2015: ordenaron condenas ejemplares y dar marcha atrás con absoluciones

Tres años después de la sentencia por el segundo juicio, el 15 de marzo de 2015, la Cámara Nacional de Casación Penal consideró que el tribunal impuso “penas exiguas” para los delitos de lesa humanidad que se habían descripto durante el juicio en la denominada causa “Luera”.

Estableció que se había probado la existencia de torturas en la comisaría de Cipolletti y ordenó dar marcha atrás con varias de absoluciones:  por los delitos de tortura a las víctimas que atestiguaron haber padecido palizas y submarinos en la comisaría cipoleña y a los dos acusados que fueron absueltos aunque estuvieron en parte del periplo de secuestro violento y tormentos.

Fue unánime el voto de los jueces Juan Carlos Gemignani, Gustavo Hornos y Ana María Figueroa en revocar la absolución del gendarme Emilio Sachitella por la denuncia de secuestro y tortura de Ernesto Joubert. También coincidieron en que se revocara la absolución del militar Jorge Gaetani como partícipe necesario del secuestro de Virginia Rita Recchia.

La cámara ordenó devolver el expediente al tribunal para que los jueces le fijaran la pena de los que ordenó condenar.

No se pronunciaron en contra de las absoluciones de los comisarios Desiderio Penchulef, Oscar Del Magro, Saturnino Martínez, Enerio Huircaín y Julio Villalobo, y estas absoluciones quedaron firmes. Por “el beneficio de la duda”, también confirmaron la absolución del civil de Inteligencia Serapio Barros.

Otra definición unánime fue que las penas debían ser ejemplares y acordes a los delitos de lesa humanidad que se habían juzgado y cuyos parámetros de padecimientos de las víctimas -modalidad clandestina y organizada- fueron “largamente detallados por el tribunal”, por lo que les ordenó volver a dictaminar para aumentar los años de condenas a los que encontró culpables de desapariciones, torturas, secuestros violentos y extendidos en el tiempo como parte de la persecución política ejercida por el terrorismo de Estado.
Ordenó penas mayores para Raúl Guglielminetti, Antonio Camarelli, Enrique Casagrande, Máximo Maldonado, Francisco Oviedo, Miguel Quiñones y Gustavo Vitón.

La definición de la sala IV de Casación penal abundó en argumentos jurídicos que las víctimas no mentían cuando relataron torturas y desarrolló porqué los elementos recabados en el juicio indicaron que la comisaría de Cipolletti fue un lugar donde se torturó.

En su voto el juez Hornos dijo que el hecho de que algunas de las víctimas secuestradas en Cipolletti no hubieran padecido sometimientos físicos en la comisaría no permitía establecer que otros que aseguraron haber sido torturados salvajemente hubieran faltado a la verdad.

Foto Oscar Livera

Sotto: testimonios sobre la tortura en Cipolletti.27abril 2012

“Las declaraciones pueden ser indicativas de una práctica, pero no pueden funcionar como elemento para desacreditar los testimonios de quienes las hubieron padecido”, dice la resolución y agrega que “las declaraciones de los que no padecieron torturas no pueden contrarrestar el valor de los dichos de aquellos que aseguraron haberlos padecido”. El fallo indica que “no se describieron acabadamente las contradicciones de los testigos sobre el particular y no se señaló cuál sería el disvalor del círculo cerrado (con declaraciones que decían lo mismo) de Sotto, Contreras, Novero, Pailos”.

Agrega que no fue probado el “interés espurio” en las víctimas que dijeron haber sido torturadas en la unidad policial cipoleña. Por estos y otros argumentos, propuso “revocar la absolución de Reinhold, Luera, Olea, Molina Ezcurra, San Martín, Camarelli, Vitón y Quiñones por el delito de tormentos” a los denunciantes Sotto, Novero y Contreras.

La legalidad del juicio y de lo que se juzgó

Los tres jueces dedicaron varias páginas del fallo para reafirmar con antecedentes y jurisprudencia específica -incluso con argumentos complementarios- que el proceso judicial que se llevó a cabo se hizo sin menoscabar el derecho de defensa de los acusados y con un tribunal debidamente habilitado.

Ante la insistencia de las defensas, que desplegaron diferentes argumentos y planteos para sostener que los hechos denunciados habían prescripto, los magistrados enrostraron con firmeza (jurisprudencia de la corte, pactos internacionales firmados por Argentina, acuerdos de jurisprudencia anteriores a la dictadura y elementos jurídicos, fallos y antecedentes del derecho internacional vigente que le atañen al país) que en el juicio se debatieron delitos de lesa humanidad y que son indudablemente imprescriptibles, por lo que las denuncias están en vigencia y pueden ser juzgadas a pesar del tiempo transcurrido.

 

Fallo de la Cámara Nacional de Casación Penal. Marzo 2015

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

Los fundamentos de la condena del Tercer Juicio

El tribunal Oral Federal que condenó a Di Pasquale, Soza, Farías Barrera, Hilarión Sosa y Mario Gómez Arenas el 14 de mayo pasado, dio a conocer hoy a las 13 en el salón de Amuc, la sentencia completa, con los fundamentos del veredicto ya conocido.

La audiencia formal de cierre del juicio se produjo a las 13, con la presencia de la defensora Laura Giuliani, el fiscal Adrián García Lois y el querellante Juan Cruz Goñi.

Matías Subat 11 marzo 2014

 

Porqué sólo le dieron seis años a Soza, cómo valoraron los jueces los testimonios, qué dijeron de las inspecciones oculares, porqué no le creyeron a Di Pasquale. Todo aquí en los fundamentos.

Sentencia Tercer Juicio. Tramo Di Pasquale

 

El juicio que sigue..

Hay tres expedientes que fueron elevados a juicio para un cuarto debate. En total son más de 25 víctimas de las cuales hasta ahora nunca se ventiló su caso. Además de los ya juzgados, se sumó la responsabilidad de policías federales en este proceso oral que no tiene fecha.

Las defensas recusaron al tribunal que designó Casación para  este tramo, compuesto por Eugenio Krom, Richar Gallego y Orlando Coscia, y el trámite ingresó en mayo en la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

 

 

foto: Matías Subat

Sindicato de Prensa de Neuquén

Cinco condenas

Los jueces Leónidas Moldes, Diego Barroetaveña y Richar Gallego condenaron a los cinco acusados por los secuestros y torturas que se ventilaron en este tercer juicio.

Matías Subat

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“Desde la casa de Camarelli se veía todo”

“Desde todos los sectores se puede ver hacia la parte de abajo donde estaba la gente detenida, secuestrada, torturada, desde todas las ventanas de la casa de Camarelli”, afirmó el querellante Marcelo Medrano al término de la inspección ocular en la comisaría de Cipolletti.

Oscar Livera

En el edificio contiguo a la comisaría cuarta de Cipolletti, los jueces recorren lo que fue la casa del comisario Camarelli en 1.976.

El tribunal recorrió los sectores internos de la comisaría cipoleña y luego se trasladó al edificio contiguo, que en 1976 era la vivienda de la familia del comisario. En esa fecha, el jefe de la comisaría era Antonio Alberto Camarelli, quien sostuvo en el juicio anterior que no supo de víctimas de tortura a partir de 1976 allí porque la unidad había sido “copada” por los militares, y no supo qué pudo ocurrir.

