los gritos, que eran unos cobardes.

Acto seguido, el lugar fue desalojado por el Tribunal, en tanto el presidente del cuerpo Orlando Coscia, advirtió que podría hasta retirar las acreditaciones de quienes no guardaran la mesura.

“Es un exceso de rigurosidad”, se quejó la querellante Ivana Dal Bianco, “hay que entender que después de 30 años, tenemos en la sala a los hijos de quienes se está leyendo sus casos como desaparecidos”, discutió.

En un espacio reducido y todos apretados, los jefes policiales fueron ubicados detrás de los defensores. En la hilera siguiente de sillas fueron sentados los militares de inteligencia y los civiles de inteligencia, quienes eran los que aplicaban los tormentos durante los interrogatorios; mientras que en la tercera y cuarta hileras, en grupo, fueron acomodados los policías rionegrinos.

Sector de imputados, detras de las defensas

La lectura de los casos reveló cómo los detenidos de Cipolletti y Cinco Saltos identificaron entre sus secuestradores a varios de los policías que escondían sus rostros en esta primera jornada, como Saturnino Martínez, Enerio Huircaín, Miguel Ángel Quiñones y Oscar Ignacio Del Magro. Raúl Guglielminetti también fue uno de los más nombrados en cada lectura de tormentos y vejámenes.

Entre otros detalles, la fiscalía puntualizó el “operativo del barrio Sapere”, que “era una preocupación” de los represores “en lo que respecta al funcionamiento de comedores y comisiones vecinales”. Se detalló profusamente cómo los dirigentes vecinales Orlando Cancio, Javier Seminario Ramos, Celestino Aigo y José Francisco Pichulmán fueron salvajemente torturados; cómo fueron sacados de la cárcel de Neuquén por orden de Reinhold y trasladados de ida y de vuelta al centro clandestino por Francisco Oviedo o Enrique Charles Casagrande y, en especial, cómo el 3 de noviembre de 1976 fueron sacados de la cárcel de Rawson y entregados a Farías Barrera con una comisión que venía del Alto Valle, tras lo cual nunca se los volvió a ver.

Por la tarde continuaron las acusaciones

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