En este tercer juicio no había policías rionegrinos imputados, sin embargo, el tribunal consideró importante hacer la inspección ocular como lo hizo antes en el lugar donde funcionó el centro clandestino “La Escuelita”, en la sede de la policía Federal de Neuquén y en la comisaría de Cutral Co.

Oscar Livera

El juez Moldes desde la unidad policial a la casa del comisario, al lado.

“Las inspecciones tanto de La Escuelita, como de la comisaría de Cipolletti, Cutral Co y la policía Federal nos permitió constatar que fueron centros clandestinos de detención y de tortura. Que las víctimas recorrieran a la par nuestro, aunque fuera más doloroso, nos permitió tomar conciencia de que era imposible no escuchar las torturas que se produjeron en la comisaría de Cipolletti”, dijo Medrano.

En su opinión, la recorrida despejó toda duda sobre qué pudo y qué no pudo ver el comisario Camarelli, aunque estuviera “recluido” en su casa. “En la casa de Camarelli supuestamente había una puerta que teóricamente estaba arriba, pero desde todos los sectores se puede ver hacia la parte de abajo”, donde estaban los calabozos. “Desde todas las ventanas”, reafirmó.

Agregó también que se caía el argumento vertido en el anterior debate en cuanto a que la comisaría estaba pegada a una escuela, y que los chicos o los maestros tendrían que haber escuchado algo. “Entre donde estaban los secuestrados y la escuela hay casi una manzana, porque la escuela está sobe el otro sector, casi sobre la calle”, dijo.

La querella del Ceprodh fustigó duramente que no se hiciera la recorrida junto con sobrevivientes que hubieran estado detenidos en esta unidad policial, como ocurrió con Cutral Co, La Escuelita o la oficina de la Federal en Neuquén.

Oscar Livera

Ivana Dal Bianco, Natalia Hormazabal (Ceprodh) y Marcelo Medrano (secretaría de Derechos Humanos de Nación.

“Aquí funcionó un centro de torturas a pesar de que el año pasado en el juicio anterior se garantizó la impunidad a la policía de Río Negro. Pudimos ver la casa de Camarelli que es la que está arriba, desde donde se ve todo, se escucha todo, los calabozos están de allí a corta distancia; ellos eran parte de ese centro de torturas adonde trasladaban a los compañeros”, dijo la querellante Ivana Dal Bianco.

La recorrida no fue con sobrevivientes

Cipolletti fue la única inspección ocular sin participación de sobrevivientes que hubieran pasado detención en ese lugar. Hubo víctimas que estuvieron en la vereda, pero se trataba de personas que habían sido detenidas en Cipolletti y sus causas no formaron parte de este tramo, como el caso de Gladis Sepúlveda -su caso está en el juicio que se realizará en Bahía- o Eduardo París, cuyo caso de secuestro y torturas aún no llegó a juicio.

Oscar Livera

Los jueces en la zona de ingreso a la guardia de la comisaría de Cipolletti

“En realidad se hicieron las inspecciones oculares de los cuatro lugares que funcionaron como centros clandestinos, pero en este tramo que se está juzgando no hay imputados que sean de la comisaría de Cipolleti, sino del Ejército y Soza, que es de la policía Federal”, explicó Medrano.

Para el Ceprodh, fue el tribunal “el que no permitió la presencia de sobrevivientes, que hubiera sido un aporte importante como el resto de las inspecciones oculares”. Insistió en que “la prueba la siguen aportando los sobrevivientes, no es el Estado porque no abre los archivos de la dictadura, no es la policía porque siguen escondiendo la verdad de lo que pasó, son los sobrevivientes; se condena a los genocidas por las pruebas que ellos aportan”.

Sostuvo que la recorrida en Cipolletti demostró que los croquis que armaron los sobrevivientes, como los hermanos Pailos “son dibujos que coinciden exactamente con lo que fueron estos lugares”.

Oscar Livera

Los jueces aseguraron que los autorizados a recorrer el lugar, no fueron.

Según sostuvieron los jueces Leónidas Moldes, Diego Barroetaveña y Richar Gallego, “fue una medida muy importante” la que se obtuvo al término de las inspecciones. Con respecto a la no presencia de testigos – víctima en Cipolletti, los magistrados fueron taxativos al indicar que “no vinieron las personas que estaban facultadas para hacerlo (la inspección). No hubo una decisión contraria, las que son partes pueden intervenir, y no vinieron”.

 

Oscar Livera

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén, marzo 2014-

fotos: Oscar Livera

Revivieron el “Operativo Cutral Co”

A 38 años de los secuestros y tormentos sufridos por una veintena de vecinos en la noche y madrugada del 14 y 15 de junio de 1976, Dora Seguel y Pedro Maidana, dos de las víctimas del denominado Operativo Cutral Co, recorrieron las oficinas, pasillos y el patio de la Comisaría 14.

Oscar Livera

Seguel y Maidana dijeron que se han operado cambios significativos en el edificio respecto de la época de los hechos. No obstante “por suerte pudimos señalar en qué lugares nos tuvieron detenidos, en qué lugares nos torturaron y por dónde nos hicieron realizar los recorridos dentro de la comisaría”, dijeron luego de la diligencia de alrededor de treinta minutos ante un grupo de dirigentes de organismos de defensa de los derechos humanos, abogados que llevan adelante la querella, familares. Se sumó el intendente cutralquense, Ramón Rioseco.

La recorrida, al mediodía, la encabezaron los miembros del tribunal, el presidente Leónidas Moldes y los vocales Diego Barroetaveña y Richar Gallego, con la participación de la secretaria Sivina Domínguez, los defensores oficiales Laura Giuliani y Pablo Matkovic, el fiscal Marcelo Grosso y los querellantes, de la secretaría de Derechos Humanos Marcelo Medrano, del Ceprodh Natalia Hormazábal e Ivana Dal Bianco y la Asamblea por los Derechos Humanos de Neuquén y Río Negro, Juan Cruz Goñi.

Tres grandes pancantas ubicadas en la vereda reflejaron, con fotos y textos, tres escenas, dos históricas de los progonistas y una actual: Arlene Seguel -aún desaparecida- recibiendo un premio de manos de su madre; el grupo de jóvenes que militaba en la parroquia Cristo Obrero; y la gran placa colocada en la puerta de la comisaría el año pasado con el título “Aquí se cometieron crímenes de lesa humanidad”.

Oscar Livera

Los secuestros aquella vez comenzaron con las detenciones jóvenes estudiantes secundarios de las aulas en pleno dictado de clases, en la tarde-noche y continuaron toda la madrugada en distintos domicilios de Cutral Co y Plaza Huincul. Las víctimas han relatado que fueron blanco de torturas mientras les hacían los primeros interrogatorios.

En celulares de la policía de Neuquén y rodados del Ejército Argentino, ya con la luz del día, las víctimas fueron luego derivadas a Neuquén donde quedaron detenidas ilegalmente, en diversas dependencias y el centro de detención clandestino y torturas La Escuelita, montado en predios del Batallón 181 del Ejército, en ruta 22.

 

“Impregnado de dolor y horror”

“Reconocimos la oficina del comisario Mendoza, donde nos interrogaron. Se mantiene como entonces”, dijo Dora Seguel para abrir un relato cargado de emotividad, salpicado de lágrimas pero contundente.
“Es desgastante -el reconocimiento-, agotador pero es tan importante y necesario que se nos escuche y se sepa que este lugar jamás pueda ser citado como un lugar… bello. Porque sus paredes tienen impregnadas el dolor y el horror de todos los compañeros que pasaron por acá”, señaló Dora.

 

Oscar Livera 10 marzo 2014

“Hemos reconocido el lugar donde la mayoría de nosotros estuvimos secuestrados, después de ser sacados de nuestros ámbitos naturales y sometidos a vejámenes y maltratato que significó que algunos termináramos en la cárcel y otras como víctimas de desaparición forzada. Porque muchos de esos compañeros no aparecieron más”, dijo Maidana.
Agregó que más de 60 vecinos fueron víctimas de la razia que se practicó en esas jornadas en la comarca petrolera “por el gobierno militar del dictador Videla y esa misma noche o al otro día fueron largados cargados de miedo y de terror después de sufrir tanto vejámen, en medio de la indefensión”.
Relató que las detenciones apuntó particularmente a jóvenes estudiantes, pero que también incluyó a trabajadores y sindicalistas y a personas que militaban en distintas organizaciones sociales.
“En esa época Cutral Co era un pueblo con mucho activismo, que luchaba por sus derechos y por mantener las conquistas sociales y yo era partícipe de esa actividad”, comentó.
Seguel y Maidana resaltaron la actitud de los jueces por haber aceptado visitar los lugares donde fueron detenidos y torturados y escuchar sus relatos de cómo sufrieron “esa represión”.
“Los cambios -en la comisaría- son muy grandes. Pero por suerte la memoria no nos falló, pudimos hacer el recorrido y señalar en qué lugar nos tuvieron detenidos, dónde nos torturaron y por dónde nos hicieron hacer los recorridos dentro de la comisaría”, comentó Seguel.

Oscar Livera
Añadió que se mantiene la oficina del comisario Mendoza, que fue donde se los interrogó y torturó, remarcó.
Un espacio del relato Maidana lo destino al pasaje cuando, en medio de la tortura, intentó zafar de sus captores y corrió hacia el patio primero y luego la cale, frente a la comisaría.
“Me sacaron vendado y atado para llevarme por un destino incierto. En ese patio había un auto en el que intentaban sacarme. Y ahí fue cuando me escapé vendado por el patio, pero en el asfalto me detuvieron los militares a los culatazos y de me subieron a un camión… Un Unimog, un (camión Mercedez Benz) 1114, no sé”.

Oscar Livera
Los aplausos y abrazos cerraron los relatos de Seguel y Maidana.

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén – marzo de 2014

Fotos: Oscar Livera

 

Inspecciones oculares

Hoy lunes el Tribunal Oral Federal finalizará las inspecciones oculares en los centros clandestinos de detención.

Los jueces Leónidas Moldes, Diego Barroetaveña, Richar Gallego y Luis Lozada se constituirán a primera hora en Cutral Co,  en la comisaría, y por la tarde lo harán en la comisaría de Cipolletti.

 

Oscar Livera

La comisaría de Cipolletti el año pasado, durante la señalización como centro clandestino.

 

La inspección ocular en ambas comisarías donde permanecieron desaparecidos una gran cantidad de víctimas de la causa, será la finalización de las pericias. En Cutral Co está previsto a las 12, y en Cipolletti a las 17.

Señalizacion Cria 4ta Cipolletti Río Negro 30 mayo 2013 SPN

El martes, a las 9, las audiencias continuarán en la sede de Amuc del Tribunal Oral Federal, con las declaraciones del ex militar de inteligencia, Jorge Di Pasquale (otra vez) y del ex subcomisario de la delegación federal de la policía neuquina, Jorge Soza; según anunció la defensora oficial Laura Giuliani.

 

Oscar Livera

Señalización del centro clandestino, mayo 2013-

 

La continuidad de las audiencias serán el 19 , 20 y 21 de marzo con los alegatos de la acusación (querellas y fiscalía), mientras que el 3 y 4 de abril será el turno de los alegatos de las defensas de los acusados.

El 8 de abril será el tiempo de que los acusados digan sus últimas palabras y se conozca la fecha del veredicto

 

Oscar Livera

Mario Gómez Arenas, Jorge Soza, Luis  Farías Barrera, Jorge Di Pasquale, Hilarión Sosa en la apertura del juicio, 17 y 18 de octubre de 2.013.

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

Marzo de 2014

fotos: Oscar Livera

En la Federal, Balbo reconoció la mesa donde fue torturado

“Esa era la mesa, tenía solamente la tabla de arriba porque le cambiaron las patas”, dijo “Orlando” Nano Balbo al finalizar la inspección ocular en la delegación neuquina de la policía federal; el lugar donde Raúl Guglielminetti le reventó los tímpanos en la tortura de marzo de 1976.

Matías Subat

La inspección fue por la tarde en el lugar que fue considerado como centro clandestino de detención y tortura durante la última dictadura cívico-militar.

Balbo reconoció el interior del edificio, el sótano y la mesa donde lo interrogaron y atormentaron durante su cautiverio. En rueda de prensa  confirmó que “ahora la mesa está en una construcción nueva, que está al fondo”.

“Les dije `esta es la mesa`, entonces ahí se empezaron a buscar los números de la mesa; aunque la pata es otra, está apoyada”.

Matías Subat

Son los últimos tramos del tercer juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

El recorrido fue encabezado por los integrantes del Tribunal Oral Federal, que fueron acompañados por los abogados de la Fiscalía, la querella, la defensa.  “Nano” Balbo,  fue junto con su hija para que le ayudara en la comunicación con los jueces.

Matías Subat

Nano quedó sordo luego del paso por la Federal en marzo de 1976.

El explicó que “ésta no es una visita que yo haya elegido, pero el tribunal me hizo sentir bien y empezó a tener sentido lo que estaba haciendo” y agregó que “esta vez me dije, esta vez de acá salgo por mis propios medios; la otra vez no sabía, entonces fue para darle sentido y cerrar una etapa”.

Indicó que “a título personal para mí es bueno; si eso contribuye a la causa, si esto contribuye a lo que espero del juicio, eso escapa de mi”.

Sobre la inspección señaló que “me pidieron que haga un croquis de la mesa, hago un formato sin darme cuenta, era la mesa; lo que se conserva es la tabla, le han cambiado las patas, es una mesa de 3,75 porque la midieron, la van a buscar en el inventario”.

Tribunal en inspeccion ocular en La Federal

Balbo recordó que “Guglielminetti se sentaba en la punta de la mesa, siempre al alcance de su mano, iba a mi cara a cada rato”. “El sótano no aparece, está sellado; ahora sí, desde afuera estoy convencido, está ahí o lo rellenaron; porque era de las dimensiones de esa oficina”, sostuvo señalando la ubicación actual.

Explicó que “arriba había una oficina y abajo el sótano, tenía la altura de una habitación normal, a punto tal que la napa freática la había llenado de agua; el sótano estaba en desuso porque tenía una buena cantidad de agua y a nosotros nos dejaban en la escalera porque no había lugar donde ponernos”.

Matías Subat

También mencionó que “el pasillo que yo transité no está más; la puerta del sótano no está más y el sótano no está más; pero estoy seguro que está ahí, porque estoy seguro que es la última parte de la construcción”.

Balbo aseguró que “había algún tipo de luz, porque cuando se acostumbró mi vista, pude ver detalles; vi una puerta vieja reciclada, que es la del sótano, idéntica, solo que aquella era ciega y esta no es ciega; es una construcción de puerta de hace cincuenta años con un pedazo fileteado, labrado”. Además indicó que “el sótano no aparece, no hay planos originales, aparentemente hay planos de la reforma”.

Al recordar su ingreso como detenido al edificio, Balbo señaló que “Guglielminetti me tapaba y básicamente era para no ver a los detenidos” y se preguntó “cómo puede ser que los gritos de los torturados pueden estar apagados con la cantidad de paredes que se han levantado; si alguien se pone a gritar, fíjense el ancho que tiene la casa hacia atrás, tenía cuatro metros de dormitorios, dos metros de pasillo, cuatro metros más, en total diez metros y se acababa la construcción; un grito ahí tiene que escucharlo todo el vecindario”.

Orlando Balbo y Labrune Inspeccion en la Federal

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén

fotos: Matías Subat

“Los que estaban en el Batallón sabían lo que pasaba acá”

La inspección ocular en el predio donde funcionó La Escuelita permitió determinar la cercanía entre el centro clandestino de detención y parte de las instalaciones del Batallón de Ingenieros 161 (ex 181). Víctimas que estuvieron en el lugar ubicaron la disposición de la construcción, paredes que ahora son escombros y un álamo donde eran golpeados.

Oscar Livera

Ingreso al lugar desde la ruta 22 por la continuidad de la calle Chaco, en terrenos del Batallón.

El miércoles a la mañana se realizó la primera inspección ocular oficial en La Escuelita encabezada por los jueces Leónidas Moldes, Diego Barroetaveña y Richard Gallegos, quienes integran el Tribunal Oral Federal (TOF) que está llevando adelante la tercera etapa de los juicios por crímenes de lesa humanidad en la región.

Oscar Livera

Los jueces en el terreno donde estaba el edificio de “La Escuelita”

Participaron también los fiscales Adrián García Lois y Marcelo Grosso, los abogados defensores y los querellantes. Se había autorizado la asistencia de los imputados, pero ninguno asistió.

 

Matías Subat

Oscar Paillalef y Pedro Maidana – inspección ocular en “La Escuelita”

Los testigos y víctimas que recorrieron la zona fueron Rubén Ríos, Luis Genga, David Lugones, Dora Seguel, Isidro López, Oscar Paillalef, Benedicto Bravo y Pedro Maidana. También lo hicieron las Madres de Plaza de Mayo del Alto Valle Inés Ragni y Lolín Rigoni, Oscar Ragni, Nora Cortiñas (Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora), Enrique Fukman (sobreviviente de la ESMA), familiares, organizaciones sociales, de derechos humanos y medios de prensa.

Matías Subat

La Madre Nora Cortiñas (línea fundadoras), el sobreviviente de la Esma Mario Fukman y la Madre Lolín Rigoni, madres Alto Valle.

“Me comentaban algunos de los jueces que estaban sorprendidos de la corta distancia que había con el Batallón, ellos pensaban que era más. Los que estaban en el Batallón sabían lo que pasaba acá”, comentó Lugones, quien estuvo detenido y fue torturado en La Escuelita, y además participó del primer recorrido que realizaron (sin autorización) en abril de 1984.

Oscar Livera 19 febrero 2014

El sitio donde funcionó el centro clandestino. Las edificaciones de atrás son del cuartel del Ejército, Batallón 161 (ex Batallón 181 en 1976)

Relató que cuando los sacaban de la construcción principal para llevarlos a un galpón (que había estado ubicado hacia el fondo y más cerca del río Limay), los hacían agachar mucho. “Había soldados haciendo guardia (en el Batallón), entonces no querían que nos vean cuando nos llevaban al lugar de tortura”, agregó. Según se pudo calcular, entre el alambrado perimetral del Batallón y lo que fue La Escuelita hay entre 50 y 100 metros.

 

Matías Subat

Inspección ocular en “La Escuelita” de Neuquén

Lugones también identificó un álamo contra el que eran golpeados cuando los sacaban para torturarlos. “Cuando hicimos el reconocimiento de 1984 alguien comentó que le chocaban la cabeza contra un árbol cada vez que lo sacaban para torturarlo, esposado y vendado, y le hacían agachar mucho la cabeza. Y cuando dijo eso del álamo, recordamos que a todos nos hacían eso. En el 84 vimos al costado este álamo, este viejo álamo que ya esta caído era el álamo donde nos golpeaban la cabeza. Estaba justo en el trayecto al lugar de tortura, quizás sería una diversión para ellos”, relató Lugones mientras señalaba el árbol seco en la parte derecha del lugar donde estaba La Escuelita. Los restos del centro clandestino están a unos 300 metros de la calle Luis Beltrán, por calle Chaco, y yendo hacia el río a mano derecha.

Matías Subat

Genga fue otra de las víctimas que reconoció espacios y ruidos. A él lo sacaron en un momento afuera y sintió el sonido del agua. Cuando realizaron la inspección pudo ver que a unos metros hay una laguna y un curso de agua que aumenta cuando crece el Limay. “No estaba a más de siete metros, ahora lo vemos a unos 15 metros, pero creo que antes el curso estaría más acá”, describió Genga. “La búsqueda de justicia hay que hacerla a fondo y esto sirve para que los jueces tomen verdadera conciencia de lo que están juzgando. Que puedan identificar el lugar y crean en nuestro testimonio”, remarcó sobre la importancia de la inspección ocular.

Matías Subat

Por su parte, Noemí Labrune, de la APDH, aseguró que el recorrido tiene importancia “para que la sociedad se apropie de este tema, para evitar su repetición”. Ella y el obispo Jaime de Nevares organizaron el primer reconocimiento en abril de 1984. Recordó que con la vuelta de la democracia se autorizaron recorridas por centros clandestinos, pero al hacerse oficial, los mismos eran tapados, escondidos o demolidos. “A nosotros no nos iban a pillar con esto, en vez de pedir autorización nos pusimos a investigar cómo podíamos entrar”, indicó. En ese momento participaron siete sobrevivientes, además de las comisiones de Derechos Humanos de Neuquén y Río Negro, la APDH, la Conadep, Canal 7 y el diario Río Negro. “Esas siete personas seguro que tenían miedo, pero hicieron un acto de valentía cívica. Y esto es la continuación”, sostuvo Labrune.

 

Matías Subat

 

 

 

Fotos: Oscar Livera – Matías Subat

Centros clandestinos de Neuquén

El miércoles 19 de febrero a las 10, la audiencia de debate del Juicio se reanudará en el Batallón 161 (ex BIC 181), con la inspección ocular a lo que queda del centro de torturas conocido como “La Escuelita”.

NEUQUEN -LA ESCUELITA

En abril de 1984 un grupo de sobrevivientes, con los diputados neuquinos que integraban la “comisión por la Memoria” y la Conadep,  llegó “de sopetón” y por el río al edificio en el que se llevaron a cabo los tormentos.

La construcción fue demolida en la década del 90.

Desde aquella histórica incursión, será la primera inspección ocular que se llevará a cabo en el lugar con la presencia del tribunal, de testigos – víctimas de las torturas, fiscales, defensas y posiblemente con la varios de los acusados en el lugar, según se autorizó.

La recorrida incluirá a la prensa y la resolución del tribunal convocó por la mañana en Chaco y la ruta 22 para la inspección ocular en “La Escuelita”; y a las 15 en Santiago del Estero, delegación de la policía Federal, para la inspección judicial del lugar que funcionó como centro de torturas a partir del 24 de marzo de 1976.

 

fotografía: Raúl Rodríguez (fotógrafo y documentalista, fallecido)

Sindicato de Prensa de Neuquén

Los Ragni por Oscar

Antonio Oscar Ragni y la madre neuquina Inés Rigo de Ragni serán los protagonistas de la primera jornada de reapertura del Tercer Juicio por delitos de lesa humanidad de Neuquén este jueves con el testimonio por la desaparición de su hijo Oscar Alfredo Ragni.

 

Matías Subat

 

Para el 6 de febrero está prevista también la declaración de David Lugones, sobreviviente del centro neuquino de detención clandestina que a los 19 años compartió el cautiverio en tiempo y lugar con Oscar Ragni.

 

oscar ragni

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Di Pasquale no dijo dónde estan los desaparecidos

El ex oficial de inteligencia Jorge Héctor Di Pasquale respondió todas las preguntas que tanto los jueces como querellantes y el fiscal Adrián García Lois le preguntaron, sin embargo, no aportó datos sobre quiénes llevaron a cabo los secuestros y las torturas en Neuquén y Río Negro, quién o quiénes planificaron y ejecutaron los operativos de detención masiva que hubo en Cutral Co, ni aclaró cuál fue el destino final que tuvieron los siete desaparecidos, además de las circunstancias que vivieron el resto de las víctimas por las cuales afronta el actual juicio.

Matías Subat

Como la indagatoria es procesalmente un acto de defensa, no estuvo obligado a decir la verdad o declarar en su contra. Se sentó, y con soberbia y autosuficiencia, pidió que le preguntaran todo lo que las partes quisieran, a sabiendas de que no iba a responder lo que se le pedía.

 

Di Pasquale volvió a insistir que el tribunal civil no tendría que intervenir en su juzgamiento, acusó al fiscal García Lois de desconocer la historia reciente y no entender el rol del Ejército durante la dictadura militar e insistió incontables veces en que como oficial de inteligencia del Ejército no tuvo relación en Neuquén con la denominada “lucha antisubversiva”, sino que en 1976 y 1977 se dedicó sólo a “reunir información sobre el Ejército chileno”, en el marco del conflicto que en 1978 tuvo su máxima tensión con el vecino país.

 

Insistentemente se quejó de que los jueces no le permitieron llevar como testigo al ex jefe montonero Fernando Vaca Narvaja, porque consideró que si él (Di Pasquale en su acto de defensa) lo interrogaba, “luego de una charla con él como testigo, podríamos solucionar los problemas de la sociedad”.

 

Aunque su jefe inmediato en 1976, el teniente coronel Mario Alberto Gómez Arena, era a su vez el mismo jefe del civil de inteligencia Raúl Guglielminetti (reconocido por las víctimas en los secuestros y torturas, tanto en La Escuelita como en la Federal), Di Pasquale convenientemente sostuvo que no trabajaba con Guglielminetti y que pensaba que era un policía federal.

 

Para Di Pasquale, el destacamento de Inteligencia 182 -que funciona aún hoy a un costado del Comando- sólo se dedicaba a buscar agentes de la DINA -Dirección de Inteligencia de Chile- en la región y aunque era un “puesto alternativo de comando” no tuvo intervención en los operativos que largamente detallaron los sobrevivientes en las audiencias.

 

“No sé si lo que dicen es cierto o no es cierto, debe ser cierto, pero no es responsabilidad mía”, dijo Di Pasquale cuando se le preguntó a qué atribuía los testimonios y denuncias que había escuchado en el juicio.

 

Cuando se le preguntó específicamente quién realizaba en Neuquén esta tarea, si él negaba que el destacamento 182 realizara los operativos de secuestro y las detenciones en “La Escuelita” que el comandante José Luis Sexton reconoció que hubo en Neuquén, el ex militar respondió irónico: “eso lo tendría que contestar Sexton (que está fallecido), deben haber sido pedidos que le hacían a Neuquén desde otras jurisdicciones, las cosas que yo llevé a cabo no consistieron delito; si cometí algún error, me tendrían que haber sancionado. Era un problema de Sexton, no era un problema mío ni del destacamento”,

 

Cuando se le preguntó por qué en una nota firmada por él en la que reivindicaba el levantamiento ‘carapintada’ de 1987 en protesta por las causas penales que se habían iniciado contra los que perpetraron secuestros y torturas, mencionaba su rol de “lucha contra la subversión”, y ahora lo negaba, Di Pasquale buscó la salida de la “obediencia debida” e insistió en plantear que en 1987 había 850 oficiales y suboficiales acusados de delitos de lesa humanidad “y los responsables, como los generales, no se hacían cargo; y que por esto habían formado un “movimiento nacional” para indicar que de lo que se les acusaba “eran actividades propias del mando”.

 

En la misma línea, insistió en que “no intervine en secuestros, interrogatorios ni torturas durante los años 1976 y 1977” cuando estuvo en Neuquén”, y que el destino de los desaparecidos “se lo tendrían que preguntar a Sexton. No recibí ni di ninguna orden de aniquilar; no puede existir jamás un plan”, dijo Di Pasquale e insistió en asegurar que en ese tiempo seguía a supuestos militares chilenos que hacían inteligencia en la zona o que movían tropas del otro lado de la cordillera. Finalizó su intervención diciendo que “el plan Cóndor no existió”, cuando se le preguntó si en su labor de inteligencia tuvo relación con militares chilenos que buscaban activistas en esta región.

 

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

Foto: Matías Subat

“Eran tan terrible los golpes, que deseaba llegar a la sala de torturas”

Benedicto del Rosario Bravo militaba en el peronismo en 1976 y había adherido al Partido Auténtico, y “en la creencia de que no iba a ser tan horroroso como ocurrió”, sacó un comunicado político repudiando el golpe cívico-militar de ese año.

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“En septiembre de 1976 comenzó el hostigamiento, habían secuestrado a Patricio Dillón del Quintu Panal y firmé un comunicado en contra del golpe. Me llegó una citación la policía de la comisaría tercera de Roca, que me decía -escrita a mano- que me tenía que presentar en el Comando” de Neuquén.

 

Cuando se presentó en el lugar “el de la mesa de entradas sacó a los soldados -conscriptos en servicio obligatorio- y entraron tres oficiales; dos me agarraron por las manos y el tercero me dio un golpe que me aturde y cuando me estoy despertando estaba vendado, en el piso de un auto y con un borseguí en la cabeza”, le dijo al tribunal.

 

Benedicto Bravo dijo que como electricista, sabía que estaba a bordo de una Ika Gladiator doble cabina. Así lo llevaron a “La Escuelita”, donde fue esposado a un camastro y reconoció las voces de Oscar Paillalef y de Enrique Teixido. Mientras permaneció desaparecido, todos los días fue llevado al galpón de chapa. Los guardias le pedían que se agachara y le pegaban cuando lo hacía; que corriera, y cuando lo hacía pisaban las cadenas que ataban sus pies y se caía; y cuando se agachaba porque así lo exigían, le pateaban fuertemente en “el culo” como para que quedara a un par de metros de bruces, al estar con las manos encadenadas y los ojos vendados. “Cada vez que me llevaban, era terrible, lo único que quería es llegar a la sala de torturas porque no daba más, era un descanso llegar a la sala de torturas para que no me pegaran más”, dijo Bendicto.

 

En el galpón de chapa nunca hubo preguntas, “sólo se reían de mi vida personal, conocían detalles de mis cosas, de mi vida, me ponían un cinturón con electrodos mojados en la cabeza y decían: ‘dale manija’. Escuchaban radio de Cipolletti y tomaban mate en otro lado”, describió.

 

En la tortura donde no había preguntas sino “manija”, Benedicto “no podía ni gritar, porque la picana me achicaba la lengua y se ponía gruesa. Cuando salí, no le dije nada a nadie, ni siquiera a mis hijos, no porque me hiciera mal, sino por no infundir temor o miedos en ellos”. Opinó que “el miedo es parte del ser humano, lo único que intenté siempre es que no se transformara en cobardía”, y por eso dialogó con uno de los represores que había en “La Escuelita” el día que lo retiraron del centro clandestino. Lo llevaron junto con Paillalef al Comando y de allí lo liberaron. “Me dijo ‘acá tenés tu DNI y plata para que te vayas en colectivo (a Roca), estuve hablando y no tenemos nada’. ¿Y usted quién es?, le pregunté, entonces respondió: ‘yo soy el mayor Farías Barrera’”.

 

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Pido Justicia

 

“Así fue lo que viví, pero luego no podía ni trabajar en el taller de electricidad, porque cada uno que entraba yo me iba a esconder, porque pensaba que me iban a llevar. Así fue que con mi patrón quedamos en que me iba por un tiempo, y durante un año me fui a trabajar a Chile. Si me hubiera quedado en Roca, no sé si me hubieran ido a buscar otra vez; en Chile me sentí acompañado por el pueblo chileno en plena dictadura de Pinochet; también me sentí acompañado por la Iglesia: sé que hubo dos Iglesias, a mí me tocó una, la de Hesayne (Miguel Esteban, obispo de Viedma) que siempre fue cercana a mis principios cristianos y peronistas. No estoy acá por ego de decir que éramos mejores, ni para dar lástima; sólo vengo por el compromiso de que los juzguen, porque así nos vamos a convertir en un país con dignidad. “No vengo por odio ni venganza, sólo por Justicia. No podemos olvidar un genocidio porque sino veremos el odio, la venganza y la tortura como algo natural”, insistió Benedicto Bravo ante los jueces.

 

 

 

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

 

“El cielo más azul de mi vida”

Oscar Paillalef tiene 63 años y esta fue la segunda declaración que hizo en los juicios que se llevan a cabo por los delitos de lesa humanidad en Neuquén y Río Negro.

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Fue detenido a los 26 años por una patota que lo secuestró y lo vendó cuando se presentó (por una citación in voce que le hizo la policía de Río Negro en su casa en Roca) en el despacho de Oscar Lorenzo Reinhold, el 19 de septiembre de 1976 por la mañana. Fue vendado y llevado directamente a la tortura en “La Escuelita”, donde permaneció desaparecido más de 10 días. Luego quedó detenido en la U9 y terminó su periplo de humillaciones en Rawson, el penal que los sobrevivientes describen como el de los golpes y la tortura psicológica permanentes.

 

“A media cuadra me esperaba mi familia. Ese día he visto uno de los cielos más azules que he visto en mi vida”, recordó.

 

Con la venda puesta, desde el Comando lo llevaron al entonces Batallón 181 en septiembre de 1976. “Reinhold me dijo que necesitaba hacerme un interrogatorio; tenía una vida pública en Roca y no nos ocultábamos, éramos de la Juventud Peronista”, dijo ante los jueces.

 

Describió que ni bien se fue su padre del lugar “una patota que estaba contigua a su despacho me ata con cadenas, me vendan, eran tres o cuatro; dieron muchas vueltas como para perderme pero igual me di cuenta que estábamos camino al Batallón; allá pidieron permiso para entrar, me bajaron a los golpes y me ataron a una cama de pies, manos y también por el cuello con una cadena”, describió.

 

Los guardias de la “Escuelita” lo golpearon continuamente y también “nos amartillaban un arma en la cabeza”, mientras estaban en los camastros. A los golpes también lo llevaron a una dependencia afuera, hecha de chapa, “siempre a los golpes, donde había una cama en la que se hacía el interrogatorio”.

 

El torturador que se identificaba como “Pedro” y un ayudante le preguntaban qué hacía y a qué personas conocía. “Me ponían cables en las muñecas y en las sienes y con una maquinita le daban corriente: el cuerpo se contorsiona, se levanta, a uno se le traba la lengua y se siente que le estalla la cabeza, es una sensación muy desagradable”, describió Oscar.

 

Los días transcurrieron de la misma manera. En la radio, a todo volumen, se anunciaban las actividades por el día del estudiante. El testigo recordó que durante la permanencia en “La Escuelita” había “un gordo que aparte de pegar mucho, nos amartillaba en la cabeza, cada vez que nos llevaba al baño nos daba muy duro en la cara y el cuerpo, y se agitaba. Día de por medio, aparecía Pedro” y volvía la sesión de picana en la casilla de chapa.

 

El último día

 

“El último día que estuve allí me llevaron a la sala de chapa, pero me hicieron dar vuelta y ver unas fotografías donde estaba mi hermano, era la foto del documento. Me sacaron una foto y me decían que era candidato a que me tiraran al lago Pellegrini; apareció alguien al que le decían jefe, que hizo preguntas médicas y que dijo que como estábamos, parecíamos todos muertos. Me pusieron una manta, me sacaron las esposas que ya me habían cortado la piel y me subieron a una camioneta vendado junto con Benedicto Bravo, a quien conocía de Roca. Bajamos en el Comando y Benedicto hablaba algo con el gordo que pegaba muchísimo y se agitaba; y luego me llevaron a una sala donde había uniformados de azul (penitenciarios) y me llevaron a la U9, donde permanecí hasta febrero de 1977, cuando me llevaron a Rawson”.

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Cárcel y malas noticias

 

Paillalef describió que mientras permaneció en la U9 como preso político, supo que en noviembre llegaron de Rawson Teixido, Ledesma, López y Cáceres, y que fueron de allí llevados a “La Escuelita” para volver dos o tres días después. “López tenía la espalda destruida, era un tajo al lado del otro”, describió.

 

Dijo que para cuando se lo llevaron a Rawson, en febrero, ya sabía que allá habían desaparecido Orlando Cancio y Javier Seminario Ramos. “Supimos de su desaparición, fue anterior a nuestra llegada a Rawson”, aseguró.

 

En la cárcel sureña “todo era golpes y humillación permanente; todo un sistema preparado para destruirnos; desde que llegamos nos recibió la patota de la requisa que nos bajó a palos del camión. La humillación no sólo era para nosotros, sino también para nuestros familiares que iban cada 45 días a visitarnos y sufrían requisas espantosas y humillantes para luego hablar con nosotros a través de un tubito que pasaba por un vidrio” describió.

 

Paillalef analizó que con la detención y tortura “querían destruir todos los valores de nuestro país, a todo el que tenía alguna actividad. Nosotros hacíamos trabajo en los barrios, tareas como conseguir el gas para los vecinos, mejorar la salita, era un orgullo pertenecer a la Juventud Peronista y se intentó destruir todo eso”.

 

 

 

Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

Genga: “Los interrogatorios eran brutales”

Luis Alfredo Genga era el director de la escuela 50 de Cipolletti,  que en la zona era conocida como “la de Confluencia”, cerca del puente carretero. El 25 de marzo de 1976, al día siguiente del golpe cívico-militar que encabezó Jorge Videla, lo fueron a buscar a la casa que ocupaba dentro del establecimiento educativo.

Matías Subat

El no estaba pero le revolvieron todas sus pertenencias y le llevaron objetos personales: libros, cartas, fotos. Los uniformados habían actuado con suma violencia, atemorizando a las maestras y los alumnos.

Entre las cosas que le llevaron había documentación del gremio de los docentes, Unter, de la que había sido uno de los fundadores y era secretario general en aquel entonces. También era dirigente de la Ctera, la organización de los maestros a nivel nacional.

“Que se presente en la comisaría”, fue la orden que le dejaron a la maestras para Genga. Pero conocedoras de que se producían secuestros, le juntaron su ropa, le dieron “dos sueldos” y le sugirieron que se fuera del país.

“No me quería ir, así que me presenté en la comisaría. Me esperaban Camarelli (Antonio, comisario) y otro de apellido Vitón (Gustavo, militar asignado tras el golpe para comandar la zona). No me torturaron, pero fui sometido a un insidioso interrogatorio difícil de soportar”, relató ante los jueces.

Las preguntas giraban en torno a su condición de gremialista y le pedían datos de otros dirigentes, de Alfredo Bravo que dirigía la Ctera, y de las autoridades del sindicato docente de Neuquén.

Lo liberaron, pero en septiembre de ese año, cuando estaba en la casa de Cristina Botinelli junto con Silvia, hermana de Cristina y desde entonces su pareja, y un amigo de apellido Villafañe, fueron secuestrados por dos personas -entiende que habría más afuera de la casa-, quienes actuaron con suma violencia, particularmente contra él, a quien golpearon con un arma y los desmayaron.

Previo paso por lo que cree era la comisaría de Cipolletti, los llevaron a La Escuelita que funcionaba en los fondos del Batallón en Neuquén.

Reconoció el lugar porque había ido previamente a buscar materiales de construcción que el Ejército aportaba para la escuela. Puntualmente ubicó lo que fue el centro clandestino de detención y tortura porque, en esas ocasiones en que fue a buscar cemento, hierros y otros elementos, lo identificó como la caballeriza. “Era un lugar donde había habido algo relacionado con animales”, relató.

Contó que ahí, junto con las hermanas Botinelli y Villafañe, los tuvieron dos semanas y fueron sometidos a “interrogatorios brutales”, en los cuales, en su caso, lo castigaban con tormentos hasta hacerle perder el conocimiento.

“Cuando me desperté, uno me pegaba en la planta de los pies. Primero pensé que era una reacción de mi cuerpo ante el castigo recibido, pero me di cuenta que era torturado”, dijo.

Matías Subat

Comentó que pensó que pudo haber un médico presenciando las sesiones de tortura, pero que obviamente en ese momento no lo supo. “Después sí supe que había habido un médico”, señaló.

El médico que actuaba en el Batallón era Hilarión de la Pas Sosa, uno de los imputados en el juicio.

Dijo que entre los 18 ó 20 detenidos que había en La Escuelita, reconoció a Marta Decea, de Cinco Saltos, y al doctor Enrique Teixido, de General Roca. A éste, señaló, en una ocasión le pidieron que revisara a Decea, que padecía dolores y sugirió una medicación.

“Cuando estaba en el límite de la resistencia durante las torturas, venía luego el interrogatorio. Cuando había pasado la parte más cruenta del interrogatorio aparecía una persona que se identificaba como Pedro. Pedro aparecía como el más manso y empezaba a hablar calmo”, dijo.

Añadió que (Pedro) “conocía todo de mi familia, porque me decía por qué había dejado a Elena Meraviglia, que había sido mi esposa y que fue abandonado, presuntamente cerca de Barda del Medio, deteriorado física y mentalmente al extremo.

Hizo un dramático relato de su estado corporal y de su reencuentro con las Botinelli. Si bien intentó seguir en el país, finalmente en 1977 optó por irse a España, donde con Silvia Botinelli –su mujer actual- tuvieron tres hijas.

 

Matías Subat

 

“Me fui del país porque llegué a sentirme un leproso, que comprometía a la gente con la me contactaba”. Volvió a Argentina en 1992 y actualmente es secretario de Derechos Humanos de la Ctera.

 

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“El exilio te deja dividido para siempre”

“El exilio tiene muchos costos, y nunca se termina de pagar. Uno queda dividido para siempre”, dijo Marta De Cea al final de su testimonio durante la audiencia que se llevó a cabo por la tarde de hoy.

 

Marta De Cea
En una síntesis precisa de su secuestro, detención y tortura, desde México Marta contó cómo fue arrancada de su casa por una patrulla que se identificó ante la policía local como “federales”. Continue reading

“Farías Barrera fue mi dueño político”

Juan Isidro López tiene 82 años, estuvo detenido entre 1974 y 1976 en la cárcel federal de Neuquén, en “La Escuelita” y en el penal de Rawson. Aseguró que el mayor Luis Farías Barrera fue quien realizó sus traslados y quien lo liberó, mientras que “el dueño de la tortura fue Guglielmineti”.

 

 

Cecilia Maletti

Con un relato un poco confuso en relación a fechas y momentos, López fue el segundo testigo de la jornada de la mañana de hoy, 19 de diciembre, en el tercer juicio contra represores en la región.

Después de López, Pedro Trezza, otro de los sobrevivientes de “La Escuelita”, se quejó por tener que ir nuevamente a dar su testimonio al tribunal. Los jueces le concedieron que no lo hiciera. “Me pone mal volver a declarar lo que ya dije antes”, sostuvo Trezza en relación con su escueta declaración en el juicio de 2008.

Por el criterio del tribunal de Casación que habla de la “no revictimización” de los testigos – víctimas, los jueces accedieron a que se retirara de la sala sin prácticamente dar detalles de su secuestro y detención en “la Escuelita”, donde estuvo debido a que en 1976 mantenía una relación sentimental con una de las tres docentes entrerrianas que vivían en Cipolletti y fueron salvajemente torturadas, porque las acusaban de un atentado en Paraná. Las maestras tampoco declararon en este juicio.

A Isidro López los años y el sufrimiento de ese tiempo le jugaron una mala pasada. Sin embargo, el entonces jefe del personal del Comando de la Sexta Brigada de Infantería de Montaña, Luis Alberto Farías Barrera, estuvo presente en casi todo su testimonio.

Remarcó que no le guarda rencor, que el militar se portó “bastante bien” con él, y que de hecho hace unos años fue a verlo (Farías Barrera a López) para recordarle lo bien que lo había tratado. La “visita” de Farías Barrera, coincidió con la apertura de los juicios.

Mientras estuvo preso “no me dejó nunca”, indicó el testigo.Según el testimonio de López, el día del golpe cívico militar –24 de marzo de 1976- él ya estaba detenido en la U9. Allí reconoció a un policía federal de apellido Fonseca, de quien recibió malos tratos. López trabajó en la empresa Agua y Energía y estuvo en la construcción de la represa El Chocón. Aseveró haber sido dirigente “pero de los trabajadores, no de los gremios”.

Luego lo trasladaron a Rawson y después de algunos meses fue llevado junto con Pedro Justo Rodríguez y otros detenidos al centro clandestino “La Escuelita” de Neuquén. “Es el horror, escuchábamos hombres grandes llorando por lo que les hacían, también escuché a mujeres que creo eran de Entre Ríos. Yo trataba de no hacer mucho ruido para que no me vean”, recordó. “El torturador de todas las noches era Guglielmineti”, agregó. Varios días después fue sacado envuelto en una manta y trasladado a la U9, según declaró.

“Farías Barrera era mi dueño político. Pero el dueño de la tortura era Guglielmineti, no me voy a poder cobrar nunca lo que me hizo. Es un cobarde”, manifestó López. Al ser consultado por Farías Barrera, explicó que el militar fue quien estuvo en las detenciones y quien le prometió que iba a salir. “Él me decía ‘yo voy a cumplir una orden’”, remarcó.

De hecho, aunque su testimonio fue confuso sobre el tiempo y el lugar en que ocurrieron sus detenciones en Rawson, en la policía Federal de Neuquén, el traslado a “La Escuelita” y la tortura también en Rawson en una sede Federal, López describió que fue Farías Barrera quien lo retira de Rawson. “Me retira Farías junto con Cáceres y Ledesma”, indicó el testigo. Esto ocurrió en noviembre de 1976, y en diciembre del mismo año quedó en libertad después de dos años de cárcel y tortura.

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19 y 20 de diciembre

Las dos últimas audiencias de este juicio 2.013 tendrán como protagonistas (según el último cronograma informado) el 19 de diciembre  a Pedro Justo Rodríguez , que declarará desde el exilio en Londres por video conferencia.

Se escuchará el testimonio en la sala del sobreviviente Juan Isidro López y el de  Pedro Alfredo Trezza, también secuestrado en La Escuelita.  Por la tarde, desde Méjico y por sistema de conferencia, el testimonio de Marta De Cea programado a las 14, sobreviviente del centro clandestino de Neuquén, ex dueña de Libracos y docente universitaria hasta la gestión Remus Tetu.

 

Matías Subat

audiencia octubre 2013

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Teresa, hermana de Celestino Aigo, desaparecido

Desde ese momento nunca más lo volvimos a ver”, dijo Teresa Nivea Aigo, hermana de Celestino Aigo, vecino de Villa Florencia que desapareció a los 22 años una tarde de agosto de 1976.

 

 

Emiliano Ortiz 11 de abril 2012

 

 

Teresa testimonió cómo fue el secuestro de su hermano y los infructuosos intentos por dar con un rastro de él después de que se lo llevaron de su casa.

No hubo otros testimonios que pudieran aportar sobre qué ocurrió con Celestino después de que un comando encapuchado se lo llevara de la casa; no se lograron testimonios que lo sitúen en otro lugar ni fue “blanqueado” posteriormente por la dictadura. Su destino se ignora desde agosto de 1976.

Mi hermano vivía en mi casa, era agosto de 1976, era tarde cuando golpearon a la puerta personas que decían ser policías. Estábamos en la mesa, Celestino me tocó y me dijo “no hagan nada”. Siguieron golpeando y exigían que abriéramos. Cuando se abrió la puerta, entraron hombres encapuchados vestidos de militar y nos amenazaron de que si nos movíamos nos iban a matar. Estaba mi hermana mayor y mi cuñado, mi madre, Celestino y yo”, describió ante el tribunal.

Explicó que los dos jóvenes -su cuñado y su hermano- fueron sacados afuera de la casa y lo único que saben luego es lo que escucharon a través de la puerta. “Mi mamá lloraba y pedía que la dejaran salir, que qué estaban haciendo; y le decían que se calle o iban a matar a todos”, señaló.

Fue entonces que Teresa recordó un diálogo en el que una voz de la patrulla preguntó los nombres de ambos jóvenes “y escucho el nombre de mi cuñado, luego mi hermano dice Celestino Aigo; y entonces contestaron ‘ah…vos sos el famoso Chino Aigo’, y se sintió un golpe fuerte”, detalló.

Teresa explicó que la sensación en el interior de la casa donde estaban amenazados por los encapuchados armados era que “los iban a matar a palos”; mientras su madre gritaba y lloraba para que la dejaran salir.

Desde ese momento nunca más lo volvimos a ver. Mi mamá salió por las comisarías, mi papá volvió para buscarlo en la noche por todos lados; pero nadie respondía, pasaron los días y mis padres lloraban deprimidos; nunca más lo volvimos a ver. Fuimos a la comisaría de Bouquet Roldán, al Batallón 181 porque nos decían que podía estar ahí, pero venían con la misma respuesta, solamente les decían (a su papá y su mamá) que ahí no estaba. Mi papá duró nueve meses y después falleció a raíz del inmenso dolor”, dijo Teresa.

Explicó que al momento del secuestro ella tenía 14 años y su hermano Celestino 22. “Mañana cumpliría años”, dijo Teresa, que declaró el 11 de diciembre. El 12 su hermano cumpliría 65 años.

Antes de retirarse, le planteó a los jueces que “aún hoy mi madre lo espera, todavía reclama, continuamente lo espera en las navidades porque mañana sería su cumpleaños. Tiene 91 años y sigue esperando justicia”, dijo.

Me llevaron a mi hermano, acabó mi infancia cuando yo tenía 14 años”, afirmó.

 

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Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

 

Mi hermano, desaparecido.

“A sus 91 años mi madre lo sigue esperando para la Navidad”

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Teresa Nivea Aigo, hermana de Celestino Aigo.

Escuchar audioTeresa Nivea Aigo

 

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Sindicato de Prensa de Neuquén 2.013

Di Pasquale recusó al fiscal Grosso

El imputado Jorge Di Pasquale recusó al fiscal Marcelo Grosso. Pidió que se lo separe del juicio por falta de “independencia y objetividad”. Continue reading

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